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Tómate tu hambre

En 2014 entrevisté a un productor miembro de Fedeagro. El tema de mi interés era café, pero salieron otros ítems en la conversación. Al poco tiempo me llamó muy preocupado y me dijo que tenía algo muy importante que contarme, que él pensaba que se avecinaba una hambruna. 

Pocos después nos encontramos.  Me recibió en su oficina con un montón de fotos, catálogos y diagramas sobre su escritorio. Básicamente eran de vegetales, procesos de siembra, nombres de fertilizantes, semillas y flores. Todo muy revuelto, porque estoy segura intentaba explicarme por qué a partir de la falta de compra de semillas, en poco tiempo en Venezuela faltaría la comida.

En 2014 el gobierno venezolano llevaba por lo menos 4 años sin comprar semillas. Se preguntarán qué puede tener eso de grave, si es tan simple  agarrar un vegetal, poner las semillas al sol, sembrarlas y al poco tiempo nace una planta que, eventualmente, con el cuidado adecuado dará frutos. Claro, eso lo piensa quien tiene una plantita en su casa, pero la producción sostenida de alimentos por toneladas para alimentar poblaciones enteras, se rige bajo otros parámetros. A lo que se suma que tiene que abastecer los mercados todo el año. El productor me explicaba que en ese entonces las semillas se compran según las necesidades y condiciones climáticas de cada país.  Literalmente se diseñan resistentes a determinados tipos de plagas, hongos, exceso o falta de humedad, para recibir cantidades determinadas de luz solar, agua, tipo de tierra, entre otros factores. Eso garantizaba en gran medida una producción sostenida.

En ese entonces sucedieron otros hechos que aislados no dicen mucho, pero puestos en conjunto encajan perfectamente. Por una parte, la toma de Agroisleña (mayor proveedor de semillas y productos para la producción agrícola), la ley que prohibía el uso de transgénicos y cualquier modificación genética, pero que no da paso a otras alternativas, a lo que se sumaba la expropiación de fincas y la escasez de divisas para la compra de cualquier recurso del sector, desde maquinaria como tractores y sus respectivos repuestos, pasando por químicos, fertilizantes, insecticidas, empaques, herramientas, todo lo que pase por sus cabezas que sea necesario para el sector, no se dejó nada sin cubrir, y por supuesto, no obviaron las semillas. El productor muy preocupado me decía, “a este paso no habrá suficiente comida para todos en los próximos años, porque no solo son vegetales, piensa en alimento para animales, por ejemplo”.

Me ponía el ejemplo de los tomates y me decía que en pocos años no habría, porque la última vez que recordaba que se había aprobado dinero para eso, se escogió la compañía más económica del mercado, que por el precio que le pagaban había enviado semillas que no se adaptaban, ni por error, a las condiciones de Venezuela y, ya en ese entonces, había disminuido drásticamente la producción. Además, a esta tragedia se sumaba la falta de compañías productoras de semillas y semilleros en el país. Más allá de los intentos de algunas universidades y una compañía (cuyo nombre no recuerdo) que formaba parte del gobierno y que había ventilado por todos los medios la producción de semillas para maíz.

En ese entonces, le comenté a varias personas sobre esto y la mayoría me llamó exagerada. Claro, era 2014, y no teníamos idea que la peor parte de la tragedia en Venezuela estaba por llegar. En algún archivo guardo esa conversación, fotos y esquemas, pero al mudarme de país, muchas de esas cosas se perdieron, incluso algunas que están en mi memoria.

Sin duda, no lo sabía quién estaba fuera del gobierno, pero estoy segura que ellos sí estaban al tanto. Lamento decirles que estoy segura que nada de lo que nos está pasando ahora en Venezuela sea al azar. Que esta hambruna ha sido planificada, estudiada, puesta en práctica por etapas. ¿Con qué objetivo?. Difícil de saber en este momento, más allá de conjeturas a priori. Pero este genocidio amerita una investigación metódica, bien enfocada, con acceso a fuentes de todos los tipos. La aniquilación de una cultura y eventual desestabilización de una región completa, a causa del mayor éxodo vivido en Latinoamérica, a alguien tiene que beneficiar.

“No hubo azares, no hubo una causa externa imprevisible incontrolable. La mayor hambruna de los tiempos modernos – o, más bien, la mayor hambruna que la historia registra – sucedió en un país en paz, sin catástrofes naturales ni accidentes climáticos que la dispararan. Fue el resultado increíble de una acumulación de errores y soberbias, la combinación de una política equivocada y la creencia en el relato que esa política hacía de sí misma”. Así lo plasma el escritor argentino Martín Caparrós en su libro El Hambre (Editorial Planeta, 2014), a propósito de la hambruna sucedida en China entre los años 1958 y 1962, cuando murieron más de 30 millones de personas. El episodio fue consecuencia de una serie de erradas de políticas públicas del gobierno de Mao Tse-Tung, quien se empeñó en hacer de su país una potencia industrial y los campesinos fueron prácticamente obligados a abandonar el campo. “La tierra, puesta en común, debía ser trabajada por comunas campesinas tan mal improvisadas que no conseguían funcionar”. A lo que le siguió una historia tan o más espeluznante que cualquier thriller de Hollywood, donde abundan los relatos de antropofagia.

Acerca de ... Vanessa Rolfini Arteaga

Vanessa Rolfini Arteaga
Comunicadora social y cocinera venezolana dedicada al periodismo gastronómico. Egresada de la UCAB con estudios de especialización en la Universidad Complutense, de crítica gastronómica en The Foodie Studies y entrenamiento sensorial en la Escuela de Catadores de Madrid. Actualmente, colaboradora de revistas Bienmesabe y Semana Cocina (Colombia), y columnista del diario El Universal. Conductora de rutas gastronómicas y editora de guías. Creadora y redactora de recetas. Bloguera a tiempo completo ... "Le dedico casi todo mi tiempo a divertirme, amar, viajar, comer y beber bien. Aunque parezca una locura, ese es mi trabajo".

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Un comentario

  1. Susana Rincón Albornoz

    Pues, estás en lo cierto querida Vanessa!! Y el extracto que publicas de Martín Caparrós muestra claramente lo que está pasando, o pasó, en nuestro país! Políticas erradas, equivocadas, soberbia, ignorancia, ansias de poder, y todo por tratar de implantar en un país DEMOCRATICO una ideología FRACASADA en TODO el mundo! No sé cómo vamos a salir de esto, porque siguen los errores, la ignorancia y la sed de poder. DIOS NOS AYUDE, son muchos años ya!

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