Antes que nos diezme el Dengue, o por lo menos para mejorar los síntomas de los infectados, se ha puesto de moda la sopa de patas de pollo, que según la creencia popular sube las plaquetas. Desde hace mucho se la preparan a personas con otras patologías, pero desde que el famoso Mosquito Patas Blancas (mosquito aedes aegypti) vuela sobre Venezuela con total libertad y hace vida entre nosotros, los remedios caseros como este apoyan el tratamiento de rigor.
Ciertamente las patas de pollo no son lindas a la vista, pero tampoco lo es el cadáver de un ave cuando uno lo compra entero para sacar pechugas, muslos y el carapacho. No las mire mucho, ni las agarre con la cara arrugada, que esa mala vibra sí le da mal sabor a la comida.
Les ofrezco una receta sencilla, dado la gran número de personas que la han solicitado. En primer lugar, puede hacer una cantidad considerable, dividirla entre distintos envases y refrigerarla, incluso congelarla.
En una olla vierta un par de cucharadas de aceite, una cebolla finamente picada, un par de dientes de ajo machacados, dos o tres ajíes dulces picaditos y revuelva bien, cocine por varios minutos hasta que la cebolla transparente. Luego agregue las patas, para dos litros de caldo de 8 a 10 unidades serán suficientes. Deje sofreír unos minutos e incorpore 8 tazas de agua y un chorrito de vinagre blanco.
Para que no quede como un caldito triste y desamparado, con aspecto que va a parar en la bandeja de un enfermo, llénela de alegría y cuando el líquido rompa a hervir, agregue zanahoria, calabacín y papas cortadas en cubos, no muy grandes como 1×1 centímetro. No descarte la posibilidad de utilizar otros tubérculos como apio, ocumo, incluso yuca, siempre cortada en cuadritos, procurando que todos tengan dimensiones similares. Eso le ayudará a variar la sopa, lo importante es el caldo base, además se hará apetitosa a la vista. Pregúntele al enfermo qué le gusta en la sopa, de repente se cuela por ahí una mazorquita o bolitas de masa, porque la inapetencia también se combate con una pizca de mimos.
Pasados unos 15 minutos, incorpore un cubito de pollo. A quien no le guste el caldo de pollo en cubos, puede obviar este paso, pero la sopa sin cubito no sabe igual, le redondea el sabor siempre y cuando no se le pase la mano. Además ese cuento del amarillo numero cinco y no se cuantas leyendas urbanas asociadas son falsas. Los cubitos se fabrican con ingredientes deshidratados y en Venezuela por ley tienen prohibido el uso de ciertos químicos, pero igual lo dejo a discreción de cada quien.
Por último, añada cilantro fresco y un par de hojas de hierbabuena, tape la olla y apague el fuego. Deje reposar la sopa un rato. Ah!, antes de eso no olvide rectificar que los tubérculos se hayan ablandado.
Al momento de servir, por favor, hágalo con cariño. Un mantelito o individual sobre la mesa o bandeja, no enriquece ni empobrece a nadie pero ayuda al enfermo. Sirva la sopa sin las patas, solo caldo y verduritas, tibiecita, humeante con ese sabor a casa que conmueve. Al lado del plato una servilleta con su cuchara. Por último, no olvide acompañar la sopa con mucho cariño, que eso sí sube las defensas.






































