Inicio » Sin categoría » En El Hatillo nos entregamos al descanso, la música y el sabor

En El Hatillo nos entregamos al descanso, la música y el sabor





El fin de semana tuve la oportunidad de visitar el pueblo El Hatillo ubicado entre las orillas de la laguna de Unare y el mar en el estado Anzoategui.
La invitación la hizo mi amiga Yubirí Arraiz quien acaba de comprar una casa lindísima allá. Además el grupo que viajo fue maravilloso, mi esposo Antonio, mis amigos Doris y Guiussepe, y por supuesto nuestra niñas: Azúcar y Bambina.

Yubi nos presentó a sus amigos Roberto, Viviam, Antonieta y David, casi todos músicos quienes amenizaron nuestra estadía con canciones y mucha alegría.

Me quedé impresionada de este pueblo tan lindo con playas maravillosas y convenientemente solitarias. Y lo mejor …. uf!!!!!!!! que bien comimos. La principal actividad económica de El Hatillo es la pesca de camarones, que extraen de la laguna, además de algunos pescados pequeños pero muy gustosos.

Para mi fue una grata sorpresa la calidad de los camarones, aunque un poco pequeños por la época, son muy gustosos pero a la vez muy delicados, no tienen ese sabor un poco invasivo de los mariscos, y al cocinarse se tornan blancos.

El sábado en la noche preparé un risotto con camarones, que me hubiese gustado acompañarlo con un buen vino blanco pero de todos modos tomamos otras bebidas refrescantes. La guarnición consistió en tostones porque de ida para allá en la orilla de de carretera venden plátanos, muchos plátanos, además de frutas, cambures titiaros – tal vez los más pequeños pero increíblemente sabrosos -, aguacates y Riqui-riqui – una flor exótica muy hermosa.

El domingo, fue perfecto con un sol que quemaba la piel, a diferencia del sábado que llovió todo el tiempo. Al levantarnos la sra. Carmen nos llevó arepas y pescado frito para el desayuno, que completamos con huevos revueltos, queso telita, titiaros y por supuesto un buen café. Luego disfrutamos de la playa y para el almuerzo Giussepe preparó pasta a la marinera con esos camarones maravillosos. Todo quedó para chuparse los dedos. Lástima que la plaga se alborotó a última hora y los mosquitos parecían enviados por el propio Drácula.

De regreso a Caracas, compramos en la carretera catalinas, tortas cortadas, frutas, casabe y coco frío, para degustar poco a poco durante la semana y alargar la sensación tan maravillosa que dejó el Hatillo en nuestros corazones.

Espero regresar pronto, Doris y yo tenemos unos plantes interesantes al respecto, ya se enterarán por esta vía. De momento le agradezco a Yubi la invitación y a los compañeros de viaje una velada maravillosa.

Quedaron algunos asuntos pendientes. Conocí a Fernando Millán quien se autodenomina “La Leyenda”, es músico y tiene una escuela de luthiers en Clarines. Prometió conseguir Camacutos – según entendí es un tipo de camarón que crece en la laguna pero cerca de las desembocadura de un río, son de color negro y al cocinarse de tornan en un rosa digno de delirio-. Así que posiblemente cuando les cuente de El Hatillo en este espacio sea para narrar a qué saben los Camacutos.

Te puede interesar

Gluttonomy, cuando las leyes de la gula alcanzan al mercadeo

Agencia de consultoría y comunicaciones enfocadas a cocineros, restaurantes, marcas e instituciones gastronómicas.

2 Comentarios

  1. Qué sabroso este relato, la verdad es que estos paseos oxigenan el alma…

  2. Mmmm suena todo muy rico, qué no hubiera dado por probar ese risotto y esa pasta…

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *