Inicio Blog Página 109

II Festival de Cocina Amazónica


Cornetes de topocho con desmechado de bagre al curry y mayonesa de seje y culantro


Mini strudel de gusano moriche


Raviolis de manaca relleno de confit de aptto real en caldo de tupiros asados

La cocina amazónica alza la voz, salta y hace muecas diciendo estoy aquí, tengo mucho que ofrecer, tengo indentidad, razgos que me hacen única e ingredientes fabulosos. Así que la tarea del II Festival de Cocina Amazónica fue colocar todos esos actores sobre el escenario. Durante dos días, el chef Nelson Mendez y su equipo de chef conformado por Oswaldo Feo, Egidio Rodríguez, Carlos Lazari y , además de Federico Tischer, Raison Fiori y Chuchó Rojas como chefs invitados, hicieron las delicias en pleno Puerto Ayacucho.

Aunque el menú inicial anunciaba 23 preparaciones, esto no se cumplió en totalidad. Pero se preparó una amplia gama de platos que cumplieron el objetivo de esta actividad,demostrando cuan interesante y variada puede ser la gastronomía amazónica con el uso de las técnicas culinarias adecuadas.

Las modificaciones en el menú se debieron a dos factores: en primer lugar, muchos de los ingredientes son estacionarios y fue imposible dar con ellos. Y en segundo lugar, a mi parecer no habían las mejores condiciones para cocinar, sé que los organizadores pusieron su mejor esfuerzo pero no es sencillo trasladar todos los requerimientos de una cocina a un ambiente tan difícil como con el que se enfrentaron los chefs.

Posiblemente también fue muy ambicioso presentar una propuesta tan amplia, pero más allá de eso, las dos noches del festival fueron muy buenas. La primera sesión llevada por el equipo del Chef Nelsón Mendez y la segunda por los chefs invitados. Me gustó mucho ver la respuesta de los lugareños a esta propuesta. Cuando estaba sentada entre el público me hacía mucha gracia escuchar cómo se sorprendían por el uso que le daban a ingredientes que para ellos comunes, como el caso de la manaca, la guayaba arazá, la catara, el aceite de seje, algunos tipos de peces, pato, mañoco entre los más sobresalientes, pero también noté el orgullo de mostrarle a toda la gente foránea que asistió que forman parte de eso.

Si bien el chef Nelson Mendez ha hecho un trabajo importantísimo promocionando el espíritu del lugar donde nació, representado a través de técnicas de cocina clásica, no dejo de pensar en cómo trascender la curiosidad, el tocar los miedos y pruritos que provocan los insectos, para surgir como una propuesta sólida que haga un aporte real a la gastronomía criolla.

En Puerto Ayacucho la dieta de sus habitantes es interesante, conformada por peces de rió, yuca y todos sus productos y derivados – como mañoco, yare y casabe – frutas, algunos animales de caza y uno que otro insecto. Pero en sí el mundo de los peces de río es fabuloso, variado y habría que que evaluar los costos. Es decir que la cocina amazónica es mucho más que insectos y arañas. Guayaba arazá, guama, manaca, seje por citar algunos ingredientes expresan sabores y texturas interesantes que podrían adaptarse perfectamente a la cocina internacional.

Entonces, dónde veo los mayores inconvenientes? En el suministro y en la producción. Cómo transcender el mercado de los sábados donde incluso fuera de temporada no es sencillo encontrar muchos de los ingredientes. Cómo lograr que el pato azul logre superar todos los requerimientos de exportación porque la calidad está allí, lo que no me queda claro es el cómo sacarlo del sur de Venezuela, cumpliendo las normas internacionales o sin ser tan ambiociosos, proveerlos con regularidad a los restaurantes en Caracas, Maracaibo o Valencia, sin necesidad de transportarlos en una cava de anime en el avión.

A mi parecer, la experiencia de la cocina Amazónica en Amazonas ha sido muy enriquecedora, me abrió una nueva dimensión y me sacó del asombro para darme una perspectiva más real, ojalá que logre salir de su nicho, porque hay con qué.


Los chefs Egidio Rodriguez, Federico Tishner, Oswaldo Feo y Nelson Méndez


Los chefs en plena presentación


En el backstage de la presentación, los invitados no se pelaban ni uno solo de los platos. Todo estaba muy sabroso.


Aquí estoy con el chef Carlos Lazari (popularmente conocido como Lucho), a última hora hice las veces de asistente pero muy glamorosa con mi collar de conchas de babo.

El Mercado Libre de Puerto Ayacucho


Venden casabe de todos los tipos y colores, en este caso es el tipo galleta. Esta muchacha era la única que lo vendía, realmente una delicia, crujiente, suave y ligeramente dulzón, ya que lo hacen con yuca amarilla. De los mejores que me he comido en mi vida.


El chef Nelson Méndez negociando unos Tamarí (insectos) ante la mirada atenta de Inés Peña, quien no pensó dos veces en meterse uno en la boca pero necesitó la ayuda de Nelson para comprarlos porque la señora se negó rotundamente a vendérselos , por qué razón ???? aún no se sabe. Nelson le explicaba que había que quitarles la cabeza para comérselos, pero en ese momento el Tamarí que luchó por su vida hasta el final le dió un picotazo en el dedo. En la otra foto, piñas del Amazonas, son tan dulces que parecen que se cocinaron el almíbar, yo me traje una hasta Caracas y no me arrepiento.


De cerquita los Tamarís de la negociación.


En esos empaques de hojas verdes transportan el casabe.
En la otra gráfica, taparitas de todas la formas posibles.


Este fruto se llama Túpiro, perfecto para jugos, jaleas y siropes.


Casabe tipo pajoso, es grueso, húmedo y lo utilizan para echárselo a las sopas. En este caso, el chef Chuchó Rojas los tostó con aceite de oliva y acompañó las mollejas de pato que preparó en su demostración.


La dieta de la gente de Puerto Ayacucho es rica en pescados de ríos, porque cuentan con una variedad increíble: Bocachicos, Pavones, Curvinas de rio, Morocottos, Puritos, Sardinetas, Caribes, Palometas, Payaras. Si uno lo desea los venden con rallitas cortadas a los lados, lo que ellos llaman relajalos o arrollados, por eso cuando uno come pescado que casi siempre es frito, viene con unas rallitas que más que decorativas contribuyen a la suavidad de la carne y a no sentir tanto las espinas, porque los peces de rio suelen ser ricos en espinas.


Los pescados con naranja con Caribes y los otros se llaman Puritos

Todos los sábados a la salida del sol funciona el mercado libre de Puerto Ayacucho, ubicado a plena callen entre el cruce de dos avenidas. Está lleno de puestos donde se puede encontrar varios tipos de casabe, tubérculos, pescados de rio, aves, insectos y frutos propios del Amazonas.

Me sentí como si formara parte de un cuento de García Marquez o de Vargas Llosa, en un ambiente mágico, en una ciudad de frontera ubicada sobre la rivera del Orinoco en plena Amazonas, con personajes tan diversos y facinantes que mi imaginación volaba en historias y recuerdos de cuentos y libros.

Venden frutos y peces que no tenía ni idea de su existencia, con nombres hermosos pero nuevos para mi vocabulario. La mayoría de los puestosson atendidos por indígenas de diferentes etnias, con sus rasgos tan característicos y su mirada difícil de descifrar. Como en todos los mercados libres, no se hace fácil caminar, entre la mercancía acomodada en el suelo, los transeúntes y los carros. Además de la música, puestos de comida, en especial arepas y empanadas, vendedores de helados, jugos y bolsas.

Tuve la suerte de ir acompañada del Chef Nelson Méndez, quien como buen lugareño, estaba en su hábitat y conoce todos los nombres de cuanto pez y fruto se nos cruzaba en el camino. No quería perderme nada, así que como si fuera una garrapata no me despegué de él con una libreta en una mano y la cámara en la otra.

A cada rato me decía, «prueba esto, es tal cosa y se usa para tal otra». También nos acompañaban Federico Tischler, Chuchó Rojas, Reison Frioni, Inés Peña y el fotógrafo Eduardo Arévalo quienes ese día hicieron la compra para la presentación el festival gastronómico que se llevaría a cabo en la noche.

Se me encogió el corazón cuando un señor le dijo a Nelson en voz baja y en tono de complicidad, «pídame lo que necesite que yo se lo consigo», entonces pensé que así con clandestinidad y cierta impunidad se están agotando los recursos naturales del Amazonas, porque si bien Nelson le dijo que no estaba interesado, siempre habrá una persona que si lo esté, pero este cuento es el pan nuestro de cada día y lo he visto en muchas ciudades de Venezuela.

También me impresionaron los tamaños de algunos frutos como el caso de las auyamas y las hojas de culantro, donde supongo influye la alta pluviosidad del lugar, pero lo cierto es que cuando vi el culantro me soprendí que en ese lugar vendieran rúgula y cuando pregunté no pude ocultar mi asombro.

Aunque la visita fue corta me gustó lo que vi, sin olores desagradables y tal como comentó el chef Reison Frioni, cada cosa ocupa su lugar, es decir, donde venden pescado solo venden pescado, donde venden carne, solo carne y así sucesivamente. Pero no utilizan la misma tabla y cuchillo para cortar indistintamente cualquier tipo de carne, porque de esas malas prácticas vienen la contaminación entre los alimentos. Y el comentario se produjo como reflexión al mal habito que tienen algunos supermercados y restaurantes de usar las tablas para picar cualquier cosa, cuando ahora se cuentan con diversos colores para no confundirse.

Si visitan Puerto Ayacucho, no se pierdan esta oportunidad, es como entrar en la dimensión desconocida pero sin sorpresas desagradables, una vivencia que se quedó en memoria para siempre.


La yuca, al igual que otros tubérculos están presentes en todo el mercado, lo cual es un rasgo típico de las dietas indígenas.


Mapuey Morado.


Federico Tischler, Chuchó Rojas, Nelson Mendez y Reison Frioni …. cuatro chefs en plena faena de mercado, fue un gustazo acompañarlos.


La famosa Catara que la venden en todos lados, hecha a base de yare, bachaco culón y ajíes. Su presencia es muy importante en la dieta de la gente de Amazonas, toda una delicia.


Me llamó la atención la manera como este puesto presentaba los vegetales, todos mezclados: plátanos verdes, yuca, cebolla en rama, culantro, ajo porro, auyama, ocumo, mazorcas.


Estas bolas verdes las hacen de Carurú, tienen un sabor entre acelga y espinaca, las venden ya cocidas y «ovilladas».
En la otra foto, aunque parece rúgula, en realidad es culantro, que le da un sabor delicioso a las comidas.


Esta vaina muy larga se llama Guama, por dentro su carne muy parecida a la guanábana es blanca, suave, dulce y jugosa. Las semillas y la vaina luego se desechan.


Manaca en dos presentaciones. La Manaca es el fruto de una palma, son unas bolitas de color morado intenso, las cuales remojan o hierven para sacarles la piel y su interior es del mismo color, con eso hacen jugos y estractos que son fabulosos para cocinar. Un dato curioso, es que los lugareños advierten que no se debe mezclar este jugo con alcohol, ni siquiera bebiéndolos por separado porque se desencadena un proceso tóxico en el cuerpo.

Amazonas: a vuelo de pájaro


Vista del río Orinoco desde el avión llegando a Puerto Ayacucho


Puerto Ayacucho desde el avión


Recibiendo la energía positiva, al fondo la piedra de la Tortuga.

Mi atención se quedó navegando en el río Orinoco cuando llegamos a Puerto Ayacucho en el Estado Amazonas. Es una de las visiones más bellas que he visto desde un avión, una tierra verde intenso, con zonas más cubiertas de vegetación que otras, bastante plana, al punto que simula un gran tapete salpicado de piedras negras que hacen un estampado que quita el aliento, y en medio de esa tierra casi infinita el Orinoco la atraviesa, imponiéndose, haciendo imposible apartar la mirada de él.

Esa imagen quedará en mi recuerdo al igual que la llegada a Puerto Ordaz, cuando hipnotiza el caudal del Orinoco y el Caroní que van juntos sin mezclarse a lo largo de varios kilómetros, o la llegada a Coro, cuando desde el cielo parece que dibujaron un mapa en la tierra, la cabeza de la Península de Paraguaná, en especial el istmo, parecen delineados con creyones.

Puerto Ayacucho desde el aire se ve pequeña, muy pequeña, ante la inmensidad del paisaje donde está inmersa. Pero tal vez es la mejor visión de una población casi olvidada por Dios, plagada de gobernantes ingratos e indolentes, amenazada por la guerrilla por su proximidad con la frontera y de difícil acceso incluso por tierra.

Al bajarme del avión lo primero que se siente es la altísima humedad, sofoca un poco al principio pero no es complicado adaptarse, aunque el calor puede llegar a desesperar, la piel se torna pegajosa, la sensación de un eterno sudor que no se quita ni en la ducha y los mosquitos que dan la bienvenida antes que los lugareños.

La ciudad no es bonita, bastante desordenada, no muy limpia, aunque parezca descabellado con caos vehícular en sus principales avenidas, negocios de todo tipo, música altísima y estridente por doquier. Sin embargo, tiene puntos de interés como el mercado de los indígenas ubicada en la plaza Rómulo Betancourt y la Catedral consagrada a María Auxiliadora donde lo más impresionante es un Cristo pintado en el techo, que hace un juego óptico impresionante.

Lo más bonito son las afuera de la ciudad, rodeada de balnearios, comunidades indígenas, las instalaciones de Fudeci, atracciones arqueológicas y el Tobogán de la Selva que es simplemente alucinante, porque es una gran laja de piedra donde uno se desliza a gran velocidad hasta caer en un pozo simplemente delicioso.

La invitación a este viaje la hizo la gente del II Festival de Cocina Amazónica «Pejaijava« (no estoy segura cómo se escribe porque lo vi escrito de varias maneras), promovido por la Secretaría de Turismo del Gobierno Indígena de Amazonas, a quienes por cierto les doy la gracias por la buena atención, el cariño y las ricas comidas que organizaron para el grupo de periodistas y chefs que viajamos para la ocasión. También un gran abrazo a Martha Elena González quien organizó el grupo y se ocupó de atendernos.

Sin embargo, me quedé enamorada de la visión desde el aire, son esos momentos en que provoca ser pájaro y volar sobre el Orinoco y los numerosos ríos que confluyen en él. Es una tierra donde el agua está en todas partes, incluso flota en el aire.

En el corazón de la verdad


El equipo de las Revistas Papa y Vino, Blanco y Negro, y Previa Cita. Faltan Jacqueline Goldberg y Cristina Rafalli.

La editora de la Estampas Zulia y la famosa Loly Añez, editora de la Revista Papa y Vino.


Territorio Liberado. Maracaibo desde el avión.

Un cariñoso agradecimiento a los compañeros del Diario La Verdad, quienes me invitaron a compartir la fiesta navideña. Conocí cara a cara al equipo de la revista Papa y Vino, porque siempre nos comunicamos por teléfono o por correo electrónico. Me sentí muy contenta de ponerle cara a los nombres y voces con quienes suelo interactuar todo el tiempo.
Un aparte para la editora de la revista, Loly Añez, quien fue muy atenta y me hizo sentir como en casa. Fue un viaje relámpago pero me vine de Maracaibo muy entusiasmada y llena de proyectos.

Con sabor venezolano …..


Un libro de cocina del que los venezolanos podemos sentirnos orgullosos. CHOCOLATE PARA TODOS lo produjo Savoy, marca que pertenece a Nestlé de Venezuela, donde se ofrece un paseo por 60 recetas de postres que le quitan el aliento a cualquiera.

Las recetas han sido creadas por la chef Ana Teresa Sanz quien junto a la maquilladora de alimentos y fotografa Liliana Martínez, y la diseñadora Irene Turitto, han creado este hermoso libro donde podrán encontrar desde galletas, tortas, fondue, marquesas, budines y pare de contar, además de todos los niveles de dificultad.

Me encanta la propuesta gráfica de este libro, conozco el trabajo de Lililana Martínez quien tiene una sólida trayectoria en el food stylist, incluso ella fue la maquilladora de la portada de mi primer libro «El Fogón de Rolfini».

Por su parte, la diseñadora Irene Turitto es una de las mejores que conozco en Venezuela, su trabajo es impecable. Hemos hechos varios proyectos juntas y me encanta el manejo que hace del color y su sentido del espacio y de la proporción.

El libro lo venden en las cadenas grandes de librerías y en las paradas inteligentes. Aunque no estoy totalmente segura, cuesta sesenta bolívares de los fuertes y creo que para la calidad de la publicación Nestlé debe estar vendiendo a pérdida. Así que para mí se convierte en un excelente regalo de Navidad.

Mil felicitaciones al todo el equipo responsable de esta hermosa publicación.

¿Quién es el Chef?

«Donde el chef eres tú!», promete la cadena de comida rápida Chipi´s con la foto de una filipina sin cabeza que sostiene en sus manos una bandeja con sus emblemáticas hamburguesas. Pero esto no termina aquí, cuando alguien quiere hacer referencia a la calidad de la comida, aunque en realidad sea muy mala, dice que es la «selección del chef», «la receta secreta del chef» y algunos más osados te prometen que sin mayor esfuerzo ni conocimiento, convertir a cualquier persona en chef de cocina.

No pueden imaginar cuanta indignación me produce esta situación, porque esta es una profesión plagada de sacrificios físicos, profesionales y personales. Para ser chef de cocina hay que ponerle ganas, horas de pie, horarios alterados, un ambiente de trabajo duro que en muchos casos llega a ser hostil. Hay que lidiar con los empleados y con los proveedores, estudiar, madrugar, aprender y además mantener contento a los comensales, a los dueños de los restaurantes y a la crítica. Pequeña labor!

Entonces, cómo permitimos que se utilice nuestra profesión como icono del mercadeo, para que gente que no tiene nada que ver con eso pueda vender sus productos, avalados por un experto que en la mayoría de los casos ni siquiera ha participado en el proceso.

En la actualidad la fantasía colectiva es que cualquier persona que vista una filipina y combine con acierto o no, tres ingredientes se convierte en chef. Cualquiera dice que lo puede ser, como si ese título viene en los empaques de jabón o en las latas de cerveza. Lo que me lleva a pensar: acaso no se le puede decir lo mismo de los médicos, porque basándome en esto basta con recetar medicinas para serlo. O cualquiera que pegue tres ladrillos es ingeniero, o el que lleve su chequera o llene bouchers del banco es administrador. ¿Qué diferencia hay?

Pero la otra cara de la moneda, es que muchos chefs se prestan para eso, elaboran recetas para Mc. Donald y las firman, aparecen en cuñas asegurando que si compran tal o cual producto se serán como ellos, lo cual no solo pasa en Venezuela, sino a nivel mundial. Es compresible que en un mundo donde el estilo de vida nos lleve a comer de forma tan deficiente, la figura del chef surja como aspiracional, y que su voz surja como la de un experto que recomienda lugares o productos es comprensible y hasta beneficioso, pero de ahí a decirle «serás como yo»si compras tal o cual cosa es un diferencia muy grande.

Pero más que beneficioso ha sido perjudicial, se ha «puteado» nuestro oficio, se le ha restado valor. Aunque la gran ironía es que esta profesión de «super estrellas», encuentre su contrapeso en el poco respeto que se le preste al oficio en el que cualquier persona sin la más mínima preparación se sienta con autoridad de ostentar dicho título.

Cuando Santi Santamaría arremetió contra Mc. Donalds en el SIG del 2007, vi como muchas caras de colegas se arrugaron y luego en la intimidad hasta lo tildaron de loco e histérico, sin detenerse a pensar o a considerar las palabras del chef español.

Lo peor del caso es que las nuevas generaciones encuentran en esta profesión una vía rápida para ganarse la vida, sin que perciban cuan dura puede ser. No tienen idea del trabajo, la investigación y la constancia que exige, además de las lesiones típicas de la profesión como lumbagos, varices, problema de espalda, quemaduras y relaciones personales destrozadas, porque no todo el mundo está dispuesto a soportar una pareja con horarios tan exigentes.

Digo todo esto invitando a la reflexión, a mis colegas que se están organizando y colegiando les pido que entre sus estatutos y metas incluyan la dignificación de la profesión, el pronunciamiento ante promociones que merman nuestra imagen y el maravilloso trabajo que se desarrolla en una cocina, que se dignifique nuevamente la palabra «cocinero», esa persona que día a día alimenta a sus semejantes y tiene el don de hacerlo bien y con compromiso.

Hay que encontrar el equilibrio entre el respeto a la figura del chef – en esencia cocineros – y la proyección como palabra experta que tiene toda la autoridad para promocionar, recomendar o señalar lo que comemos.

Libros venezolanos sobre cocina que provocan

«Marida el goce con la erudicción», reza parte del texto en la portada del más reciente número de la publicación El Librero, cuyo trabajo central se enfoca en una arqueo bibliográfico de los libros de gastronomía criolla.

Rafael Osío, el periodista autor de este trabajo, seleccionó 11 publicaciones que a su parecer delínean un perfil de la gastronomía criolla y entre esos incluye el libro «Conversaciones con Armando Scannone» escrito por Jacqueline Goldberg y por mí. Me siento muy honrada, porque ese trabajo se hizo con mucho cariño e ilusión.

Por lo que veo, casi todos los libros reseñados están en los anaqueles, así que si alguien se anima es cuestión de darse una vueltica por las librerías. En este trabajo se reseñan uno a uno los libros donde está autores como Rafael Cartay, José Rafael Lovera, Alberto Soria, Germán Carrera Damas, Ben Amí Fihman, Maruja Dagnino, Carlos Duarte y Rubén Osorio. Por cierto, las señoras Goldberg, Dagnino y yo somos la representación femenina.

Les recomiendo el artículo porque da una visión bastante clara y amplia de lo que sucede en el mundo editorial de la gastronomía venezolana más allá de los recetarios. Cómo se está investigando, hurgando, analizando, recordando y recopilando sobre un aspecto tan fundamental en nuestra vida y que forma parte de la idiosincrasia de nuestro pueblo.

Además el mercado de los libros de cocina está en crecimiento, aunque la mayoría de este rubro lo conforman recetarios. Pero junto a los libros de auto ayuda son posiblemente los más vendidos, así que estoy segura que seguirán apareciendo publicaciones que miren lo mejor de nuestra sazón.

Los libros reseñados:
– El Pan Nuestro de Cada Día. Rafael Cartay. Fundación Bigott.
– Diccionario de la cocina venezolana. Rafael Cartay. Alfa.
– Historia de la Alimentación en Venezuela. José Rafael Lovera. Centro de estudios Gastronómicos.
– Gastronáuticas: Ensayos sobre temas Gastronómicos. José Rafael Lovera. Fundación Bigott.
– Conversaciones con Armando Scannone. Jacqueline Goldberg y Vanessa Rolfini. Fundación Bigott.
– Con los Codos en la mesa. Alberto Soria. Alfa.
– Elogio de la Gula. Germán Carrera Damas. Editorial Norma.
– Boca hay una sola. Ben Ami Fihman. Fundación para la Cultura Urbana.
– Cocina Sentimental. Maruja Dganino. Aguilar
– El arte de tomar chocolate. Carlos Duarte. Chocolates El Rey.
– Memorias del Fogón. Rubén Osorio Canales. Alfa.

El Librero. Año 2, No. 24. Noviembre 2008. DISTRIBUCIÓN GRATUITA.

Mangos inofensivos

A continuación publico una aclaratoria que me ha enviado la gente de Destilerías Unidas sobre una información aparecida en mi blog, con motivo de la visita que realicé a sus instalaciones en el Estado Lara.

«Buenos días Vanessa.
Te escribe Daniel Nieves, Jefe de mercadeo de DUSA (Destilerías Unidas S.A).. Ante todo un cordial saludo y me presento por este medio ya que lamentandolo mucho no pude estar en la visita que efectuaste a DUSA.
Leí la nota de prensa que publicaste en Historias de Sobre Mesa, y de verdad que esta excelente, ya la he enviado a muchos de nuestros clientes que aprecian muchísimo este tipo de información..
Solamente te quería hacer un comentario sobre una información que me dio curiosidad y que seguro te la dieron mal.. el hongo que le cae a los mangos es inofensivo, hasta se puede comer, quizás Alfonso desconocía la información.. pero lamento muchísimo que no te hayas podido comer un manguito de estos ya que son deliciosos!! en temporada son esenciales en mi merienda y en la de muchos empleados mas… ligados a que están estratégicamente en la salida del comedor.. eso si.. tenemos que pelearnos con los araguatos ya que son su menú principal..

Nuestro Gerente General el Sr Humberto Arispe confirma cuando le hice el comentario:«La verdad no se de donde salió el cuento de las bacterias. Primero es un hongo inofensivo y no mata ningún árbol. Es una característica muy particular de cualquier destilería en el mundo .. Los mangos son exquisitos y doy garantía de que no causan daño y mas bien son muy saludables. Tengo 35 años comiéndolos.»

Saludos y espero compartir en la próxima oportunidad para agregar anécdotas...
Próxima nota en Sobre Mesa: Te enviare un plato que hace nuestro Chef Alejandro Ferrer con los mangos DUSA.«

Mc Furia

Pocas veces he vivido en carne propia y con tanta nitidez la escena de una película. Me sentí como William Foster – interpretado por Michael Douglas – en film un Día de Furia (traducción al español), cuando entra a un local de venta de hamburguesas y guiándose por la fotos sobre el mostrador, solicita la que más le provocó. Cuando le despachan la comida, era una hamburguesa que nada tenía que ver con la de la foto y con una rabia que ya se venía gestando a causa de una serie de sucesos infortunados, le dice al vendedor señalando la foto «yo quiero una como esa». Bueno, entre eso y otras cosas se desatada una especie de pandemonium donde una persona común y corriente, expresa toda su violencia.

Traigo a colación esta historia, porque así me sentí en Mc Donalds hace pocos días, específicamente en el de La Trinidad. Si bien la comida de esta cadena no es mi favorita, me parece una alternativa rápida, económica y pulcra, uno sabe lo que se va a encontrar. No es del otro mundo, pero la papas fritas suelen salvar la patria y junto a un refresco o agua, se puede decir que se resolvió una comida.
Pero me encontré con la promoción «especialidades del chef por Pablo Massey«, tomé un catálogo, leí en qué consistía la propuesta y me animé a probar. Ordené específicamente McNífica con Parmesano y Salsa de Rúcula, cuya descripción textual es «una deliciosa hamburguesa con tomate, mix de vegetales, queso parmesano, una sabrosa salsa de rúcula y pan tipo casero». Todo esto viene acompañado con Papas Rústicas «deliciosas, crocantes y sazonadas con especias». Además por ser un menú especial, tiene un costo más elevado que los tradicionales combos.
Cuando abrí la cajita que contenía la McNífica, mi decepción fue inmediata, el pan espachurrado, la lechuga – que este caso era radiccio- chiclosa, el tomate pasado, la carne desabrida, al igual que la salsa de parmesano.
En el caso de las papas, hechas con un tipo que las hace muy arenosas, el sabor no me gustó y me parecieron pesadas. Para mi la papa es uno de los tubérculos más nobles que existe, hay que ponerle ganas para que una receta que la contenga no quede bien.
Estoy conciente que la comida no responde a la fidelidad de la foto en un 100%, yo trabajo en maquillaje de alimentos y sé de qué se trata todo esto, pero la distancia entre la foto y la realidad es abismal.
Al final, lo único que me gustó fue la Coca Cola light. Salí de allí con hambre, decepcionada y molesta conmigo misma por haberme puesto a inventar, en vez de pedir mi tradicional Cuarto de Libra con queso.
Algunas personas a quienes le he comentado este episodio me han respondido «¿y qué puedes esperar de Mc. Donald?». No sé, solo una comida decente …. digo yo.

«RON DE VENEZUELA»


La única foto que pude tomar de los campos de caña de azúcar …. me quedé sin pilas.


Toneles esperando un cariñito


En estos tanques fermentan el jugo de caña


Dos tipos de alambiques


Alfonso Castillo, nuestro guía nos muestra una versión de Ron Diplomático que se venden en el exterior, aunque lleva por lo menos dos años en barrica, luego se filtra para que vuelva a ser transparente.


Embotellando Ron Cacique


Llenando botellas de Cacique

Apenas me bajé del carro, me envolvió un olor a papelón que me acompaño hasta que nos despedimos al final de la tarde. Sí, la segunda cosa que me impresionó de la planta de Destilería Unidas es el olor a papelón y especias, que va cambiando según el área donde uno se encuentre pero que bajo ningún concepto desaparece.
Dándole algo de orden a esta nota, lo primero que me gustó del paseo fueron los campos de caña de azúcar, brillantes, con cientas de tonalidades de verde, algunos floreados simulando alfombras. A ratos quietos, de momento bailando al compás de la brisa. A medida que el carro tomaba la carretera desde Barquisimeto vía Acarigua, la vegetación da la bienvenida a un mundo que estimula todos los sentidos.
El motivo de la visita a la planta es conocer el corazón donde se produce el Ron Diplomático que junto a otros rones venezolanos, hace poco acaban de obtener la denominación de origen como «Ron de Venezuela», tercer producto venezolano que obtiene esta distinción junto al Cacao de Chuao y al Cocuy de Pecaya (en el glorioso Estado Falcón).
Días antes advirtieron que nos atenderían como reyes, promesa que cumplieron a cabalidad. Nos recibieron con un desayuno criollo: caraotas negras, empanaditas, varios tipos de quesos criollos, suero, tostadas, jugo de mora y café. Eso borró el cansancio del madrugonazo, imprimiendole energía al grupo de siete comunicadores sociales, incluida nuestra guía desde Caracas Edith Monge a quien desde este espacio le doy las gracias.

A mi niña interior le gusta el ron
El recorrido por la planta comenzó cuando nos dieron todos los implementos de seguridad industrial (lentes, tapones para los oídos y casco), acompañados de una charla un poco alarmista, pero estaba bien, cualquier previsión era necesaria. Primero conocimos el espacio donde ensamblan y reparan los barriles, que en este caso son roble americano de segundo uso, algunos guardaron jerez, otros whiskey. Es increíble el olor que tienen los trozos de madera donde alguna vez ha reposado algún licor. La cocinera que vive en mi corazón pensaba «Dios mio, si pudiera hacer una parrilla con esto».
Luego caminamos sobre el techo de un gran estanque que está a ras de piso, donde almacenan más de 18 millones de litros de melaza, el olor era increíble al punto que al otro día en mi casa toda la ropa llevé al viaje olía a melcocha.
Seguidamente vinos los grandes tanques de acero inoxidable donde se hace la fermentación de la caña, los hay en varias etapas. Luego pasamos al área donde están los alambiques de cobre, que son hermosísimos y según nos contó un operador tienen más de cien años y los trajeron desde Escocia, su mantenimiento es tedioso pero con resultados son facinantes.
También pudimos apreciar otros métodos de destilación, que según el empleado finalmente le dará su carácter a cada tipo de ron. Conocimos los laboratorios, las embotelladoras, los tanques de almacenamiento, además me enteré que allí se producen ron Cacique que comercializa la gente de Diageo, vodka, whiskey y las famosas botellitas de Smirnoff Ice.
A medida que íbamos caminando me sentía como Disney, cada etapa del paseo me emocionó, sentía que saltaba, se me hacía agua la boca en algunas a ratos, no me importó el calor, ni el ruido. Sí a la niña que vive en mi corazón le gusta el ron.

Almacén para espíritus borrachos
Después de un exquisito almuerzo donde comimos cerdo cocido en caja china, ensalada mixta, papitas colombianas todo acompañado con vino, dulce de melcocha y licor de ron; tuvimos la oportundad de compartir con el maestro ronero Tito Cordero, responsable de las mezclas y está a la cabeza de la calidad de los rones, algunos directivos de la planta y nuestros guías del día, Alfonso Castillo – quien por cierto nos quiso hacer creer que era la primera vez que daba ese recorrido solo- y Mariela Cordero, ambos extraordinarios, pacientes, didácticos y muy amenos, bueno así es la gente en el interior de la república, pero no quiero entrar en esos detalles.
Al regreso, nos detuvimos en los almacenes donde reposan los barriles por lo menos dos años, ya que es una de las condiciones para poder ostentar la denominación de origen. Son galpones altísimos, donde reposan miles de barriles apilados en ocho pisos aproximadamente. Hay un pasillo central y hacia el fondo reina la más completa oscuridad, increíblemente la temperatura en mucho más baja y el olor a madera y ron es tan penetrante, que llega un momento que da dolor de cabeza. Alfonso nos explicaba que con todo el licor que tiene en crianza podrían hacer una fiesta para diez mil personas por diez años ininterrumpidos.
En ese lugar, todo el ambiente huele a licor, no solo dentro de los galpones. Los árboles están enegrecidos por una bacteria asociada al alcohol que produce ese efecto y acaba con ellos. Chaguaramos de tronco negro y matas de mango en la misma condición. Entonces, imaginé que esos mangos debían saber a ron, pero me aclararon que las semillas se contagian con la misma bacteria y no son aptos para consumir …. qué léstima … buen intento.
Le estoy muy agradecida a la gente de Destilerías Unidas por la invitación, por las atenciones y por obsequiarme un motivo de profundo orgullo, en un país donde cada vez esa sensación es más difícil de experimentar. En este caso, el Ron de Venezuela está en las mejores manos y estoy segura que no importa donde se abra una botella, el nombre de Venezuela quedará bien parado.


Mis compañeros de aventura fueron los máximo


Tito Cordero – maestro ronero – junto a Juan Pablo Sucre quienes no resistieron la tentación de disfrutan un buen tabaco.