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Luces y sombras de Punta del Este / por Alejandro Maglione

La visita anual. Ir a husmear el Salón del Vino que se monta todos los últimos días de enero en el Hotel Conrad de Punta del Este, desde hace 15 años, permite tener un panorama de lo que fue la temporada y de acceder a las novedades en materia gastronómica.

Lo que pasó en Punta del Este se ha comentado en abundancia: el mejor año en lustros. Apenas una vuelta por la ciudad bastó para verla repleta, con las veredas, los bares y los restaurantes instalados de cara al puerto rebalsando de gente. Las playas a full en las distintas paradas de la Playa Brava y lo mismo en la Playa Mansa. La Barra recordaba a la vieja Playa Bristol de Mar del Plata. El lejano pueblito de José Ignacio ya no queda tan lejano y ha armado una vida propia, en la que reinan el restaurante La Huella y Parador Santa Teresita como focos de atracción para todo lo demás.

Granja Narbona. Los que saben de vinos uruguayos coinciden en que no se puede soslayar la bodega Narbona de la familia Cantón a la hora de mentar los vinos de este país. Ubicada en la localidad de Carmelo, asiento principal de esta bodega, la empresa resolvió instalar una granja a pocos kilómetros luego de cruzar el puente “camello” que pasa sobre el río Maldonado. Allí reina, como anfitriona, María José Cantón. Con algunos viñedos plantados, en el lugar instalaron un restaurante que es una suerte de establecimiento de campo en el que nada se interpone con la vista del paisaje de las cuchillas uruguayas, verdes como nunca.

El lugar es enorme, con atención esmerada y han contratado a un gran cocinero y parrillero argentino, Emmanuel Serrano, quien con toda la infraestructura de parrillas y hornos a leña a su disposición, ofreció una cantidad de platos realmente fuera de lo común. Quedan en el recuerdo unas costillas de cordero, servidas en punto rosado, como debe ser. Probamos dos vinos: el Narbona Sauvignon Blanc y el Pinot Noir. Ambos mostraron que sin duda el Uruguay está en una curva ascendente en la calidad de sus vinos.

Luego María José nos hizo conocer una sala enorme que bautizaron “el almacén”, donde se pueden comprar diversos productos lácteos. Los quesos y el yogur son impecables. También hay dulces para todos los gustos; es obligatorio probar el dulce de leche. También están disponibles los vinos de la bodega que se deseen comprar. Alguien me deslizó el dato de que muchos de los quesos que allí se elaboran son los que tiene Jean Paul Bondoux en su propia boutique esteña.

Granja Narbona

La Corona. Así se llama el lugar ubicado a unos kilómetros de José Ignacio, en dirección a la bodega Garzón. Es difícil definir este lugar donde Alberto Pomes y Florencia Gómez instalaron un rincón típico de la campiña uruguaya. Tienen una huerta con productos maravillosos como kale y gírgolas, objeto de culto de los mejores restaurantes de la zona. Tienen también un tambo que maneja un señor de nombre Davison junto con su hijo Jefferson, de donde provienen unos quesos que están buscando un rumbo. Algo hermoso son los caballos árabes, la pasión de Alberto. El acceso a este mundo lo franqueó la ubicua Miroslava Frigerio, sabedora de la ubicación de lugares imposibles.

El lugar se visita en verano, porque en el invierno la familia se refugia en La Barra, luego en Europa y en primavera regresan para comenzar con la huerta. Sin duda que son una familia Ingalls itinerante que vale la pena visitar y disfrutar de su hortelana hospitalidad.

Oliva y sal. Es un restaurante en una de las entradas a la playa de Portezuelo sobre la ruta a Montevideo. Está bastante oculto, pero si se va atento se puede ver un cartel que señala su ubicación. Allí probé las pastas más exquisitas que he comido en tiempo. Todo es bastante rudimentario, pero con una cocina casera que merece ser conocida.

Playas de José Ignacio

Il Baretto. Es de esos lugares de la punta de Punta, en la calle 9 esquina la 10, a metros del faro. De afuera se ve como un restaurante normal. Al recorrerlo, se descubren distintos espacios que incluyen el jardín, con más de 300 cubiertos en su totalidad. Abren solo de noche porque, al parecer, de día la gente no se siente atraída por la punta.

La Boutique de Jean Paul. La Bourgogne ha pasado a ser una parte de los varios lugares en que Jean Paul Bondoux ha expandido su restaurante. Hay hasta un espacio para almorzar de manera mucho más informal, o bien desayunar, aprovechando que los productos de panadería que están a la venta al público, también se sirven en ese salón. En ese rincón de la esquina de la Avenida del Mar con Pedregosa Sierra se ve el ir y venir de mozos y cocineros que cruzan la calle llevando o trayendo productos.

Las sombras. En el curso de “Cómo ganar amigos” siempre aconsejan que los periodistas cuenten lo que no les gusta, para refirmar su credibilidad (¿será cierto?). El caso es que en Punta del Este, luego de visitarla durante 60 años, se descubren tres sombras que son inexplicables.

Una es el baldío que ha quedado justamente en la esquina de las calles 9 y 10 de la punta cerca del faro. El lugar lo ocupaban edificios derruidos y luego demolidos, entre los que estaba el viejo y entrañable Cine Ocean. Investigando resulta que el enorme terreno -media manzana más o menos- pertenece a un señor que permite que los yuyos crezcan libremente porque aguarda que el mantenimiento lo haga el municipio, institución que ni mantiene limpio el terreno, ni intima al propietario a limpiarlo.

Otro es el permiso que se ha otorgado a los restaurantes que están frente a la rambla General Artigas, casi frente al Yacht Club Punta del Este, para que extiendan sus mesas sobre el mismísimo boulevard de añejas palmeras. Rarísimo y muy antiestético.

Por fin, es increíble que no se haya podido resolver el tema del Hotel San Rafael, que tiene una propietaria que discute con potenciales compradores el precio de venta y, cuando llega a un acuerdo -dicen- vuelve todo para atrás y se declara arrepentida. Este edificio icónico para el Uruguay, que albergó la histórica reunión de la OEA donde se cruzaron el Che Guevara con el Presidente norteamericano Lyndon Jonson, está en estado de absoluto abandono. Sus techos repletos de enormes agujeros permiten el paso franco del agua de lluvia y, según comentarios de los lugareños, ya destrozó el piso superior y está comenzando a hacer lo propio con el que le sigue hacia abajo. Algo se debe poder hacer desde para evitar que el final del San Rafael sea el de una piqueta de demolición.

Punta del Este se va llenando de lugares recónditos para despuntar el vicio de la gastronomía. Que además tienen precios accesibles para lo que son habituales en este refugio de ricos y famosos. El paisaje ya está, ahora le toca a cada uno descubrir estos rincones llenos de gratas sorpresas,

Miscelánea yerbatera. Martín Vijnovsky y Marcela de Loredo son los responsables de Mate & Co, marca que propone blends propios de yerba mate en diversas presentaciones. Para acompañar sus productos, también ofrecen un mate de vidrio. El mate común -dicen- tiene el problema de absorber sabores de las distintas hierbas, desnaturalizando el blend. Si se ha vuelto gourmet hasta comer ossobuco, ¿por qué no esperar un éxito de una vuelta de tuerca como ésta?

Texto publicado originalmente en Conexión Brando

Acerca de ... Alejandro Maglione

Alejandro Maglione
Presidente de la APEGLA, Asoc. de Periodistas Gastronómicos de Latino Amèrica. Columnista en La Nación de Buenos Aires. Conductor del programa radial La isla de los Sibaritas (que se escucha en YouTube poniendo “isla sibaritas”)

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