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Corazones hasta en la sopa






Corazonada: una iniciativa creativa y fresca de la gente de JMC Y&R, agencia de comunicaciones integradas, quien con la excusa del Día del Amor y la Amistad encontró un espacio para consentir a sus clientes, fabricando corazones de todos los tipos, clases, colores y espíritus. Cada corazón se inspira en su destinatario, incluso tiene un código para que no queden dudas y anular cualquier espacio a las falsificaciones. Todos los miembros de la agencia se animaron a participar, algunos hicieron dos o tres y algunos hasta ocho, para completar 150 corazones que cautivaron en una efímera exposición de un solo día, en los espacios del Restaurant La Guayaba Verde.

Para los tórtolos que aún no deciden dónde pasar la velada de los enamorados, tres opciones de tres restaurantes de Caracas, para el viernes 13 y el sábado 14. Todas son buenas, solo depende del gusto y del bolsillo …. sin lugar a dudas.

Restaurant Le Gourmet:

El menú tendrá como entrada una selección de Langostinos en tres dimensiones, a la que le seguirá una Crema de Vichyssoise y coco con vieiras salteadas.

Como plato principal el menú contempla un Mero con risotto de hinojo y cítrico, para continuar con un Lomito de Cerdo con trufa y Pommes Anna. Cierra la propuesta con un toque de dulzura, presente en una Confitura de tomate de árbol, patilla y su espuma, con crema helada de yogourt y Petits Tours.

El costo del menú es Bs.F. 480 por persona, no incluye IVA, ni servicio. Para hacer reservaciones comuníquese por: 9097220 / 7221.

Restaurant Il Patriarca:

Corazones de alcachofa a la Veneta
Mousse Arcobaleno
Carpaccio de mero

Risotto mingo langostinos y whisky
Tortellini en consomé o a la crema con funghi porcini

Robalo a la veneciana
Magré de pato Doña Flor
Cordero al Vino con puré de castañas y arroz salvaje

Postre

El costo del menú es de 295 por persona (no queda claro si incluye el IVA y el Servicio). Ubicado en el Centro Plaza los teléfonos para reservaciones son: 2854318 / 2861516. Ofrecen servicio de valet parking.

Restaurant La Guayaba Verde:

Codornices con salsa de ciruela y vino moscatel, sobre arroz
glutaminoso con cebollín y nueces
Falda enrollada con salsa de curry, acompañado de berenjena,
pimentón y hojuelas de papa
Langostinos enrrollados con fetuccinis de ocumo sobre puré de
zanahoria y salsa de cacao y curry

Postre:

Crêpe Suzette al ron de naranja

El costo por persona está alrededor de los Bs.F.80 sin incluir IVA, servicioy alguna entrada. Ubicado en los Palos Grandes puede llamar al teléfono 2859245.

NOTA: ninguna propuesta considera el tema del licor porque debido al proceso electoral estará vigente la LEY SECA a partir de este viernes.

Beísbol, comilona y cervezas


Ondea la bandera de los mejores


Triple play: esta bolsita contiene una combinación de platanitos, chicharrón y papitas. Solo la venden cuando el Caracas es home club

«Al estadio además de ver el juego uno viene a comer y a beber», con esta afirmación inició la incursión en el estadio universitario mi amiga Elsa Pilato, quien es fanática de los gloriosos Leones del Caracas.

Sin lugar a dudas, en el estudio se come de todo, apenas uno pasa los torniquetes el olor a hamburguesas, perros calientes, choripanes, parrillas y arepas, hace imposible sentarse sin comer una «cosita» para hacer estómago. En mi caso hacía mucho que no me comía una buena reina pepiada, que por cierto estaba mundial, acompañada de una cerveza.

Confieso que me decidí rápido por la arepa, porque la llevaba en la mente desde que salí de mi casa porque de lo contrario hubiese sido una difícil decisión.

Elsa y yo asistimos a un juego de Leones del Caracas contra los Cardenales de Lara, entonces como Caracas era home club solo vendían cerveza regional, que me pareció terrible, porque estaba desabrida y caliente, entonces a cuenta de qué obligan a los fanáticos a beber lo que a ellos les da la gana y además de terrible calidad. Con el corazón en el mano, juro que extrañé mis soleritas. Dadas las circunstancias, al muchacho de las cervezas le bastaba solo una seña para enviar las birras de dos en dos hasta el último inning, cerramos cuentas contando la cantidad de vasos vacios.

La desventanja de beber tanta cerveza en el estadio es que con una frecuencia de cada tres innings dan ganas de ir al baño, entonces hay que sortear un montón de obstáculos entre pedirle a la gente que se levante de su asiento, los tipos de la cerveza, los vendedores y la gente que tiene la misma necesidad que uno.

Antes cuando el Caracas pegaba un hit o anotaba una carrera, la gente enardecida tiraba lo que tuviera a la mano, incluida las cervezas. Jamás olvidaré un Caracas-Magallanes, que además me tocó estar del lado del Magallanes, que llegué a mi casa empapada. Pero ahora eso ha cambiado mucho, incluso por los altavoces alertan que quien haga eso lo penalizan con multas en unidades tributarias o su equivalente en horas de servicio comunitario. Lamentablemente esa mala costumbre no ha desaparecido por completo.

Sin embargo, cuando uno se sienta es cuando comienza a pasar comida de todo tipo. Tequeños, maní, pistacho, papitas, pizzas, sandwichs, es increíble la cantidad de comida y que circula entre los espectadores del juego, incluso en el área VIP se puede pedir hasta servicio de whiskey.

Lo cierto, es que lo pasamos muy bien, además esa noche ganaron los Leones, así que la alegría fue doble. Si van al estadio vayan con hambre, con dinero en el bolsillo y con ganas de comer y beber porque el objetivo es fácil de alcanzar. Solo me quedé con ganas de comerme una parrillita de esas que dicen que son de carne perro. Otra vez será!


En el toldo dice» demasiado bueno», allí venden hamburquesas, perros calientes y choripan


Misanplas para perros y choripán


Estos tequeños los pasan a cada rato cuando uno está sentado pero son infames. Los buenos son los de la marca Tequechongo rellenos de queso Paisa, que pasan de vez en cuando y que se acaban en un momentico.


Estas dos amigas se fajan a hacer arepas pero no pichirriaron la sonrisa para la foto


Este señor estaba cerquita de nosotras, se comía con gusto un pepito relleno de carne asada y queso fundido. No estoy segura del aspecto, pero a juzgar por el entusiasmo con que se lo comían no dudaría que sabía muy bien.


Elsa y yo, aupando a nuestro equipo.

Venezuela ganó el campeonato mundial de bartenders

Qué orgullosa me siento porque el venezolano José Abarullo ganó la copa mundial de bartenders, que se llevó acabo el pasado diciembre en Bordeaux, Francia.

José Abarullo lleva casi veinte años en el oficio, trabaja en la tasca El Contador del Colegio de Contadores Públicos del Estado Anzóategui, un lugar que podría pensarse cubriría de sombra a cualquier persona por lo escondido o dicho de otra manera, por la poca exposición pública que pudiera obtenerse desde allí. Pero cuando la gente es buena y ama lo que hace eso no se puede ocultar.

Cuando José Abarullo ganó en la final nacional celebrada en Caracas, ni el mismo se lo podía creer, hacer que dejara de saltar y llamar a sus afectos por teléfono para entrevistarlo fue casi un acto de hipnosis. En esa ocasión me comentó que además de estar muy emocionado se prepararía para dejar el nombre de Venezuela muy bien ubicado, en una competencia donde asisten representantes de más de 40 países y donde Venezuela acudía por segunda vez.
En ese entonces, me contó que consideraba su mayor competencia los países asiáticos y europeos. Pero ahora la historia es otra, destrás de él en la ronda final quedaron los alemanes, los brasileros y los polacos.

En la ronda eliminatoria concursó con el trago que lo hizo ganador en Venezuela llamado Cupido elaborado a base de Ponche Crema, crema de menta y fresas. Luego en la ronda final le dieron una «caja misteriosa» que contenía algunos ingredientes y detrás de él habían todos los licores imaginables, entonces en 10 minutos tenía que inventarse tres cócteles. «No te imaginas mi sorpresa cuando abrí la caja y contenía un mango, una piña y un melón, fue como un aviso de Dios, justo en Francia que me saliera un mango a mi», me contó José muy emocionado.

Lo cierto, es que José quien me aseguró que le habla a los licores y les pide lo que necesita, tuvo una comunicación excelente con ellos en tierras galas.

Desde este espacio, mil felicitaciones, estoy segura que a este éxito lo seguirán muchos más y para el resto de los mortales, una lección más que sobre el ego y la espuma, la calidad, la disciplina y humildad siempre tienen los puntos a favor.


José Abarrullo el campeón mundial. Allí estoy junto a él y Diego Alvarez quien quedó entre los semi finalistas a nivel mundial.

II Festival de Cocina Amazónica


Cornetes de topocho con desmechado de bagre al curry y mayonesa de seje y culantro


Mini strudel de gusano moriche


Raviolis de manaca relleno de confit de aptto real en caldo de tupiros asados

La cocina amazónica alza la voz, salta y hace muecas diciendo estoy aquí, tengo mucho que ofrecer, tengo indentidad, razgos que me hacen única e ingredientes fabulosos. Así que la tarea del II Festival de Cocina Amazónica fue colocar todos esos actores sobre el escenario. Durante dos días, el chef Nelson Mendez y su equipo de chef conformado por Oswaldo Feo, Egidio Rodríguez, Carlos Lazari y , además de Federico Tischer, Raison Fiori y Chuchó Rojas como chefs invitados, hicieron las delicias en pleno Puerto Ayacucho.

Aunque el menú inicial anunciaba 23 preparaciones, esto no se cumplió en totalidad. Pero se preparó una amplia gama de platos que cumplieron el objetivo de esta actividad,demostrando cuan interesante y variada puede ser la gastronomía amazónica con el uso de las técnicas culinarias adecuadas.

Las modificaciones en el menú se debieron a dos factores: en primer lugar, muchos de los ingredientes son estacionarios y fue imposible dar con ellos. Y en segundo lugar, a mi parecer no habían las mejores condiciones para cocinar, sé que los organizadores pusieron su mejor esfuerzo pero no es sencillo trasladar todos los requerimientos de una cocina a un ambiente tan difícil como con el que se enfrentaron los chefs.

Posiblemente también fue muy ambicioso presentar una propuesta tan amplia, pero más allá de eso, las dos noches del festival fueron muy buenas. La primera sesión llevada por el equipo del Chef Nelsón Mendez y la segunda por los chefs invitados. Me gustó mucho ver la respuesta de los lugareños a esta propuesta. Cuando estaba sentada entre el público me hacía mucha gracia escuchar cómo se sorprendían por el uso que le daban a ingredientes que para ellos comunes, como el caso de la manaca, la guayaba arazá, la catara, el aceite de seje, algunos tipos de peces, pato, mañoco entre los más sobresalientes, pero también noté el orgullo de mostrarle a toda la gente foránea que asistió que forman parte de eso.

Si bien el chef Nelson Mendez ha hecho un trabajo importantísimo promocionando el espíritu del lugar donde nació, representado a través de técnicas de cocina clásica, no dejo de pensar en cómo trascender la curiosidad, el tocar los miedos y pruritos que provocan los insectos, para surgir como una propuesta sólida que haga un aporte real a la gastronomía criolla.

En Puerto Ayacucho la dieta de sus habitantes es interesante, conformada por peces de rió, yuca y todos sus productos y derivados – como mañoco, yare y casabe – frutas, algunos animales de caza y uno que otro insecto. Pero en sí el mundo de los peces de río es fabuloso, variado y habría que que evaluar los costos. Es decir que la cocina amazónica es mucho más que insectos y arañas. Guayaba arazá, guama, manaca, seje por citar algunos ingredientes expresan sabores y texturas interesantes que podrían adaptarse perfectamente a la cocina internacional.

Entonces, dónde veo los mayores inconvenientes? En el suministro y en la producción. Cómo transcender el mercado de los sábados donde incluso fuera de temporada no es sencillo encontrar muchos de los ingredientes. Cómo lograr que el pato azul logre superar todos los requerimientos de exportación porque la calidad está allí, lo que no me queda claro es el cómo sacarlo del sur de Venezuela, cumpliendo las normas internacionales o sin ser tan ambiociosos, proveerlos con regularidad a los restaurantes en Caracas, Maracaibo o Valencia, sin necesidad de transportarlos en una cava de anime en el avión.

A mi parecer, la experiencia de la cocina Amazónica en Amazonas ha sido muy enriquecedora, me abrió una nueva dimensión y me sacó del asombro para darme una perspectiva más real, ojalá que logre salir de su nicho, porque hay con qué.


Los chefs Egidio Rodriguez, Federico Tishner, Oswaldo Feo y Nelson Méndez


Los chefs en plena presentación


En el backstage de la presentación, los invitados no se pelaban ni uno solo de los platos. Todo estaba muy sabroso.


Aquí estoy con el chef Carlos Lazari (popularmente conocido como Lucho), a última hora hice las veces de asistente pero muy glamorosa con mi collar de conchas de babo.

El Mercado Libre de Puerto Ayacucho


Venden casabe de todos los tipos y colores, en este caso es el tipo galleta. Esta muchacha era la única que lo vendía, realmente una delicia, crujiente, suave y ligeramente dulzón, ya que lo hacen con yuca amarilla. De los mejores que me he comido en mi vida.


El chef Nelson Méndez negociando unos Tamarí (insectos) ante la mirada atenta de Inés Peña, quien no pensó dos veces en meterse uno en la boca pero necesitó la ayuda de Nelson para comprarlos porque la señora se negó rotundamente a vendérselos , por qué razón ???? aún no se sabe. Nelson le explicaba que había que quitarles la cabeza para comérselos, pero en ese momento el Tamarí que luchó por su vida hasta el final le dió un picotazo en el dedo. En la otra foto, piñas del Amazonas, son tan dulces que parecen que se cocinaron el almíbar, yo me traje una hasta Caracas y no me arrepiento.


De cerquita los Tamarís de la negociación.


En esos empaques de hojas verdes transportan el casabe.
En la otra gráfica, taparitas de todas la formas posibles.


Este fruto se llama Túpiro, perfecto para jugos, jaleas y siropes.


Casabe tipo pajoso, es grueso, húmedo y lo utilizan para echárselo a las sopas. En este caso, el chef Chuchó Rojas los tostó con aceite de oliva y acompañó las mollejas de pato que preparó en su demostración.


La dieta de la gente de Puerto Ayacucho es rica en pescados de ríos, porque cuentan con una variedad increíble: Bocachicos, Pavones, Curvinas de rio, Morocottos, Puritos, Sardinetas, Caribes, Palometas, Payaras. Si uno lo desea los venden con rallitas cortadas a los lados, lo que ellos llaman relajalos o arrollados, por eso cuando uno come pescado que casi siempre es frito, viene con unas rallitas que más que decorativas contribuyen a la suavidad de la carne y a no sentir tanto las espinas, porque los peces de rio suelen ser ricos en espinas.


Los pescados con naranja con Caribes y los otros se llaman Puritos

Todos los sábados a la salida del sol funciona el mercado libre de Puerto Ayacucho, ubicado a plena callen entre el cruce de dos avenidas. Está lleno de puestos donde se puede encontrar varios tipos de casabe, tubérculos, pescados de rio, aves, insectos y frutos propios del Amazonas.

Me sentí como si formara parte de un cuento de García Marquez o de Vargas Llosa, en un ambiente mágico, en una ciudad de frontera ubicada sobre la rivera del Orinoco en plena Amazonas, con personajes tan diversos y facinantes que mi imaginación volaba en historias y recuerdos de cuentos y libros.

Venden frutos y peces que no tenía ni idea de su existencia, con nombres hermosos pero nuevos para mi vocabulario. La mayoría de los puestosson atendidos por indígenas de diferentes etnias, con sus rasgos tan característicos y su mirada difícil de descifrar. Como en todos los mercados libres, no se hace fácil caminar, entre la mercancía acomodada en el suelo, los transeúntes y los carros. Además de la música, puestos de comida, en especial arepas y empanadas, vendedores de helados, jugos y bolsas.

Tuve la suerte de ir acompañada del Chef Nelson Méndez, quien como buen lugareño, estaba en su hábitat y conoce todos los nombres de cuanto pez y fruto se nos cruzaba en el camino. No quería perderme nada, así que como si fuera una garrapata no me despegué de él con una libreta en una mano y la cámara en la otra.

A cada rato me decía, «prueba esto, es tal cosa y se usa para tal otra». También nos acompañaban Federico Tischler, Chuchó Rojas, Reison Frioni, Inés Peña y el fotógrafo Eduardo Arévalo quienes ese día hicieron la compra para la presentación el festival gastronómico que se llevaría a cabo en la noche.

Se me encogió el corazón cuando un señor le dijo a Nelson en voz baja y en tono de complicidad, «pídame lo que necesite que yo se lo consigo», entonces pensé que así con clandestinidad y cierta impunidad se están agotando los recursos naturales del Amazonas, porque si bien Nelson le dijo que no estaba interesado, siempre habrá una persona que si lo esté, pero este cuento es el pan nuestro de cada día y lo he visto en muchas ciudades de Venezuela.

También me impresionaron los tamaños de algunos frutos como el caso de las auyamas y las hojas de culantro, donde supongo influye la alta pluviosidad del lugar, pero lo cierto es que cuando vi el culantro me soprendí que en ese lugar vendieran rúgula y cuando pregunté no pude ocultar mi asombro.

Aunque la visita fue corta me gustó lo que vi, sin olores desagradables y tal como comentó el chef Reison Frioni, cada cosa ocupa su lugar, es decir, donde venden pescado solo venden pescado, donde venden carne, solo carne y así sucesivamente. Pero no utilizan la misma tabla y cuchillo para cortar indistintamente cualquier tipo de carne, porque de esas malas prácticas vienen la contaminación entre los alimentos. Y el comentario se produjo como reflexión al mal habito que tienen algunos supermercados y restaurantes de usar las tablas para picar cualquier cosa, cuando ahora se cuentan con diversos colores para no confundirse.

Si visitan Puerto Ayacucho, no se pierdan esta oportunidad, es como entrar en la dimensión desconocida pero sin sorpresas desagradables, una vivencia que se quedó en memoria para siempre.


La yuca, al igual que otros tubérculos están presentes en todo el mercado, lo cual es un rasgo típico de las dietas indígenas.


Mapuey Morado.


Federico Tischler, Chuchó Rojas, Nelson Mendez y Reison Frioni …. cuatro chefs en plena faena de mercado, fue un gustazo acompañarlos.


La famosa Catara que la venden en todos lados, hecha a base de yare, bachaco culón y ajíes. Su presencia es muy importante en la dieta de la gente de Amazonas, toda una delicia.


Me llamó la atención la manera como este puesto presentaba los vegetales, todos mezclados: plátanos verdes, yuca, cebolla en rama, culantro, ajo porro, auyama, ocumo, mazorcas.


Estas bolas verdes las hacen de Carurú, tienen un sabor entre acelga y espinaca, las venden ya cocidas y «ovilladas».
En la otra foto, aunque parece rúgula, en realidad es culantro, que le da un sabor delicioso a las comidas.


Esta vaina muy larga se llama Guama, por dentro su carne muy parecida a la guanábana es blanca, suave, dulce y jugosa. Las semillas y la vaina luego se desechan.


Manaca en dos presentaciones. La Manaca es el fruto de una palma, son unas bolitas de color morado intenso, las cuales remojan o hierven para sacarles la piel y su interior es del mismo color, con eso hacen jugos y estractos que son fabulosos para cocinar. Un dato curioso, es que los lugareños advierten que no se debe mezclar este jugo con alcohol, ni siquiera bebiéndolos por separado porque se desencadena un proceso tóxico en el cuerpo.

Amazonas: a vuelo de pájaro


Vista del río Orinoco desde el avión llegando a Puerto Ayacucho


Puerto Ayacucho desde el avión


Recibiendo la energía positiva, al fondo la piedra de la Tortuga.

Mi atención se quedó navegando en el río Orinoco cuando llegamos a Puerto Ayacucho en el Estado Amazonas. Es una de las visiones más bellas que he visto desde un avión, una tierra verde intenso, con zonas más cubiertas de vegetación que otras, bastante plana, al punto que simula un gran tapete salpicado de piedras negras que hacen un estampado que quita el aliento, y en medio de esa tierra casi infinita el Orinoco la atraviesa, imponiéndose, haciendo imposible apartar la mirada de él.

Esa imagen quedará en mi recuerdo al igual que la llegada a Puerto Ordaz, cuando hipnotiza el caudal del Orinoco y el Caroní que van juntos sin mezclarse a lo largo de varios kilómetros, o la llegada a Coro, cuando desde el cielo parece que dibujaron un mapa en la tierra, la cabeza de la Península de Paraguaná, en especial el istmo, parecen delineados con creyones.

Puerto Ayacucho desde el aire se ve pequeña, muy pequeña, ante la inmensidad del paisaje donde está inmersa. Pero tal vez es la mejor visión de una población casi olvidada por Dios, plagada de gobernantes ingratos e indolentes, amenazada por la guerrilla por su proximidad con la frontera y de difícil acceso incluso por tierra.

Al bajarme del avión lo primero que se siente es la altísima humedad, sofoca un poco al principio pero no es complicado adaptarse, aunque el calor puede llegar a desesperar, la piel se torna pegajosa, la sensación de un eterno sudor que no se quita ni en la ducha y los mosquitos que dan la bienvenida antes que los lugareños.

La ciudad no es bonita, bastante desordenada, no muy limpia, aunque parezca descabellado con caos vehícular en sus principales avenidas, negocios de todo tipo, música altísima y estridente por doquier. Sin embargo, tiene puntos de interés como el mercado de los indígenas ubicada en la plaza Rómulo Betancourt y la Catedral consagrada a María Auxiliadora donde lo más impresionante es un Cristo pintado en el techo, que hace un juego óptico impresionante.

Lo más bonito son las afuera de la ciudad, rodeada de balnearios, comunidades indígenas, las instalaciones de Fudeci, atracciones arqueológicas y el Tobogán de la Selva que es simplemente alucinante, porque es una gran laja de piedra donde uno se desliza a gran velocidad hasta caer en un pozo simplemente delicioso.

La invitación a este viaje la hizo la gente del II Festival de Cocina Amazónica «Pejaijava« (no estoy segura cómo se escribe porque lo vi escrito de varias maneras), promovido por la Secretaría de Turismo del Gobierno Indígena de Amazonas, a quienes por cierto les doy la gracias por la buena atención, el cariño y las ricas comidas que organizaron para el grupo de periodistas y chefs que viajamos para la ocasión. También un gran abrazo a Martha Elena González quien organizó el grupo y se ocupó de atendernos.

Sin embargo, me quedé enamorada de la visión desde el aire, son esos momentos en que provoca ser pájaro y volar sobre el Orinoco y los numerosos ríos que confluyen en él. Es una tierra donde el agua está en todas partes, incluso flota en el aire.

En el corazón de la verdad


El equipo de las Revistas Papa y Vino, Blanco y Negro, y Previa Cita. Faltan Jacqueline Goldberg y Cristina Rafalli.

La editora de la Estampas Zulia y la famosa Loly Añez, editora de la Revista Papa y Vino.


Territorio Liberado. Maracaibo desde el avión.

Un cariñoso agradecimiento a los compañeros del Diario La Verdad, quienes me invitaron a compartir la fiesta navideña. Conocí cara a cara al equipo de la revista Papa y Vino, porque siempre nos comunicamos por teléfono o por correo electrónico. Me sentí muy contenta de ponerle cara a los nombres y voces con quienes suelo interactuar todo el tiempo.
Un aparte para la editora de la revista, Loly Añez, quien fue muy atenta y me hizo sentir como en casa. Fue un viaje relámpago pero me vine de Maracaibo muy entusiasmada y llena de proyectos.

Con sabor venezolano …..


Un libro de cocina del que los venezolanos podemos sentirnos orgullosos. CHOCOLATE PARA TODOS lo produjo Savoy, marca que pertenece a Nestlé de Venezuela, donde se ofrece un paseo por 60 recetas de postres que le quitan el aliento a cualquiera.

Las recetas han sido creadas por la chef Ana Teresa Sanz quien junto a la maquilladora de alimentos y fotografa Liliana Martínez, y la diseñadora Irene Turitto, han creado este hermoso libro donde podrán encontrar desde galletas, tortas, fondue, marquesas, budines y pare de contar, además de todos los niveles de dificultad.

Me encanta la propuesta gráfica de este libro, conozco el trabajo de Lililana Martínez quien tiene una sólida trayectoria en el food stylist, incluso ella fue la maquilladora de la portada de mi primer libro «El Fogón de Rolfini».

Por su parte, la diseñadora Irene Turitto es una de las mejores que conozco en Venezuela, su trabajo es impecable. Hemos hechos varios proyectos juntas y me encanta el manejo que hace del color y su sentido del espacio y de la proporción.

El libro lo venden en las cadenas grandes de librerías y en las paradas inteligentes. Aunque no estoy totalmente segura, cuesta sesenta bolívares de los fuertes y creo que para la calidad de la publicación Nestlé debe estar vendiendo a pérdida. Así que para mí se convierte en un excelente regalo de Navidad.

Mil felicitaciones al todo el equipo responsable de esta hermosa publicación.

¿Quién es el Chef?

«Donde el chef eres tú!», promete la cadena de comida rápida Chipi´s con la foto de una filipina sin cabeza que sostiene en sus manos una bandeja con sus emblemáticas hamburguesas. Pero esto no termina aquí, cuando alguien quiere hacer referencia a la calidad de la comida, aunque en realidad sea muy mala, dice que es la «selección del chef», «la receta secreta del chef» y algunos más osados te prometen que sin mayor esfuerzo ni conocimiento, convertir a cualquier persona en chef de cocina.

No pueden imaginar cuanta indignación me produce esta situación, porque esta es una profesión plagada de sacrificios físicos, profesionales y personales. Para ser chef de cocina hay que ponerle ganas, horas de pie, horarios alterados, un ambiente de trabajo duro que en muchos casos llega a ser hostil. Hay que lidiar con los empleados y con los proveedores, estudiar, madrugar, aprender y además mantener contento a los comensales, a los dueños de los restaurantes y a la crítica. Pequeña labor!

Entonces, cómo permitimos que se utilice nuestra profesión como icono del mercadeo, para que gente que no tiene nada que ver con eso pueda vender sus productos, avalados por un experto que en la mayoría de los casos ni siquiera ha participado en el proceso.

En la actualidad la fantasía colectiva es que cualquier persona que vista una filipina y combine con acierto o no, tres ingredientes se convierte en chef. Cualquiera dice que lo puede ser, como si ese título viene en los empaques de jabón o en las latas de cerveza. Lo que me lleva a pensar: acaso no se le puede decir lo mismo de los médicos, porque basándome en esto basta con recetar medicinas para serlo. O cualquiera que pegue tres ladrillos es ingeniero, o el que lleve su chequera o llene bouchers del banco es administrador. ¿Qué diferencia hay?

Pero la otra cara de la moneda, es que muchos chefs se prestan para eso, elaboran recetas para Mc. Donald y las firman, aparecen en cuñas asegurando que si compran tal o cual producto se serán como ellos, lo cual no solo pasa en Venezuela, sino a nivel mundial. Es compresible que en un mundo donde el estilo de vida nos lleve a comer de forma tan deficiente, la figura del chef surja como aspiracional, y que su voz surja como la de un experto que recomienda lugares o productos es comprensible y hasta beneficioso, pero de ahí a decirle «serás como yo»si compras tal o cual cosa es un diferencia muy grande.

Pero más que beneficioso ha sido perjudicial, se ha «puteado» nuestro oficio, se le ha restado valor. Aunque la gran ironía es que esta profesión de «super estrellas», encuentre su contrapeso en el poco respeto que se le preste al oficio en el que cualquier persona sin la más mínima preparación se sienta con autoridad de ostentar dicho título.

Cuando Santi Santamaría arremetió contra Mc. Donalds en el SIG del 2007, vi como muchas caras de colegas se arrugaron y luego en la intimidad hasta lo tildaron de loco e histérico, sin detenerse a pensar o a considerar las palabras del chef español.

Lo peor del caso es que las nuevas generaciones encuentran en esta profesión una vía rápida para ganarse la vida, sin que perciban cuan dura puede ser. No tienen idea del trabajo, la investigación y la constancia que exige, además de las lesiones típicas de la profesión como lumbagos, varices, problema de espalda, quemaduras y relaciones personales destrozadas, porque no todo el mundo está dispuesto a soportar una pareja con horarios tan exigentes.

Digo todo esto invitando a la reflexión, a mis colegas que se están organizando y colegiando les pido que entre sus estatutos y metas incluyan la dignificación de la profesión, el pronunciamiento ante promociones que merman nuestra imagen y el maravilloso trabajo que se desarrolla en una cocina, que se dignifique nuevamente la palabra «cocinero», esa persona que día a día alimenta a sus semejantes y tiene el don de hacerlo bien y con compromiso.

Hay que encontrar el equilibrio entre el respeto a la figura del chef – en esencia cocineros – y la proyección como palabra experta que tiene toda la autoridad para promocionar, recomendar o señalar lo que comemos.

Libros venezolanos sobre cocina que provocan

«Marida el goce con la erudicción», reza parte del texto en la portada del más reciente número de la publicación El Librero, cuyo trabajo central se enfoca en una arqueo bibliográfico de los libros de gastronomía criolla.

Rafael Osío, el periodista autor de este trabajo, seleccionó 11 publicaciones que a su parecer delínean un perfil de la gastronomía criolla y entre esos incluye el libro «Conversaciones con Armando Scannone» escrito por Jacqueline Goldberg y por mí. Me siento muy honrada, porque ese trabajo se hizo con mucho cariño e ilusión.

Por lo que veo, casi todos los libros reseñados están en los anaqueles, así que si alguien se anima es cuestión de darse una vueltica por las librerías. En este trabajo se reseñan uno a uno los libros donde está autores como Rafael Cartay, José Rafael Lovera, Alberto Soria, Germán Carrera Damas, Ben Amí Fihman, Maruja Dagnino, Carlos Duarte y Rubén Osorio. Por cierto, las señoras Goldberg, Dagnino y yo somos la representación femenina.

Les recomiendo el artículo porque da una visión bastante clara y amplia de lo que sucede en el mundo editorial de la gastronomía venezolana más allá de los recetarios. Cómo se está investigando, hurgando, analizando, recordando y recopilando sobre un aspecto tan fundamental en nuestra vida y que forma parte de la idiosincrasia de nuestro pueblo.

Además el mercado de los libros de cocina está en crecimiento, aunque la mayoría de este rubro lo conforman recetarios. Pero junto a los libros de auto ayuda son posiblemente los más vendidos, así que estoy segura que seguirán apareciendo publicaciones que miren lo mejor de nuestra sazón.

Los libros reseñados:
– El Pan Nuestro de Cada Día. Rafael Cartay. Fundación Bigott.
– Diccionario de la cocina venezolana. Rafael Cartay. Alfa.
– Historia de la Alimentación en Venezuela. José Rafael Lovera. Centro de estudios Gastronómicos.
– Gastronáuticas: Ensayos sobre temas Gastronómicos. José Rafael Lovera. Fundación Bigott.
– Conversaciones con Armando Scannone. Jacqueline Goldberg y Vanessa Rolfini. Fundación Bigott.
– Con los Codos en la mesa. Alberto Soria. Alfa.
– Elogio de la Gula. Germán Carrera Damas. Editorial Norma.
– Boca hay una sola. Ben Ami Fihman. Fundación para la Cultura Urbana.
– Cocina Sentimental. Maruja Dganino. Aguilar
– El arte de tomar chocolate. Carlos Duarte. Chocolates El Rey.
– Memorias del Fogón. Rubén Osorio Canales. Alfa.

El Librero. Año 2, No. 24. Noviembre 2008. DISTRIBUCIÓN GRATUITA.