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Cómo comportarse agradablemente en las mesas navideña y de fin de año / por Alejandro Maglione

¡Ah, la mesa familiar! Siempre es EL tema cuando llega el momento de las fiestas. El aproximarse a la mesa familiar genera cierta angustia; algo así como cierta incertidumbre. Es el preguntarse: ¿qué pasará esta vez? ¿Será todo normal? ¿El tío Manuel no hará provechitos en la mesa? ¿La tía Celina no le recriminará por su comportamiento a su marido? ¿Los de la generación 30/40 llegarán en hora o dos horas después explicando que se quedaron dormidos? ¿La tía Clara traerá la Pascualina que prometió y con todos los huevos duros necesarios para que no haya peleas a la hora de cortarla?

¿Y el momento escalofriante cuando dos damas se miran a las 10 de la noche y se preguntan recíprocamente “¿ustedes no traían las gaseosas?” Mientras los nenes aumentan sus llantos y gritos reclamando “¡quiero Bola-Colaaaaaaaaa!” Y una de las señoras, o ambas al unísono los calman con gritos más fuertes: “¡Pará! ¿No ves que la tía, como todos los años, se olvidó de traerlas como habíamos quedado?!!!”

Entonces, a todas estas expectativas -que ojalá este año NO se cumplan- se le suma el exceso en el beber, que conlleva ciertos descomportamientos a la hora de estar todos apaciblemente sentados en la mesa. Veamos:
Celulares
Definitivamente prohibidos al momento en que se desarrolla la mesa familiar. Sobre todo, las nenas que pasan las fiestas separadas de los novios o filitos, se obsesionan con el frenético ir y venir de mensajes donde se reiteran el amor eterno que se tienen y que tanto dolor les provoca el estar separados en esos momentos. Que luego piensen en vacaciones separados, donde cada uno tirará la chancleta por su lado, y posiblemente vuelva con un nuevo amor eterno, es otra cosa. Hablamos de ese preciso momento de unión y paz familiar.
Que su lengua trabaje
El peligro en esa noche es que estando ya un poco picadito, se entregue a devorar los canelones de espinaca o la deliciosa Pascualina, sin advertir esa hojita traviesa que le queda pegada al diente que más se ve en su boca a la hora de sonreír. Es entonces que los nenes pugnan por sacarle fotos sonriendo con sus maquinitas digitales que permiten obtener docenas de fotos, asegurándose que tendrán una imagen suya lo más ridícula posible. Solución: que su lengua recorra su dentadura con frecuencia para alejar la posibilidad de lucir un verde intenso en su sonrisa.
Su indumentaria
En las comidas al aire libre hay una tendencia a llegar con la camiseta body builder que parece un uniforme de los participantes de Gran Hermano. No se la ponga. Los de la TV tienen un cuerpo que les permite lucir sus brazos sin problemas. Entienda que no es su caso, y como si fuera poco, los jóvenes participantes, suelen no tener abdómenes que disimular, cosa que tampoco es su caso. Una camisa con mangas cortas, una remera o chomba, siempre va a ser más apropiada.
Dedos pringosos
Si anduvo haciendo boca a su llegada con quesitos, salamines, o bocadillos con mayonesa que lo obligaron a chuparse los dedos porque advirtió a tiempo que estaban medio sucios, aproveche si se están utilizando copas con pie, tómelas de allí. Evitará que le pase como a mi amiga Marcela, que suele circular con la copa tomada del cáliz y un ligero trasluz deja ver sus dedos horriblemente marcados en el vidrio o cristal de la copa que está usando para beber. Un asquete.
No se arrebate sobre las fuente
Si le gustó mucho la ensalada rusa que hizo la prima Beba, no se tire de una punta a la otra de la mesa para tomar la fuente y servirse por cuarta vez. Delicadamente, pida a quien se encuentre próximo al blanco de su apetito insaciable, y ruéguele con donosura que se la alcance. Hecho esto, sírvase sin golpear su plato con la cuchara de servicio, en acto desesperado para que no vaya a quedar ni una papa o arveja sin caer en su plato, pegoteada a la cuchara por la abundante mayonesa.
Use antitranspirante
Le explico. Nuestras navidades transcurren en el hemisferio sur. Hace calor. El pobre tío Alejandro que le toca vestirse de Papá Noel, termina su cometido empapado de transpiración. Entonces, suele suceder que las fotos que se toman luego de su tarea anual con el traje de lana colorado, tienen ese no sé qué de axilas empapadas, cuando no de camisa pegoteada al cuerpo. Haga como el modelo de la tele, que se fumiga todo el torso, además de las axilas, y seguramente controlará este efecto visual que tanto desagrada a Alfredo, el consuegro de su hermana.
Trague y después beba
¿Vió algo más espantoso que el que se lleva la copa a la boca mientras está masticando? Comportamiento típico de los malos de las películas, que siempre son groseros a la hora de sus festines para festejar un atraco; o bien, mientras le cuelga un trozo de pollo de la boca, miran con ojos vidriosos a la damita que arrebataron de los brazos de su madre desesperada. La damita no muestra gran inquietud y al principio no se sabe si es porque el caco no le desagrada tanto, o porque está esperanzada que, como en la mayoría de los filmes, aparezca Poncho Negro, el Llanero Solitario o el revitalizado Zorro.

El horrible matón, lo que suele hacer es, con colgajo de pollo a la vista en su boca, apura al unísono tragos de ron o whisky de atroz calidad, pero alta graduación alcohólica. Usted no va a hacer esto. Primero come, traga, se limpia con su servilleta -después de levantarla del piso donde seguro fue a parar con tanto meneo en procura de comida- y recién bebe con la moderación que le enseñó a sus hijos.

No retire comida de su boca con los dedos
Típico que en el apuro uno no se da cuenta que llevó a la boca ese pedazo de pollo con cartílago incluido. Siente esa textura como de plástico en sus dientes, y casi sin pensarlo, mete sus dedos en la boca y saca el trozo indeseable, babeado y masticado, como hace el tío Andrés, ese que cría cisnes. No, usted debe hacer una disimulada maniobra de retiro con el tenedor. Si hay un perrito bandido por la vuelta, desliza el trozo apestoso hacia el animalito, que lo devorará con el mismo entusiasmo con que ya le sacó a los nenes todo lo comestible que encontró en sus manos, provisto por los papás que creen que de esta forma calman su constante afán de llamar la atención e interrumpir la dedicada charla entre tíos y primos sobre la campaña de River Plate en la B.
Beba con moderación
Ya sé que este consejo es tonto, pero tengo que dárselo. Y como Nochebuena es una vez al año, dese el gusto de tomar un buen espumoso; un mejor vino; siempre del país. No se olvide, que aunque difíciles de encontrar, en la Argentina hay muy buenas sidras, y la gente fina toma de la seca no la dulce. El año termina signado con la aparición en el mercado de cervezas artesanales que nada tienen que envidiar a las buenas europeas. Pero todo, siempre con cierta moderación.
Evite los cohetes
Se sabe que los nenes insisten con el tema, pero llévelos al hospital a ver las quemaduras, especialmente de los chicos, producidas por los malos fuegos artificiales (los buenos pueden ser caros, ¡pero no queman los nenes!). Sobre todo piense en quienes detestan las explosiones: sus amadas mascotas. El olor a pólvora no es un buen complemento para una buena comida.
Cuide la dentadura
Llega la hora de los turrones, usted se tienta, y al segundo bocado el diente provisorio, el del medio al frente, aparece en su mano. Siempre es mejor un mazapán que un turrón para los que tienen el diente flojo.
Conclusión; Las fiestas de Navidad y Año Nuevo no tienen porqué ser una pesadilla, inmortalizada en fotografías que usted deseará eliminar a como dé lugar. Pueden ser un amable transcurrir, sin gritos, sin críticas a los platos que trajeron los otros. En mucho, recuerde, esto depende de usted y de su comportamiento. Al elegir entre ser un señorito francés o un toro shorton así serán sus fiestas.¡Felices Fiestas a tod@s l@s lectores!

Acerca de ... Alejandro Maglione

Alejandro Maglione

Presidente de la APEGLA, Asoc. de Periodistas Gastronómicos de Latino Amèrica. Columnista en La Nación de Buenos Aires. Conductor del programa radial La isla de los Sibaritas (que se escucha en YouTube poniendo “isla sibaritas”)

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