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Sucre rico, Sucre pobre / Crónicas de viaje

pecadores en irapa golfo triste venezuela

Sucre es, a mi parecer, una de las regiones más hermosas y complejas de Venezuela. Gastronómicamente hablando, ostenta una riqueza inconmensurable con una despensa de productos que le han dado fama a nuestro país en el mundo.

Principal productor de cacao, el 70% de la cosecha nacional sale de sus tierras. Además de su riqueza pesquera y agrícola, a lo que se suman productos como los mejores puros y los rones de oriente, que a mi parecer son los más complejos, porque cuentan con un terroir envidiable para el añejamiento. Pero el listado apenas comienza, hay que sumar embutidos, casabes, panes, frutas, especias (sarrapia, nuez moscada y pimienta de guinea), además de una variedad de platillos que se expresan en su propia lengua, con un refinamiento del que pocas regiones venezolanas pueden alardear.

Entonces, ¿qué pasa? Cómo se explica que un lugar con tantos recursos – de los que solo mencioné algunos de los gastronómicos – ha llegado a tal estado de abandono. Porque el único «estado» en la región es justamente ese, la desidia y la insensatez, que conviven con las belleza y la abundancia.

Sucre y los 500 años de Cumaná

Cumaná, su capital, acaba de cumplir 500 años. Y más allá del maquillaje para que pasara el presidente de la república y sus invitados, da dolor recorrer la ciudad. Una de las más viejas de toda América después de la llegada de los españoles. Si viviéramos en un país sensato, nada tendría que envidiarle el tramo desde Cumaná hasta Carúpano bordeando el golfo de Cariaco a una paisaje del Mediterráneo. Ni hablar del trayecto desde Carúpano hasta Río Caribe, donde la belleza de las montañas que su sumergen en el mar solo puede generar admiración y amor.

Una travesía desde Río Caribe hasta Güiria que debería hacerse en dos horas y media, toma casi cuatro por las malas condiciones de la vía. Un paisaje tan hermoso que conmueve y agua el guarapo, a causa de la mezcla admiración y rabia. Por ejemplo, una de las vistas más hermosas del camino es un punto donde se ve toda la sabana, pero en vez de un mirador hay un basurero lleno de samuros. Claro, el basurero con la vista más hermosa del mundo y las aves más afortunadas.

Güiria es otro mundo

Güiria que según palabras de su cronista Rosa Bosch es «un crisol de culturas», es un pueblo abandonado y sucio, con una gastronomía fantástica, pero resulta un lugar aislado donde es un secreto a voces, tal como cuentan preocupados algunos de sus habitantes, su principal actividad económica es el narcotráfico.

Tuve la oportunidad de entrevistar a mucha gente: productores, artistas, artesanos, lugareños y cocineros, los sueños, la tristeza y la decepción son elementos comunes. Cuando veo estas cosas, no dejo de evocar la parábola de los talentos, donde Dios lo dio todo y algún día pedirá cuentas.

Por mi parte, regresé a Caracas revuelta, con la maleta llena de productos y un sabor agridulce en la boca. Fue como visitar al amigo que lo tiene todo y no echa pa´lante. Desde el aeropuerto hasta Güiria, pasando por sus dos golfos, sus dos penínsulas, sus playas, sus serranías, sus productos y su gente, le falta el mundo entero para ser el lugar que está destinado a ser, con prosperidad para todos, respeto por la naturaleza, aprovechamiento consciente de los recursos, además de calidad de vida para sus habitantes.

Citando «al eterno» – que por cierto hay un video en el aeropuerto donde uno de sus hermanos dice, que trabajó ahí cuando era militar en funciones y ni por eso le hizo un cariñito -, yo le preguntaría al Estado Sucre, «¿qué hace águila cazando moscas?».

Chorizos y morcillas carupaneras de quinta generación

Jesús García y su esposa Nidia Maya elaboran chorizos y morcillas. Los conocí a través de Tamara Rodríguez y Juan Sará quienes los recomiendan con los ojos cerrados, lo cual es una buena señal, porque en Carúpano no son pocos los lugares donde los embutidos son de calidad. Pertenecen a la quinta generación a cargo de este oficio familiar que comenzó en 1865.

José es un oriental muy divertido e informado, narra con detalle cómo elabora sus productos que además se extienden a salchichones, chistorras, chorifritos tipo mexicano, entres otras pruebas de las que no dudó hacerme probar un par de muestras.  Afirma que no usa conservantes y que su alianza con un criador de cochinos según sus exigencias le garantiza la mejor carne, sangre y también las mejores tripas.

En el caso de los chorizos asegura que además de carne de cerdo, llevan sal, ajo, pimienta negra molida y guayabita. Explica que un producto de este tipo está bien hecho cuando al cocinarse queda entero y es suave al paladar. Aconseja cocinarlos con un poco de agua porque la grasa la tiene el embutido (este es un consejo común entre este tipo de artesanos)

Sobre las morcillas enumera con picardía los ingredientes – seguro se ha guardado algo pero da buenas pistas -, sangre de marrano, ají, cebolla, orégano, clavo, pimienta, guayabita y azúcar. Todo lo demás es historia en un producto que le ha dado tan buena fama a su terruño.

Dirección: Calle Urita (antigua calle Las Flores), es la calle paralela donde está la parada de los por puestos y camionetas a Rio Caribe. Abiertos de lunes a sábado de 6 a 7 pm. Teléfono: 0294 3320115

Culinaria venezolana en patuá

rosa bosch entrevistaRosa Bosch es la cronista de Güiria en el estado Sucre. Patuaparlante, tal vez está entre las últimas personas que hablan esta lengua, que parece destinada a desaparecer. Toda persona que busque referencias sobre gastronomía venezolana en patuá, inevitablemente se topará con su nombre.

Educadora de profesión, nació en Güiria en 1932, es decir, ha vivido en carne propia la historia de una población compleja, alejada, de rasgos fuertes al punto que tiene su propia lengua y cuyo registro de sabores y platillos se expresa en primera persona, con nombres de vocablos afrancesados y anglosajones.

La profesora Bosch es una mujer fuerte, dulce, tiene el don de narrar detalladamente cualquier tema relacionado a Paria con una pasión y precisión que conmueve. Se ha centrado en asentar la historia de Güiria, que como ella expresa «no sabemos con exactitud la fecha de su fundación porque no hay registros».

«Lo que he hecho es apoyarme en relatos, libros y documentos que la mencionen. Tuve una casa que era cuenta cuentos, donde se cultivó la gastronomía pariana, mis tías hablaban patuá para que los niños no entendiéramos, de allí algo aprendí. Luego con los años me dediqué a aprenderlo de las señoras que aún lo utilizaban», expresa.

Admiro los trabajos de la profesora Bosch, pero se digieren de otro modo cuando se viaja a su Güiria natal. Una travesía que conduce al comienzo o al final de algún lugar. Un camino verde, frondoso, donde no hay un solo espacio sin árboles frutales, un paisaje que abruma, cruzado por una vía llena de baches en todas las acepciones de la palabra. Entonces, se entiende el relativo aislamiento que trae identidades que se expresan en términos propios.

Crisol de culturas

«La gastronomía pariana es un crisol de culturas», afirma orgullosa Rosa Bosch. Su discurso ensambla capa por capa sus componentes: amerindios que aportaron el ají; antillanos franceses con el uso de las charlotas y su refinamiento; indios con la inclusión del curry y del coco, y finalmente, el uso de la harina de trigo traída por los ingleses, al punto que la panadería pariana está plagada de recetas como domplinas que en Sucre tiene muchos nombres y versiones como becas, flotas y galetas.

Me atrevo a afirmar sin lugar a dudas, que si se le pregunta a cualquier compatriota – ajeno a Paria – sobre nombres como paté cocó, paté banam, gató, corbullón, acrá, saus, fricasé, bofló, mabí, ginyabié, galé, talkarí, por solo mencionar algunos, expresarán sus desconcierto y no los reconocerán en absoluto. Pero esa Paria lejana, frondosa, gerenosa, abandonada e incomprendida también es Venezuela y la profesora Rosa Bosch está ahí para recordarlo en español y en patuá.

Texto publicado en la columna #LimonesEnAlmíbar en el diario El Universal

Los grandes cacaos de la hacienda San José

La hacienda San José produce cacao y tiene 185 años. Ubicada en el valle Quebrada Seca, vía El Pilar en el Estado Sucre se extiende por 170 hectáreas donde crece ese cacao fino que le ha dado excepcional fama a nuestro país. Se trata de la cuna de los chocolates Franceschi.

Perteneciente a los Franceschi, en los años ochenta se tomó una decisión familiar de dedicarle recursos económicos y humanos, porque si bien se mantenía con un esfuerzo básico, necesitaba dedicación. Entonces los hermanos Juan de Dios, Vicente y Alberto se dedicaron a recorrer Venezuela en la búsqueda de las mejores variedades por sus características organolépticas y productivas. Un paso que los puso en la historia de los cacaos finos de Venezuela y el mundo.

Actualmente, trabajan con las variedades Rio Caribe, Chuao No.2, Guasare, Ocumare (61, 67 y 77), tres variedades de Porcelana y Canoabo que se daba prácticamente por desaparecido. Las maracas de cacao tienen un ciclo de cinco meses y medio desde la floración hasta la cosecha, en dos cosechas anuales (noviembre-enero/ abril-junio)

Juan de Dios Franceschi afirma que las características de un buen cacao son: genética, proceso de post cosecha y secado. En el caso de la genética asegura que los cacaos criollos son extrafinos porque Venezuela tiene una alta calidad incluidos los cruces con trinitarios.

A propósito de la post cosecha

Sobre el proceso de post cosecha afirma Franceschi que la fermentación depende de la variedad, por ejemplo los cacao blancos como porcelana, guasare y chuao solo necesitan tres días, mientras otras variedades como Ocumare exige cuatro.

La etapa del secado lleva su tiempo, porque no puede ser violenta, comienza con salidas cortas al patio para que primero se enfríe y se detenga la fermentación. «Tiene que soltar todo el ácido acético, sino quedará acidísimo, luego toma de siete a ocho días días el secado» explica Franceschi, mientras muestra los grandes patios de secado con techos móviles.

En la Hacienda San José está entre las pioneras en separar y tratar los cacaos según su variedad y adaptan el proceso de fermentación de la post cosecha dependiendo las exigencias de cada una, para lograr los mejores resultados.

Recientemente comenzó a funcionar una planta para extraer el licor de cacao, proceso que lo hacían en Caracas donde procesan sus chocolates, pero una decisión de crecer de cien a mil toneladas de chocolate por año originó estos cambios.

Personalmente me impresionó la hacienda San José, con plantaciones cuidadas, con la sombra exacta, los árboles con la separación idónea, con circulación de aire suficiente, el suelo permite andar y no es un monte que llega a las rodillas. Más allá de la cantidad de mosquitos y la humedad porque llega un momento que se tiene la sensación que se respira agua en vez de aire, es un paseo hermoso donde el cacao convive con grandes árboles como Ceibas y Jabillos. Por otra parte, en la parte de post cosecha todo está señalizado y dispuesto para que cada tipo de cacao se procese por separado. Ha sido una experiencia excepcional.

Maria Fernanda Di Giacobbe es la gran tenedor de oro 2016

El Gran Premio Tenedor de Oro 2015 le corresponde a María Fernanda Di Giacobbe. El jurado conformado por Luis Troconis, Rafael Ernesto López, Elías Abilahoud, Ernesto González, Fernando Escorcia hicieron el anuncio hace pocas horas. 

Premio Tenedor de Oro al Chef del Año 2015
Héctor Padula
Jurado: Luis Troconis, Miro Popic, Gustavo Velásquez, Adriana Gibbs, Alberto Veloz

Premio Tenedor de Oro a la Publicación Gastronómica 2015
Romero. Cocina venezolana contemporánea. Héctor Romero.
Mención Especial del Jurado:
Limones en almíbar. Jacqueline Goldberg.
Jurado: Luis Troconis, Ivanova Decán Gambús, Jorge Redmond, Nicomedes Febres, David Alejandro Malavé

Premio Armando Scannone 2015
Francisco Abenante
Jurado: Luis Troconis, Armando Scannone, Nelson Ramírez, Marisabel Willson, Vladimir Viloria

Menciones Tenedor de Oro 2015

1. Mejilloneros Brisas del mar. La Guardia. Edo. Nueva Esparta

2. Pietro Carbone

3. Productores de ‘Cocuy Pecayero’, Edo. Falcón

4. Valentina Inglessis

Jurado: Consejo Directivo Academia Venezolana de Gastronomía

Cocuy, profeta en su tierra

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El mosto fermentado y destilado de las ‘cabezas o pelonas’ –luego de horneadas- de nuestro agave cocui trelease, parece triunfar en su épica por la supervivencia. Perseguido desde la puesta en vigencia de la Ley de alcoholes de 1954 y hasta el año 2005 cuando fue declarado patrimonio nacional, el licor de cocuy ha luchado como ninguno en este país para sobrellevar la adversidad. Eso y a pesar de ser el más autóctono de todos los espirituosos hechos en esta Tierra de Gracia, y de ser único en el mundo.

Artesanal y siempre escaso, los avances técnicos poco a poco llegan y la mejora en su calidad comienza a notarse. Los áridos ecosistemas de Lara y Falcón, donde de manera salvaje se reproduce el agave cocui, ese que sólo es trabajable para la elaboración del aguardiente después de siete años, y una cultura ancestral milenaria de aprovechamiento de la planta, hacen posible que el Cocuy siga entre nosotros. Por supuesto, la terca voluntad de irreductibles campesinos y destiladores es la baza del actual renacimiento de un delicioso licor que, bien hecho (mejor si es 100%de agave a 56 grados de alcohol), hace morder el polvo al mejor mezcal azteca.

Intenso, el buen cocuy equilibra notas vegetales bajo ricos y pronunciados fondos ahumados y melosos, junto a sabores delicados muy persistentes. Fresco, cuando su acidez ha sido adecuadamente preservada, resplandece en boca, trocando el licor en un elixir frutal, firme pero al mismo tiempo delicado en la complejidad de su potencia alcohólica. Excelente aperitivo e inmejorable digestivo, también acepta mezclas cocteleras, mejor si es con frutas cítricas. El cocuy larense Balsamal, y el falconiano Cocuy Pecayero que arropa varias marcas, entre otros, no deberían faltar en cualquier despensa que se precie.

vladimirviloria@gmail.com /

@losmejoresvinos

Texto publicado originalmente en la sección «Comer y Beber» de El Nacional en octubre de 2015

El cuento de cómo los quesos de cabra criollos aprendieron a hablar francés

Alrededor de dos décadas llevan en el  mercado venezolano variedades de quesos de cabra criollos pero a la manera francesa. Entonces, se ha hecho posible disfrutar de variedades frescas, maduradas y hasta saborizadas.

Estos quesos se han sumado a un acervo conformado por quesos cabra criollos más tradicionales, que suelen ser relativamente secos, incluso arenosos. En algunos casos, más grasosos o con hilachas como las taparitas larenses.

El cuento de cómo los quesos de cabra criollos aprendieron a hablar francés, comenzó a mediados de los años 80 cuando el señor Carlos Ignacio Pérez importó a Venezuela – luego de varios años de investigación-, lotes de cabras lecheras de las mejores razas y genealogías desde Estados Unidos.

Productor autodidacta del mejor queso de cabra de la época, Pérez comenzó en su finca de Los Teques a aprender y experimentar hasta lograr un producto que cocineros, gastrónomos y críticos culinarios valoraban como extraordinario.

Algo que surgió por curiosidad, continuó por querer hacerlo cada día mejor que el anterior. Si el queso no era excelente lo desechábamos y probábamos hasta lograr la excelencia”, afirma el señor Carlos Ignacio Pérez, quien todavía recuerda con cariño hasta el nombre de sus primeras cabras.

Lo que comenzó como un negocio familiar se convirtió en un ambicioso plan para armar una gran revolución caprina en Venezuela. “Se me ocurrió importar cabras lecheras de las mejores razas y genealogías para compartirlas con otros productores”, explica Carlos Pérez. Se trajo tres aviones fletados de Estados Unidos con cabras provenientes de California, Washington, Oregon entre otras latitudes.

Aclimatadas al 100%

Todas las cabras que hoy en día producen leche en cantidades importantes, para la elaboración de quesos conservan la genética de aquellas 400 cabras, que llegaron al país hace casi 30 años.

Cabras Alpinas francesas, Nubiana, Toggenburg genética importada que han cuidado durante todos estos años para lograr el mejor producto final.

“Cuidar de la genética, del ambiente en el que se manejan las cabras, mantener aparte los machos de las hembras, vigilar la limpieza, controlar los olores. La leche es muy permeable y debemos cuidar en extremo los detalles para lograr el mejor sabor”, explica Carlos Pérez hijo, quien actualmente es productor en Caruao, estado Vargas.

El gastrónomo y editor Ben Amí Fihman escribió hace más de dos décadas, que Carlos Pérez (padre) era “un orfebre” porque en lugar de quesos producía joyas, y afortunadamente su hijo Carlos Pérez Viana heredó la joyería, “cuando mi papá comenzó a hacer sus quesos nadie los usaba en la cocina y mucho menos en un restaurante”, explica Pérez Viana. El panorama ha cambiado y hoy en día, son sus principales compradores.

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Quesos de cabra de Carlos Pérez en Margarita

Algunos quesos destacados y su productor:

Frescos:  Carlos Pérez hijo (Vargas), Carvis Hidalgo y Amílcar Pérez (Nueva Esparta), Andrés Serizier (Carabobo)

Madurados: José María Padial quien murió el año pasado y ahora se ocupan sus hijos junto a su viuda Eva Guerón (Miranda) y Sonia Meléndez (Quesos Las Cumbres, Lara)

Troncos envueltos en ceniza: Los quesos de Jose Maria Padial

Tipo boconccini: Andrés Serizier (Carabobo), Eglée Franco (Miranda), Delicabra (Carabobo)

Ahumados: Eglée Franco, La Pilarica.

Saborizados: Las Cumbres, Ananké, La Pilarica

Tradicionales criollos: casi imposible llevar un registro, en su mayoría anónimos. Los de toda la vida, diría un habitante de Lara o Falcón.

Texto escrito a cuatro menos con Zinnia Martinez (@lacomensal) originalmente publicado en la Revista Bienmesabe de julio de 2013 y versionado para este blog.

Apuntes básicos para catar Cocuy

En este caso se trata de una primera aproximación para catar Cocuy. Comparto algunos elementos que le ayudarán a evaluar y apreciar este destilado de agave cuando caiga en sus manos.

1.- La primera regla de toda cata es que el mejor Cocuy es el que a usted le gusta.

2.- Para catar Cocuy recomiendan copas de las utilizadas para evaluar destilados, más angostas en el borde que en la base. De boca relativamente pequeña.

3.- Antes de servirlo agite la botella. Si no hace burbujas, lo que los mexicanos llaman “perlas”, no es de calidad. La bióloga Miriam Díaz afirma que un estudio hecho por la UNEFM encontró entre del Agave Cocui saponinas y sapogeninas, responsables entre tantas cosas de las burbujas de jabón con propiedades aglutinantes. Por otra parte, el azúcar contenido en el agave es principalmente fructosa y no sacarosa como en otros licores, lo que explica la densidad en la bebida

4.- Una vez servido en la copa, tiene que ser transparente como el agua, brillar, un líquido limpio sin rastros vegetales o polvo.

5.- Antes de catar Cocuy vierta unas gotas en sus manos, frótelas hasta que se evaporare el licor.  Percibirá los aromas propios de la bebida. Por supuesto, sentirá la presencia del alcohol, pero cuando el cocuy es de calidad no opaca los otros descriptores. Se trata de un destilado con una registro aromático complejo, que solo huela a alcohol no es el un buen indicio

6.- Entre los aromas más comunes del cocuy están agave cocido, ahumado, flores, hierbas, incluso frutas. En ocasiones percibirá una ligera fragancia floral, notas minerales (más cercanas a la sal que al metal) y hasta terrosas.

7.- Para catar cocuy lo recomendable hacerlo en dos tiempos. El primero un sorbo que inunde el paladar, no es para analizarlo ni formarse una opinión. En algunos casos, esa primera impresión le llevará a saber inmediatamente si le gusta o no, es una aproximación más visceral, pero totalmente válida.

8.- En un segundo sorbo, páselo por toda la boca y luego tráguelo. Cuente mentalmente el tiempo que experimenta la sensación en su boca, eso es lo que se llama permanencia

9.- Los sabores más comunes son a agave cocido que es ligeramente dulzón. Si tiene un paladar entrenado llegará a percibir flores, hierbas, frutas, tierra y sal. El alcohol no le hará arrugar la cara, muy por el contrario, será una experiencia placentera, cuyo primer contacto o “entrada en boca” es fuerte, pero rápidamente dará paso a la untuosidad y sedosidad

10.- Entre los defectos más comunes están el sabor a plástico que puede ser consecuencia de los envases utilizados y sabor metálico procedente de las fallas en la destilación. Así como sabores artificiales como caramelina, o un toque excesivamente alcohólico o dulzón.

DOS RECOMENDACIONES:

Comprar botellas de varias procedencias, comparar, anotar la procedencia, a quien y en qué año lo adquirió.

PARA MI GUSTO Y ESTO ES UNA SUGERENCIA ABSOLUNTAMENTE PERSONAL: el cocuy servido frio de 6 a 8 grados aproximadamente, permite apreciar sus cualidades porque no sentirá en primer lugar el golpe de alcohol

Comer en el estadio amerita mucha plata en los bolsillos

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Infaltable bala fría con muchas salsas.

“La pelota” como se refiere coloquialmente al beisbol en Venezuela, siempre ha sido un deporte popular. Entradas relativamente económicas disponibles, cerveza fría a bajo costo, balas frías de todos los tipos, es decir, un espectáculo que permite disfrutarse in situ con diversión garantizada, pierda o gane el equipo que se apoye. Comer en el estadio es parte de la diversión, pero, ¿a qué precio?

Pero la pelota también da mucha hambre, consecuencia de la tensión, la alegría, las expectativas, el análisis del juego, la gritadera, en una combinación de frenesí deportivo que consume una increíble cantidad de calorías.

Sin embargo, al beisbol también lo alcanzó la crisis económica. De una temporada a la otra los precios superan por mucho la inflación. Por ejemplo, una arepa al final de la temporada 2014-2015 apenas llegaba los Bs.190, actualmente la más económica cuesta Bs.500, a lo que hay que sumarle que se come de pie y con escasas servilletas.

La oferta este año no ha cambiado mucho. A las afueras de El Universitario mucha parrilla, hamburguesas, perros calientes, chucherías y hasta frutos secos. La verdadera tierra de nadie, donde parece que la salubridad no es prioridad. Habría que preguntarse de dónde sacan el agua para trabajar o cómo hacen para ir al baño. Lo cierto es que lo que se compra allí, se come ahí, porque no se puede ingresar con alimentos al recinto.

Adentro la situación varía un poco. Los ya clásicos de siempre como Juanchi´s que siempre está lleno, en especial después que comienza el juego. Las filas de gente esperando sus hamburguesas de gruesas carnes, ricas en cebollas caramelizadas, salsas y queso. Sin embargo, este año al lado le pusieron una competencia interesante llamada 100% carnes, con una oferta bastante similar.

Del mismo lado, entre las puertas 0 y 2, está Tequechongos. Sin sorpresas solo que un conito con 6 tequeños cuesta Bs.500. También hay shawarmas, comida mexicana, perros, y las arepas que llevan carne de hamburguesa. En todos los casos se necesitan al menos Bs.1000 para comer.

Del otro lado, una opción sabrosa y de buena calidad son los perros calientes y la parrilla de la Montserratina, al igual que los del puesto de “El Viejito”. Las primeras, tal vez, un poco más sofisticadas. Ahora hay sánduches de pernil, pepitos y hasta unos conos “de pizza”. ¿Los precios? Los mismos que del otro lado.

Una de las grandes novedades de esta temporada la trae la gente de Franca Coffecake, quien tiene un puesto lleno de galletas y tortas a los mismos precios de sus sedes en Los Palos Grandes y Las Mercedes. Pero es una opción para un dulcito que no viene mal.

Para quienes van a gradas la oferta de comida resulta sorpresiva. Por ejemplo, justo debajo de la pizarra electrónica, Goya lleva casi cuatro décadas haciendo unas magníficas arepitas dulces, y los fines de semana preparan hervido y hasta mondongo. De ese lado del estadio encontrará papas rellenas, más arepas y empanadas. La recomendación es llegar temprano, porque las arepitas se acaban rápido. En esta zona también come personal del estadio y de los equipos, incluidos los peloteros.

comer en el estadio 1

Cervezas y chuches en tribuna

Las birras son todo un aparte. Posiblemente vaya comido al estadio o aguante el hambre hasta llegar a casa, pero las cervezas son casi inevitables. Pero prepare la cartera, subió un poco más del doble de un año a otro, es decir, Bs.100 cada vez que le de sed. Eso si las compra en los puestos de afuera, porque si tiene un cervecero de confianza que se las lleva hasta su puesto le sumará un recargo, aunque digan por los parlantes a todo gañote el costo de todas las bebidas e inviten a no pagar más.

Las otras opciones en bebidas son agua mineral y refrescos, a menos que se siente justo detrás del home, donde un mesonero le ofrecerá algunos destilados como ron y escocés. Pero eso es otra historia.

Mientras disfruta el juego no se detendrá la oferta de comida, pasarán frente a sus ojos cotufas – más costosas que en el cine -, obleas con arequipe y lluvia de pepitas de colores que en su versión simple cuesta Bs.70 y la doble Bs.140, siempre las vende el mismo señor, un colombiano costeño llamado “Alexander” que recorre todo el estadio. El año pasado no hubo obleas porque el hombre se fue a su tierra por asuntos personales.

Otras opciones son tequeñones, chucherías como toda la gama Savoy que va desde Carré hasta Susy, por ahí se deja colar un manicito de Jack´s y los infaltables Monchis con tostoncitos, “chicharron son”, yuquitas y papitas.

El cierre del noveno

Si quiere comer en El Universitario tiene que comprar ahí la comida. Olvídese de llevarse un sanduchito, una golosina o una frutica en el bolso, eso quedará decomisado en la puerta.

La oferta gastronómica en el estadio está hecha para gente sin problemas ni limitaciones alimenticias y con dinero en el bolsillo. Cada juego amerita un mínimo de Bs. 1000, para comer lo básico. Lo más económico son los tequeñones y los perros calientes con pan, salchichas (la más simple) y salsas.

En el caso de los abonados es todo un problema, porque irán por lo menos a un promedio ente 15 y 20 juegos de los alrededor de treinta de la temporada regular, además de los juegos del “play off” (sistema que este año cambió de formato). Es decir, que más gasta en comida que en boletos, esto sin contar estacionamiento o movilización. Y ni hablar de algún antojo de la boutique como gorras, chaquetas, camisetas. Solo una perla, la chaqueta oficial de los Leones del Caracas en la temporada pasada costaba Bs.4.500 y este año ronda los Bs.50.000.

Sí, al beisbol también lo alcanzó la inflación, y de qué manera. Y eso se ve a simple vista. Las gradas lucen con menos asistencia, seguramente los clásicos como Caracas vs. Magallanes lo reflejen menos, pero son solo cinco juegos en El Universitario en toda la temporada regular.

Para quienes decidan ir al recinto universitario a ver jugar a su equipo favorito, tome previsiones y saque cuentas. Mientras tanto a los precios de la comida y la bebida les sale esa maravillosa narración radial de Fernando Arreaza cuando Los Leones conectan un home run: “atrás, atrás …. enormeeeee …. olvidennnnlooooo …. homeeee runnnnn”.

Texto publicado originalmente en elestimulo.com el 27/10/2015

Mejillones y Guardieros en Margarita

mejillones guardieros Margarita

El mejillón perna perna es un ñero de toda la extensión de la palabra. Crece en las ensenadas del norte de la isla de Margarita, aferrado a las piedras que están a diez metros de profundidad del agua. Sus conchas marrones esconden un delicioso majar, que palpita entre tonos crema y naranja, con un aroma y gusto extraordinarios.

Para quienes tienen la buena fortuna de disfrutarlos frescos, los mejillones resultan un bocado suave, untuoso, delicado, que permanece en la boca y en la memoria. Sí, se trata de uno de esos tesoros que ofrece esta isla, no tan famosos como algunos de sus congéneres pero igualmente excepcional.

Lamentablemente, la sobre explotación casi acaba con sus presencia, unida a la llegada de otro mejillón llamado perna viridis, procedente principalmente de Asia que encontró en las aguas cálidas y rebosantes de vida un hábitat inmejorable para crecer y desplazar a los locales. Dos situaciones que pusieron en peligro el sustento de poblaciones pesqueras como La Guardia.

La comunidad Brisas del Mar que está ubicada en el extremo este decidió organizarse. En principio con la asesoría de la Fundación La Salle y más adelante con el apoyo del Inces. Un proyecto que básicamente consistía en lograr la manera de recuperar los mejillones cada vez más difíciles de encontrar.

Este molusco es perfecto para el acuacultivo, actividad que requiere paciencia, técnica, disciplina y motivación, que se unieron al conocimiento del oficio de pescadores neospartanos.

Mejillones 5 años después

Cinco años después la fórmula arroja excelentes resultados, tal como dice Niels Petersen, uno de los cinco integrantes del proyecto: «Han sido años de altas y bajas, pero la gente ha entendido que si somos pacientes, respetamos las condiciones de este trabajo y no esperamos que toda la ayuda provenga del Gobierno, es algo bueno para nosotros, para la comunidad y para la ensenada.

Alrededor de 15 familias se benefician directamente. En el último año hemos sacado más de seis toneladas de por los menos 6 centímetros de talla, como exige la ley. En consecuencia se ha replantado el lecho marino y en estas aguas rebosantes de vida ha aumentado la población de peces como corocoros, bagres y lisas».

En la comunidad de Brisas del Mar en la actualidad tienen tres balsas de madera, dos de pvc y dos líneas de cuerdas, que se ven flotando desde la orilla. Debajo de ellas nace y se reproduce la vida.

El mejillón guardiero es un producto de calidad extraordinaria que ha encontrado en este proyecto el medio para crecer, demostrando que la organización social y la ecología no son antagónicas a la prosperidad y la tradición.

A partir de hoy (24 de octubre de 2015) comienzo como columnista de El Universal. El espacio se llama #limonesEnAlmíbar nombre que retomo porque ya lo había usado para la web del mismo medio. Espero que este espacio sea interesante, informativo, ameno e inspirador para todos.

mejillones perna perna de la guardia Margarita