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Crujiente y adictivo «taparterias»


El chicharrón de cochino entra en el campo de los placeres culposos y corporales, pero se torna irresistible. Esa capa crujiente con «grasita» está saturada de sabor. Durante años el chicharrón que viene en bolsitas ha sido soso, una especie de cartón comprimido en en algunos casos le agregan una suerte de sustancia picante, que con hambre y cerveza fría pasa sin dificultad y hasta con gusto.

Pero la gente de Monchi ha sacado al mercado el Chicharrón Son. Cada pedazo es lo más cercano al chicharrón de verdad, verdad, con grasita incluida. Una delicia adictiva que descubrí el año pasado en el estadio. Al principio lo consumía sin pudor, hasta que un día tuve la mala idea de revisar la tabla de contenido nutricional (eso nunca es una buena práctica, es casi suicida), su alto contenido de grasas saturadas casi me tumba de la silla.

Pero qué importa, ahora en vez de dos bolsas compro una y las he confinado a la tribuna del Universitario, donde es un placer acompañarla de una Regional (preferiría una Solera Verde, pero si los Leones son homeclub no queda otra).

Mi amiga y compañera de fanaticada Elsa Pilato y yo, la bautizamos «el taparterias«, pero con qué gusto nos comemos esos trocitos crujientes, gustosos y adictivos. Es que todo lo que viene del cochino es tan sabroso. Como le escuché a un conocido «si los cochinos volaran, nadie pagaría su precio».

Nota: Ahora también la venden en los supermercados.

Lo que pasó en 2010


Para muchos 2010 fue relativamente tranquilo en comparación con otros años, sin embargo, el medio gastronómico experimentó sucesos que van desde interesantes, pasando por frustrantes, emocionantes, tediosos hasta sorpresivos.
Así que como dirían por ahí «sin orden de extracción», rememoraré algunos hechos que sucedieron este año.

  • Cierre de la revista Papa y Vino.
  • Relanzamiento de la revista Cocina y Vino.
  • Las publicaciones: «Mi cocina ligera a la manera de Caracas» también conocido como libro verde de Armando Scannone, «Entre gustos y sabores» de Rafael Cartay y «Ron de Venezuela» de Rosanna Di Turi.
  • El paso de dos editores por la revista Bienmesabe, actualmente lo ejerce Manuel Gerardo Sánchez.
  • El cuerpo Comer y Beber el último miércoles de cada mes en el diario El Nacional.
  • Las guías gastronómicas: Climax, la Guía de Restaurantes de Miro Popic y Prestigio editada por Adolfo Artile.
  • Visita del crítico español Ignacio Medina y sus posteriores trabajos para la revista Cocina y Vino.
  • El boom de twitter como medio de información gastronómica.
  • El éxito de «Cocina de Solteros».
  • La visita de Franz Conde a Caracas.
  • El terremoto en Chile y las consecuencias sobre las bodegas de vino, donde se pordujeron grandes pérdidas.
  • La organización de los sommeliers como gremio. Por cierto, ¿habrán permitido finalmente la inscripción de Vanessa Barradas?
  • Eliezer Róndon como mejor sommelier venezolano 2010.
  • Ana Belén Myeston como Tenedor de Oro 2010 (primera fémina que lo obtiene en solitario), que otorga la Academia Venezolana de Gastronomía (AVG).
  • Tamara Rodriguez obtuvo el premio Armando Scannone que otorga la AVG.
  • Los premios otorgados por la Guía Prestigio relacionados al área gastronómica: Adriana Gibbs como mejor periodista de la fuente, el blog Tomásnomás de Tomás Fernández y Miro Popic como columnista.
  • Los serios obstáculos que han tenido que sortear los importadores dadas las restricciones impuestas por el gobierno para la adquisición de dólares.
  • Los rumores sobre la suspensión de importación de whiskey por el problema del post anterior.
  • La toma por parte del gobierno de las productoras de café Madrid y Fama de América.
  • La jubilación del enólogo venezolano GuillermoVargas de Bodegas Pomar, después más de dos décadas de servicio. Ahora es asesor.
  • Auge y caida de Yamín Gourmet.
  • Los problemas presentados por el Salón Internacional de Gastronomía de Caracas.
  • Aperturas de los restaurantes: Gazebo´s, Mohedano, Magnolia, Rocoto, Abrazas, Madame Blac, Turcos de la Avenida Victoria, Diagonal, Ditidabo, DOC, Bucare, Soho y Dalai.
  • Los cierres de los restaurantes: Gazebo´s y los Turcos de la Avenida Victoria.
  • Relanzamiento de los restaurantes Madero, Diagonal (pos Alex Arcas) y los Turcos de la Avenida Victoria.
  • La hermosa celebración de los 110 años de Ponche Crema.
  • Recorridos Enoturísticos de Bodegas Pomar.

Como verán han sucedido muchas cosas. Los comentarios y sugerencias son bienvenidos en especial si se trata de hechos que quedaron fuera de este listado.

Sabor navideño celestial


Hebras almibaradas de destellos dorados brillan a trasluz, evocando una imagen celestial que le da su nombre. El dulce de cabello de ángel no es un protagonista de la mesa navideña criolla, pero forma parte de ella, esos brillos angelicales se ven opacados por el dulce de lechosa y la torta negra.

Sin embargo, cuando se pregunta de manera informal sobre los platillos típicos de la mesa decembrina criolla, siempre se mencionará su nombre. Se hace a partir de un tipo de auyama, zapallo o calabaza confitera, que consiste en un “vegetal de color blanco cuyo interior se presenta en forma de madeja enredada”(1), que raya casi en lo desabrido al punto que necesita de la presencia de la piña y el azúcar para obtener el sabor.

Su origen como tal es incierto, sin embargo, Ivanova Decan afirma “Los dulces de frutas en almíbar, protagonistas destacados de nuestro patrimonio gastronómico, son expresiones del mestizaje cultural inherente a nuestra identidad como pueblo. Las frutas que integran el grupo de conservas criollas ya enumeradas son, en su mayoría, producto de la munificencia de estas tierras, pero el papelón y el azúcar, derivados de la caña, llegaron después de la Conquista así como también, las técnicas de elaboración”(2)

Por otra parte, Decán expresa en la misma investigación que “historiadores de la alimentación y la gastronomía coinciden en afirmar que la práctica de confitar frutas es originaria del Medio Oriente y llega a Europa gracias a los cruzados, quienes además trajeron consigo el azúcar de caña, de cultivo milenario en territorios asiáticos”(3).

Alquimia de tres

Para su elaboración se necesitan básicamente tres ingredientes: un cabello de ángel – que además está disponible todo el año, así que no se trata de una fruta de estación-, azúcar y piña rallada. No exige especias, más allá de un toque de extracto de vainilla que va discreción de quién lo elabora. Tampoco amerita mañas, solo mucha atención y seguir las recomendaciones básicas.

Tan simple es la receta que incurre en el campo de que a poca gente le queda realmente bien. ¿El secreto? Cocineros experimentados aseguran que van desde no cortarlo transversalmente para no dañar la hebra, hasta el hecho que algunas recetas establecen la cocción previa de la fibra antes de incorporar el azúcar, en cambio, otras fórmulas aseguran que hay que almibararla en crudo. Difícil saber cuál es el procedimiento idóneo, porque los resultados en ambos casos son satisfactorios. De allí en adelante, sería solo especular en el campo de la kinestesia de la culinaria, que va desde el material de la olla, la humedad del aire, el estado del ánimo del cocinero y en el caso de las mujeres, su ciclo menstrual.

Otras advertencias son claras en el hecho de extraerle al cabello de ángel las semillas porque lo amargan y una recomendación básica en estos casos, vigilar que no se pegue al fondo de la olla.

Llama la atención que esta receta solo aparezca en libros de cocina caraqueña, en otros lugares de país se preparan dulces de todo tipo de frutales menores como hicacos, pomarrosas, semerucos, ponsigués, riñones, limonsones, pero el cabello de ángel brilla por su ausencia. Pero nadie se atreve a afirmar que su acta de nacimiento está en la capital, incluso recopilaciones de dulcería criolla lo ignoran olímpicamente.

En la cocina mexicana, también hacen un dulce con este vegetal al que ellos señalan como zapallo, solo que lo preparan azucarado, se parece más a una conserva. Pero al igual que en nuestros fogones, se expresa con desesperante timidez.

El dulce de cabello de ángel obedece a la debilidad del paladar criollo por el azúcar, y forma parte de la gran variedad de dulces criollos, lo que no queda claro es su relación con la mesa navideña, pero la armonía de sabores de establece con tortas negras y otros otras delicias es innegable, por eso, aunque en segunda fila su presencia siempre es bienvenida en las festividades de fin de año.

Calabaza confitera azucara. Fotografía tomada en el mercado de Xoximilco en México.

(1) CARTAY, Rafael. ABLAN, Elvira. Diccionario de la Alimentación y Gastronomía en Venezuela. Fundación Empresas Polar. Caracas, 1997

(2) DECAN, Ivanova. De las brumas de la memoria a la transparencia del almíbar. Trabajo de incorporación a la Academia Venezolana de Gastronomía. Junio 2010.

(3) IDEM

Texto de mi autoría publicado en la revista Bienmesabe de diciembre 2010 para la sección «Así somos con gusto»

 

El sabor de la Caracas de Pedro Mezquita

Siento especial debilidad por Pedro Mezquita. Me explico mejor para no caer en malas interpretaciones, propias del Mercurio retrógrado de estos días. Mi debilidad nace en la admiración por su trabajo, por la visión de la gastronomía de una ciudad tan compleja como Caracas, que no se queda en restaurantes de moda y en los municipios Chacao y Baruta – que tienen todo su mérito – pero son apenas un porcentaje de una ciudad compleja, heterogénea, sorpresiva, llena de historias, de emprededores y de embarcadores, de tradiciones e innovaciones culinarias.

Pedro no le teme a explorar la ciudad, a ensuciarse la ropa, a sudar, a preguntar. Por eso la quinta edición de la Guía Climax sobre Caracas y sus sabores, es una bitácora de la ciudad vivida desde la mesa . Más allá de los datos puntuales sobre restaurantes, incluye, barras, taguaras, botiquines, cuchitriles y cuanto rincón para saciar el hambre se tope por ahí, muchos de ellos nada glamorosos pero rebosantes de buena sazón.

La guía está conformada por 365 lugares que se pasean por toda Caracas, desde las zonas más obvias y ecopetadas, hasta esa a la que mucha gente no se atreve a traspasar por miedo (especulo yo), es decir, de Plaza Venezuela hacia el oeste y sur oeste.

Referencias con historias de familias, anécdotas, explicaciones sobre por qué preparan un platillo determinado en un lugar dada la tierra de origen de sus dueños. Recomendaciones de todo tipo y sobre todo, Pedro es un persona que vive literalmente cazando nuevos lugares, rechequea los ya existentes, pregunta, escucha lo que otros descubren, coteja, descarta y no complace.

Para los amantes de la buena mesa, para quienes deseen descubrir «la otra ciudad», incluso esa que con tanta pasión expresa cada jueves en su página del diario El Mundo, recomiendo ampliamente esta guía, que divide Caracas en Noreste (La Florida, El Rosal, Chacao, Altamira, Campo Alegre, La Castellana, Los Palos Grandes, La Carlota, Sebucán, Boleíta, Los Ruices, El Marqués, La California), Ciudad (Colinas de Bello Monte, Los Chaguaramos, Santa Mónica, Centro, Avenida Victoria, Sabana Grande, Bello Monte, Los Caobos, San Bernardino, La Candelaria, El Paraíso), Sureste (Las Mercedes, Chuao, Los Samanes, Santa Rosa de Lima, Prados del Este, Baruta, Manzanares, El Hatillo, Los Naranjos, Macaracuay) y un especial sobre Galipán, compuesto por 6 referencias detalladas sobre los lugares para ir a comer.

La Guía Climax se puede adquirir en todos los quioscos y tiene un costo de Bs. 60. Una inversión suficiente y necesaria para entender y experimentar el verdadero sabor de esta ciudad de locos.

Dulces y cremosos 110 años

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El Ponche Crema de Eliodoro González P. celebró su cumpleaños 110. Tal como reza el dicho popular «se dice fácil», pero en un país donde todo es efímero y la memoria cortica es un mérito digno de quitarse el sombrero.

Esta bebida es sinónimo de Navidad, celebración, tradición, buenos cócteles. Se trata de una venezolana que ha viajado por el mundo y el país con las mejores referencias, en maletas llenas de ilusión y nostalgia, que hoy después de un poco más de un siglo, goza de excelente salud.

Recientemente, soplamos el centenar de velitas en una celebración, que me atrevo a calificar como de las mejores de 2010. El Cuarteto, Laureano Márquez y el grupo vocal 7 Palos, hicieron un recorrido de historia, música y humor por las once décadas en las que ha estado presente Ponche Crema en nuestra mesa; travesía a una Venezuela llena de posibilidades, que alborotaron recuerdos, nostalgia y emoción. Mil gracias por la invitación y que cumpla muchos más.

Nota: las imágenes corresponden a todas las etiquetas de Ponche Crema a lo largo de su historia.

Los turcos de la avenida Victoria



«Anoche me comí el mejor shawarma que me he comido en mi vida. ¿Se acuerdan del restaurante turco, con cocineros de ese país recién llegados, que había abierto y que luego cerraron porque los socios se pelearon? Bueno, volvió a abrir hace pocos días para ofrecer shawarmas, de pollo, carne o mixtos. También hacen sanduches de falafel y los jueves viene una cocinera de Damasco, recién bajada del avión, a cocinar exquisiteces. El localcito, dice Rolfi, está siempre full desde que abrió. Anoche no era la excepción. El dueño nos comentó que pronto ofrecerán shawarmas de cordero y que se trajo de Turquía los propios implementos de cocina para cocer las carnes, solo espera que le hagan unos ajustes con el tema de la electricidad para colocar los hornos (no sé si sea el término correcto) en el restaurante y que los dos chicos que cocinan se den ese gusto. Según el dueño, estos muchachos son artistas, y estoy de acuerdo.
El dueño dice que antes en Venezuela el mejor shawarma se comía en Barquisimeto, luego fue Puerto La Cruz la ciudad que presumía de la calidad de este plato, pero ahora, dice, «el mejor shawarma de Venezuela se come en la Av. Victoria».

La propuesta es esta, ideada anoche por Vanessa: desayuno empanadas chilenas, merienda en la panadería Roma, almuerzo de costillas en los chinos, merienda en la panadería Roma, cena en los turcos. El tiempo entre comidas se puede dedicar a beber alcohol y ver películas. Y si alguien quiere vomitar para seguir comiendo, también lo puede hacer en esas horas «muertas».

Texto escrito por mi amigota y periodista Elsa Pilato. En verdad, su destino no era el blog sino un correo privado para mi grupo de amigas, que nos mantenemos unidas desde nuestros años universitarios, pero le quedó tan bueno que no resistí la tentación de publicarlo.

Pimienta rosa en plena vía


La pimienta rosada no es una variedad de pimienta, nace en racimos de bayas del arbusto conocido como pimentero brasileño o turbinto (Schinus terbinthifolius). Se trata de una especia bastante costosa, muy aromática y gustosa, incluso se recomienda utilizarla con moderación porque puede llegar a ser tóxica, por sus altos niveles de cardanol, un fenólico muy irritante.

Lo cierto es que esta maravilla crece en algunas avenidas de Caracas, es posible que miles de veces se haya estacionado o resguardado del sol bajo sus ramas y ni siquiera lo ha notado. Se le puede ver en redomas, islas, aceras, al lado de paradas de transporte público y quioscos de periódicos.

En una vuelta de tarde de domingo, nos fuimos a recolectar bayas de pimienta rosada. Bolsita en mano, Ileana Matos, Chuchó Rojas y yo, surtimos nuestras despensas de esta variedad que crece casi silvestre entre nosotros. Encontramos de los dos tipos: rosada (Shinus terebinthifolius var. acutifolius) y otra más rojiza (Shinus terebinthifolius var. terebinthifolius).

Pero no es de extrañarse, en las calles de Caracas se dan sin pudor en acto de generosidad de la naturaleza, mangos, mamones, ponsigués, cafetos, limones (especialmente en La Florida y Altamira) y en el Litoral se topará con semerucos o cerecitas, almendrones, uvas de playa y cocos.

La pimienta rosada le da un toque delicado a carnes blancas y mezclada con queso de cabra puede traer el silencio y disfrute a una comida. No me pidan la dirección exacta de dónde encontrarla, juré que no lo diría y esa fue la condición para que me dieran el dato. Pero estén atentos, solo hay que afinar la vista.


Ileana y Chuchó en plena faena de recolección.

El Golfeado es una golosina de queso y papelón

Masa suave y gomosa presentada con forma de caracol, saturada de papelón con dos tipos de queso y anís, se muestra como una de las piezas de bollería criolla mejor logradas. Las pistas sobre recetas precedentes son abundantes, pero como sucede con nuestro argot culinario, borramos los antecedentes hasta convertirlas en propias. Sin lugar a dudas, el golfeado es más venezolano que el tricolor nacional. Una golosina de queso y papelón.

El golfeado o golfiado es una pieza de bollería criolla que puede tener muchos puntos de inspiración en otras culturas, pero ha evolucionado a tal punto que ostenta el punto exacto de originalidad que refleja la manía venezolana de mezclar lo dulce y lo salado.

Ese espiral de masa suave, casi gomosa, con sabor a anís, papelón y queso criollo, coronado con un trozo fresco de queso de mano, es la debilidad y la conexión con el placer y recuerdos “felices” de paladares criollos.

 “Corresponde a la cultura del trigo aportada por los europeos, no sería difícil seguirle la pista”, afirma el historiador y gastrónomo Germán Carrera Damas. Pudo inspirarse en las caracolas francesas, en los cinamon rolls norteamericanos o en los Chelsea buns ingleses, porque a todos se parece, pero de todos se diferencia, solo se mantiene la relación con la forma y el uso de azúcar morena o moscabada, que en nuestro caso encontró sustituto en el papelón. El golfeado es el único que incorpora queso a la receta.

 “Como todo plato de condición criolla, reelaboró elementos de diversas cocinas, integrándolas a una nueva concepción del gusto: la mezcla dulce y salada”, asegura Carrera Damas. Unido al hecho que la gastronomía venezolana expresa una particular debilidad por el uso del trigo, traída por europeos.

Así que entre tanto panadero italiano o francés que emigró a nuestra tierra, cualquiera pudo cargar consigo una receta similar y adaptarla al gusto local, sustituyendo sin pudor algunos ingredientes por los que estaban a la mano.

 ¿Recuerdo o realidad?

“Actualmente son pocos los lugares donde los golfeados son óptimos. Lo que tiene la gente es un recuerdo de unos muy buenos que comían de niños y se conectan con una época feliz”, asegura el panadero Juan Carlos Bruzual.

 “El secreto de vender golfeados es que siempre estén calientes porque el papelón cuando se enfría endurece la masa”, asegura Bruzual. Sin embargo, sus adeptos son incontables, con preferencias claras que se ve reflejadas principalmente en la presencia del queso fresco.

 Pero el golfeado, como todo plato que llega al país, entra en una espiral de metamoforsis infinita, porque los panaderos le añaden chocolate de leche o amargo, pasas, canela, nueces y versiones “saladas”, con jamón y queso amarillo. Incluso ha entrado en la inexplicable tendencia de llevar todo a dimensiones de un bocado.

 Sin embargo, los golfeados se imponen a media mañana o media tarde, cuando el cuerpo pide a gritos un manjar saturado de azúcar. Muchas panaderías se han hecho famosas por la calidad con que los preparan, al punto que entre panaderos hay dos recetas que aseguran el éxito de un negocio, si se cala en el gusto de los comensales: pan de jamón y golfeados.

 ¿Petareños de nacimiento?

Pocos hechos están claros sobre el origen de los golfeados, por ejemplo, se sabe que no es un platillo que se da al calor del hogar, sino de la mano de panaderos, quienes por lo general, son celosos para compartir recetas.

 Cuándo y cómo se decidió añadirle queso, permanecerá en el campo de las especulaciones, más allá de ese gusto de mezclar queso salado y azúcar, como sucede con la torta de queso criolla y las quesadillas.

 En la publicación sobre “Las crónicas de Petare”, el testimonio de Cruz Amado Fagundez señala, “Genaro y María Duarte entregaron a sus parroquianos sus golfiados. Harina leudada, horneada en su justo punto, delgada cinta con cinco vueltas, sazonada con melaza de papelón y queso. De los hornos rústicos, calentados con leña seca, cortada en los montes cercanos a Petare, salían humeantes y olorosos en grandes platones los golfiados de los hermanos Duarte. Los clientes consumían ávidos los primeros que salían de los hornos y hacían envolverse los que llevarían a sus hogares”.

 Incluso la palabra “golfeado” no da pistas de la receta o su origen, como sucede con los rollos de canela o las caracolas, cuya forma da paso a su nombre o en el caso de los de los Chelsea Buns o “bollos de Chelsea”, que dan cuenta de su lugar de nacimiento.

 Ruta del Golfeado

  • Panadería San Juan, en Maracay
  • Don Goyo, en los Palos Grandes y en el CCCT
  • En la Panadería Punta del Sol en Santa Eduvugis
  • Los golfeados más sabrosos de Guarenas y Guatire son los de la vía Cupo
  • En la panadería Los Golfeados de Macuto y en la Krol en Palmar al este Caraballeda
  • El Rey del Golfeado, en El Junquito
  • En el IEPAN en Chacao, hacen una tanda en la mañana y otra en la tarde.
  • Aroma Golfeados en Barquisimeto en el CC.Boulevard Plaza Los Leones, hacen desde mini golfeados hasta versiones con melao 5 especias, chocolate amargo y jamón magro.

Texto de mi autoría publicado en la Revista Bienmesabe de Noviembre 2010

La receta revolucionaria del Chef Guevara


Al Ché Guevara les gusta cocinar, ha emprendido una revolución culinaria y se transmite todos los lunes en la noche en el programa Radio Rochela por RCTV Internacional. Ahora se hace llamar el Chef Guevara, se desenvuelve en una linda cocina donde no falta nada. Lo acompañan el Cabo Ludo, la Teniente Tona y un público, colorado y entusiasta.

Coloca los ingredientes en una bandeja, la lleva al horno y de repente con la magia de la televisión, sale una maleta llena de dólares. También en pos de la austeridad decide preparar un “Ahorroz a la Marinera”, donde solo se utilizan tres granos de arroz y el aire de los camarones para que se puedan reutilizar. Pretende con eso alimentar a todo el público que con desconfianza prueba sus recetas, las vitorean, pero al momento de comerlas ofrecen resistencia. Pero no cuenta que el Cabo Ludo descubre una palangana de arroz escondida en el horno.

El Cabo Ludo asiste al Chef Guevara, le sirve pero en voz baja lo cuestiona o peor aún lo contradice con una ingenuidad sospechosa, hace las veces de un “Doctor Merengue”. De otro lado está la Teniente Tona, una mujer voluptuosa, incondicional, servil, hay tensión sexual entre ambos, personifica la tentación.

Las recetas tienen todos los ingredientes: mucho humor, actualidad, política e ingenio. Chupe Psuv, Lina Colada, Blody Maripili, Pasticho Ideológico, Morcilia Flores, Muchacho Adoctrinado, Bush de parchita, Evo Duro, Pollo Partriótico, Torta deshabilitada, Diosdao Cabello de Ángel, Patascón con queso, Tortellini Wilson, Islas Flotantes de Cuba, son algunos de las cuarenta dos recetas que se han transmitido semana a semana, destacando las dotes culinarias de este chef.

El chef y sus dos asistentes

“El chef Guevara está muy seguro de su cocina pero cuando dicen cinco y acción, él jura que le van a hacer un magnicidio. Por eso es que lo vez con los ojos pelaos mirando para los lados. El cree que todo está bajo control, pero desconfía del público, de la Teniente Tona, tiene muchas dudas con el Cabo Ludo, el cree en sí mismo, es muy desconfiado”, afirma el actor Juan Carlos Barry, que a medida que lo van maquillando va asumiendo el personaje, al punto que llega a ser confuso si habla el personaje o el actor.

“Cuando el personaje comenzó tenía una diatriba con el Cabo Ludo, su guerra era con él. Porque el jura, perjura, piensa que el Cabo Ludo es de la CIA, el hombre que le quiere dañar todas sus recetas culinarias. Hasta que apareció la teniente Tona que es quien le rompe el corazón detrás de cámara y trata de demostrarle a su pueblo que él no tiene nada con ella. Pero la Teniente Tona es la que le baja los calzones, porque representa todas las tentaciones, pero el Cabo Ludo entra a aguarme la fiesta, estoy seguro que está enamorado solo y me la quiere quitar”.

“Tengo amigos en gobierno que no son radicales y les encanta, hay unos que son extremadamente radicales y quizás me quieran incendiar, espero que no. Simplemente este es mi trabajo. Todo lo que sea parecido es mera coincidencia”, afirma divertido con vestuario verde oliva, barba postiza, peluca despeinada, una boina con una estrella amarilla y un delantal blanco, que en los primeros programas era rojos, pero los guionistas insisten que el cambio de color no tiene mayor significado, fue un asunto de la dirección de arte a razón del cambio de escenografía.

Mientras el maquillaje se ocupa de la transformación, Juan Carlos Barry se aprende el guión, el cual va mutando, porque los actores le imprimen su toque. Ensayan antes de grabar, poco a poco lo van aliñando con chistes, pero al momento que gritan “cinco y acción”, explota la creatividad, Roy Díaz – quien interpreta al Cabo Ludo – saca de la manga chistes ingeniosos que le dan colorido a sketch, Juan Carlos Barry intensidad y gracia, la Teniente Tona picardía y sensualidad y el público mucho ánimo. Vitorean las consignas “sin agua, sin luz, sigo con el Psuv” o “uh, ah, viene a derrochá … uh, ah, vine al despilfarrá”.

Este trabajo de mi autoría, fue publicado en la Revista Papa y Vino No. 16 (2008). A mi juicio uno de los mejores personajes que logró hacer La Rochela, especialmente en sus últimos tiempos. De humor muy fino e ingenioso, oograron la receta perfecta entre humor, política, actualidad y gastronomía. Si desean ver más videos en you tube se puede encontrar una buena selección.

Cuentos de las andanzas de José Luis en el norte


Siento gran admiración por el trabajo del chef José Luis Álvarez, un maracucho que con dedicación, disciplina, trabajo duro y humildad ha servido en las mesas exigentes de este país. Ahora extiende su trabajo a otras fronteras y la Academia Venezolana de Gastronomía ha dispuesto del espacio para escuchar todo lo que Álvarez narrará de su reciente viaje a Estados Unidos.

«Tenemos evidencias de la conquista de paladares extranjeros a través de nuestros sabores y fuera de nuestras fronteras. En ciudades como Toronto, Boston, Nueva York, Napa, San Francisco, Madrid, por citar algunas, hay ejemplos de ello. Los invitamos a conocer las opiniones, impresiones y experiencias de un cocinero venezolano, José Luis Álvarez, quien, lejos de su tierra, quedó maravillado cuando vio “a la gente haciendo cola para probar nuestras deliciosas arepas“. Allí supo que exportar nuestra cocina no sólo era posible, sino que había llegado el momento de hacerlo», versa la invitación.

Fecha: jueves 18 de noviembre
Lugar: Sala Cabrujas, sede de Cultura Chacao
Hora: 6:30pm
Costo: Bs. 30. Depósito o transferencia, Cta. Cte. Banco Venezolano de Crédito 0104-0018-05-0180006427 a nombre de Academia Venezolana de Gastronomía, Rif. J-313370632-2. Pago efectivo en la sede de evento entre 5:30 pm y 6:10 pm, previa reservación confirmada.
Contacto: Mercedes González. Puede reservar enviando mensaje de texto con la palabra CONFERENCIA, nombre y apellido al 0414-1305402.
academiagastronomia@gmail.com o enviar copia identificada de depósito al telefax: 0212-9932107