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El café «gourmet» venezolano muestra sus tesoros

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Aparecen en el mercado venezolano marcas de café “gourmet”, que parecen venidas de otras latitudes. Para beneplácito de los amantes de esta bebida son cultivados, procesados y empacados con sello local

 Inconcebible comenzar el día sin una aromática y sabrosa taza de café. Basta acercarse a la barra de cualquier panadería, para escuchar la compleja comanda que recibe el barista: guayoyo, tetero, marrón, clarito, negrito, marrón claro, con leche oscuro o claro, entre otros. Así que el café forma parte de nuestra cotidianidad, está presente en todas partes y a toda hora.

Zulia, Estado Sucre

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«Montamos un  festival gastronómico en Carúpano y estará dedicado a un encuentro de sabores entre el Zulia y Sucre. Nuestros cocineros invitados son Ivette Franchi y Nestor Colina de Maracaibo y Darwer Ozuna de Carúpano.

Carne ensartada en vara con folklore

Piezas de carne de res atravesadas por chuzos de madera, lentamente cocidas al calor de las brasas de leña. Se trata posiblemente del platillo criollo más primitivo, con un futuro incierto, pero famoso por su versión comercial

La carne en vara tiene infinidad de acepciones en el paladar y en el imaginario criollo: fiesta, celebración, carretera, llano, tradición. Posiblemente, se trata de una de las preparaciones más primitivas y básicas de nuestra culinaria. Forma parte de una puesta en escena, porque no es cotidiana, ni individual, ni rápida, ni triste, ni se hace por salir del paso y por nada del mundo, sin intención.

Su origen es la derivación de la “ternera llanera o criolla”, una práctica casi en extinción, muy documentada o referida en textos, cantos y poemas desde mucho antes de la gesta independentista, donde se gritaba sin reparos “¡Viva la revolución y muera el ganado!”.

Actualmente, se puede encontrar en restaurantes que la sirven exclusivamente o en expendios a la orilla de la carretera.  El experto Otto Gómez, autor del libro “Nuestra Carne”, afirma que en esos casos es una terrible imitación y tomamos el nombre de Colombia donde se elabora de manera similar. Pero en ambos países tienen en común la herencia andaluza, quienes a su vez aprendieron esta práctica de los beduinos, famosos por cocer de este modo la carne de cordero en medio del desierto.

Gómez puntualiza, que la carne en vara que se come en nuestro país es de mala calidad, con cortes de procedencia dudosa, de mal sabor, duro al paladar y a la mandíbula. En el caso de los restaurantes, compran preparados los cortes en las carnicerías, sirviéndose de un verdadero “show de las carnes”, ensartando piezas comerciales en varas de madera.

Rica joya en extinción

La verdadera joya de esta historia es la “ternera llanera o criolla”, manera de preparar la carne en los llanos venezolanos y colombianos. Se trata de una técnica de campo económica y efectiva, donde todo está a la mano. El investigador Rafael Cartay afirma “propia de una economía ganadera (…) Mientras la carne se asa lentamente (…) la gente conversa y bebe licor en un escenario que tiene mucho de fiesta y aire dominical”.

Esta preparación se realiza “trinchando los trozos de carne con la piel todavía pegada, en chuzos o varas largas afiladas usualmente obtenidas a partir de ramas de Guayabo, Drago o Sangredrago, Caujaro  o Coco’e mono”, explica Gómez, la que solo se adobada con sal y, en casos extraordinarios, con ajo. Se trata de un proceso aséptico donde la carne del animal no toca el piso y se procesa antes que sufra rígor mortis.

Para probar una “ternera llanera” prácticamente hay que tener la suerte de contar con un amigo o conocido ganadero, que como manera de agradecimiento, agasajo o celebración mande a sacrificar una res, en un proceso que dura aproximadamente ocho horas, que comienza con el sacrificio del animal al amanecer.

Gómez narra que solo ha asistido a dos en su vida, en un acto extraordinario donde se despieza y cocina lentamente al animal. Todo se transformará al calor del fuego: patas, cuerpo, cola, cabeza, vísceras. Un festín donde cada trozo posee su lugar y su nombre.

Ocho horas de festín
La ternera llanera prácticamente es un maratón, una versión criolla del programa de televisión “man vs. food”. Cada corte tiene un nombre tomado de su similitud con animales o escenas del llano, en una trama que parece ideada por el propio Horacio Quiroga. Se respeta estrictamente el orden de un guión no escrito, pero que los asadores conocen al pie de la letra y obedece a las características de cada pieza y tiempo de cocción

El primero en aparecer es “la raya” sacada de la nalga, luego “las osas” procedentes de la cabeza. Le sigue “la garza” extraída de la ingle. Continúan con “el caimán” venido del pecho. Todos estos cortes conservan la piel.

Se procede con “el entreverado”,  que se arma “con trozos de vísceras, generalmente de pajarilla (bazo), corazón, chinchurria (intestino delgado), riñones, hígado y pulmón. Todos esas piezas van usualmente en una sola vara, envueltos en una tela de la grasa de la panza de la res que se había apartado preliminarmente, y se pone a asar cuidando que no tenga fuego directo sino más bien calor fuerte. Debe quedar todo bien cocido y de acuerdo a los entendidos, constituye algo único”, describe Gómez.

El proceso continúa con los costillares grandes llamados “cachamas”, como el pez abundante en ríos llaneros. Siguen con las herraderas o patas traseras, luego sacan las piezas sin piel como pollos de res, pulpas, muchachos cuadrado y redondo, chocozuela  y latigazos. Se terminan con partes del pescuezo llamados “primos” y “los tembladores” o músculos paralelos, por su parecido con los peces.

Todos estos cortes se asan generalmente “a la llanera”, es decir, se cortan las carnes delgadas y se ensartan o “enchuzan” en varas de madera que se recuestan al “burro” – construcción de madera que se arma encima y alrededor de la hoguera – o simplemente se clavan en el suelo, donde se les da la inclinación o la distancia necesaria.

Tanta carne se acompaña con topochos, arepas, yuca sancochada, un buen ajicero de leche y en algunos casos caraotas, mientras se hacen sellan amistades, precisan negocios, activismo político, ceremonias, se habla y hasta se corteja.

Bien expresó sobre esta delicia Ramón David León, “la historia nacional demuestra que en los sufragios populares un trozo de carne asada desarrollaba más persuasión que una propaganda palabrera…”

Texto publicado en la sección Así Somos con Gusto de la edición de Abril de la revista «Bienmesabe»

Los varietales de Café Blandín

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El café tiene características únicas en su aroma y sabor, dependiendo de la región de Venezuela donde se cultiva. Tomando en cuenta estas diferencias, Café Blandín ofrece una línea de «varietales», compuesta por cuatro denominaciones procedentes cuatro regiones del país.

Bombones de Chocholat rellenos con perfume

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El chocolatier Francisco Orellana presentó la nueva línea de bombones llamada La Parfumerie, con rellenos basados en descriptores aromáticos de fragancias famosas en el mundo de la moda. Asoció sus componentes con especias, flores, hierbas entre otros ingredientes, resultando una experiencia sorprendente, donde el paladar puede saborear lo que suele estar reservado para el olfato.

Los nuevos sabores del centro de Caracas

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Sorpresivamente, el centro de Caracas se destaca en el mapa de las opciones gastronómicas. Remodelado, limpio y reorganizado, las cuadras comprendidas entre las avenidas Urdaneta y Universidad — Baralt y Fuerzas Armadas suman a su relevancia histórica, la culinaria. La mejor manera de llegar al centro es en Metro, bajarse en la estación Capitolio y comenzar con un café en Artesanos, diagonal a la Plaza Bolívar en la esquina la Torre. El lugar es pequeño, con mesitas afuera, por lo general muy concurrido, porque el olor a café es penetrante. Los responsables son los cocineros Antonio Gámez y Ángel Rincón.

101 lugares para comer en Caracas en Foursquare

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La lista de los «101 lugares para comer en Caracas» ahora la pueden seguir por Foursquare, en una magnífica inciativa de Guillermo Amador (@modulor), uno de los autores de la lista junto a: Zinnia Martínez, Verónica Esparza, Mirelis Morales, Alicia Hernández y la autora de este blog.

Cada lugar está localizado en el mapa con la dirección exacta, en la mayoría de los casos con fotos, recomendaciones y hasta pueden dejar sus comentarios e impresiones. Así que es imposible perderse y no probar tantas delicias, con la excusa que no saben cómo llegar a determinado lugar.  Se trata de una oportunidad de oro para explorar una ciudad que tiene mucho que ofrecer, pero que lamentablemente por miedo o comodidad nos hemos ido autodelimitando en «guetos».

Aquí va la dirección para que se suscriban y simplemente, se entreguen al magnífico y sorpresivo acto de saborear Caracas. Por supuesto, este año cuando publiquemos la tercera edición, se actualizará la data.

https://es.foursquare.com/modulor/list/101-comidas-en-caracas

Venezuela tiene más de 15 tipos de miel

“En Venezuela hay más de 15 tipos de miel. Las hay tan claras como el agua y tan oscuras como el petróleo, eso depende de la floración. La diferencia es significativa si son producidas en verano o en invierno, y eso se aprecia en la viscosidad”, afirma Elvira Fernández propietaria, junto a su esposo el agrónomo Reinaldo Armas, de Mieles Alvearium.

Lamentablemente, sobre la miel existe gran desinformación. En nuestro país, se le asocia más con un remedio casero contra la tos o endulzante de tecitos e infusiones, que como un extraordinario producto culinario.

Las mieles se clasifican según la cantidad de flores de las que se sirven las abejas para su elaboración, entonces, se habla de “monoflorales” cuando más del 60% proviene de un solo tipo de flor, y las “multiflorales”, cuando se origina de más de dos variedades.

Mastranto es la más popular

En Venezuela, la más común es de Mastranto, proveniente del oriente, cuyas características se asocian con la idea que tiene la gente de lo que es la miel, es decir,  color dorado, brillante, con una viscosidad relativa, es la que Fernández etiqueta como “casi de manual”.

Pero también se pueden encontrar de Copaibe, Araguaney, Ajonjolí, Mango, Carcanapire, Yopo, Caña, Acacia o Flamboyanes, Naranjilla, Tiama, Café, por mencionar solo algunas.

Fernández asegura que riqueza y variedad encontrada ha rebasado sus expectativas, “hay tantos tipos de miel como flores, pero no todas las flores son para miel. Incluso hemos logrado clasificarlas según la altura y época del año, por eso ofrecemos algunas “multiflorales” como: altos y bajos de sabana, cerros de sabana, entre otras, y estas a su vez cambian si estamos en estación lluviosa o seca”.

El “terroir” de la miel

Cada colmena de un apicultor promedio en Venezuela produce anualmente 40kg de miel, aunque en el oriente eso puede llegar hasta 100kg.  Se trata de un alimento vivo, cambia de color con el tiempo, pero no se descompone. La miel es el único alimento que no padece ese mal.

Una miel puede ser de sabor floral, mineral, herbal, depende del tipo de flor, la altura, proximidad al mar, y hasta del tipo de abeja. Sin embargo, hay tres características que deben tomarse en cuenta: En primer lugar, la cristalización porque es falsa la creencia que si se cristaliza es de mala calidad, cuando es todo lo contrario, es garantía de pureza. Por otra parte, el color depende del tipo de floración y por último, el olor ya que  las de buena calidad huelen a flores, a hierba, incluso a especias.

“Las características de determinada miel pueden exaltar o no un platillo. Por ejemplo, algunas van mejor con quesos madurados como las de Yopo, otras son mejores para vinagretas como la de Carcanapire, algunas exaltan postres. También las hay más idóneas para marinadas. Si aprendiéramos de mieles, les sacaríamos un inmenso provecho. Pocos intuyen los grandes usos culinarios que tiene este producto”, asegura la gente de Mieles Alvearium.

Incluso, están saborizando algunas con especias como romero y tomillo, y en asociación con chefs, hasta con curry y trufas, que son combinaciones muy comunes en otras latitudes, pero que en nuestro mercado es toda una novedad.

Puntualizan que es muy importante almacenarla con cuidado, ajena a la luz del sol. Enfatizan que no amerita refrigeración. “Lo importante es darle a la miel una oportunidad, es una alimento sano, nutritivo, sabroso y versátil. Sin contar que en Venezuela contamos con una variedad y una calidad  que vale la pena explorar”, asegura Elvira Fernández.
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Texto publicado en la sección «A fuego lento» de la edición de marzo 2013 de la revista Sala de Espera

Asado negro: receta de la Venezuela urbana

El asado negro está en la línea de fuego del rescate de nuestra cocina. Sinónimo de tradición, de identidad, de una culinaria compleja, juguetona, retadora que cuece sus carnes rojas en azúcar con resultados magníficos.

Alrededor del asado negro hay todo tipo de conclusiones. Se trata de un plato tan refinado, que muchos afirman tener recetas familiares de muy vieja data. Sin embargo, se trata de un platillo relativamente nuevo, que lleva sobre nuestras estufas un poco más de un siglo.

Bien señala el investigador francés Christian Coulon en su texto sobre “la cocina como objeto político” (2000), cuando se refiere a la gastronomía como “lenguaje de la alimentación, y de la cocina como ámbito de las identificaciones étnicas, nacionales o religiosas (…)”. Esto lleva a pensar, cuánto refleja esta receta la idiosincrasia del venezolano: forzadamente dulzones, lúdicos, nostálgicos, pacientes, complejos pero en apariencia simples, tribales, sorpresivos, carnívoros. Una combinación imposible en la teoría, pero cautivante en la práctica.

Resultado de la Venezuela de finales del siglo XIX, cuando surgen los llamados por Rafael Cartay “platos de resistencia”, propios de una incipiente cultura urbana, fuertemente influenciada por la atracción a la cultura francesa, que tanto permeó nuestra cocina.

Se trata de un plato nacional, al igual que el pabellón, el mondongo, los hervidos, las hallacas, por solo mencionar algunos, que tomaron ese matiz cuando elaboramos un recetario de culinaria nacional, como consecuencia de la noción de país unificado.

Por su parte, José Rafael Lovera afirma en Historia de la Alimentación en Venezuela (1988), “Muchas de las rústicas fórmulas culinarias del régimen tradicional fueron refinadas en las cocinas urbanas mediante una elaboración más cuidada, la incorporación de  de algunos ingredientes importados y una mejor preparación”.

No es propiamente caraqueño, tampoco pertenece a la mal llamada “cocina mantuana”, hecho que tal vez se preste a confusión por su sabor dulzón. La receta está presente en recetarios regionales, como el de Rosita Regalado (Zulia), Yelitza Acosta (Monagas) y Zoraida Barrios – conocida como Mamazory – (Carabobo).

Un dato curioso es que no forma parte del libro rojo de Armando Scannone, quien hace la gran recopilación de la cocina de Caracas. Sin embargo, aparece listado en el recetario azul, donde el autor reúne preparaciones más personales de su imaginario como “asado criollo de muchacho de pulpa o de lagarto de res”.

Carne es la consigna

“Carne salada, carne frita, carne sancochada, tres veces al día, así reza el diario menú venezolano”, referencia que  hace Lovera sobre un texto del explorador alemán Karl Appun quien nos visitó en 1849. Pero la presencia de la elaboración de asados no aparece por ninguna parte. Esto puede tener varias explicaciones.

Si bien la presencia de la carne roja en el menú siempre ha sido primordial en Venezuela, Lovera demuestra el descenso de su consumo per cápita, como consecuencia de las guerras de Independencia y Federal. Ni siquiera con el boom petrolero se llegó realmente a un ascenso significativo. El asado negro requiere dos condiciones muy particulares para su elaboración: un corte magro, llamado “muchacho” que puede ser redondo o cuadrado y un largo proceso de cocción.

Por otra parte, hay que tomar en cuenta la llegada al país de las primeras cocinas de hierro, que trabajaban con kerosene o carbón en 1840. El proceso de cambio de la cocción a leña a la nueva tecnología culinaria, fue lento y los platos también tuvieron que adaptarse a esto.

Pertenecen a 1887 los primeros registros de cocinas de gas, pero no es hasta 1900 cuando se difunde su uso en los hogares, lo que permitió incorporar a la culinaria criolla platillos de preparaciones largas. Fechas que coinciden con los inicios de los platos “de resistencia” referidos por Cartay de finales del siglo XIX, entre los que cita específicamente al asado negro.

Asado negro, negrito

Todas las recetas coinciden que un asado bien preparado tiene tres condiciones: sabor dulzón, color oscuro y presentación en rodajas.  Algunas recetas sugieren macerarlo de un día para otro, como Leonor Gordils y Michelle Lazzari cuando afirman “Dos días antes de prepararlo aliñar el muchacho redondo (…) Guardar en su marinada en la nevera hasta que se vaya a cocinar” (“…De rechupete”, 2009).

El color oscuro lo da la caramelización del azúcar o papelón, allí se sellará la carne, a lo que luego se le incorporará la marinada que lleva vino tinto y un toque de salsa inglesa, pero esto varía de una fórmula a otra.  Sin embargo, no falta quien “haga trampa” echando mano de colas, maltas y exceso de salsa inglesa para lograr el tono deseado.

De resto, la marinada lleva todos los ingredientes que dan ese inequívoco sabor local: ajo, mucha cebolla, pimentón rojo, ají dulce, ajo porro, laurel, además de los “toques inconfesables”, como el uso de adobos y cubitos de carne. Pero el verdadero secreto está en el punto del caramelo, que no debe pasarse ni un minuto porque otorgará un sabor amargo. Luego se requiere larga cocción, el corte impecable de las ruedas y el balance entre el punto del sal con el necesario dulzor.

El asado negro es un platillo que goza de gran popularidad – a pesar de los altos costos que implica y la relativa dificultad para adquirir algunos de sus ingredientes -, cualquier cocinero criollo que desee hacer alarde de sus habilidades sobre la culinaria local, tiene que saber prepararlo, es una especie de prueba de fuego.

Texto publicado en sección «Así somos con gusto», revista Bienmesabe, marzo 2013.

Apuntes sobre lo que se comió y bebió el segundo día del funeral del Presidente Chávez

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Entre el primer y el segundo día del funeral del Chávez hay una diferencia del cielo a la tierra. Ahora más organizados los vendedores ambulantes salieron al ruedo y ofrecían prácticamente de todo. Por supuesto, para estos días de calor y un sol que quema muchas bebidas: jugos, té frio, refrescos, malta, agua (vendida y regalada), pero en ningún lugar bebidas alcohólicas, por lo menos públicamente.

También creció la cantidad de gente, a los primeros asistentes se le sumaron los de la provincia. Simplemente, la zona colapsó. La cola para entrar a la capilla ardiente comenzaba en la estación del metro Ciudad Universitaria, es decir, más de 4km hasta la Academia Militar sin contar que dentro del recinto las colas se compactaron y divieron …. entonces, se entienden hasta las 12 horas de espera que han narrado algunos. Como es de esperarse, a la kilométrica cola la acompañaban cientos de vendedores.

A mi cálculo una persona que deseaba ver al Comandante, tenía que disponer o invertir aproximadamente entre 250 y 400 Bolívares.  Siendo conservadora con los números.  Solo para comer y mantenerse hidratado.  Quien deseaba adquirir algún souvenir, los costos podían incrementarse considerablemente.