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Venezuela protagonista en la cena benéfica “Il pasto povero” / por Narsa Silva

El pasado viernes 16 de febrero se llevó a cabo la cena benéfica que organiza cada año  la Parroquia de Pontida, en la provincia de Bérgamo, Italia, con el propósito de recaudar fondos destinados a proyectos misionarios que su congregación, Benedictina, lleva adelante en algunos de los países menos favorecidos. Inspirados en la Cuaresma, tiempo de ayuno, austeridad y recogimiento han  denominado a este encuentro “Il pasto povero”, comida pobre.

Cuando me preguntaron si podía participar cocinando algún plato típico de mi país y realizando una presentación sobre Venezuela para dar a conocer a los asistentes a este encuentro un poco de la historia, geografía, gastronomía y tradiciones populares y religiosas de nuestro país durante la Cuaresma y Semana Santa, no dudé ni un segundo y dije Sí. Cinco palabras resumen la experiencia que viví en esa jornada: reto, adrenalina, satisfacción, agradecimiento y nostalgia.

La  Parroquia  Pontida, pequeña ciudad  localizada en la provincia de Bérgamo, en Lombardía, Italia,  organiza todos los años durante la cuaresma  este evento, abierto a los miembros de la comunidad que deseen participar. Un poco más de treinta persona se dieron cita a este encuentro, para mí, un verdadero reto culinario, por cuanto no soy cocinera profesional, ni chef; soy simplemente una amante de la cocina que aprendí a cocinar y me encanta hacerlo.

Esta experiencia fue una verdadera descarga de adrenalina que disfruté con respeto, responsabilidad, entusiasmo, buscando dar lo mejor de mí y hacerlo lo mejor posible.Es la primera vez que cocino un menú de entrada y plato principal para un grupo grande de personas y lo realizamos en un lugar especial, con  mucha historia e importancia religiosa en la  provincia de Bérgamo, la cocina del Monasterio de San Giacomo de  Pontida.

Este Monasterio, surge como un priorato cluniacense en  el año 1076. Fue  destruido y saqueado en el año 1373 durante las guerras entre güelfos y gibelinos, resurge al final del siglo XV por iniciativa de la República de Venecia. En el siglo XVIII se distinguió en la sociedad  Bergamasca por el prestigio cultural de algunos de sus estudiosos abades como:  Constantino Rotigni, Alberto Mazzoleni y Christopher Cabrini, pero en 1798 fue abolido por decreto de Napoleón Bonaparte y se reduce a una parroquia confiada al clero secular. En 1910 fue reabierto por la Congregación Casinense (Orden Benedictina) con  tres monjes provenientes de la abadía de San Pablo en Roma. En 1946, recupera nuevamente el rango de abadía.

En este recinto mágico, la cocina del Monasterio,  conté con el valioso apoyo de un grupo de señoras voluntarias que me ayudaron en la preparación del menú, a quienes agradezco su apoyo porque sin ellas no hubiese sido posible. Nos dimos cita con suficiente tiempo de antelación para realizarlo y disfruté gratamente la experiencia de compartir y conocer nuevas personas de la comunidad y observar su espíritu de colaboración fue gratificante.

El menú de la cena incluyó como antipasto dos arepas pequeñas; una  rellena de ricota de cabra y la otra con queso gorgonzola; como plato principal: polvorosa de atún (no de pollo por el ayuno de viernes de cuaresma) y nuestra conocida ensalada rayada, con repollo, zanahoria, maíz dulce en granos. Por tratarse de un “pasto povero”, atendiendo al ayuno y austeridad de un viernes de cuaresma, no se incluyó dulce o postre.

La cena fue servida a las 8:30 pm y con mucha satisfacción pude comprobar en el rostro de los comensales y a través de los elogios a los platos servidos que ambos gustaron. Me sentí agradecida y feliz en compartir con los asistentes un poco de nuestra gastronomía y sobre todo que haya sido del total agrado.

Luego me correspondió hacer una breve presentación sobre Venezuela, mostrar un poco de nuestra historia, geografía, gastronomía, tradiciones populares y religiosas durante el tiempo de Cuaresma y Semana Santa y, brevemente, hablarles sobre la difícil situación, política, económica y social que enfrenta el país. El punto final fue mostrarles un hermoso video con paisajes de nuestra hermosa y diversa geografía.

Los gestos de sorpresa de algunos asistentes viendo y descubriendo nuestro país a través de esas imágenes y el aplauso final dibujaron una sonrisa en mi rostro. Más allá de la nostalgia que sentí en esos fogones y mientras hablaba de mi país, sentí mucha gratitud y satisfacción por esta experiencia que suma en mi vida, y por la hermosa acogida de los asistentes.

Agradecida por la valiosa oportunidad y el reto que significo, agradecida por conocer gente de la comunidad donde resido. Agradecida por la confianza que los representantes de la Abadía: El Abad, Don Giordano, y el coordinador de la parroquia Don Marco depositaron en mí, para llevar adelante la preparación de la cena; agradecida con las señoras voluntarias que me ayudaron en la cocina y con los asistentes.

Lo que hacemos con amor y entusiasmo rinde sus frutos.

Acerca de ... Narsa Silva Villanueva

Narsa Silva Villanueva
Periodista y emprendedora venezolana. Emigrante a Italia por amor. Pa´lante y con fe.

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