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No diga “espumantes”, diga “espumosos” / por Alejandro Maglione

El enojo. Resulta que lentamente los grandes productores de “vinos no tranquilos” o espumosos, van comprendiendo que la forma correcta de denominarlos es esa. Y así lo expresan en sus contra etiquetas, que fueron cambiando silenciosamente.

Todo comienza con una norma legislativa donde se alude al champagne hecho en la Argentina denominándolo de  manera indistinta como espumante o espumoso. Lo cual es incorrecto de toda incorrección.

Lo correcto. El término espumante se refiere a algún producto que genera espuma en un líquido. Es decir: es un GENERADOR de espuma.

El término espumoso alude a un líquido, en este caso un vino, que TIENE espuma.

Es inexplicable que mucha gente, incluso los expertos lo tomen como sinónimos, cuando ellos a la hora de tomar una bebida cola, se refieren al producto como una “gaseosa”. Nunca nadie me logró explicar porqué no la llaman “gaseante”.

Peor aún, si hacen un comentario sobre una cerveza, sin duda que de merecer el calificativo, dirán que es muy o poco espumosa. ¡Jamás hablarían de la cerveza como un producto espumante!

Felizmente, como dijéramos,  muchas de las grandes etiquetas en nuestro país ya aluden al mal llamado champagne como espumoso. Al igual que se lo llama en el resto de América Latina. Igual a como lo identifica la propia Real Academia de la Lengua Española.

Origen del asunto. Todo comienza cuando a los franceses se les dio por reclamar normas internacionales que prohíben llamar champagne a cualquier producto que no haya sido elaborado en la región francesa del mismo nombre.

Tan es así que, aún alambrado de por medio, si un viñedo está de un lado se llamará champagne, si está del otro lo llaman “vin mousseaux”, vino espumoso, claro. Y no hay tu tía. Las uvas son las mismas, el clima es el mismo, pero el champagne es el champagne y punto. El alambrado demarcatorio es claro.

¿Qué sucede si por el crecimiento del consumo por las importaciones de China hay que aumentar la producción? En ese caso, los prácticos franceses corren el alambrado, extienden las hectáreas de la Denominación de Origen Controlado, y voilá, se agregan cientos de miles de botellas de champagne al mercado.

 

El problema. A los argentinos, como a los chilenos y otros países productores de espumosos, se les plantea el problema de no haber dado con una denominación específica para este tipo de producto.

Los españoles se anticiparon a las prohibiciones francesas, y a sus espumosos los llaman “cava”. Y punto. Cuando te invitan te dicen: “¿desea tomar un cava?” y te plantan el hasta ayer llamado “champagne” aunque hubiera sido producido “extra alambris” (ya sé que el término no existe).

Los alemanes también encontraron su propia denominación. “Sekt” le pusieron y a decir  verdad elaboran varios de muy buena calidad.

Quizás en la Argentina no sería mala idea hacer un concurso de ideas para encontrar la denominación que nos identifique. A lo mejor valga la pena al menos intentarlo.

Redondeando. Cuando en una charla escuche la palabreja en boca de un experto, o experta, ya que ellas también difunden el error, hágale la pregunta fatal: ¿usted pide una gaseante…? Y chau, se acabó el debate… ¡Salud!

Texto publicado originalmente en la página de la Guía Óleo

Acerca de ... Alejandro Maglione

Alejandro Maglione

Presidente de la APEGLA, Asoc. de Periodistas Gastronómicos de Latino Amèrica. Columnista en La Nación de Buenos Aires. Conductor del programa radial La isla de los Sibaritas (que se escucha en YouTube poniendo “isla sibaritas”)

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