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Recorriendo Neuquén y sus alrededores con botas de goma / por Alejandro Maglione

Cosas vederes. Mi sobrina Bárbara actuaría de fotógrafa en este recorrido de bodegas y restaurantes en la ciudad de Neuquén, San Patricio del Chañar y Añelo. Un par de días antes de viajar me pregunta: “¿llevo botas de goma y un paraguas?”. Creí que la mataba, le contesté con un ladrido: “¿Vas a llevar botas de goma a un lugar desértico y un paraguas a la Patagonia y sus vientos?”. Pues la nena (pasa los 40 años) tenía razón.y ya nos lo había advertido Patricia Tapia, nuestra anfitriona en nombre de Neuquén Tur.

Paso por Neuquén hace más de 50 años, ya sea yendo rumbo a Bariloche o San Martín de los Andes, así que tengo buena memoria del desierto en que fue fundada y su entorno que solo conoce el agua de las acequias que nutre el río Neuquén. Cuando el avión estaba aterrizando en medio de nubes bajísimas y lluvia, cual no sería mi sorpresa ver desde el aire que los caminos de tierra de las chacras que rodean la ciudad estaban todos anegados.

Neuquén por primera vez en muchos años llevaba 10 días de lluvia persistente, para la que lógicamente no está preparada. Por ejemplo, la ciudad no tiene alcantarillas, por lo que las calles se transformaron en riachuelos. Los caminos no se preocupan demasiado por hacerlos abovedados para facilitar su escurrimiento. Esto hizo que tuviéramos que omitir la visita a dos de las bodegas previstas y trasladar la cata al restaurante La Toscana, donde los hermanos Couly fueron anfitriones de lujo. Vamos a lo sucedido, pero que nadie me vuelva a decir que lo del cambio climático es un invento de la CIA o la Mossad.

maglione en neuquen rutas golosasFamilia Schroeder. Había tenido oportunidad de tener trato frecuente con su fundador, Herman Schroeder, en actividades empresariales en Buenos Aires. Vaya a saber por qué, nunca se había dado la oportunidad de visitar la bodega de este emprendedor incansable. Si bien su fuerte fue el mundo de la medicina, este hijo de la ciudad de Cipolletti, incursionó en los medios de comunicación locales, en la actividad fruti hortícola hasta que aterrizó en la viticultura poniendo en marcha esta bodega.

La recepción estuvo a cargo de Roberto Schroeder, el responsable de la bodega por la familia, y Leonardo Puppato, su enólogo, que resultaron magníficos anfitriones. Roberto, uno de los hijos de Herman, recuerda que su primera actividad fue todo lo relacionado con el cultivo de cerezas, peras y manzanas. Y con orgullo nos contó que su abuelo comenzó como “peón de patio” en la bodega Humberto Canale.

La primera pregunta fue inevitable: ¿tuvieron mucha merma de uva? (porque en este momento es El tema en Mendoza: el daño que causó el exceso de agua a los cultivos). Y Leo responde con satisfacción: “terminamos de cosechar días antes de que cayera la primera helada, que fue seguida de esta lluvia que no para.”. Suelo reflexionar que en los negocios hace falta una dosis de conocimientos técnicos, y también de suerte. He aquí una prueba más.

Una constante en las bodegas neuquinas de la zona es que todo el equipamiento que se ve luce como nuevo, ya que todas tienen como característica el haber comenzado en un período no mayor a los 15 años. De aquel gobierno que las promovió participaba el actual Ministro de Turismo y Producción, José Brillo.

Otra constante es ver que están quitando las barreras de álamos que se plantaron para cortar el viento, o bien fueron cortadas a la mitad de su altura. Los motivos fueron dos: ya no hay viento, sino brisas, muy necesarias para mantener los viñedos libres de hongos y muy sanos. El otro motivo es que con su tamaño comenzaron a competir por el agua, algo inaceptable en una zona desértica, a pesar de la lluvia que caía sobre nuestras cabezas mientras escuchábamos estas explicaciones. Así que los álamos ahora lucen como cercos altos.Otra vez: cosas vederes.

La cata. ¿Qué mejor lugar para la cata que el restaurante de la bodega, muy bien instalado y con una vista panorámica de los viñedos fabulosa, construido en el 2005, al año de que se hiciera la bodega. Y ya que estamos con la historia, Leo el enólogo está en la bodega desde el año 2001 cuando se plantaron las viñas en 120 hectáreas. El cocinero del lugar, Ezequiel González ofreció ricos platos de comida que iban armonizando con los vinos.

De esta cata tranquila, conversada, rescaté dos vinos que me impresionaron de la línea Saurus de la bodega: un Pinot Noir 2013 y un Merlot 2011. Sin duda que con el correr de los días confirmaría algo que ya se ve que está pasando también en otras zonas: el crecimiento en calidad de ambas cepas. El mundo seguirá demandando nuestro Malbec y hacemos bien en producir lo que se vende, pero creo que hay que estar atentos a ir proponiendo a los compradores del exterior estos estupendos vinos también, como para que “vayan acostumbrando el pico.”, como dicen los expertos.

Fin del Mundo y Malma. Visitar esta bodega es admirar la visión y coraje que tuvo Julio Viola, su fundador. Hoy su hijo, Julito, es el anfitrión que nos está esperando con los brazos abiertos. Los Viola son hospitalarios de por sí, porque así lo sentí cuando compartí ratos de charla con Ana, la hermana de Julito, responsable comercial, instalada en Buenos Aires. Julio crió a sus hijos en Cipolletti, así que son nacidos y criados en Río Negro.

Los comienzos fueron los habituales: los terrenos que hoy vemos poblados de viñas, en sus comienzos lo estaban de frutales. Cuando se presentó la oportunidad, los frutales cedieron el paso en 1999 a la plantación de cepas Cabernet Sauvignon, Pinot Noir y Sauvignon Blanc. Luego vendrían las Malbec, Syrah, Tannat, Cabernet Franc, Chardonnay, Semillón y Viognier. Sus 870 hectáreas permiten expandirse todo lo que se desee.

Todo en la bodega impresiona por su tamaño. Es difícil imaginar que en Neuquén habría una bodega con una producción cercana a los 10 millones de litros de vino. Con instalaciones realmente impecables, a las que se sumó la bodega lindera a Fin del Mundo, NQN, que pasaría a llamarse Malma luego que la entrada del grupo que lidera Eduardo Eurnekian aportara el capital necesario para su compra y posterior anexión. Las hectáreas plantadas pasan de 820.

Julito nos explica que la cosecha mecánica hoy se ocupa del 70% de los viñedos. Tanto tira de la cuerda la mano de obra local, que van llevando a las bodegas a tomar la decisión de irla reemplazando por máquinas. Una locura para un país con tanta necesidad de dar trabajo a los desocupados. Pero.

La cata. A la hora de la cata nos fuimos al restaurante que está ubicado en Malma, donde su cocinero, Alejandro Marchant nos esperaba con un almuerzo estupendo. Nuevamente un lugar con una vista fabulosa, buena cocina, y tiempo para discutir de vinos y variedades. El primer vino que probamos fue el Pinot Noir 2011 Single Vineyard de la línea Fin del Mundo -línea que fue la que recorrimos-. Y volvió a encantarme la forma en que se desarrolla esta cepa en la Patagonia. El Reserva del Fin del Mundo nos puso en presencia de un vino de corte Cabernet Sauvignon, Malbec, Merlot, Pinot Noir, Chardonnay y Viognier. Indudablemente una tarea titánica el coordinar estas cepas, con un resultado realmente armonioso y muy agradable al paladar. Siguiendo con otro vino de corte, llegamos al top de lo que ofrece la bodega: el Special Blend hecho con uvas Malbec, Cabernet Sauvignon y Merlot. Imposible que este vino no le guste a todo el que lo bebe.

En el Special Blend hice notar que siendo hoy la tendencia hacia botellas más livianas pensando en el cuidado del medio ambiente, estas en particular llevan hasta una pieza de metal. Julito me explicó que intentaron modificarla por todas estas razones y que fueron los distribuidores de los países nórdicos de Europa que reclamaron mantener las cosas como estaban porque les encantaba a los clientes.En fin.

Entre otros, también probamos un espumoso extra brut hecho en base a 80% Pinot Noir y 20% Chardonnay siempre en la línea de Del Fin del Mundo. Realmente impecable. Confieso que nos fuimos de la bodega con ganas de seguirla recorriendo. Pensada para ser aprovechada turísticamente casi desde sus comienzos, se recorre la parte industrial por pisos y escaleras de madera, a través de un circuito que evita interferir con el trabajo del personal.

Conclusión. Aquí no terminó el recorrido neuquino, ni mucho menos. De lo que se puede estar seguro es que ir a hacer esa ruta del vino en San Patricio del Chañar y Añelo, es una experiencia que vale la pena para los amantes del vino. Quiero pensar que la lluvia ya no será de la partida.Gracias Roberto Schroeder y Julio Viola, fue un privilegio tenerlos como anfitriones. Y gracias a Neuquén Tur que puso toda la estructura para posibilitar estas visitas.

Acerca de ... Alejandro Maglione

Alejandro Maglione
Presidente de la APEGLA, Asoc. de Periodistas Gastronómicos de Latino Amèrica. Columnista en La Nación de Buenos Aires. Conductor del programa radial La isla de los Sibaritas (que se escucha en YouTube poniendo “isla sibaritas”)

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