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Dátiles margariteños



Dátiles margariteños o caribeños, lo cierto es que la isla está llena de plantas de dátiles que seguramente alguien trajo hace muchos años. En la mayoría de los casos, les dan uso ornamental, porque son un tipo de palmera resistente, grande y muy linda. Pero en la población de San Juan Bautista, en medio de una entrevista, entendí que aquella bolsa llena de frutos frescos que me hicieron dudar, con la que me topé en el mercado de Conejero, eran dátiles. Esos que-no-se-por-qué-motivo asocio con el Lejano Oriente y el norte de África, pero inconcebible en mi mente que crecieran en este lado del mundo (ignorancia mía).

Vi la planta repleta de frutos entre color rojo y coral, algunos un poco más maduros de un tono canela brillante y pregunté «¿Son dátiles?». Como si se tratara de lo más natural del mundo me respondieron que sí, con la explicación que la isla está plagada de esta fruta. Después recordé que en el menú de Mondeque (el restaurant de Sumito) hay un postre que los lleva.

Lo cierto, es que los dátiles son relativamente pequeños, pero gustosos, dulcísimos, suaves, en la boca se deshacen como si fueran un trozo de jalea, así que la semilla queda limpiecita sin mucho esfuerzo. Tienen un sabor que queda por largo rato en la boca, incluso ya empalagada pedí un vaso con agua, y al primer sorbo se reavivó el sabor. Así que decidí incluir dátiles en el postre del menú que estreno este jueves.


Esta foto la tomé en el mercado de Conejero, bolsitas plásticas llenas de dátiles, mezcladas con piñonates y conservas.

Rosé en playa El Agua


Una bebida fría y refrescante al calor de la orilla del mar. Premisa que siempre ha estado ligada a las cervezas, o tragos preparados con mucho hielo a base de vodka, ron o simplemente la famosa guarapita. Pero con todo el auge del vino, se abre una posibilidad de la mano de blancos, rosados y espumantes.

En playa El Agua, me encontré con una oferta de los vinos Oveja Negra importados por Maison Blanche. Por el consumo de una botella de algunos de sus vinos, servida en una hielera con copas de vidrio, quedaba saldado el pago por el uso de la sombrilla con una mesita y dos tumbonas. Ya en Semana Santa la gente de Navarro Correas hizo algo similar y tal como me comentó uno de los representante de la importadora tienen otros planes similares de promoción en la isla.

Ojalá esta práctica se extienda a otros lugares del país, porque si algo sobra en esta tierra son playas y gente dispuesta a divertirse y pasarla bien. El único tema con el que hay que tener cuidado es con la temperatur. Mantener el vino en condiciones más o menos idóneas no es fácil, pero por otra parte es suficiente con un vino nada costoso que gustosamente admite cubitos de hielo.

La experiencia resultó gratificante, muy refrescante y increíblemente chic.

El atardecer no basta



Juan Griego y la Galera, dos localidades de pescadores famosas por sus bellas puestas de sol, incluso una gran pancarta en la entrada anuncia la fama de sus atardeceres. Son de esos lugares emblemáticos en Margarita, lindas costas, un cielo azul infinito, pescadores, peñeros, redes, restaurancitos a la orilla del mar, el encanto de sus pobladores y el cierre de oro al final de cada día. La fórmula perfecta para promocionar un lugar, al punto que lo incluí en la pauta de un reportaje que estoy escribiendo sobre la isla para una revista.

Pero regresé de mi paseo con el corazón hecho trizas, empecé mi conversación de anoche con Carlos e Ilenia diciendo «este país es una mierda». Ciertamente, la vista es preciosa desde lo lejos, en especial desde el fortín, pero de cerca es una historia de basura, desidia, caos, música a todo volumen, locales intentando sacarle la sangre a los turistas.

El camino hasta allá resultó encantador, salí desde Guacuco, me fui por la Asunción, pasé por los pueblos de Tacarigua y Santa Ana al punto que hay que atravesar la montaña y cuesta creer que uno se encuentre en una isla de El Caribe. Un camino pintorezco, lleno de casas coloridas, gente hablando en las puertas de sus casas y en las aceras, flores de todos los colores como trinitarias, flamboyanes, cayenas y amapolas blancas y rosadas, además de iglesias lindísimas que invitan a detenerse.

Pero al llegar a Juan Griego todo cambia, la señalización es casi nula, el trafico se torna pesado, las calles sucias. En un primer momento, me estacioné frente al malecón, pero está sucio, con tiendas que ponen música a todo volumen, supongo que con la intención de captar clientes, di una vuelta y me topé con la iglesia San Juan Bautista, bien cuidada, recién pintada, que brilla hasta por contraste en medio de tanto desorden.

Entonces decidí esperar el atardecer en el fortín de La Galera, pero antes me detuve al final de la bahía a tomarle fotos a los pescadores, muy amables, pero el agua estaba sucia, rodeada de basura y mal olor. Decidí seguri mi camino y lo primero que me encontré fueron los famosos contadores de historias, que como es de esperarse apenas se le entiende y ofrecen sus servicios, pero ante mi negativa terminaron pidiéndome algo para comer.

Ya en el fortín, la vista es preciosa, de 360 grados: el mar azulísimo, Juan Griego, La Galera, la laguna de los Mártires, las montañas y los pescadores surcando el mar. Pero en el ese lugar no hay vigilancia, ni servicios. Por lo menos está limpio y tengo la impresión que lo cuida la poca gente que vive de eso y hacen su mejor esfuerzo. Como era de esperarse el atardecer se aprecia hermosísimo desde allí, es como si todos los colores de la naturaleza de citaran a esa hora en ese punto para conversar y bailar, y los humanos somos testigos de tan magnífica fiesta.

Pero resulta que una vez que se oculta el sol, el cielo queda encendido como una hora más entonces decidí regresar al pueblo a tomarme una cerveza hasta que el cielo oscureciera totalmente. Bueno, esa era mi fantasía, pero lo mejor que encontré fue una taguara de mala muerte a la orilla de la playa con videos ochentosos de Chayanne a todo volumen. Me resigné a tomarme una cerveza Zulia que era la única fría y para colmo el vaso tenía residuos de jabón. Respiré profundo, no quería darme mala vida, pedí un vaso plástico, y me senté en la arena mientras disfrutaba el resto de un espectáculo inigualable.

El regreso fue un tormento, entre el tráfico y la casi nula señalización tardé casi 40 minutos para salir de Juan Griego, la vía oscura y no en las mejores condiciones, convirtieron mi regreso en una letanía de oraciones invocando a cuanto santo y ángel estuviera disponible por ahí.

Al final, sigo sin entender porque si tenemos un país tan hermoso, nos empeñamos en destruirlo con saña y de manera sistemática. Muy bello el atardecer…. en verdad precioso…. pero no es suficiente, porque entonces es un pueblo que solo vale la pena visitar durante una hora al día, el resto se lo pueden saltar.

Imágen de la bahía de Juan Griego desde el fortín de La Galera. Imagen de ensueño si se ve a la distancia, de cerca el cuento es otro, digamos que goza de excelente lejos.

Iglesia San Juan Bautista en el corazón de Juan Griego, un templo encantador, bien cuidado pero en medio de la suciedad y el caos.

Las frutas de Manana


Lechosas, patillas, hojas de plátano, cayenas, aves del paraiso, guanábanas, piñas, aguacates, limones, mangos, chirimoyas, pintadas en colores brillantes, de trazos simples pero que cautivan, sobre objetos decorativos y utilitarios. Entrar al taller de Manana en Pampatar es una delicia para los ojos y un peligro para los bolsillos, porque provoca llevarse todo, además de tener una casa con el suficiente espacio para exhibirlo.

Una tienda muy colorida, una reja púrpura chillón y paredes amarillas se destaca sobre el resto de la calle. Al entrar cientos de objetos pintados a mano, con una creatividad que cautiva y una ingenuidad que enternece. Además, los caribeños llevamos esos colores en el alma, esas flores y frutas han estado presentes en nuestras casas desde siempre, así que si se es de por estos lados del planeta la conexión es inmediata y supongo que para los extranjeros, es toparse con el alma del trópico desde otra perspectiva.

Los objetos los hacen en el taller que queda en la misma casa, con la ayuda de muchachos sordomudos. Cuando fui Manana se encontraba de viaje, pero tengo que regresar a conversar con ella. Por lo pronto, también me impresionó la calidad de las piezas que van desde bandejas, servilleteros, platos base, ensaladeras, bateas, caminos de mesa, cuadros, mesas, hasta telas pintadas con la técnica Batik. En el caso de algunas, cosas están tienen un sellador especial que las protege del uso y el abuso.

Los objetos no son económicos, pero el arte nunca lo ha sido. Están en un rango de precios que hace posible comprar dos o tres cosas, la tienda la abren todos los días, y está ubicada exactamente detrás de la iglesia de Pampatar.

Teléfonos: 0295 26229920 / 0414 1823485. eltallerdemanan@gmail.com

El sonido de los sabores


La música es el tema central de la edición aniversario de la revista Sala de Espera, en esta ocasión mis páginas de «A Fuego Lento», tienen el honor de contar con una entrevista al director Eduardo Marturet, donde básicamente le pregunto la relación entre la música y la gastronomía. Los invito a leerla …..

http://www.saladeespera.com.ve/saladeespera153/espercial-8vo-aniversario/eduardo-marturet-revela-el-sonido-de-los-sabores-la-musica-estimula-el-apetito

Jugo de ciruela de huesito


En el mercado de Conejero siempre me hace gracia como los vendedores de jugo, colocan en exhibición una fila de licuadoras limpias y relucientes cuyos vasos de vidrio llenan con trozos de frutas, supongo que insinúandole al cerebro de cualquier curioso, una simple verdad: «si hay jugo de fruta» o simplemente que sí es de fruta y además está hecho al momento.

Justo al frente de la empanadera La Catira, inspiración del best seller «código empanada», se ubica Perucho, un puesto que hace esquina, limpio y atendido por margariteños amables (que salvo excepciones es una redundancia). Allí me llamó a atención un vaso lleno de ciruelas de huesito, me parecía increíble lograr néctar de una fruta cuyo 80% es una semilla, que le da honor a su nombre. Me parecía lo más cercano a la versión sarcástica falconiana de «un batido de dato sin pepitas». Igual me decidí a preguntar, y resulta que sí, de eso se trababa, por lo que no dudé en pedir mi jugo con más curiosidad que sed.

A continuación comparto mis «notas de cata»:
A la vista: Amarillo brillante, parece parchita, pero con destellos naranja, uniforme y limpio.
En nariz: una bomba de fruta que transporta a la infancia, un olor dulzón e inigualable característico de la fruta, con un inexplicable dejo a miel y flores.
En boca: fresco, muy fresco. A pesar de ser un granizado, es ligeramente astringente, llena la boca y tiene un largo final cuyo sabor permanece, se termina teniendo la sensación que se han comido por lo menos dos bolsas de papel marrón llenas de ciruelas.
Armonía: con empanada de cualquier relleno, en especial de cazón o pepitonas. También va bien con arepas o simplemente cuando se desea una bebida que calme la sed causada por el sol y calor inclementes del Caribe.

Según el propio Perucho, agobiado por mi insistencia, para hacer el jugo meten las ciruelas en una bolsa, la cierran bien y las estripan con la mano, hasta que logran separar las semillas de la delgada pulpa, luego cuelan aquello y es la base para el jugo, al que solo agregan mucho hielo y azúcar al gusto. Es decir, esta es la versión margariteña de la expresión «trabajo de chinos».

Así que incluyan este manjar en su «lista golosa» cuando se den una vuelta por la isla.

467 / 3

Hoy Historias de Sobre Mesa está de aniversario. Hace exactamente 3 años inicié este espacio con la simple intención de compartir los cuentos que se quedaban en el tintero, pero resultó ser amor a primera vista, cuyo encanto permanece intacto.

En este tiempo he publicado 467 post donde he tratado muchos temas: divertidos, curiosos, apasionantes, irritantes, he expresado mis preocupaciones, indignaciones, satisfacciones y opiniones, que gracias a Dios me han sumado cientos de amigos, congéneres cibernéticos y lectores que día a día retroalimentan lo publicado.

Asombrosamente, revisando las estadísticas en a estas alturas he recibido más de 264 mil visitas, a primera impresión es intimidante, pero termina comprometiéndome aún más.

A todos mis amigos, lectores, congéneres cibernéticos, ya los no tan panas, mil gracias por visitarme, esta siempre será su casa donde son bienvenidos con el mayor cariño del mundo.

Código empanada


Las empanadas están llenas de marcas, una especie de código muy parecido a las tarjetas perforadas de las computadoras, si es que eso aún existe. Lo cierto, es que no solo en el mercado de Conejero en Margarita, sino en todo el país, cualquier empanadera que se precie de seria y profesional, le hace huequitos a las empanadas, con el único y práctico fin de saber el tipo de relleno que contiene, porque a la vista son pocas las diferencias.

Hoy me provocó almorzar empanadas, me fui a Conejero y en un acto de gula desatada me comí una de cazón y dos rellenas de pepitonas, me instalé en el puesto de La Catira, donde la señora Marina desde hace 24 años, cuando el mercado era literalmente un peladero de chivos, conformado por ranchitos y comercio ilegal sin control.

Entonces, ante mi curiosidad me contó detalladamente sobre los huequitos en las empanadas, porque cuando uno le pregunta «qué tiene» las revisa, las repasa como si se trataran de carpetas en un archivador, cuenta los huequitos y dice «tengo pollo, queso, mechada, cazón….». Así que a continuación develo el código de La Catira, que se parece bastante a las de sus congéneres, porque me puse a preguntar y las diferencias son insignificantes.

Aquí va la codificación para saber el relleno de cada empanada:

  • Sin huequitos: Cazón
  • 1 huequito: queso
  • 2 huequitos en el medio: pollo guisado
  • 2 huequitos arriba: carne mechada
  • 1 huequito arriba y otro abajo: chorizo
  • 3 huequitos: mariscos
  • 4 huequitos: pepitonas
  • 5 huequitos: carne molida

Supongo que la de pabellón no lleva huequitos porque su gran tamaño las diferencia del resto y la de cazón tampoco porque según palabras de la propia Marina, son las que más se venden.

Cócteles con Vino

Los invito a leer el texto sobre los cócteles a base de vino, en la revista Estampas Temática Sabor encartada hoy en el Diario El Universal. Además de otros textos sobre las terrinas de Dorian Gray, Tapas Gourmet, las delicias que prepara Marcela Gil y su Kaleidoscopio, las cremas de Gourmetcita y las empanadas de maíz pilado en Barquisimeto.

Curucuteando los anaqueles de vinos en puerto libre


Tanto en el Ferry como en el aeropuerto de Margarita es común la gente que lleva botellas de whiskey, dado que la diferencia de precios suele ser atractiva, pero en el caso de los vinos la historia es otra. Viendo y anotando aquí y allá, es decir, desde bodegones pasando por supermercados hasta licorerías el tema del vino se torna interesante y sorpresivo para mi, con esas etiquetas cruzadas por la banda roja.

En primer lugar, la oferta es relativamente limitada, claro!, estoy consciente que la variedad más extensa está disponible en Caracas, pero tenía la esperanza de toparme con más etiquetas en la isla. Por ejemplo, la cartera de Tamayo & Co. está casi completa, hay gran variedad de los importados por Alnova. Importadoras como Ron Santa Teresa, Casa Oliveira, Dorta, el Complejo Licorero Ponche Crema y Nube Azul están representadas por sus caballitos de batalla, los de mayor volumen de ventas, además de los espumantes y el Terracota de Pomar.

En Sigo, por decir el lugar dónde hay más variedad, contando blancos, tintos, rosados, espumantes, oportos, cosechas tardía y jerez no sobrepasan las 50 etiquetas. De esta lista saco la sangría por dos motivos: porque no es realmente vino, sino una bebida hecha a base de éste y la que se consume en Venezuela casi en su totalidad se produce aquí.

Se que la gente de Fusari, por ejemplo, está en gestiones para colocar sus productos en los anaqueles neoespartanos. Supongo es que más fácil para las importadoras grandes por un tema de papeleo que en Venezuela resulta una pesadilla muy costosa. Me gustaría que saber con exactitud cuál es el proceso para vender licor en puerto libre.

Eso sí, lo que hay es una buena representación y mi mayor recomendación en estos casos es comprar en lugares donde cuiden el vino, que a diferencia de otras bebidas está más expuesto a los cambios bruscos de temperatura, al calor, a la luz excesiva, por solo mencionar algunos ítems. No me atrevo a recomendar un lugar en específico, pero me da tranquilidad que importadoras serias tenga sus productos aquí, porque estoy segura que le procuran el mismo cuido que en otras regiones del país.

Otra recomendación, en el caso de los blancos observe la fecha de la cosecha, me he topado con botellas del 2007, 2006 incluso 2005, algunas hasta con tapa de rosca. Personalmente, esos vinos es mejor consumirlos en consechas más cercanas, que como máximo sean del 2008, porque puede suceder que el vino ya no esté bueno y culpe injustamente a una marca de «mala calidad», cuando el problema es otro. Pero como pasa en el mundo del vino, las sorpesas y las variantes están a la orden del día, como si el vino llevó un paso por madera, entonces el desenlace de la historia puede ser otro.

Sobre los precios, es relativo, hay de todo. Con lápiz y papel me dispuse a escribir los precios de varias etiquetas en distintos lugares y las comparé con las de las páginas de Excelsior Gama y Licores Mundiales, en muchos casos mi sorpresa es que resultan más económicos en Caracas, pero incluso en los casos contrarios, la diferencia es pequeña, no sobrepasa el 10%.

Tal vez lo que más vale la pena son los espumantes, pero antes de comprar la caja, adquiera una botella y disfrútela bien sea en la comida o en la playa, a fin de cuentas, el ambiente caribeño pide a gritos un espumante refrescante. Si siente que está en buenas condiciones compre la caja. En estos casos, si piensa que no tiene el criterio para tomar esa decisión, es totalmente válido preguntar, pero su paladar será su mejor guía porque a quien le tiene que gustar es a usted. Adquiera dos o tres marcas de precios distintos, no siempre lo más caro es lo mejor, las comparaciones suelen ayudar en la toma de decisiones.