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Los jardines colgantes de Sergio Somov en Margarita

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Los alimentos crecen en recipientes sobre el aire, donde la tierra está contenida en grandes «barbacoas», macetas conectadas por tuberías o guindadas sobre hilos.  De este modo, el ingeniero agrónomo Sergio Somov  ha encontrado la mejor manera de dar vida a rúgulas, berros, albahacas, espinacas y hierbas. Cuidadosamente cosecha, selecciona y empaca bajo la etiqueta Pura Vida, que por los momento solo está disponible en la isla de Margarita.

Escuchar a Somov sobre cómo utiliza ciertos métodos de cultivos, es entender que la palabra ingeniero viene de «ingenio». Sus jardines recuerdan a los colgantes de Babilonia, un milagro de vida y genenialidad en medio del desierto, tal como narra una de las versiones de la historia, que lo atribuyen al rey Nabucodonosor II (aproximadamente 600 a.c.)

Ecologista confeso,  Sergio Somov recicla materiales dándoles un nuevo destino como recipientes para la siembra. Por ejemplo, utiliza la base de los botellones plásticos de agua como base para  plantas de ají dulce margariteño, albahaca y otras hierbas, mientras que las tapas son parte de un intrincado sistema, que da vida a deliciosas y delicadas hojas de berro acorazonado.

Sergio Somov se inspiró en nuestros pobladores originarios

Por su parte, las barbacoas con grandes cajones que pueden ser tan profundas como lo desee y necesite el agricultor -según lo que va a sembrar-, que se elevan a un poco más de un metro del suelo. Somov asegura que se inspiró en los métodos de cultivo de pobladores originarios de Venezuela, quienes lo hacían sobre el agua en el Lago de Maracaibo.

Entre sus ventajas enumera: «mantiene alejado el cultivo  de plagas rastreras como ratas, reptiles y cucarachas. Además de otros animales como gallinas y perros.  Se ahorra agua y el manejo es mucho más amable para la mano de obra que no tiene que doblarse para la cosecha. Aquí cultivo todo tipo de hojas, además de rábanos».

En este caso, el ingeniero asegura que lo más fuerte ha sido la inversión inicial, pero que los resultados valen la pena, porque se tiene un mejor control del cultivo, productos de mayor calidad y posteriormente,  exigen menor cantidad de recursos.  Hidróponicos Pura Vida provee a supermercados y restaurantes de Margarita de ajíes dulces, rúgula, berro acorazonado, espinacas margariteñas, hierba buena y albahaca.

Hasta hace meses, Somov cultivaba tomate margariteño, pepinos y  años atrás (en 2010 cuando lo entrevisté por primera vez) berenjenas gigantes. Pero cuenta que la situación del campo es muy dura al hacerse casi imposible encontrar fertilizantes adecuados, insecticidas, insumos para mantener la infraestructura y lo más dificil de todo, la mano de obra calificada porque «nadie quiere trabajar en el campo. La faena es dura, se requiere un personal con formación especial, que lleva mucho tiempo entrenar», alega.

Para los interesados en contactar a Pura Vida: hidroponicospuravida@gmail.com / 0426 5962129

Espinaca Margariteña, una especie que solo Pura Vida siembra en la isla
Espinaca Margariteña, una especie que solo Pura Vida siembra en la isla

Bautizo del libro «El Cocuy» en Venezuela

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Muy contenta … hoy haremos el primer bautizo del libro «Eel l cocuy» … digo el primero porque todo indica que se avecinan fiestas patronales.. si están en margarita los espero …
Gracias a @margaritagastronomica por el apoyo … Por cierto un par de horas antes en el lido hotel habrá un foro sobre Doc en Venezuela

Guamazos de buen Cocuy en @elmundomovil

Gracias a mi amigo y colega Luis Villapol por esta entrevista y al Diario El Mundo por el espacio. ¡¡¡Salud y que el buen Cocuy nos salpique a todos!!!

La secreta y escandalosa historia del cubito (II parte)

cubitos costilla criolla

Sorprende que un producto que lleva casi dos siglos presente en la cocina, aún genere tanta suspicacia, pasiones, secretos a voces, lealtades y repudio. Pero el cubito se erige por encima del bien y del mal, no da señales de desaparecer, muy por el contrario, evoluciona. Lo que comenzó siendo un concentrado de caldo de carne, hoy se presenta en infinidad de versiones para satisfacer un mercado complejo y cambiante. Esta es la segunda parte de la historia del cubito.

Información para el #comitepuristadecontrolycensuraculinaria Tenía aaaaños q no usaba cubito, eso no quita que el guiso está quedando bueno”, afirmaba en un tuit el chef Sumito Estévez en octubre de 2010. 140 caracteres que rayan en la valentía, porque contados con los dedos de las manos, los cocineros profesionales que admiten públicamente su uso.

Ningún recetario los menciona, no existen manuales ni consejos para su uso, ni siquiera los venidos de las cocinas familiares, donde se usa sin pudor y en lo que haga falta. El libro rojo de Armando Scannone, por ejemplo, lista sin empacho entre los ingredientes diablitos, kepchup, mayonesa no casera y hasta salsa inglesa, pero nunca cubitos.

Cubitos en el mercado venezolano

En Venezuela, la principales etiquetas son: Maggi, Knorr, Iberia y Gutt. Disponibles todo el año, con una distribución tan efectiva como la cerveza y la harina de maíz precocida. Es decir, no hay un solo rincón de la geografía nacional donde se haga difícil encontrarlos. Al punto, que la historia del cubito puede alardear que en los últimos años ha sorteado exitosamente hasta el tema de la escasez.

Ciertamente, la oferta no es tan variada como en otros países. Básicamente, se pueden encontrar de pollo, carne, gallina, costilla criolla, ahumadito, sofrito, paella, hervido. En otras latitudes, el concepto ha evolucionado tanto que hasta se deshidratan salsas para pastas, sopas y caldos de todos los sabores, embutidos, entre otras variantes, además que ofrecen las opciones libres de gluten, bajos en sodio y en grasa.

“Me sorprende ver que en otros países hay cubitos de sabor a paella, de jalapeños, de tacos al pastor, sabor a cocido, y acá de costilla, gallina, pollo”, apunta el chef Antonio Gámez, quien además agrega “me parece que es una buena solución para cocinar rápidamente, si bien no me gusta usarlo, no desapruebo su uso”.

 Sus detractores alegan que altera la sazón de la receta, que acaba con los sabores originarios y que finalmente todo sabe “a cubito”. Por otra parte, se les acusa por su alto contenido de sodio, que tiene una relación directamente proporcional con la hipertensión arterial. Además de la presencia del amarillo número 5 y glutamato monosódico o ajinomoto.

Con respecto al uso del glutamato, está presente en un sinfín de productos de factura industrial y hasta el momento no hay resultados definitivos que avalen la teoría de sus efectos cancerígenos.

Por su parte, la industria alega “En Maggi, el color amarillo se lo aporta la cúrcuma, especie que proviene de una raíz, que además de proporcionar sabor y color, posee propiedades nutricionales; por lo que nuestro cubito está elaborado con «colores y especies naturales».

Mientras tanto queda aquella canción que a todo gañote interpretaba Reinaldo Armas, promocionando la versión de costilla criolla: “el auténtico sabor de mi tierra”.

Los cubitos en el mercado venezolano

  •  “Maggi” es la tercera marca de alimentos con mayor penetración en el mercado, después de Coca-Cola y Harina P.A.N. Fuente: Kantar Wordpanel, junio 2013
  •  Las marcas de cubitos más consumidas en Venezuela son: Maggi (76%), Knorr (12.7%), El Criollito (7.1%) e Iberia (1,34%). Fuente: Revista Producto, 2010
  •  “El consumidor venezolano prefiere un cubito semi-duro, pero que sea de fácil disolución para la preparación”. Fuente: Nestlé Venezuela
  • “Regiones como el Zulia, representan un consumo per cápita por encima del promedio nacional”. Fuente: Nestlé Venezuela

La primera parte de este texto sobre el cubito AQUI

Texto publicado en la Revista Bienmesabe en Octubre de 2013

¿Conducirán los caramelos la próxima revolución gastronómica?

Los caramelos protagonizan la próxima revolución gastronómica. Por lo menos dan pistas de los sabores básicos, qué nos motiva, los que nos conectan con la infancia, con el placer, con lo íntimo, los argumentos de nuestras elecciones en la mesa. The Candy Proyect intenta registrar  y dibujar el mapa de sabores del mundo partiendo del gusto por las golosinas.

Solo hay que entrar al portal del este proyecto, llenar el cuestionario  sobre preferencias, tipos de sabores, combinaciones,  motivaciones, dimensiones entre otros aspectos. La intención es  delinear las coordenadas de los mapas gustativos, a partir de las respuestas de las personas de cada país y/o cultura.

The Candy Proyect lo llevan adelante la Universidad del País Vasco, la Universidad de ciencias gastronómicas, Slow Food, el restaurant Mugaritz y Dimension.es. Una ambición gigante que tienen claro donde comienza pero no donde termina, porque entender el paladar y lo que lo motiva no es cosa fácil, lo que seguramente resultará en un mapa diverso, complejo y sorpresivo.

Casi todas las grandes revoluciones de la modernidad han comenzado a pequeña escala, de escala fractal: el átomo revolucionó la física, el gen la biología, el bit la informática y, más recientemente, la revolución de los píxeles en las artes visuales. ¿Por qué no especular que en el campo de la alimentación, la revolución también se iniciará a partir de una pequeña escala y tal vez conducida por los caramelos?”, afirma el Candy Proyect apenas se abre la página.

Como nota aparte y anecdótica: Cuando entrevisté a Andoni Aduriz en febrero, me comentó que le encantaría que mucha más personas de Latinoamérica se animaran a llenar el cuestionario. Así que personalmente los invito a hacerlo.

«Bean to bar» se pronuncia en español (II parte)

En Latinoamérica y el Caribe el movimiento bean to bar inspiró a chocolateros, productores y amantes del cacao a dar un paso más allá. “Vengo del negocio del café y siempre pensé que en Colombia debía haber otros productos con el mismo potencial, que se pudiese desarrollar hacia afuera. El cacao era un modelo perfecto que se alineaba con mi motivación personal”, expresa el chocolatier colombiano Carlos Ignacio Velasco de Cacao Hunters.

Por su parte, la venezolana Claudia Franceschi de Chocolates Franceschi, argumenta, “mi familia tiene más de 185 años produciendo y exportando cacao. A la Hacienda San José en la península de Paria, la han visitado los expertos más relevantes del mundo. En 2009 después de analizarlo y asesorarnos bien, decidimos hacer chocolate. Mi papá y mis tíos le dedicaron años a la recuperación e identificación de variedades del oriente venezolano.

Comenzamos prácticamente en la cocina de mi casa, luego nos apoyó Domori. El cacao es como el ser humano, se puede sacar lo mejor y lo peor de él. Cada tipo tiene su tiempo de fermentación, tostado y aroma particular. La habilidad y talento del chocolatero está en encontrar el punto”.

Velasco asevera que “para europeos y estadounidenses era un avance trabajar con granos de cacao. Para los latinoamericanos los retos son otros porque convivimos con las plantas de cacao, nos ocupados de su cuido y la post cosecha. Además tenemos la opción de explorar en variedades propias, sin necesidad de recurrir a clones. En Cacao Hunter desarrollamos el origen, nos insertamos en mercados especiales enfocados en la chocolatería fina, como ya sucedía con algunas marcas de Venezuela y Ecuador”.

El sesgo choco-latino del bean to bar

“Los países no productores la tienen difícil porque no viven al lado del cacao. Ahí radica parte de nuestra fortaleza. El sabor del cacao depende de muchos factores que nosotros si podemos supervisar. Además de un conocimiento ancestral”, afirma el peruano Samir Giha de Cacao Suyo.

Por su parte, el colombiano Velasco pone el acento en la relación con el productor, que consiste en darle apoyo, asesoría y capacitación porque, a su parecer, es el eslabón más débil de la cadena pero en contraparte uno de los más importantes.

En Latinoamérica muchos casos elevan la propuesta a “tree to bar” o “farm to bar”, dicho es español del árbol o de la plantación a la tableta. No se trata de comprar semillas ya procesadas, la historia comienza en el campo, en los laboratorios y proyectos de investigación gubernamentales y educativos donde se buscan recuperar variedades olvidadas o que por motivos comerciales no son rentables o atractivas.

 “Identificamos los puntos críticos en todas las etapas del proceso para obtener excelente cacao. En algunos casos, como el de Chocolates Orquídea, partió de un proyecto social para apoyar a las comunidades amazónicas peruanas”, afirma Giha.

 Para que una tableta sea “bean to bar” el chocolatero tiene que elaborar su chocolate desde cero, es decir, no puede comprar pasta maquilada por otros. Tiene que tostar y procesar las semillas, desarrollar fórmulas propias para sus tabletas y según la variedad utilizada. No incluye bombonería, ni coberturas.

Bean to bar con perfil propio

Entonces, el movimiento en Latinoamérica tiene un perfil propio: recuperación y uso de variedades autóctonas, trabajo con el productor y su capacitación, en algunos casos apoyo gubernamental, asesoría con expertos entre los que se se han destacado Chloe Doutre-Roussel (Venezuela, Bolivia, Ecuador y Brasil) Jean Lucca Franzone (Venezuela), Clais Ramírez (Perú) y Mayumi Ogata (Colombia).

 En líneas generales son producciones de bajos volúmenes, que resultan en barras costosas, de cualidades organolépticas excepcionales, tanto que en la reciente edición del International Chocolate Awards la gran mayoría obtuvo premios.

En contraparte, el bean to bar, exige un consumidor responsable, informado, comprometido con la calidad, que esté dispuesto a pagar lo que valen estos productos, es decir, la descripción del consumidor de productos gourmet de estos días.  Incluso va más allá: exige un conocedor.

“Hago un chocolate para agradar a la gente, para que sienta placer. Le muestro lo mejor que puede ofrecer el cacao que producimos con tanto cuidado”, afirma Claudia Franceschi. Por su parte, María Fernanda Di Giacobbe sentencia, “lo que viene con el cacao en Suramérica es un tsunami. Llevamos tiempo trabajando, investigando, experimentando. Han surgido marcas que adoptan los preceptos del bean to bar, que además han subido la barra. La producción y la demanda de cacao están creciendo; y el mercado está listo para disfrutarlas y pagar su valor”.

Segunda parte del texto publicado en la revista colombiana Semana Cocina en Agosto de 2015

Chocolates «bean to bar» latinoamericanos ostentan origen y orgullo (parte I)

Se abre una nueva veta para la chocolatería fina en Latinoamérica. Al saltar de productores de materia prima a artesanos del mejor chocolate, con un sello de procedencia que alardea variedades autóctonas de cacao y vocean orgullo nacional. En sus empaques se leen tres palabras en inglés: “bean to bar”.

El movimiento bean to bar es al chocolate lo que el “couture” a la moda. Una tendencia que desde hace una década ha tomado espacio y seducido paladares de los amantes del cacao y sus derivados. El término se gestó en garajes y cocinas en Estados Unidos, donde las ganas de explorar las potencialidades del cacao encontró tierra fértil.

La traducción de “bean to bar” es literalmente de la semilla a la barra. Esta expresión resume el proceso de elaboración físico y filosófico; dos condiciones suficientes y necesarias para poder imprimir esta denominación en la etiqueta.

Algunos precedentes a este movimiento surgieron en Europa con marcas como la francesa Bonnat o los italianos Peyrano y Domori. Por su parte, Valrona ya especificaba el tipo de cacao con el que elaboraba sus tabletas. En tierras suramericanas, en 1998 la marca venezolana Chocolates El Rey lanzó al mercado un producto elaborado con cacao Carenero Superior.

¿De que se trataba el bean to bar al inicio?

El bean to bar se trataba de productores pequeños que compraban semillas de cacao de variadas procedencia, las procesaban juntas y por separado, experimentaban niveles de tostado jugando con tiempos de exposición al calor y temperatura, el gramaje de la pasta, tipos de azúcar, donde nada estaba a salvo del cuestionamiento, la crítica y la insatisfacción.

Un procedimiento de probado y reprobado. No siempre con resultados favorables, pero que daba pie a extensas horas de discusión y posterior asentamiento de la data en largos manifiestos.

La experta francesa Chloe Doutre-Roussel explica detalladamente los preceptos de esta filosofía: “compra directa, prototipos,  pequeñas empresas familiares o con pocos socios (por no decir ninguno), conocimiento de los productores y comercio justo. La mayoría puristas que no agregaban ni vainilla, ni lecitina. Solo dos o tres ingredientes: cacao, azúcar y en algunas ocasiones manteca de cacao que facilita desmoldar las tabletas”

Entre los productores del movimiento norteamericano se destacan Scharffer Berger, De Vries, Amano Chocolate, Aski nosier, Fresco, Mast Brothers, Patric, Rouge y Taza.

Doutre-Roussel afirma que los bean to bar no eran complacientes, ni buscaban agradar, lo cual, limitaba mucho su mercado. Al punto, que algunos tuvieron que hacer ciertas concesiones, como crear líneas saborizadas. A fin de cuentas es un modelo de negocios costoso que tiene que encontrar la manera de ser rentable.

La pregunta en este caso es ¿qué diferencia un chocolate de factura artesanal de un bean to bar?.

En ambos casos son artesanales, pero los bean to bar añaden un componente filosófico, exploran las potencialidades que tiene el cacao. «Nos permitimos flexibilidades, evolucionamos constantemente, queremos obtener lo mejor de cada origen y eso lleva mucho tiempo y exige paciencia. Se trata de un trabajo donde la retribución no es inmediata”, tal como lo expresa el chocolatero peruano Samir Giha de Cacaosuyo.

Por su parte la chocolatera venezolana María Fernanda Di Giacobbe, de la marca Cacao de Origen sentencia, “nadie se ha tomado el tiempo de definir lo que es un bean to bar. Establecer diferencias con otros procesos artesanales, tal vez por eso hay cierta sensación de caos, que en realidad ha beneficiado a quienes lo ven como un gran argumento de mercadeo”.

Artículo publicado en la revista colombiana Semana Cocina de Agosto de 2015.

Apuntes básicos sobre «El Cocuy» – parte I

cocuy de pecaya el universal

El Cocuy es un destilado único en su estilo que solo se produce en Venezuela. Se le conoce desde tiempos prehispánicos y ha sobrevivido al descrédito y a la ilegalidad. Ahora no solo está de vuelta, se le considera orgullo de la nación y segunda Denominación de Origen Controlada de nuestra historia.

El cocuy es un aguardiente producido a partir del mosto fermentado del agave cocui trelease, que se puede encontrar en todas la regiones costeras y andinas venezolanas. Sin embargo, el licor extraído de la planta solo se elabora en los estados Lara y Falcón, originalmente el hogar de las etnias caquetías, jiraharas, ajaguas y gayones.

Sin lugar a dudas, se puede calificar con un producto propio de tierras criollas, único en el mundo, que encuentra bebidas análogas en el tequila y el mezcal mexicanos, al punto que a muchos gastrónomos y expertos en el tema, se les hace imposible no establecer similitudes.

El proceso de elaboración del cocuy

El proceso de elaboración apenas ha variado en cientos de años. El historiador Carlos González Batista afirma “desde tiempos prehispánicos (…) las pencas de cocuy horneadas eran utilizadas como alimento (…) para procesarlas abrían en el suelo un hoyo de regular tamaño, aproximadamente de uno de ancho por uno de profundidad. En el fondo colocaban primero una camada de leña, y arriba de ésta una de rocas. Se prendía la leña (…) y sobre las piedras se ponían las pencas de cocuy, que luego se tapaba con tierra. Se dejaban de hornear por dos o tres días”.

El proceso continúa cuando se prensan las “pencas” horneadas, se fermentan de cuatro a cinco días y finalmente se destilan. Idealmente solo se debe utilizar agave para su elaboración, que da como resultado un destilado de mayor calidad. Sin embargo, la norma COVENIN3662-2001  permite hasta un 20% de azúcar añadida. En ambos casos hay que declararlo en la etiqueta. Otro caso son los aguardientes de cocuy que incluyen  jugo de caña al fermentar, porque lo hace más rentable y que en algún momento facilitó  el tema legal, pero resulta en un producto de baja calidad.

Luego vienen todas la variantes, que van desde macerarlos con culebras (con fines medicinales), hierbas como chuchuguaza, malojillo, malagueta, palo de arco, berro y frutas. También se añeja en barricas de madera, algunas de tercer uso, es decir, primero fueron de whiskey y luego de ron. Un caso interesante en este caso lo tiene la bodega CH y V de Falcón que lo hace en barricas que fueron de jerez.

Otro link sobre cómo catar Cocuy. AQUI

Alto orgullo. Alta derrota

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alto 50 best

Qué alegría sentí al momento que el chef Carlos García del Restaurant Alto, recibía su premio como el mejor de Venezuela según San Pellegrino y se ubicaba en el puesto 29 de la lista de los 50 mejores de Latinoamérica, en la emisión para este lado del mundo de la revista Restaurant. ¿Cómo no emocionarme?

Miraba la ceremonia en directo por Periscope, y era como ver ganar a algunas versiones de la vinotinto (fútbol, basquet) en una competencia internacional. Era Venezuela reconocida por su buen trabajo. En el caso del Restaurant Alto porque sostener la calidad en un negocio de este tipo en tierras criollas, raya en lo épico. Un acto de fe y confianza.

Hay que estar un poco loco para conducir un restaurante en Venezuela en estos momentos – especialmente los últimos dos años-, porque la cordura no va de la mano con la situación de la restauración donde además de escasez e inflación, nos aquejan otra tragedias como la falta de personal y en la mayoría de los casos su bajo nivel, la inseguridad personal y jurídica, las limitadas posibilidades de inversión (a menos que seas enchufado).

Lo cierto, es que escuchaba los comentarios alrededor de la persona que transmitía en Periscopio, y todos ligaban a tres, cuatro y hasta más restaurantes de su país de origen. El chat era una locura y preguntaban por restaurantes específicos, su lugar en el ranking, si ya había salido con la seguridad que eso era así.  Ahí entendí esa expresión que tanto rechazo y que no me creo de «envidia de la sana».

A pesar de

A pesar del triunfo del Restaurant Alto, amanecí con una sensación de derrota que me aplasta. Puedo contar detalladamente todos los venezolanos talentosos que han pasado y están en nuestros fogones en los últimos 15 años. Puedo narrar con la buena memoria que muchos saben que tengo, nombres de cocineros, sommeliers, pasteleros, platillos, asesores, ingredientes, libros, anécdotas, visitas.  ¿Qué nos pasó? Gente que en su gran mayoría salió corriendo de aquí y que estoy segura muchos de ellos trabajan en restaurantes premiados, donde aportan su talento, su inspiración, su conocimiento, su trabajo y su pasión.

Conozco por los menos 10 de los cincuenta ganadores. He tenido la fortuna de haber disfurtado sus propuestas gastronómicas, gente que le pone un mundo para hecerlo bien. Y sin desmerecer el trabajo que se hace fuera, no son mejores que nosotros, pero tienen más posibilidades y oportunidades. Por ejemplo, un cocinero de estos lugares tienen un listado de proveedores donde puede escoger los mejor, de un mercado que ofrece lo mejor.

Los verbos y expresiones  «bachaquear», «conseguir», «es lo que hay», «cierro temprano porque la zona es peligrosa», «no consigo el respuesto», «nadie quiere trabajar», «no hay personal», «el cocinero se me fue para … «, son ajenas a la excelencia, al trabajo digno, a comensales satisfechos, y por qué no … también a los listados.

Mi gran frustración es que veo el potencial de nuestra cocina y cocineros, pero también veo el abismo que nos separa, en este momento, de una restauranción de mayor altura. Como venezolana celebro con alegría el premio para el Restaurant Alto, como periodista de la fuente gastronómica celebro doblemente, porque entiendo a plenitud el trabajo y esfuerzo que esto significa.

Muchos dirán que no es más que un premio.  Pero en este caso es síntoma de la enfermedad que tenemos nosotros. Espero que encontremos la cura, hay mucha gente trabajando en eso y es lo único que aminora la sensación de derrota que siento hoy.

Véronique Anastasie, «¿Qué sucede cuando colocó un cuadrito de chocolate en mi boca?»

veronique anastasie rutas golosas

La experta francesa en cacao y chocolates Véronique Anastasie de Planetgout, dictó en Caracas un taller para entrenar a productores del sector sobre análisis sensorial y calidad. Todo esto en miras a la participación de Venezuela como país invitado al 4ta edición del Festival Sens & Chocolat, que se llevará a cabo en París del 5 al 9 de febrero de 2016.

El taller organizado por la Cámara de Comercio e Industria Venezolano Francesa, tuvo dos días de duración.  La experta explicó paso a paso cómo interviene cada sentido en el análisis del chocolate, incluso extendiendo los límites clásicos de cada uno. Un proceso que exige disciplina, práctica  diaria, responsabilidad, ética, sensibilidad y pasión.

Anastasie afirma que el chocolate es un producto que despierta los cinco sentidos desde que estamos en el vientre. Afirmó que es importante y nuestra responsabilidad conservar las variedades ansestrales de cacao y rechazar los híbridos que más allá de ser rechazados en los eventos internacionales de chocolate, son nocivos para la salud.

Hizo un recorrido por todo el proceso de fabricación,  con acento en los procesos de calidad, condiciones sanitarias, composición nutricional y características organolépticas.

Apuntes del análisis de Véronique Anastasie

Una parte importante en el análisis sensorial es establecer un vocabulario adecuado, que asegura que para los franceses sobrepasa las 200 palabras. Invita a dar un paso y transformar al ser humano que simplemente come a uno que degusta. «Para la degustacion cada quien tiene un camino. Los venezolanos son más emocionales que los franceses y eso es importante», asegura la experta gala, al igua que hay que mirar como se comporta el gusto de otros países.

«La estrategia aquí es mantener la variedad y aumentar la producción», expresó.

Finalmente,  las marcas venezolanas que participarán en febrero en París son: El Rey, Franceschi, Kiri-kire, Cacao de Origen y Canoabo.