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Celebración de las fiestas patrias ... luego llegaron más platillos. Foto tomada del facebook Mary Sainz de Cadenas

Come, que el hambre queda

desayuno freddy sanchez con comentario rutas golosasSi sales de Venezuela no escaparás del hambre. Se trata de una patología adquirida para siempre, que cambia tu manera de relacionarte con lo que te llevas a la boca. Sobrepasa el dolor físico que produce el acto de pasar hambre, porque se padece de muchos modos. En días recientes, la  doctora Marisol Ramírez de Psicólogos Sin Fronteras explicaba las consecuencias mentales que trae esta carencia, en un foro organizado por la Fundación Bengoa y Fe y Alegría.

Ramírez explicaba que el hambre produce rabia, miedo, tristeza, angustia y ansiedad, que desdibujan roles y dinámicas sociales, y que nos empequeñece. Pero yo lo llevaría un paso más allá, porque se convierte en una cicatriz que ese porta para siempre. Me explico mejor y antes quiero aclarar algo, jamás he pasado hambre física, ni siquiera cuando he intentado hacer dieta, por eso jamás he concluido una con éxito. Me encanta comer y vivo de eso.

Pero en Lima han saltado comportamientos que me han sorprendido a mi misma. Por ejemplo, me produce extrema angustia ver que se bote o sobre comida, tiendo a acumular aunque se que puedo volver al supermercado cuantas veces desee, incluso me he encontrado juzgando a la gente a mi alrededor porque sin reservas desecha la comida que no desea. Siempre me costó entender a los paisanos de mi papá que tenían grandes despensas en sus casas donde almacenaban cantidades exageradas de comida, ahora lo veo con claridad: pasaron hambre.

El día de la celebración de las fiestas patrias una mesa a rebosar de platillos deliciosos casi me causa mareos. Era tanta la comida que hasta sentí cierto rechazo y aún más cuando vi todo lo que sobró, porque era tal la cantidad que la mayoría de los comensales repitió y todavía quedaba para un par de rondas. En un primer momento, me encantó aquella mesa repleta de manjares, pero la euforia derivó en una gran tristeza y nostalgia. Una nostalgia por la celebraciones de la propia patria, recordé nuestra coloridas mesas navideñas y de cualquier celebración que ahora son tan cuesta arriba de realizar, cuando es posible hacerlo. Es que hasta noté un atisbo de envidia en mi corazón. La estocada del día llegó con comentarios privados a la fotos publicadas en mis redes, no eran reclamos sino de profunda añoranza. Difícil de explicar, pero algo cambió.

El hambre sobrepasa los anaqueles del supermercado y hasta la extraña sensación de tener de dónde escoger. Pensando en la película Intensamente, es como si se creó la isla del hambre en mi cabeza, que ha cambiado la relación con la comida y la bebida.

Les pongo otro ejemplo, que pasa en Venezuela – salvo chavistas bien enchufados, boliburgueses y militares – el resto de la población pasa hambre.  Veo gente disculpándose por publicar fotos de platos sencillos y diciendo o escribiendo cosas como “no crean que soy rico”, “no estoy enchufado pero.. “, “discúlpenme, pero me di el gusto”. Uno podría pensar que se trata de foie gras, champagne, Armañac, salmón noruego, caviar beluga, entre otras costosas delicatessen, pero no … se refieren a preparaciones simples y populares.  En días recientes un amigo de Coro perteneciente a mi generación, ingeniero civil de los mejores publicaba una foto de desayuno dominguero con la siguiente nota: “Comparto esto a mi propio riesgo. Quien lo vea pensará que soy de una clase privilegiada, pero lo cierto es que tenía mucho tiempo sin desayunar tan completo. Un plato con caraotas, cazón, queso rallado, huevos revueltos con jamón, aguacate y una arepa pelada es ciertamente un gran privilegio por el que hay que estar agradecido”. Eso es una secuela del hambre, la sensación de angustia y de culpa. Yo sentí mucha tristeza y rabia.

Tal vez no lo vemos, pero pasa a diario, cuando alguien cocina platillos que antes eran cosa común como quesillos, tortas, tres leches, suspiros, rellenos de arepas, asados, pabellones  y pare de contar. El hambre también produce tristeza que se vive a través de la nostalgia. Se instaló en nuestra vida y cultura y pasará mucho tiempo antes que desaparezca, es posible que mi generación no lo vea.

El gran mérito chavista ha sido empobrecer en todo sentido a un país rico en época de abundancia. La contraparte de esto es que lo superaremos.  Miro a Perú, lo sucedido con la Europa de la post guerra, incluso China donde se vivió la hambruna más grande de la historia reciente. Pero todos tienen en común – quien lo vivió – que el hambre dejó su  marca. No se olvida, llegó para quedarse, incluso cuando la superemos.  El hambre ha dejado de ser un asunto de geografía, porque también se empaca y acomoda en las maletas de quien “se va”.

Acerca de ... Vanessa Rolfini Arteaga

Vanessa Rolfini Arteaga
Comunicadora social y cocinera venezolana dedicada al periodismo gastronómico. Egresada de la UCAB con estudios de especialización en la Universidad Complutense, de crítica gastronómica en The Foodie Studies y entrenamiento sensorial en la Escuela de Catadores de Madrid. Actualmente, colaboradora de revistas Bienmesabe y Semana Cocina (Colombia), y columnista del diario El Universal. Conductora de rutas gastronómicas y editora de guías. Creadora y redactora de recetas. Bloguera a tiempo completo ... "Le dedico casi todo mi tiempo a divertirme, amar, viajar, comer y beber bien. Aunque parezca una locura, ese es mi trabajo".

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5 Comentarios

  1. Es la pura verdad. Nosotros pasamos hambre, no una ni dos, sino varias veces, tan solo los de mi generación al menos ¡imagínate si lo sumas a la de mis padres y abuelos!. La hemos pasado sin arroz, sin azúcar, sin pan, sin leche, sin verduras, sin frutas, sin legumbres, sin plata, hasta sin agua. Al igual que en Venezuela, donde los privilegiados podían acceder a semejantes manjares. Quizás por eso muchos platos tradicionales se elaboran con vísceras: hígado, mondongo, pulmón, corazón. Quien sabe. Quizás por eso se diga por ahí que a un peruano lo reconoces en cualquier país porque siempre está hablando de comida. El fujishock fue la punta del iceberg. Pero todo pasa “no hay mal que dure cien años, ni cuerpo que lo aguante”. Lo que sí hemos aprendido los peruanos es a aprovechar y vivir “como si no hubiese un mañana” las épocas de bonanza, la de las vacas gordas y vivirlas creando recuerdos alrededor de la mesa generosa y de la familia. Como decimos aquí “cuando se puede, se puede y cuando no…” #poschi

  2. Te entiendo. Ese sentimiento cuando ves a alguien descartando alimentos, sabiendo que tanta gente en tu tierra está pasando penurias por la comida, es horroroso.
    Y como tu dices sobre los amigos de tus padres, los acumuladores, creo que todos ahorita nos estamos convirtiendo en ellos. Guardar para no pasar hambre.
    Yo tengo toda la certeza que pronto pasará esta tragedia (no todo dura para siempre y con el hambre no se juega), pero es fuerte mientras la vivimos; y no cabe duda que estará muchos años en nuestras mentes.

    Gracias por compartir tu experiencia.

    Un gran abrazo.

  3. Solo puedo escribir una cosa:Te extraño! ?

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