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La ultima cena por Leonardo Da Vinci ejecutada entre 1495 a 1497. Inconclusa. Ubicada en Santa Maria delle Grazie, Milan, Italia.

El vino y las religiones (primera parte) / por Manuel Cadenas

 En la última cena el vino se constituye en símbolo cristiano. Si bien en el mundo grecorromano Dionisos encarna al dios del vino (aunque en realidad, mucho más que eso, según veremos luego), en pocas culturas de la antigüedad el jugo de la vid dejó de ser símbolo sagrado y vehículo de comunión con la divinidad. Acompañado o no de manifestaciones extáticas y liberadoras, el vino ha sido eje de muchos cultos religiosos y algunos superviven hasta hoy. Sigamos el rastro espiritual del elíxir de los dioses.

Diversos autores coinciden en que la vitis vinífera empezó a cultivarse entre cinco mil y ocho mil años antes de Cristo en territorios que forman parte hoy de Irak, Siria, Irán, la antigua Unión Soviética y Turquía. Es decir el Asia Menor y la zona llamada Transcaucasia, en la región montañosa entre el mar Negro y el mar Caspio.

Igual consenso existe al explicar la rápida difusión de la vitivinicultura: el impulso religioso.
En las mismas regiones donde se había desarrollado el culto a una diosa madre (Gea, Ga-tum-Dug, Bau, Inanna, Kis, Geshtin, precursoras de Astarté y Diana), el cultivo de la vid y su vinificación produjo una revolución religiosa. En pueblos eminentemente agrícolas, el ciclo vegetativo de la parra y su conversión en néctar vital aportó una nueva explicación del cosmos: tras la muerte de un ser primigenio o dios, su cuerpo asesinado y descuartizado acabaría originando el mundo existente.

La gran metáfora de la vid fue la base de concepciones religiosas que prevalecieron en el Cercano Oriente, cuna de la civilización. Su aparente “muerte” en el invierno para “resucitar” espectacularmente en la primavera es el símbolo perfecto de la muerte y renacimiento del dios, que completa el ciclo agrícola.

De ese modo el vino y otros productos de la vida pasaron a simbolizar la vida que subyace en la muerte de la planta, que sobrevive al sueño otoñal. Por eso, nada mejor que el vino, que embriaga y eleva, para establecer el contacto de los hombres con la divinidad y afianzar las relaciones y la intimidad entre los seres humanos, en vinculación con la fertilidad.

Estas ideas religiosas aparecen con ligeras variantes en los cultos mesopotámicos y cananeos durante el florecimiento de los imperios sumerio, hitita, acadio, asirio, babilónico. Se extienden incluso a la India, personificadas en la diosa Soma.

En el tercer milenio antes de Cristo, los templos de ciudades como Lagash y Ur (ésta última de suma importancia por ser origen del patriarca Abraham, a quien se atribuye el nacimiento del pueblo hebreo) se encontraban rodeados de pequeños viñedos, aunque la mayor parte del vino que se bebía en Sumeria procedía de las regiones montañosas del este, porque la región sumeria no ofrecía las mejores condiciones para la vitis vinifera.

En el antiguo poema de Gilgamesh (segundo milenio antes de Cristo), leyenda cosmogónica sumeria, el héroe Gilgamesh va en pos del secreto de la vida eterna en manos de Utanapishtim. En su viaje conoce a Siduri, mujer dedicada a hacer vino en Dilmun, cuya ubicación según investigaciones debió haber estado en Irán, a orillas del golfo, simbolizando la posible cuna de la viticultura. Hay al menos otras dos menciones al vino en el poema, todas estableciendo un nexo entre los conceptos de religión, civilización y fertilidad.

Mil años después, hacia el 1700 antes de Cristo, el código de Hammurabi permite conocer el uso eminentemente religioso del vino, tan estricto que establece una prohibición bajo pena de muerte para quienes expendiesen vino por razones profanas. Para ese uso no sacro existía la cerveza.

En la cultura egipcia, el vino también adquirió, por influencia mesopotámica, el carácter ritual relacionado a la muerte y a la fertilidad. Aunque no hay una deidad propia de la vid, sin embargo, la transformación de Osiris de un dios de la naturaleza a un dios de los muertos señala la asociación esencial entre el ciclo agrícola como símbolo del ciclo de la vida que renace constantemente. Por eso Osiris aparece también representando a la uva y posteriormente se le identificaría con los dioses griegos Hades (Muerte) y Dionisos.

Las pinturas funerarias y los papiros indican esta identidad, en libaciones (derramamiento de vino sobre el altar) y ofrendas fúnebres. En Egipto, donde la muerte fue una celebración tan cercana a la vida, el vino adquirió gran importancia, como aparece en la escena del banquete de la tumba de Nebamun en Tebas (1450 antes de Cristo). Sin embargo, aquellos banquetes podían indicar también cierta tensión erótica que se expresaría posteriormente en la religión griega y romana.

Si bien Egipto producía parte de sus vinos, la mayoría procedía principalmente de Palestina, Siria, y Anatolia, donde para el 1000 antes de Cristo son frecuentes las evidencias de la estrecha relación entre los cultos religiosos y el fruto de la vid. Cerca de Tarso, en la ciudad de Ivriz (hoy Turquía), se descubrió el bajorrelieve de una deidad adornada de una vid, mientras que en la famosa estela de Maras aparece la imagen de un dios sosteniendo en una mano un racimo de uvas mientras que con la otra abraza a una diosa que sujeta un espejo. He ahí de nuevo la conexión fertilidad, vida-muerte y agricultura que más tarde se extenderá a Occidente.

El vino y los judíos

Pese a ubicarse en escenario próximo a Mesopotamia, Irán, Siria y Egipto, en plena encrucijada geográfica de Oriente y Occidente, el simbolismo de la vid y el vino en el pueblo hebreo se distinguió radicalmente de otras culturas y religiones.

Ya hemos dicho que el génesis de la cultura hebrea suele remontarse a la salida de Abram (“padre enaltecido”, en el idioma hebreo) de las tierras sumerias. Habitante de Ur de los caldeos, la demanda divina para él fue abandonar su tierra, costumbres y religión, así como adoptar un nuevo nombre: Abraham (en hebreo “padre de multitudes”).

La religión judía sería monoteísta e iconoclasta, pese a lo cual sus rituales sobre el vino no se desentienden del todo de otras religiones de Asia Menor. En el capítulo nueve de Génesis, la Biblia tiene su propia versión del origen de la viticultura, que no se halla muy lejana de los estudios modernos y más bien los refuerza. El relato de Noé lo ubica plantando una viña cerca al monte Ararat, que según todos los indicios sería el mismo monte Büyük Agri Dagi de Turquía Oriental.

El Génesis también confirma en el relato de José y el copero del faraón la práctica de la viticultura en Egipto. Luego, el resto del Pentateuco reseña reiteradamente las prácticas vitivinícolas que preexistían en la tierra prometida, Canaan, cuna de diversas culturas semíticas. En el relato de los espías enviados por Moisés para hacer un reconocimiento de la zona allende el río Jordán éstos regresan con un sarmiento entre las manos y un racimo de uvas.

Por lo demás, la ley judaica establece entre los sacrificios posibles el de “libación”, que ya hemos apreciado en la religión egipcia, aunque exentos de la relación mística que prevalece en todo el Cercano y Medio Oriente. A los sacerdotes les está prohibido oficiar el culto después de haber bebido vino. No hay comunión posible con Yahveh (Dios) a través del fruto de la vid, por lo que no puede considerársele de ninguna manera un dios del vino.

En el judaísmo posterior al exilio en Babilonia (siglo V antes de Cristo) y el judaísmo moderno (que nace tras el famoso concilio de Jamnia, entre el 80 y 90 después de Cristo, en el que se excluye a las sectas esenia, judeocristiana y saducea), toma suma relevancia el uso del vino en los rituales de bendición propios del shabat –día de descanso religioso– y la Pésaj –pascua judía en que se conmemora la salida de Egipto–, al punto que será la base para la posterior celebración cristiana de la comunión o eucaristía. Sin embargo, no existen pruebas de que antes del exilio tuviera la misma importancia.

No obstante, en los profetas, la vid tuvo un permanente significado simbólico con respecto a la nación de Israel. En el salmo 79 se atribuye a Dios haber transportado “una vid de Egipto” (Israel), para la que preparó el terruño “limpiándolo” de otras naciones.
El profeta Isaías, en un hermoso poema, identifica al pueblo hebreo con una viña bien cultivada por Dios pero devastada por la desobediencia. Igual referencia encontramos en Jeremías, “el profeta llorón”, cuando cita la afirmación divina: “Y yo te había plantado de vid escogida, toda de la más genuina semilla, ¿Cómo pues te me has trocado en planta de vid exótica?”.

La abstención del vino y no su consumo, en la religión judía, puede considerarse una señal de devoción, como se aprecia en el voto del nazareo (que siguió Sansón, el profeta Elías y más tarde Juan el Bautista) y en diferentes consejos del libro de Proverbios de Salomón. También se aprecia ese sentido negativo en la imprecación del salmista contra los malvados, a quienes Yahveh hará beber su ira hasta las heces (fermentos) en una copa de vino.

Antes que prohibirlo, el Antiguo Testamento permite el consumo moderado del alcohol en la vida cotidiana, como se puede apreciar en la referencia del Eclesiastés donde “el vino alegra el corazón” y en el Cantar de los Cantares, donde se asocia la vid a la sexualidad humana. En cambio, en el ámbito religioso –salvo la ofrenda de libación– no tiene cabida.

Eso cambiará luego del exilio en Babilonia y la influencia griega tras la ocupación de Antioco Epifanes (siglo III antes de Cristo), cuando el vino ingresa a la religión judía como parte de los rituales de bendición de que hemos hablado y de donde pasa al cristianismo.

(la segunda parte la publicaremos próximamente)

Acerca de ... Manuel Cadenas

Manuel Cadenas

Periodista y escritor peruano, especializado en gastronomía, vinos y espirituosos. Dirige la revista Catering & Gastronomía (www.cateringygastronomia.com) y es director fundador del portal gastronómico La Yema del Gusto (www.layemadelgusto.com). Escribe la sección de gastronomía y vinos de la revista América Economía edición Perú.

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Un comentario

  1. Nahikari Aleixo

    Excelente! Ya quiero leer la continuación de tan interesante artículo!!!!

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