
Esta noche es la inauguración formal del Salón Internacional de Gastronomía de Caracas. Como todos los años, entre invitados internacionales y nacionales, expositores, catas, degustaciones, demostraciones de cocina, conferencias y el encuentro con con colegas, amigos, conocidos y curiosos, se hace corto el tiempo para vivir tantas actividades. Digamos que hay más actividades que horas humanamente disponibles.
Pero ahí estaré, dos horas al día atenderé el stand de Pasteurizadora Táchira donde promocionaré algunos de sus productos, y podrán degustar algunos bocadillos que prepararé para la ocasión.
Enfocaré todos mis sentidos a lo que suceda en el SIG, para narrar los más destacado en este espacio tal como hice el año pasado.
Juro y prometo, que llevo el disco duro de mi cabeza con mucho espacio para almacenar toda la información.
Por lo pronto, !QUE EMPIECE LA FIESTA!
Empieza el SIG 2008. No ocultaré nada
Diplomático del Vodka
Visitó Caracas el embajador global de Smirnoff Black Kenji Jesse y cuya invitación expresaba textualmente «presentando las nuevas tendencias globales en el mundo de la coctelería».
La actividad se llevó a cabo en Licores Mundiales de las Mercedes. Al lado de la entrada y de la caja registradora, ubicaron un mostrador donde Kenji Jessy, con todos sus implementos y licores y con la ayuda de una intérprete, mostró cómo se destila la vodka y realizó algunos cócteles.
Hasta aquí todo muy interesante, pero el gancho de la invitación era mostrar las» nuevas tendencias», y a pesar del esfuerzo del embajador, quien además era encantador, no cumplió su cometido. Porque el ruido, la mala ubicación y la demostración en sí, no cubrió mis expectativas. En especial, porque en Venezuela el mundo de los bartenders está experimentando cambios muy interesantes, desde competencias, licoreras y empresas de eventos que entrenan a los interesados en este arte, hasta incentivos económicos para los bartenders, entonces no basta con hacer unos cócteles sabrosos, pero simplones y en las condiciones menos favorables.
En todo caso, mi sugerencia es no hacer invitaciones marcando expectativas tan altas, aterrizar la invitación a una degustación de cócteles con la Smirnoff Black, a conocer el producto y sus potencialidades.
Estoy segura que esta actividad desaprovechó el talento de Kenji Jessy, quien seguramente tiene mucho que aportar y qué decir, dada la naturaleza de su trabajo y de los viajes que hace por todo el mundo.
Los espectaculares bombones de Fariñez
Hace una semana Alberto Fariñez en persona me entregó una caja de bombones espectacular. Utilizo ese adjetivo por muchos motivos, la caja es preciosa, los colores utilizados de ensueño y su contenido quita el aliento.
Contiene 12 bombones de chocolate con diferentes rellenos: ganache de Pachano no. 23, confitura de parchita con ají dulce, jalea de mango con pasas, jalea de tamarindo con curry, jalea de guanábana, dulce de leche, jalea de cambur y cardamomo, jalea de guayaba a las tres pimientas, confitura de limón y malojillo – uno de mis favoritos -, conserva de piña y coco, y otros más por la misma línea.
La caja venía en una linda bolsa de papel marrón, acompañada de una guía para saber cual bombón es cual y un cidí con fotos y una nota de prensa.
Me he ido comiendo los bombones de uno en uno. Lo selecciono según el sabor que me provoca pero cada vez que me acerco a la caja me invade una fragancia de cacao y madera.
Alberto me comentó que piensan sacar otras series de bombones, como una con licores venezolanos, por lo que ya le ofrecí proveerlo de un buen cocuy, porque para nadie es un secreto la debilidad que siento por esta bebida.
A Albeto Fariñez muchas gracias por el detallazo, llegó en el mejor momento.
A quienes deseen hacer pedidos pueden llamar por los teléfonos: 0212 7155815 y 2349008.
Taller de cocina india en el Marriot

Kadai Jinga (langostinos cocinados con ajíes, cebollas y sazonados con especias indias)

Me sorprendió el Ghee (mantequilla clarificada) que viene enlatado.

Ingredientes procedentes de la India, muchos los trajeron directamente de allá y otros desde las Antillas, donde hay una comunidad india importante y salía muchísimo más rentable adquirirlos.
Apenas pisé el lobby del Hotel JW Marriot me envolvió el aroma de las especias, en especial curry. Increíble porque he estado muchas veces allí y jamás me había sucedido. Ya en el pasillo donde estaba el salón al que me dirigía el olor era fortísimo, al punto que me guió hasta el lugar del taller.
Cuando abrí la puerta, me encontré un salón amplio, mesones con jugos y bocadillos, una tarima con veinte sillas ocupadas por alumnos atentos y frente a ésta, dos mesones llenos de ingredientes, muchos de ellos extraños para mí, y en la mitad una cocina de tres hornillas, donde el chef Durgaprasad Raturi enseñaba a elaborar un Kadai Jinga, en cristiano, langostinos cocinados con ajíes, cebollas y sazonados con especias indias. Detrás de él una pantalla gigante para que nadie se perdiera nada, además del personal del hotel que como sucede en todos los festivales, se visten con trajes alegóricos al país invitado. Incluso he llegado a pensar que en el Marriot cuando contratan a la gente que va a trabajar en el servicio, le preguntan sobre su habilidad para disfrazarse. Bueno ese detalle me gusta mucho.
Este taller de cocina, forma parte del V Festival Gastronómico y Cultural de la India que se lleva a cabo desde el 13 hasta el 26 de octubre. En este ocasión, además le ofrecieron a los comensales la posibilidad de asistir a una demostración de cocina india por el costo de un menú.
Sin ningún tipo de reservas, me encantó la actividad. Bien organizada, para poca gente, el chef contaba con un traductor, mostraban los ingredientes, uno se podía acercar y jurungar lo que quisiera. Al llegar entregaban una carpeta con las recetas, un listado del misanplás y un ensayo sobre la gastronomía de la India.
Además del platillo antes mencionado, el chef preparó un Hariyali machili curry (Pescado cocido con salsa de hojas de cilantro y menta) y Duan ko murga (Pollo salteado con avellanas y cebolla dorada).
Después que los platillos estaban listos invitaron a degustarlos acompañados de arroz blanco y como bebida Lasie – yogur con fresas y agua de rosas -. Aunque no me quedé más tiempo, luego invitaron a los asistentes a un pequeño cóctel con algunas exquisiteses saladas y dulces que preparó el chef para la ocasión.
Adriana Díaz, encargada de las relaciones públicas del hotel, me comentó que es primera vez que hacen esta actividad, pero que piensan implementarla para futuros festivales, así que la próxima vez no se pierda la oportunidad porque la relación precio-valor está redondita.
Ah! se me olvidaba, al final entregan un certificado de asistencia.
El sushi encontró compañero a la medida
En el contexto de una cena deliciosa en el restaurant Taiko, presentaron el vino OROYA, especialmente diseñado para armonizar con comida japonesa. El enólogo de Freixenet, Miguel Salarich, explicó que detectaron en el mercado la necesidad de un vino para acompañar la comida nipona que es tan rica en sabores y texturas, y muy popular en latinoamérica.
Aseguró que desde el principio tuvieron claro que debía ser un vino blanco por la presencia del pescado y luego encontraron en la mezcla de las uva Torrontés con Pinot Noir una combinación redonda que además resalta el umami, o quinto sabor que es fundamental en la gastronomía asiática.
Oroya se traduce al español como «cesta que se utiliza para transporar mercancías de un lado a otro del río» y el enólogo asegura que los grafismos japoneses en la etiqueta expresan justamente esa idea. La botella es estilizada, parece de perfume, acorde con las líneas de verticales y armoniosas de las preparaciones japonesas.
Lo interesante de este vino, a mi modo de ver, es que ha sido creado buscando un tipo de armonía específica, en vez de crear el vino y después buscarle el maridaje más adecuado. Creo que seguiremos viendo vinos con ocasiones de consumo tan definidas, es decir, vinos de diseño.
En este caso, lograron un vino frutal con intensas notas florales, muy fresco y nada ambicioso. A mi modo de ver, combina a las mil maravillas con el sushi, aunque no estoy muy segura de lograr el mismo efecto con otro tipo de comida, cuando haga el experimento lo comentaré en este espacio.
Gracias a los organizadores por la cena, en un ambiente tan lindo sentados en el piso al mejor estilo japonés, degustando sushi, sashimi, tempura, en todas sus clases y colores; y para variar compartiendo con los amigos y colegas.
Aporte culinario europeo, a la manera de Scannone

Con estos hermosos cartoncitos, señalaban la selección de cada comensal: fondo vinotinto para la española, fondo blanco para la francesa y fondo azul para la italiana.







En orden de arriba hacia abajo todos los platos del menú español: Mini tortilla, Pulpo a la gallega y en vinagreta, Pimientos de piquillo rellenos de bacalao, Gazpacho, Chipiriones en su tinta, Codorniz e su jugo y Tocinillo de cielo. Solo me falta la foto del Cordero con habas que iba entre la codorniz y el postre.
«Europa y Venezuela se encuentran en el paladar» es el espíritu de las cenas servidas en el restaurant Le Gourmet preparadas a cuatro manos por los chefs Tomás Fernández y José Alvarez. El menú fue estructurado por Armando Scannone quien agrupó recetas de Italia, Francia y España en tres menús, para dar un paseo por los platillos más emblemáticos de esos países que han tenido acogida en Venezuela.
Cada menú maravillosamente armonizado con una selección de vinos, que comenzaba con un espumante según el país escogido; por lo que en una misma mesa sirvieron Cava, Champagne y Prosecco. En mi caso escogí el menú español por dos motivos: casi todos mis acompañantes habían escogido el menú francés y no quería ser repetitiva, y la codornices del menú español me picaban el ojo.
Pero esa noche el destino estaba de mi parte, porque aunque todos los platillos eran fabulosos, los vinos españoles, como en el mejor lenguaje de los toros cortaron rabo y oreja. Comencé con Cava Castel del Vilarnau Brut, luego un albariño Abadía de San Campio 2006 que estaba sensacional, aún cierro los ojos y evoco su sabor que acompañó tres de los platillos. Luego un Real Cortijo Crianza 2003, lo mejor de la noche. Seguidamente un Alion 2003 de Bodegas Alion y para cerrar con broche de oro, un Piedra Luenga Bio de Pedro Ximenez que hacía el matrimonio perfecto con un tocinillo de cielo que estaba simplemente celestial. Además el servicio de vinos en el restaurant es impecable, un agradecimiento especial al sommelier Gustavo Garcia.
Como es de esperarse en estos casos, intercambiamos platos y copas para saborear todas las culturas, en una noche deliciosa, con compañeros de mesa divertidos y comprometidos con la buena mesa. Casi todo lo que probé me encantó, mil felicidades a los chefs y a todo su equipo.
A Armando Scannone le celebro su idea, además que me encantó que todo el hotel en concordancia con el festival tenía los libros de Scannone en las vidrieras y la sala estaba llena de orquídeas que son sus flores favoritas y emblema del restaurant.
Me divertí muchísimo, comí y bebí riquísimo …. ¿acaso se puede pedir más?
PD: muchas gracias a Ana María Rodríguez quien lleva la prensa del restaurant por la invitación y por estar pendiente de todo.
Información «sopeteada»
En la revista Todo en Domingo que viene encartada en el Diario El Nacional, la periodista Rosanna Di Turi, publica una nota titulada «Tenedores honoríficos», donde informa sobre los galardonados con El Tenedor de Oro, premio otorgado por la Academia Venezolana de Gastronomía y que en su edición 2008, reconoce el trabajo de los chefs Enrique Limardo, Tatiana Mora, Tomás Fernández y José Luis Alvarez. También del nutricionista José María Bengoa, «de los cultivadores de setas, los productores de queso de cabra locales, Mayupan y la pastelería Danubio» expresa la publicación. A quienes desde este espacio felicito porque sin lugar a dudas es un premio merecido.
Pero el motivo de este post, fija su atención al hecho que justo hoy domingo 12 de octubre, a través de la sección gastronómica de esta revista se develen los nombres de los ganadores, y que nadie más en esta ciudad – hasta donde sé – lo haya publicado antes.
Incluso si salió hoy publicado es porque la periodista posee la información por lo menos con quince días de antelación. Mi nota no es hacia Rosanna Di Turi, quien se puede decir sin la mayor gota de mezquindad que «tubeó» al resto de los periodistas de la fuente, es decir, que dio la primicia. Lo cual no le critico porque así somos los periodistas, ella hizo bien su trabajo.
Pero acaso el anuncio de un premio tan destacado no debería ser una información de dominio público desde hace días. Estoy segura que muchos periodistas destacados de la fuente no tenían conocimiento de esto. Por ejemplo, el jueves pasado en una cena en el restaurant Le Gourmet donde compartí con tres colegas reconocidos de la fuente: Angela Oraá, Adriana Gibbs y Julio César Alcubilla. El chef Tomás Fernández se acercó a saludar y nadie hizo mención a tan importante hecho. Ante la duda, pregunté hoy por teléfono si lo sabían y dos de ellos – con quienes logré comunicarme – me aseguraron que no, que se enteraron de la misma manera que yo.
Pero esto es el pan de todos los días, llaman directamente a los periodistas que tienen más espacio para publicar y después que les «publican algo», hacen circular la información ya de segunda mano, es decir, como un plato sopeteado por otra persona.
No se quién le hace la prensa a la Academia Venezolana de Gastronomía, pero no comprendo qué estaban esperando para anunciar el premio, considerando que estamos muy cerca del Salón Internacional de Gastronomía y que en otros años a estas alturas esa información hacía rato que ya se había publicado.
Apuesto, sin temor a perder, que mañana llenarán el buzón de mi correo con esta información para que se publique en los medios en los que escribo. Eso sí, después que la publicó hoy El Nacional, entonces aquí hay dos posibles hechos: o se negoció la exclusiva (a lo que no le veo mucho sentido y le aseguro a quien lo gestionó que no hizo tan buen negocio) o hay preferencia de unos periodistas sobre otros. Y me inclino a pensar más en lo segundo, sí, periodistas a los que le extienden la alfombra roja, le hacen todo tipo de concesiones, mientras que al resto se nos da un trato de segunda categoría. Aunque quiero aclarar que no todas la agencias de comunicaciones actúan igual, porque sería injusto de mi parte meterlos a todos en el mismo saco.
Se que hay que ganarse el respeto y confiabilidad de la fuente, eso es parte del día a día en el periodismo, pero colocar a unos medios sobre otros por mero interés de centimetraje no me parece justo. Mientras tanto, sigo a la orden, con el profesionalismo y honestidad que mis colegas saben que profeso y práctico, pero exijo condiciones de juego más justas .
Vinos patagónicos, cinetismo y sazón criolla

La Chef Francys frente a las obra de Perez Melero

Hernán Salazar de Alta Cava junto a Lionel Bondulich-Mir
«Los vinos de Humberto Canale son una brisa del sur, con la tibieza de la amistad y no con el frío de la Patagonia», así comenzó su intervención el wine manager Lionel Bondulich-Mir sobre estos vinos que trae a Venezuela la distribuidora Alta Cava.
La presentación se llevó a cabo en La Cocina de Francy, un lugar encantador ubicado en la Candelaria que destaca por un sabrosísimo menú criollo. Entonces los vinos patagónicos encontraron aliados en los tequeños, el pastel de polvorosa, el pastel de chucho, el pelao guayanés y el pabellón. Todos los platos muy bien hechos y con un rico sabor.
Antes de presentar los vinos Jacques Braunstein hizo una introducción a la obra del artista plástico venezolano Perez Melero, quien ha encontrado en este restaurant un espacio para ser disfrutado por los comensales y completar una experiencia integral de artes enogastronómicas y culinarias.
Los pingüinos como vecinos
«Son vinos especiales que se producen al sur de Argentina. En la provincia de Rio Negro, a partir de 38 grados hasta 44 grados de latitud sur, después de allí lo que tenemos son los pingüinos. Las vides crecen en un clima agreste, llueve muy poco pero los vientos articos traen una humedad amable con la vid» expuso Bondulich-Mir.
Se trata de los primeros vinos de esta región que llegan a Venezuela. Hernán Salazar director de Alta Cava asegura que tienen carácterísticas que los hacen únicos. Ciertamente, primero degustamos un Sauvignon Blanc 2007, que me pareció delicioso, esta cepa en ocasiones un poco cansona para mi gusto, encuentra un tono de expresión totalmente diferente, puedo decir que me sorprendió y me encantó.
Después sirvieron un Malbec 2007 que en un primer momento no supe qué pensar, me exigió un espacio de especial antención, no es fácil ni complaciente pero es increíble en boca. Le siguió un Merlot nada convencional pero muy bueno. Después de esta primera ronda me quedó claro que la Patagonia le imprime su sello a los vinos, deja clara su influencia y sus condiciones. «Lo que van a probar por primera vez es un vino que está como escondido, a mi juicio, son los borgoña argetinos» expresó Bondulich-Mir, una aseveración bastante atrevida pero respetable.
Luego sirvieron de la línea gran reserva un Malbec y un Merlot, ambos con un potencial de guarda de hasta 10 años. Ambos con una estructura firme y flexible a la vez que deja claro su origen poco común.
Muchas gracias a Hernán Salazar quien siempre organiza eventos cuidando los detalles hasta lo impensable y sobre todo con un cariño y respeto fuera de serie.
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Si desean conocer más de estos vinos pueden visitar la página www.bodegahcanale.com
Para pedidos contacten a la gente de Alta Cava: info@altacava.com – 235.9534 / 4372.
Hago una mención especial a La Cocina de Francys, un lugar al volveré en condiciones más cotidianas porque me gustó el sabor y la atención, con un acento criollo no tan común como a mi me gustaría.

Martha y María Mercedes apabulladas por las copas

Haciendo mi tarea: comprobando la armonía de los vinos con la comida. En la gráfica un trozo de pastel de chucho y de pastel de polvorosa.
Argentina «para beber y comer»

Aquí estoy con Belkys Cróquer y Facundo Belardinelli chef invitado.

Belkys Cróquer brinda undo a los ganadores de la cata a ciegas: Gaby Urdaneta y Julio César Alcubilla. También en la foto Angela Oráa quien fue una excelente anfitriona y el chef Facundo Belardinelli.
Delicioso y perfecto!!!! dos calificativos para el almuerzo ofrecido a la prensa en ocasión de presentar la experiencia enogastronómica organizada por Bodegas Salentein representado en Venezuela por Casa Oliveira en las instalaciones del restaurant Lee Hamilton. Para la ocasión vino de Argentina el chef Facundo Belardinelli quien dirige el Espacio Salentein, en el corazón de las bodegas ubicadas en el Valle del Uco en Mendonza.
Bellardineli tiene 23 años, pero tiene una seguridad y un encanto envidiable, narró paso a paso la elaboración de sus platos, la fuente de sus ideas y cómo su propuesta gastronómica es el fruto de un trabajo en equipo. Esta es su segunda visita a Venezuela, y dice que esta vez si anunciaron sus presencia porque se siente mucho más seguro de conocer el gusto de los venezolanos, asegura que no hizo muchos cambios de sabor con respecto a lo que sirve en Argentina, y que junto a los cocineros de Lee Hamilton ha tenido la oportunidad de conocer muchos ingredientes criollos.
Para la ocasión, el chef Bellardinelli asegura que todas las carnes que se servirán en armonía con los vinos Salentein vienen de Argentina.
Aunque por razones que prefiero achacarle a Mercurio Retrógrado llegué muy tarde, tuve la oportunidad de probar todos los vinos varietales que se degustaron esa tarde: Chardonnay, PinotNoir (que no es mi cepa favorita porque me parece caprichosa pero que en este caso el vino estaba maravilloso), Malbec y Shiraz (que arrancó más de un suspiro por ahí).
El menú que ofrecerán en el Lee Hamilton está compuesto:
3 abrebocas:
– Chanfaina de sangre de cordero sobre una concha de papa
– Tomate, pimentón y cebolla con huevo servido sobre una focaccia.
– Empanadas salteñas.
2 entradas:
– Salmón fresco curado con sal
– Carpaccio de lomito, hojas verdes y aderezo de pistacho.
3 principales:
– Lomito envuelto en prosciutto con reducción de vino salentein y hongos. Estaba delicioso, tenía tiempo que no me comía una carne tan bien preparada, suave, dorada por fuera y rojita por dentro, de un exquisito sabor.
– Lomo de cerdo gratinado con rúgula y queso acompañado de puré de batata con una reducción de cerveza y miel.
– Trucha mariposa al horno con crema de ajo porro.
Postre:
– Huevos quimbos
– Ambrosías
– Flan
Todos los platos dulces y salados son elaborados por el chef Bellardinelli, quien contó que sus inicios fueron en casa cocinándole a su mamá y a su abuelita.
Pregunté en el restaurant y me dijeron que el precio promedio para una pareja que pida tres platos y compartan una botella de vino está alrededor de los 500 bolívares fuertes, que puede ser un poco más o un poco menos. Bueno así están los precios en Caracas.
El festival enogastronómico argentino organizado por Bodegas Salentein es del 6 al 11 de octubre.
Dirección: Av. San Felipe No. 30, Esq. Av. El Bosque, Urb. La Castellana. Caracas.
Telefono: 0212 2640595

Lomito envuelto en prosciuto con una reducción de vino Salestein y hongos, acopañado con papas al horno. Foto: Marta Elena González

El postre: huevos quimbos, parecidos a los huevos chimbos maracuchos pero en dos texturas.

José Antonio Contreras, Sommelier del Lee Hamilton. Quien junto a Belkys Cróquer fueron los responsables que el servicio del vino fuera perfecto. La experiencia está a la vista.
Miramar cambia de traje
Amo el Miramar desde que tengo uso de razón. No importa cuántos me he comido en la vida, siempre siento la misma emoción al toparme la almendra cubierta de chocolate amargo, y cuando aparece más de una me invade la sensación que será un gran día, es decir, que mi amor va ligado a la cábala.
Cuando trabajaba en Nestlé Venezuela tuve la oportunidad de visitar la fábrica de Nestlé–Savoy ubicada en Santa Cruz de Aragua, y aunque no se parecía a mi imaginación que navegaba por los ríos de chocolate de Willie Wonka, me encontré una fábrica moderna, fascinante y por supuesto, apetitosa porque huele a chocolate desde el estacionamiento.
Ese día me llevé muchas sorpresas, es increíble como fabrican los Cocosettes, los Susys, los Samba, el ingenio y la belleza de esas máquinas empujan al exterior que niño que todos llevamos dentro. Luego el lugar dónde fabrican los chiclets, los caramelos, los Torontos, los Ping–pong y por supuesto, el Miramar.
Como mi visita era por cuestiones de trabajo, ponía cara de mujer circunspecta pero por dentro sentía una emoción increíble. Ese día también descubrí que fabricar los Miramar es bastante complicado y que por ese motivo casi lo sacan del mercado, pero es tal su legión de seguidores que es impensable hacerlo. Porque el Miramar cuenta con fanáticos, que los compran con frecuencia, sin importarle los problemas de peso y de triglicéridos propios de la edad, ya que el grueso de sus consumidores están en la categoría de «adultos contemporáneos».
Miramar, el más pedido del Call Center
Mi trabajo era como Asesor Culinario en Servicios al Consumidor, me separaba del Call Center un cristal, así que escuchaba las quejas de la gente cuando no le venía la almendra en un Miramar. No se imaginan cuanta gente llama por eso, pero por la manera de empaquetarlo es muy difícil garantizar que las bolsitas contengan siempre todos sus componentes, cubiertos de distintos tipos de chocolate: conchitas de naranja, frutas confitadas, almendras, avellanas, pasitas y maní tostado. Ese motivo llevó a los suizos a considerar la posibilidad de sacarlo del mercado, porque esos tipos tienen una obseción por la calidad que raya en lo absurdo, pero más fuerte es la fidelidad de los Miramaradictos.
Hoy en mi habitual compra de Miramar me llevé una sorpresa. Después de muchos años le cambiaron el empaque, por fin, lo trajeron al siglo veintiuno. Atrás quedaron las frutillas dibujadas en dos dimensiones sobre un fondo azul rey para darle paso a una presentación en tres dimensiones. Pensé «por fin le hicieron un cariñito» , pero inmediatamente sentí un miedo terrible de que sufriera algún cambio su composición y después de comerme dos bolsitas comprobé que sigue igual, delicioso, sorpresivo, el Miramar de siempre: Cómplice de tantos recuerdos.











