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Foto: Silvio Bessone

Maneras de celebrar la Navidad y el Janucá este año / por Alejandro Maglione

Las fiestas. El tema de cuándo y por qué se fijó la fecha de la Navidad sigue derramando ríos de tinta. Lo que no hay dudas es que tiene una extraordinaria proximidad con la fiesta judía de Las Luminarias o Janucá, que justamente este año, siendo que es móvil, coincide con la Navidad cristiana.

La Navidad no necesita demasiadas presentaciones por estos pagos, pero sí es bueno saber porqué no pocos relacionan la fecha con el momento en que los judíos celebran sus Luminarias.

Los latkes son como unas tortillitas o panqueques de papas fritos.

Janucá. Los más parecen coincidir en que esto del encendido de las 8 velas durante ocho días, más una vela mayor o testigo, recuerda a cuando los judíos, unos 160 años a.C. desplazaron a los griegos y retomaron Jerusalén, debiendo desagraviar al templo que había sido dañado por los ocupantes. Entonces, prendieron una lámpara de aceite que debía arder una noche, pero terminó ardiendo inexplicablemente durante 8 días.

Otros dicen que coincide con la finalización de la cosecha del olivo, cuyo aceite lampante se utilizaba en las lámparas.

Por fin, otra interpretación dice que en realidad se celebra en el momento en que los días comienzan a alargarse, y de allí esta fiesta que de alguna forma honra a la luz.

Las comidas judías. Los judíos, habitualmente complicados en el tema de las comidas, tienen por hábito para esta celebración preparar platos especiales. Comienzan por platos donde mayormente se hacen presente frituras, de donde algunos concluyen que es por esto que asocian las fiestas al aceite de oliva.

Los latkes son como unas tortillitas o panqueques de papas fritos. Comerlos es encontrarles un parecido extraordinario con las papas rosti. Suelen acompañar carnes.

Los sufganiot hay quienes dicen que tienen gran parecido con nuestras “bolas de fraile”, las que suelen rellenar con dulces o miel.

Los rugelach es otro plato muy tradicional y que podríamos compararlo a las medias lunas o enrolladas es fácil confundirlas con las donuts americanas.

Y así la propuesta es infinita. Sobrevolando todo esto se agrega un alto consumo de lácteos, que recuerdan a una heroína judía, que alimentó a un general griego con abundantes quesos muy salados. Al general se le despertó la sed y la sació con abundante vino. Al quedarse dormido, la heroína lo mató tranquilamente. Así que también los quesos tienen su papel religioso y  memorable…

Las comidas navideñas. En el hemisferio sur, como se ha observado tantas veces, tendemos a poner en nuestra mesa productos tremendamente calóricos como si estuviéramos en la fría Europa o los Estados Unidos. Si de platos fríos se trata, siempre hay una tía que trae el vitel toné; o aquella que se luce con los huevos rellenos; el pionono de jamón y palmitos no se le niega nadie. Los menos sucumben a las delicias de un buen melón con jamón…la pavita cortada es para pocos, acompañada de los mágicos cabellos de ángel. También es para pocos el surtido de frutas secas: las garrapiñadas, almendras o avellanas, suelen hacerse notar por su ausencia.

El Pan Dulce. Este sí que no debe faltar. El caso es que nuestro conocido Pan Dulce, en la Italia del siglo XIX se lo comenzó a llamar Panettone, que algunos traducen como “pan grande” pero a mí me gusta llamarlo ‘panazo’. Y con el Pandoro pasa otro tanto. Los puristas lo imaginan en castellano como “pan dorado” y a mí me gusta el más literal ‘pan de oro’. La diferencia entre ambos pasa por que el pandoro es originario de Verona, la masa es semejante a la del pan de brioche, no lleva ningún tipo de frutas, y debe su color amarillo por la fuerte presencia de huevos y vainilla. No termina en forma de cúpula sino que se ofrece en forma troncocónica. Lo que quiere decir que es parecido pero no igual al pan dulce.

En Latinoamérica, donde lo popularizaron los inmigrantes italianos,  se le llama “Pan de Pascua” en Ecuador y Chile (recordemos que en Chile a Papá Noel se lo llama “El Viejo Pascuero”). En la Argentina, Uruguay y Paraguay lo llaman “Pan Dulce”. En Colombia lo denominan “Pan de Frutas Europeo”. En Bolivia y Venezuela es “Panetón”.

Dónde conseguirlo. Antiguamente en Buenos Aires, en los años ’60 del siglo pasado,  se solía elegir entre los que hacían con la marca Canale, siendo el mejor el que venía en una lata azul. Estaban también los de las grandes y lujosas confiterías como  el de la Confitería del Molino; el del Águila y el de los Dos Boulevares, entre muchísimas otras alternativas que ofrecían tanto las confiterías como las panaderías. Hoy Bella Italia, DAmblée, Mauro It,  Plaza Mayor, El Progreso, Las Violetas o El Greco son algunos de los lugares donde se puede ir con tranquilidad en procura de uno de los buenos panes dulces porteños.

¿Y si comemos fuera de casa? Ah, fíjese que interesante. Hoy hay propuestas para todos los gustos y poder adquisitivo para que festeje sus fiestas en un restaurante. Mire atentamente en la Guía Óleo y  elija el lugar de su preferencia y posibilidades, liberándose  de las peleas con los parientes por quien trae qué cosa, o que el que tenía que traer los pollos, en lugar de 3 trajo uno… Ojo al piojo con esta idea, que no es nada descartable.

Conclusión. Celebre Navidad o Janucá, pero coma y beba con moderación. El día siguiente de las fiestas, que son feriados, las mesas se suelen rodear de gente con el blister de Bagóhepat en la mano, y no es de lo más edificante. Como sea: ¡Feliz Nochebuena y Navidad! ¡Feliz Janucá!

Acerca de ... Alejandro Maglione

Alejandro Maglione

Presidente de la APEGLA, Asoc. de Periodistas Gastronómicos de Latino Amèrica. Columnista en La Nación de Buenos Aires. Conductor del programa radial La isla de los Sibaritas (que se escucha en YouTube poniendo “isla sibaritas”)

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