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Para chuparse los dedos.

F A B U L O S A !!!! es la primera palabra que aparece en mi mente para expresar mi opinión sobre la película Ratatouille. En esta ocasión la gente de Disney-Pixar literalmente se la comió.

En primer lugar me quito el gorro, porque no es fácil romper paradigmas, una rata en la cocina, incluso muchas veces me tuve que anteponer a la idea de asco inicial por la presencia de dicho animal entre estufas y sartenes, para poder disfrutar de una historia redonda, bien contada, hermosamente ilustrada, cuidada hasta en los más mínimos detalles.

Remy – la rata protagonista – tiene tanto que decirle a los cocineros, a todo este auge frenético de los chefs, a los conceptos preconcebidos que amenazan la sazón, a las complicaciones que aniquilan el disfrute, el placer. La pasión, lo simple, el amor, el conectarnos con lo que nos conmueve, con los que nos hace felices.

Sí, la comida no es solo alimento, es un medio que nos conecta con lo mejor de nosotros. Tal vez la escena donde el crítico Antón Ego se lleva el trozo de Ratatouille a la boca y en ese instante tiene 7 años otra vez, está en su casa junto a su madre, el cambio del mantel de hilo por el de cuadros, ese viaje emocional que lo llevo a conectarse con lo olvidado. Sólo ese momento vale la película. Es decir tanto con tan poco, y lo mejor es cómo su expresión se suaviza, saborear un bocado lo hace volver la mirada hacia lo simple, a lo mejor de sí.

Tomate, cebolla, ajo, pimentón, calabacines, berenjena, aceite de oliva, azúcar, sal y pimienta: ingredientes que componen una Ratatouille clásica. Creo que los guionistas más allá de la casualidad que el nombre de la receta empiece con la palabra “rata”, pusieron el acento en lo simple, en recordarnos lo que con tanto bla, bla, bla hemos extraviado.

El dibujo es maravilloso y apetitoso, la recreación de París es extraordinaria, la musica está a la altura de las circunstancias. Muchas cosas se quedan por fuera en esta nota, como la relación de Remy y Linguini, las reflexiones del Sr. Ego -del crítico de cocina-, el sentido de familia y pare de contar.

Una película que vale la pena ver, comentar entre amigos, disfrutar y sobre todo nos guia hacia una visión distinta de la cocina, los estereotipos, los valores y la vida.

Por mi parte, compraré el DVD para incluirlo en mi colección de películas gastronómicas.

BUEN PROVECHO!

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