Inicio Blog Página 36

Pierre Mirgalet, «Venezuela tiene que decidir si quiere tener un gran cacao»

pierre mirgalet rutas golosasEl chocolatier y pastelero francés Pierre Mirgalet visita por segunda vez Caracas en menos de un año, invitado por la Cámara de Comercio, Industria y Agricultura Venezolano-Francesa – CCIAVF  – . Los motivos son dos: impartir talleres a profesionales y aficionados; y recorrer las zonas cacaoteras del país. Aunque en esta ocasión su segundo objetivo se vio truncado por el tema de la seguridad.

En un entrevista publicada por este medio el año pasado, Mirgalet apuntaba a la imposibilidad de acceder al cacao criollo con facilidad y estabilidad, y en esa ocasión buscaba apoyo de la CCIAVF para establecer puentes con los sectores público y privado. Meses después, el pastelero dice que la situación no ha mejorado, muy por el contrario. Aunque mantiene la esperanza que eso cambie.

Mirgalet habló del potencial de Venezuela, dice que al ser un productor natural de cacao puede ofrecer un fruto excepcional, por eso hace hincapié en poner el foco en la calidad porque otros países donde el cacao no es un fruto autóctono, obtienen grandes volúmenes pero más allá de los problemas que presentan las plantaciones, no logran la calidad óptima como los casos de paises africanos y asiáticos.

Sin embargo, sobre Asia destacó que Vietnam está haciendo grandes esfuerzos por incrementar la producción y mejorar la calidad, con muy buenos resultados, «se trata del país donde ve que se han alineado mejor las condiciones » e invitó a prestarle atención a la India, que dará que hablar en los próximos años.

Sobre Venezuela afirmó lo que he le escuchado a los grandes chocolateros hasta la saciedad: mejorar los procesos de fermentación, garantizar la calidad y respetar el origen. «En muchas regiones de este país se produce cacao, no es lo mismo un Sur del Lago, que uno de Paria o de Chuao. Para establecer líneas de chocolates tienen que garantizarle a los chocolateros calidad y origen. No tiene sentido que solo diga «CACAO DE VENEZUELA». Cuando compro, no compro un solo lote, la riqueza está en la diversidad. Además me interesa que me garanticen el producto a largo plazo, no un poco hoy y mañana no».

Hace énfasis en el tema de la fermentación, que termina de afinar la calidad, cree que esta práctica nos viene de República Dominicana donde para ahorrar costos secan los granos directamente. Por otra parte, lamenta que la calidad del cacao de Chuao haya bajado tanto, «no es lo misma de hace 15 o 20 años atrás, eso me entristece. Venezuela tiene que decidir si quiere tener un cacao de calidad, un gran cru. Es una lástima tener un carro de fórmula uno y manejarlo como una gandola».

Sobre el alumnado

En esta ocasión, está satisfecho con la calidad e interés de los asistentes a los cursos. Dice que un pastelero es como un músico, que interpreta sus notas con armonía y tiene que encontar su sello, la nota que lo identifique y diferencie de otros, pero eso se logra con formación, no copiando recetas en internet.

Aunque la CCIAVF logró suministrarle todo lo que pidió para los talleres, confiesa que la primera de las cuatro veces que ha estado en nuestro país, traía 28 kilogramos de equipaje, y que en esta ocasión fueron sesenta y cinco, porque empacó harina de trigo, colorantes, alemendras, vainilla, glucosa, pectina entre otras cosas. «Parto del principio que alumnos trabajen con lo que tienen disponible en sus países».

Finalmente, dijo que se lleva de vuelta chocolate para su consumo personal porque es realmente un amante y lo consume a diario, además de ron venezolano del que es un gran admirador, al punto que fue la bebida que sirvió recientemente en su cumpleaños.

¿Quién es Pierre Mirgalet?

Pierre Mirgalet es Presidente de la Confederación Nacional de Pasteleros; en 2007 ganó el título de Mejor Obrero de Francia (MOF) Chocolatier-Confiseur, ha sido Embajador de Cacao Barry, miembro de las Asociaciones “Ordre Culinaire International” y “Tradition Gourmande”. Su carácter pedagógico y amplia experiencia se ha dejado ver en la Escuela Selmi (Italia), en la JM Auboine (Las Vegas), en la Stephane Glacier MOF, en la Olivier Bajard MOF y en la Escuela Nacional Superior de Pastelería (ENSP).

El comensal post escasez

“La dieta de la buena mesa, está a favor de la vida”, Manuel Vásquez Montalbán

No hay duda que la violencia alimentaria que vivimos en la actualidad dejará secuelas. Llevamos más de una década con la angustia diaria de cómo será próxima comida,  cuando aún no hemos terminado la que tenemos en el plato y eso se ve reflejado en todos los aspectos de nuestra vida. Pero se han preguntado, cómo será el comensal venezolano cuando pase esta crisis de escasez.

Bien dicen que todo pasa, lo bueno y lo malo. Mirando la historia de otros países que han experimentado circunstancias similares a la nuestras, han logrado superar los escollos y salir adelante. Desde la Europa de la post guerra, China, Perú, incluso Colombia, por solo mencionar algunos. Con toda seguridad Venezuela no será la excepción.

Indudablemente hemos dado un salto de décadas hacia atrás en el perfil del consumidor, que se tiene que conformar con lo que consigue y puede pagar, que no lee etiquetas, ni compuestos nutricionales, que no está pendiente de los tipos de grasas, si cumple con las mínimas normas de sanidad, y ni hablar de aspectos como ecología, comercio justo, especies autóctonas, apoyo al productor, certificación de origen, entre otros temas que lucen de ciencia ficción de cara a nuestra realidad.

¿A qué nos enfrentaremos? Cómo explicarle a un niño que hay que revisar los componentes de los alimentos, conocer su procedencia o hasta cómo fue criado el animal que proporciona la carne y los lácteos que llegan a su mesa.

Cómo hacer entender la importancia de la educación nutricional y sus circunstancias, cuando en la memoria su manera de vincularse con la alimentación responde a un acto de supervivencia.

Sin lugar a dudas, lo urgente ha desplazado lo importante, pero esto no evita la necesidad de ocuparnos de otros temas vinculados a la alimentación y que están presentes en nuestro día a día, como manejo de desechos, reciclaje, educación nutricional y culinaria. Nada de eso se detiene o desaparece porque experimentemos escasez.

La gran paradoja es que cuánta falta nos hace en estos momentos tan duros tener noción sobre los productos de nuestra despensa, sus otros usos, sus posibilidades, aprovechar lo que está disponible, porque apalearía mucho la desazón diaria. Pero nuestra formación culinaria es deficiente.

Miro hacia adelante, hacia el comensal que formamos hoy, el que estoy segura no lidiará con la escasez pero sí con sus consecuencias en todos los sentidos.

Si queremos salir fortalecidos de esta mala hora, hay que hacer un esfuerzo, impartir educación en la familia, en la escuela, en la comunidad. El comensal de mañana ya se está formando, se esculpe día a día y mi temor son las consecuencias de tanto retraso y desconocimiento.

 

Publicado en la columna Limones en Almíbar del diario El Universal 4/06/2016

Apartheid alimentario en Venezuela

clap junio 2016CLAP, las nuevas siglas de la violencia alimentaria. Se traducen como Comités Locales de Abastecimiento y Distribución, es decir, que los alimentos de «la cesta básica» o «protegidos» serán distribuidos por los organismos de base afectos al gobierno de Nicolás Maduro, en coordinación con las Fuerzas Armadas.

La idea es simple. Los funcionarios del poder ejecutivo deciden qué es lo que debemos comer, lo colocan en una bolsa y te lo dan a «precio justo» o «regulado» y lo distribuyen entre la personas o familias que se hayan anotado en una lista. Alegan como principal objetivo de toda esta parafernalia la lucha contra la «guerra económica».

¿Qué puede incluir una bolsa?  Harinas de maíz y de trigo, caraotas (judías o frijoles), avena, pañales, leche, aceite de maíz, sal, mayonesa, salsa de tomate (kepchup), azúcar, arroz, chesse whiz (queso amarillo fundido) y productos de higiene personal. Claro, no se garantiza que una bolsa tenga todo en la misma entrega porque depende de la disponibilidad.

Las CLAP se vienen implementando desde hace un par de meses. He publicado llamados de los consejos comunales de mi zona invitando a registrarse, incluso algunas personas que han tenido acceso a las bolsas han publicado en las redes sus contenidos. En teoría era algo opcional, lo cual ya resultaba terrible porque va en contra de toda libertad alimentaria y viola la Constitución. Solo que ahora queda suspendida la venta de productos de la cesta básica en los supermercados, abastos u otros comercios de expendio de alimentos. Solo el gobierno puede distribuirlos y expenderlos.

El gobierno se sirve de la comida para controlar, para generar más miedo, se resume en una expresión que leí hace mucho: «domesticación por hambre».

Ignacio Doménech en su libro Cocina de Recursos, narra cómo en la Barcelona de la post guerra civil española, solo pensaban en comida, era el tema central de la vida, de los sueños, de las conversaciones, el eje de las decisiones y de los miedos. Entonces, se hace imposible hacer algo más en el día a día como estudiar, crear, culturizarse, descansar, jugar, cultivar las relaciones familiares y sociales, porque el hambre o el miedo a padecerla (que es igual o peor) contamina la vida, no deja espacio libre para nada más.

Hay registros y narraciones pertenecientes a la época de la implementación y consolidación del Bloque Sovíetico, cuando en algunas regiones se sometía a la población a largos períodos de carestía de alimentos. Los ciudadanos se veían obligados a hacer colas por horas, que en muchos casos se agravaba por el frío, lo que obligaba a los individuos a estar durante largos períodos en una posición pasiva y de sumisión, que rápidamente permea otros aspectos de la propia vida y de la psique.

Cuatro, cinco, seis horas para obtener un alimento condiciona, llena de miedo, empequeñece, quiebra el alma y el espíritu. Y el gobierno lo sabe bien. Por eso me atrevo a especular que esta escasez no es accidental, ni cayó de repente, ni es espontánea. Se creó con un propósito, mantenernos a todos sumisos y atemorizados. Claro, imposible probarlo ahora, pero no me extrañaría que algún día salga alguien por ahí narrado el asunto.

Pero con las CLAP y la nueva medida que las acompaña, esto ha tomado otro giro y subieron el volumen considerablemente. Técnicamente, los comités de base afectos a la revolución, tienen el poder de decidir lo qué se come y quién. ¿De qué dependerá eso? Me gustaría saberlo. Acaso responde a la posición política, si se firmó apoyando el referendum (no olvidemos la lista Tascón), por la zona donde se habita, nivel educativo, apariencia física y vestimenta, si se calza dentro del perfil de lo que ellos llaman «el pueblo». Imposible saberlo. Más allá que con toda seguridad se abrirán nuevos espacios para la corrupción y se implementará formalmente la segregación o «apartheid» alimentario.

Pero las malas noticias no acaban, esto se va a agravar. Las predicciones y estadísticas para el segundo semestre de 2016, apuntan a mayor desabastecimiento, porque desde hace dos años no se aprueban dólares para semillas, agroquímicos y maquinarias, además de las trabas burocráticas y matracas gubernamentales que padece el sector agroindustrial. En mayo  de este año, no se pudo sembrar todo lo previsto según datos aportados por Fedeagro, es decir, que no quiero ni pensar en los resultados de la cosecha en octubre. Pero con dos agravantes: no tenemos dinero para comprar comida  en el exterior y coincide con los pagos de los compromisos de la deuda.  Sí, nos espera un fin de año inolvidable.

Las CLAP serán la perdición de este gobierno, la guinda de sus errores. Por querer acabar con las distorsión visual de las calles llenas de gente haciendo cola y decir que toman una medida contra «la guerra económica», generará más hambre. Y el hambre, en especial si te metes con la comida de los hijos, puede tener consecuencias inimaginables. Parece que el gobierno olvidó aquella frase tan poderosa que en su momento fue muy efectiva: «con mis hijos no te metas».

Ya veremos a dónde nos lleva todo esto.

Guido Gobino: «El cacao venezolano ofrece un mañana incierto»

Guido Gobino, uno de los chocolatiers más famosos de Italia,  comenzó su presentación en el evento Passione Cioccolato expresando su preocupación por la situación política y económica de Venezuela y cómo se ve afectada la calidad del cacao criollo y su presencia en el mercado internacional.

Lo cierto es que en medio de aquel salón, lleno de piemonteses, que estoy segura que en muchos casos Venezuela es un nombre totalmente ajeno o con suerte lo asocian al petróleo, Chávez o al cacao, Gobino habló con tal sinceridad y preocupación, que personalmente yo no daba crédito a lo que escuchaba, una voz en pro del cacao criollo y del lugar donde nace, en un lugar donde – en teoría- no tenía sentido hacer dicha declaración, sin funcionarios del estado venezolano o italiano, ni siquiera importadores, solo artesanos del chocolate y público amante de este producto.

“Para los chocolateros del mundo, Venezuela tiene el mejor terroir para los cacaos finos y de aroma. Variedades como Ocumare, Sur del Lago y Cuayagua son denominaciones especiales de calidad incuestionable. Lamentablemente, la situación de inseguridad y los problemas económicos ponen en riesgo su presencia en nuestros talleres. Es muy grande la incertidumbre de lo que sucederá mañana”.

En el festival, participaron las principales etiquetas de tabletas y bombones de factura artesanal, donde resaltaron otros nombres como Silvio Bessone y Guido Castagna.El festival contó con talleres, demostraciones, degustaciones y conferencias.  Torino es mundialmente famoso por ser uno de los mejores centros de producción de chocolatería fina.

guido gobino
Guido Gobbino

¿Pero quién es Guido Gobino?

Reconocido en el mundo de la chocolatería entre los mejores, ha sido premiado como Maestro del Gusto de la ciudad de Torino durante catorce años consecutivos.  Representa la segunda generación de una familia dedicada al cacao y sus productos, cuando su padre Giuseppe Gobino empezó en un pequeño taller en 1964.

“En Europa cuando se habla de cacao de Venezuela se sabe que es de calidad, es una referencia en el mundo. Hasta el momento el que está llegando es muy bueno y el más reciente cargamento que recibimos en marzo estaba perfecto”, afirma el torinés quien conoce a la perfección los tipos de cacao criollo y lamenta no haber pisado tierra venezolana aún.

“La estabilidad en el mercado es fundamental, los chocolateros trabajamos con fórmulas que incluyen tipos específicos de cacao. Compramos cacao pagando a término y eso afecta los precios. En mi taller pagamos lo que sea porque estamos seguros de la calidad, porque sabemos que ni el buen cacao, ni el buen chocolate son económicos”, asegura quien compra un promedio de treinta toneladas al año.

Gobino asegura estar muy atento al producto que llega de Venezuela, porque dada la situación teme que la calidad se vea afectada. Tiene muy claro que la calidad comienza en el campo, seguido de un estricto y óptimo proceso de post cosecha, almacenamiento y transporte. “En una economía con una inflación tan alta, cualquiera de estos aspectos pueden verse afectados y esto incide directamente sobre el cacao. Por otra parte, los precios cambian constantemente y eso también nos complica el cálculo de costos”.

El buen chocolate

“Con mal producto no se hace buen chocolate. Cuando se empieza mal no hay manera de arreglarlo”, afirma Gobino, quien además le compra cacao a Ecuador, Colombia y San Tomé.

Asegura que el chocolatier tiene que saber de dónde viene el cacao, su historia y no confiarse, “que un producto sea artesanal no es sinónimo de calidad, hay productos de factura industrial que también lo son”.

El chocolatier solo tiene elogios para el cacao venezolano, al cual describe como “femenino, porque es muy aromático, elegante y no es muy ácido. Es frutal, herbal y muy intenso. Siempre da buenos resultados, un producto elegante que sobresale”.

Nueve latinoamericanos entre los finalistas del premio del Basque Culinary Center

Se anunciaron los 20 finalistas de la primera edición del premio que otorgará el Basque Culinay Center a iniciativas sociales enlazadas a la gastronomía. Del listado publicado nueve de ellas, casi la mitad, corresponde a inciativas latinoamericanas. Publico un listado de quiénes son los preseleccionados, qué hacen y su fotografía.

Que sirva de fuente de inspiración para futuras ocasiones, estoy segura, que en Venezuela muchos se animarán, porque un premio como cien mil Euros es tan atractivo y útil que permitiría ayudar a mucha gente.

alicia gironellaAlicia Gironella, México: Activista, investigadora y divulgadora del acervo mexicano, impulsa proyectos como Semillaton, creado para evitar que especies vegetales locales cayeran en riesgo de extinción. Rescata y multiplica semillas de maíz nativas de la Sierra Tarahumar, para depositarlas en bancos comunitarios y repartirlas entre agricultores claves de la comunidad.

https://www.veoverde.com

 

David HertzDavid Hertz, Brasil: Defensor del movimiento de gastronomía social, creó hace diez años Gastromotiva, en São Paulo, para darle capacitación culinaria a jóvenes en zonas populares, para luego insertarlos en un mercado laboral ávido de personal competente. Ha logrado construir una red de apoyo comunitario, que incluye talleres para niños y cursos de cocina en cárceles. Hoy el proyecto se extiende en o de Janeiro, Salvador de Bahía y Ciudad de México.

http://www.gastromotiva.org/es/

 

gabriel garzaGabriel Garza, México: En contacto con la fundación Destellos de Luz, en Monterrey, identificó la oportunidad para contribuir, desde la enseñanza, con que ciegos o personas con limitaciones visuales sean autónomas, dictando talleres para que aprendan a cocinar por por sí solos y adquieran habilidades que luego puedan servirles para conseguir empleo o generar ingresos.

http://www.destellosdeluz.org/index.php

 

miguelangelo cestari con su compañera rutas golosasKamilla Seidler, Dinamarca y Michelangelo Cestari, Venezuela: Conforman el tandem elegido por Claus Mayer para llevar hasta La Paz a su organización Melting Pot, la cual creó en Dinamarca, en 2010, para propiciar cambios sociales a través de la gastronomía. Abrieron Gustu, un restaurante escuela con el que forman a pequeños grupos de jóvenes excluidos socialmente; a la vez que  exploran y difunden la riqueza de un país gastronómicamente desconocido como Bolivia.

http://meltingpot-bolivia.org/

 

leonor espinozaLeonor Espinosa, Colombia: Defensora de la herencia culinaria colombiana, lleva la fundación Funleo, con la que reivindica tradiciones de comunidades locales y potencia el uso de recursos autóctonos disponibles. Trabaja directamente con grupos rurales, indígenas o afrodescendientes, brindando oportunidades de formación culinaria y capacitación en procesos agrícolas.

http://funleo.org/

 

manu buffaraManoela Buffara, Brasil: En Curitiba, Manoela montó un restaurante de cocina contemporánea, apéndice de un trabajo cercano con más de 20 productores de Ilha Rasa, a 80 kilómetros de la ciudad. Contribuye a estimular la economía y la inserción social de productores locales. Recrea además formas tradicionales de cultivo y difunde el uso sostenible de variedades agrícolas autóctonas poco conocidas.

http://www.restaurantemanu.com.br/

 

maria fernanda di giacobbeMaria Fernanda Di Giacobbe, Venezuela: En torno al cacao criollo como fuente de identidad, cultura y riqueza económica, Di Giacobbe articula una red de educación, emprendimiento y desarrollo en comunidades productoras. Se empeña, sobre todo, en brindarle oportunidades a mujeres vulnerables económicamente, a las que capacita y convierte en microempresarias del chocolate.

http://elestimulo.com/bienmesabe

 

rodolfo guzmanRodolfo Guzmán, Chile: Desde la innovación y la investigación, explora la despensa endémica de su país. En su restaurante Boragó identifica posibilidades, documenta hallazgos y abre vías para compartir conocimientos necesarios en la búsqueda de nuevas fuentes alimenticias. Trabaja junto a comunidades mapuches y centros de investigación con el objetivo de concientizar y motivar cambios de consumo.

https://www.df.cl/noticias

 

teresa corçaoTeresa Corçao, Brasil: Promotora de un hondo trabajo en torno a la tapioca, creó el Instituto Maniva para propiciar apoyos y oportunidades a productores ecológicos. Además articula la red de colaboración Ecochef, para tender puentes entre consumidores, productores y cocineros alrededor de un interés compartido:  fomentar un consumo consciente y sostenible de productos locales. Divulgadora, produce documentales para concientizar

http://www.institutomaniva.org/

¿Quién es el chef Michelangelo Cestari?

Dos venezolanos aparecen en el listado entre los veinte finalistas del Basque Culinary Center Prize: María Fernanda Di Giacobbe y Miguelangelo Cestari.

María Fernanda es conocida dentro y fuera de Venezuela por su trabajo con el cacao criollo y el bienestar de las comunidades involucradas con el producto. Pero en el caso de Cestari, es muy poco lo que se sabe, es casi un desconocido para muchos compatriotas, aunque está al mando del resturant boliviano Gustu, que pertenece a la lista de los 50 mejores de Latinoamérica, según la revista Resturant.

miguelangelo cestari con su compañera rutas golosas
Miguelangelo y Kamilla

El departamento de prensa del instituto vasco resume el proyecto que lo hace entrar como finalista del siguiente modo: Kamilla Seidler, Dinamarca y Michelangelo Cestari, Venezuela: Conforman el tandem elegido por Claus Mayer para llevar hasta La Paz a su organización Melting Pot, la cual creó en Dinamarca, en 2010, para propiciar cambios sociales a través de la gastronomía. Abrieron Gustu, un restaurante escuela con el que forman a pequeños grupos de jóvenes excluidos socialmente; a la vez que  exploran y difunden la riqueza de un país gastronómicamente desconocido como Bolivia.

Sin embargo, cuando leí el nombre de Cestari recordé una entrevista que le hice para la revista Estampas Temática en agosto de 2008. Mucho ha pasado desde entonces, pero siempre es oportuno conocer de dónde viene la gente, su trayectoria y este es un compatriota que no debe salirse del radar de los amantes de la buena mesa.

Comparto parte de la entrevista hecho ocho años atrás bajo el título: BOCADO A BOCADO DEGUSTA EUROPA.

Aunque nacido y criado en Caracas, cuando se le ve sentado en un café de los Palos Grandes, se puede decir que permanece y no permanece al entorno, a Michelangelo algo lo hace diferente, tal vez porque se desplaza sin prisa, atento a todo lo que sucede a su alrededor, como captándolo todo sin tomarse el riesgo que se le escape nada.

Después de estudiar para convertirse en un chef internacional de cocina y hacer pasantías en los restaurantes caraqueños Atlantic  y Malabar, los cuales le encendieron la chispa de trabajar con los mejores, decidió partir a Europa  (…) Su primera  parada fue en el restaurant Mugaritz, en España que ostenta dos estrellas Michellin y está catalogado por la Gourmet Magazine como uno de los diez mejores del mundo, dirigido por Andoni Luis Aduriz, quien a su vez fue discípulo de Michell Brass, quien tiene un propuesta centrada en el extremo respeto a los ingredientes y se puede decir que objetivo es reproducir momentos de la naturaleza en el plato. Esta tendencia cautivó al joven Cestari, quien además se declara admirador a toda prueba del propio Brass.

Luego decide probar suerte en Dinamarca en el restaurant Noma, famoso por el uso de ingredientes nórdicos y un respeto casi a ultranza de las propiedades naturales de los alimentos.  Pasados algunos meses, surge una oportunidad en Inglaterra, en la cocina del restaurant del hotel Le Manoir aux Quat Saison, de la mano del chef Raymond Blanc que explora una cocina que se exprese como una expresión del un arte que envuelve e involucra todos los sentidos. A este punto, se pude sin mucho miedo a equivocarse cómo se fue moldeando los gustos y formación que esculpen la propuesta culinaria de Cestari.

Pero pasados algunos meses decide saltar el mar y consigue lugar a sus aspiraciones en Estraburgo, Francia, de la mano del chef Emile Jung en el restaurant Le Crocodile y luego a algunas calles de distancia en el Serge and Co, donde destacó de tal forma su trabajo que se desempeña como encargado de la dirección de la cocina.

Cestari narra con sencillez su paso por todos estos lugares premiados y reconocidos, poseedores de estrellas Michelín y galardonados por la crítica. Pero también tienen en común un trabajo enfocado a la excelencia, al respeto de los sabores, a la delicadeza, tal como lo denomina el propio Cestari, una cocina con alma femenina.

Máximo potencial

“En Venezuela no valoramos suficientemente la cocina que tenemos, tenemos que buscarle la vuelta a nuestros productos. En Europa toman un ingrediente y exploran al máximo su potencial”, afirma Cestari.

“Siento que todos los días aprendo, a pesar de ser sous chef, donde esté voy a aprender. La gastronomía va desde el plato servido hasta los más mínimos detalles. Incluso cuando me dispongo a comer en un restaurant, siento que estoy trabajando porque estoy aprendiendo”, asegura este joven chef, que empacó para una pasantía de seis meses en España y ya lleva más de tres años recorrido las cocinas europeas, explorando y empapándose de las propuestas que le llaman la atención y con las que siente afinidad.

Afirma que encanta llevar de Venezuela en su equipaje, ají dulce y onoto, productos que cataloga de extraordinarios y asegura que con la debida promoción podrían valer mucho. “En Venezuela tenemos cosas muy buenas pero hay que trabajarlas”.

Ahora decide que es el momento de seguir explorando de conformar poco a poco su propia propuesta que algún día dará a conocer y donde seguramente plasmará lo mejor de todos fogones que le ha tocado conocer. La próxima parada es Copenhagen, regresará al NOMA, un restaurant famoso por su propuesta “escandinava”, donde no sirven vino, sino cerveza hecha en casa y está considerado como el número doce del mundo (NdA: ahora está entre los 2 primeros, lugar que se sortea con el Can Roca en años recientes)

Entre gustos y sabores

Michelangelo Cestari se confiesa un apasionado de los alimentos frescos como vegetales, frutas. También siente debilidad por el queso de cabra y el pan, aunque asegura que come de todo. Aunque le gusta la pastelería, considera que es otro mundo, por ejemplo, “en el Mugaritz lo hacen todo tan exacto,  que todo tiene que ser perfecto, es una labor que se desarrolla mediante el diseño del plato, aunque en lo exacto hay algo imperfecto, entonces son pequeñas obras de arte”. No pasará mucho tiempo antes que se le mencione en como el corazón y la cabeza que guiará el timón de un prestigioso restaurant.

 

Comparto reseña que le hizo la colega Rosanna Di Turi que da pistas sobre lo que sucedió desde el 2008 hasta el sol de hoy. http://www.gastronomiaenvenezuela.com.ve/2014/10/michelangelo-cestari-el-venezolano-tras-gustu/

Saboreando la Almería de Curro Lucas

Almería, población ubicada al sur de España. A muchos les sonará familiar por ser la cuna de David Bisbal, a otros por sus playas, incluso porque se le llama el huerto de Europa. En mi caso, hace mucho que entró en mi mapa gastronómico por las referencias de la colega andaluza residenciada en Caracas, Alicia Hernández, y ahora por el periodista gastronómico Curro Lucas, quien visitó Venezuela invitado por Acogave y la Embajada de España.

Lo cierto, es que Almería es una localidad preciosa, acogedora, relativamente pequeña, en muchos aspectos sus calles recuerdan ciudades de América. Sin embargo, mi objetivo era gastronómico y Lucas se ofreció de guía gastroturístico, lo que resultó todo un lujo porque  conoce bien su cuiudad en todas las acepciones, no es prejuicioso, es curioso, estudiado, con criterio, divertido y glotón. Por consiguiente, comparto lo que más me gustó del recorrido que hicimos juntos.

Quisquillas crudas, lo azul son las huevas
Quisquillas crudas, lo azul son las huevas

Bar La Ruta: ubicado a pocas calles de la casa de Lucas cerca de la estación del tren. No está en el circuito turístico, es el típico espacio visitado por vecinos, que resulta austero, y ruidoso. Su oferta difiere mucho del resto de lo que se encuentra en la ciudad, porque Antonio – su dueño – se ocupa personalmente de comprar todo el pescado que se sirve y pone el acento en las especies pequeñas, poco comunes, propias de la zona. Quisquillas, pollico, berberechos, cigalas, sepias, espetones y sardinas entre otras delicias praparan de manera sencilla, fritos o a la plancha donde el sabor de tan buen producto explota en la boca.

Americanos en Amelia
Americanos en Amelia

Quiosco Amalia: el jueves en la noche después de una cena algo accidentada pero divertida, nos fuimos a beber «americanos» . El trago consiste en leche tibia, con licor de nuez de cola, un gajo de limón  y azúcar. No es un coctel, ni un aperitivo, ni un disgestivo, a mi parecer un reconstituyente que cae de perla en una noche de farra y frío.

20160506_135702

Mercado central de Almería es la mejor manera de comenzar el día. Aunque merece una nota aparte. Relativamente pequeño pero bien surtido con productos frescos y de la zona. De estructura de hierro y madera, techos altísimos, detalles ornamentales,  iluminado y para mi sorpresa, nada ruidoso. Productos de mar frescos, secos, curados y en salmuera; además de sales, embutidos, frutas y vegetales, absolutamente estimulante porque hay un poco de cada ricón de Andalucía, pero con un marcado acento en el producto local. Algunos vendedores de embutidos curan sus propios productos, como el caso de los chorizos de pimienta. Verán los famosos tomates raf, naranjas de la zona (incluso algún vendedor ofrece las de su jardín), pulpos secos, majarro (atún seco), huevas de pescado entre otras delicias. Merece varias visitas, porque estoy segura que no aprecié ni la cuarta parte.

En Almería, nunca nos sentamos a comer, tapeamos aquí y allá tal vez por eso tenía la sensación que comía todo el día.

cerveceria las tiendas almeria marrajo rutas golosas
Marrajo seco

Las Tiendas es el propio chiringuín en la calle del mismo nombre, donde disfrutamos marrajo (pescado seco procedente de un tiburón pequeño o cazón), huevas secas de marruca y aceitunas con mojo de picón. Una barrita mínima, mucha gente local, cañas heladas y precios insuperables. El sitio pasa desapercibido para turistas, sin decoración, algo desordenado pero muy limpio. Es perfecto.

20160506_155612

El Tintero, se trata del lugar que más me gustó en todo el recorrido.  Ubicado en le barrio de La Charca de pescadería, una zona de pescadores y el espacio no es propiamente un restaurante, sino la sede de una asociación. Comenzamos con un potaje indio elaborado con guisantes, garbanzos, papa, calabación y ají; a lo que le siguieron riñores al jerez, asadura, melba en salazón, salmorejo, pulpo en aceite y cerramos con marraná de pulpo (que está en mi top 10 de los mejores platillos que he comido en los últimos 5 años). La receta que publicá el escritor almeriénse Antonio Zapata es la siguente: «se trocea un pulpo de kilo y medio, y se pone en una olla con una cebolla y dos tomates, todo picado, una hoja de laurel, unos granos de pimienta, una cabeza de ajos entera, aceite y sal; se cubre con vino y se deja cocer a fuego suave hasta que el pulpo está tierno».

Cerramos con un licor de higo de la casa y mucho vino de la zona. Pero después que llega la cuenta, parece que la bondad en el mundo sí existe porque es increíblemente económico.

20160506_214055

En la noche arrancamos otro circuito de tapas, en su mayoría lo más sabroso era el ambiente, el vino y la música. Picamos aquí y allá, pero lo mejor de la farra nocturna fue el paso por la Taberna Nuestra Tierra, que centra su oferta en platos tradicionales de la ciudad, además ofrece vinos locales por copas, lo que permite hacerse una idea más amplia de lo que se hace en la zona.  Resultó delicioso el ajo colorado que sirven en un pequeño mortero y consiste en un potaje de papas, bacalao, pimentos rojos secos, ajo, comino y mucho aceite de oliva extra virgen. Otras delicias en el menú que hay que probar son: chérica de varios tipos, saquitos de queso, carrilladas ibéricas.

arroz con cigalas rest la estrella cabo de gata almería rutas golosas

Ya fuera del circuito de tapas, en el Cabo de Gata a 45 minutos de la ciudad, un restaurante a la orilla del mediterráneo promete un festín. La Estrella tiene una fachada discreta, dos ambientes, una terraza mínima, pero hay que reservar porque seguramente estará lleno. En ente caso, nos deleitamos con boquerones en vinagreta, escabeche de pescado, sardinas a la plancha (de las mejores que he probado) y un arroz con cigalas del que podría comer una palangana y parar cuando sienta que me salen los granos por las orejas. Pero se pueden perdir otras opciones, además traen el pescado fresco antes de la bacanal.

Debo admitir, que entre grupo de amigos, la buena conversación, el vino y seguido de una tarde hablando tonterías y riendo sin parar tumbados en la arena mojándonos los pies, ha sido una de las sobremesas que recordaré en mi vida como esos días en que todo gritaba «estoy viva».

A Curro Lucas y sus amigos, ahora míos también … ¡¡¡muchas gracias!!!

(Deseo mi comida)

“Se necesita un hombre con visión para escribir en el agua”,

Mohammed bin Rashid Al Maktoum

cocina de recursos ignacio doménech rutas golosas“Cocina de recursos”* fue la publicación del catalán Ignacio Doménech en 1938 durante la post guerra civil española. Debajo del título coloca entre paréntesis la frase “deseo mi comida”, clara expresión de la necesidad que lo agobiaba, tan real, cruda y similar a la que vivimos en Venezuela ocho décadas después.

Cuando tuve el libro entre mis manos no hubo dudas. En su primera página advierte, “ambientada únicamente en las clases de comidas que pueden prepararse en tiempo de guerra y en los de escasez comestible”.

Doménech era cocinero, trabajó en los mejores restaurantes de Madrid, París y Londres, donde durante años estuvo al servicio de Auguste Escoffier – uno de los padres de la cocina moderna – en el Hotel Savoy.

Decidió regresar a España en una época convulsionada, difícil y de una terrible escasez y violencia. Su obra impresiona con 33 libros y 2 revistas de cocina, donde meticulosamente describe desde cómo hacer helados, patés, culinaria regional, alta cocina, preparaciones para la Cuaresma y hasta condumios para niños.

“Cocina de recursos”  es un registro extraordinario de la mesa diaria de la Barcelona oscurecida por el hambre y la desesperación de la post guerra. Exalta productos que de otro modo nadie notaría, sustituye ingredientes formulando tortillas sin huevos, café con conchas tostadas de maní, guisos de calamares sin calamares y hasta un trampantojo de carbón con bolas de papel y cartón reciclado.

Doménech recorre la ciudad a la luz del sol y bajo las estrellas, en su mente una fijación lo agobia sin descanso: ¡comer! Revisa la despensa, exalta coles, huesos, vísceras, hojas que por lo general se desechan. Visita establecimientos donde aún se sirven condumios, ofrece su versión de las recetas, da consejos, incluso se atreve a hacer algo de crítica gastronómica, en un contexto que luce imposible. Un acto de visos sarcásticos que rayan en la rebeldía.

Sí, la crítica política subyace entre ollas, guisos, caldos y tortillas, que emulsiona con pensamientos, preocupaciones y crónicas, que en su mayoría logran pasar desapercibidas a la férrea censura franquista.

Ignacio Doménech
Ignacio Doménech

“(…) entonces padecíamos una gran desesperación, al levantarnos y al acostarnos no teníamos otro pensamiento que la comida y de qué manera la resolveríamos”, afirma entre relatos de escasez, y la nostálgica descripción de grandes manjares que permanecen en su memoria gustativa y emotiva.

Leer a Doménech eriza la piel, las similitudes son inevitables, producen avidez, asombro y tristeza. Julio Camba, otro gran gastrónomo español, expresó “la falta de recursos es la base de la gastronomía”. De ser así, hay esperanza porque en nuestro tiempo mencionar a la culinaria ibérica es sinónimo de vanguardia.

(*) Ediciones Trea, 2011. España. Edición revisada.

 

Texto publicado en la columna Limones en almíbar de El Universal el 21/05/2016

Los amores perros de Sumito

sumito estevez rutas golosasLas palabras son conjuros muy poderosos, por eso hay que ser impecable con lo que se dice y mucho más con las acciones que generan. Hace un par de días el chef venezolano Sumito Estévez publicó un tuit sobre los perros callejeros en la isla de Margarita, que por cierto sí son un problema de salud pública sobre el que el Estado hace muy poco o nada. Lo cierto es que un tuit desató el pandemómium.

Si el tuit de Estévez fue acertado o no, que si lo dijo de la manera indicada, no es parte de este texto, porque creo fielmente en la libertad de expresión. Lamentablemente, aquí entra al ruedo el tema «país», donde cualquier argumentación queda anulada por el insulto.

Sí, parece que el verdadero legado del comandante se instaló en nuestra sociedad, hemos sustituido las palabras conversar, dialogar, disentir, debatir, argumentar, discutir, deliberar, disputar, litigar, contraponer, contrastar, cotejar,  es decir, cualquier acción que implique el tratar en un ámbito de respeto ideas u opiniones, por acciones como insultar, acribillar, vilipendiar, humillar, despreciar, agredir, maltratar, lastimar y ofender.

¿Qué nos pasó? Además del rosario de tuits lamentables e irracionales, están quienes apoyan el espectáculo desde la barrera. Me tomo la libertad de copiar del muro del Facebook del chef Tomás Fernández – quien públicamente apoya a Estévez -, algunos comentarios hechos por sus seguidores o amigos (errores ortográficos incluídos): “pa bocones estamos cansados”; “Que lo linchen”; “Desde que se invento el twitter y el facebook todo el mundo es erudito”; “el que se la pasa todo el dia metido en las redes sociales (y hay dias que yo misma peco en exceso) definitivamente es porque no tiene oficio”; “creo que le paso por jeton”; “Se le salió la clase. NO es tan bueno como la gente cree”; “que uno elige que tan público queremos que sea nuestra vida y nuestros comentarios, si nos exponemos tanto es muy normal encontrar adversores de nuestras opiniones y acciones y debemos cargar con la consecuencias”; “Me parace burdo lo que hizo. Que pena, pero recibe lo que da».

¡Vaya! … a Sumito solo faltó que lo llamaran «golpista» y «cachorro del imperio».

Por ahí alguien me dijo, es que hay mucha rabia contenida en el ambiente. Entonces, podría ser más productivo que salgan a la calle y protesten, que se careen con los paupérrimos gobernantes. Lo que pasa es que en esos casos hay consecuencias, donde seguramente tocará tragar «gas del bueno».  Pero hacer catarsis insultando a un cocinero por redes no tiene consecuencias.

Por algunos comentarios y tuits entiendo que insultar está bien, que alguien reciba un abucheo público por expresar cualquier idea parece que no tiene nada de malo. ¡Pero por Dios, si hasta parece que lo merece y todo! Honestamente, cuanta pobreza de espíritu. Da dolor la situación porque es un resquicio de lo que vivimos a diario. Ni que se vayan los chavistas del poder, el mal ya está hecho. Estamos podridos.

A Sumito Estévez mi apoyo público y privado, un colega y amigo apreciado y respetado.

Lamento que a un compatriota que ha hecho tanto por esta tierra se le trate de esta manera. Se puede o no estar de acuerdo con su línea profesional, pero es innegable su trabajo, la cantidad de gente que se ha servido del camino abierto por él. Cuando se está fuera de Venezuela en ámbitos gastronómicos, Sumito siempre es una buena noticia, un venezolano del que se escucha hablar con respeto. Para quienes desconocen su trabajo, les dejo este link con la postulación que lo llevó a ganar el Gran Tenedor de Oro: CLIQUEE AQUÍ.

Por lo pronto, ojalá todos aprendamos la lección. Dadas las circunstancias, me temo que Sumito recitará como un mantra: «entre más conozco a la gente, más quiero a mi perro».

¿Caca de perro? ¡Cuidado con las similitudes!

El chef francés Roël Robuchón afirmó en una entrevista que el problema con Ferran Adriá eran sus imitadores, haciendo alusión a la cantidad de usos y abusos de la cocina de vanguardia a partir de la tan difundida propuesta del chef español. Indudablemente, seguir una tendencia es más que copiar una foto, o tratar de reproducir algo que se probó. Las grandes propuestas culinarias tienen profundad, obedecen a una línea de pensamiento, identidad gráfica, conocimiento de la despensa y del oficio, entre otros factores. Pero los platos son concebidos, pensados, dibujados y practicados una y otra vez. Además de tener cuidado con las similitudes.

En días recientes tuve la oportunidad de visitar Almería, y acompañé al colega Curro Lucas a una invitación para el lanzamiento del nuevo menú del chef Franz Gómez en el restaurant Dos Culturas. En lineas generales fue una noche agradable, los asistentes, los vinos, la sala y la buena disposición del cocinero quien muy entusiasmado explicaba cada plato de su menú.

Sin embargo, cometió un gran error con el postre. Un lección que me gustaría le quede a todo cocinero que le dedique unos minutos a leer este texto.

Era chocolate que tenía otra similitud

En el menú el postre se anunciaba como «cannoli de avellana V2.0». Llegado el momento, a los comensales nos entregaron un guante plástico desechable, de los que dan el supermercado para agarrar vegetales y frutas (bueno, los dan en el primer mundo). De repente Gómez apareció en la sala con una manga pastelera en la mano llena de mousse de chocolate, y dió como instrucciones colocarse el guante, extender la mano y esperar que  sirvieran los elementos del postre, y que al final cuándo diera la voz afirmativa, era que se podía comer. Primero colocaron el mouse, luego frutos frescos y secos, seguidos de sirope y algodón de azúcar.

Una vez completada la dinámica  había que comérselo y desechar el guante.

Creo que el chef y su equipo no pensaron son las similitudes visuales y táctiles del postre. Me pregunto, es que acaso nadie le tomó una foto y no vio lo que mi colega describió como «el momento cuando salgo a pasear el perro».

Al escucharlo yo no lo podía creer, estoy segura que fue lo primero que le pasó por la cabeza y que si lo piensa un poco mejor no lo dice, pero tenía absolutamente toda la razón. Me atrevo a especular, sin temor a equivocarme, que evocó exactamente lo mismo en más de un asistente.

El postre en el guante visualmente era lo más parecido a la «caca de perro», que además al culminar la gente terminaba quitándose el guante volveándolo, tal como sucede en esos casos.  Aquí todo perdió importancia, la interacción con el comensal, lo revolucionaria que pueda resultar la idea, el sabor y ejecución técnica del plato. Una imagen tan poderosa echa por tierra cualquier buena intención.

Lamento este desacierto del chef Gómez porque se nota que quiere hacer las cosas bien. No cuestiono su talento ni conocimiento del oficio, pero hay que tener cuidado.  Incluso, si insiste en el formato de este platillo, sería preferible llamarlo «caca de perro», convirtiendo una similitud escatológica, en un motivo de curiosidad o verdadera interacción. Quien quita y hasta termina siento un éxito, en este mundo donde la popularidad llega por caminos insospechados.