Texto publicado en el especial de gastronomía de la Revista Sala de Espera de Octubre de 2011.
El mejillón se extrae a pulmón
Qué se comió y bebió durante el Venezuela – Argentina

Soy, Vinotinto soy
Al final de juego, estaba más afónica, feliz, emocionada, orgullosa y coreaba una y otra vez «vamos venezolano, esta noche tenemos que ganar».
Sombreros, camisas, franelas, pitos, shorts, gorras, la oferta infinita y los comerciantes hicieron literalmente su agosto
Camisetas para todos los gustos, hasta los fanáticos de Messi tuvieron chance
Hermosos en afro tricolor …
Pintacaritas tricolor …
Desde este ángulo vi el juego
SIG 2011, DIA UNO
Ayer comenzó el Salón Internacional de Gastronomía 2011, o SIG como nos referimos a este evento los entusiastas gastronómicos venezolanos. Se trata de su décima edición, repitiendo su tercera sede física, que el año pasado dio tanto de qué hablar.
Para mi lo mejor del SIG es el encuentro con los amigos, colegas y relacionados del medio, es decir, el espacio idóneo para ponerse al día con todo tipo de información profesional y personal, saber en qué anda la gente, cómo han evolucionado proyectos, qué camino han tomado ideas que doce meses antes apenas daban pistas de su dirección, algunas resultaron exitosas y otras no tanto. Así que por ese lado, poco o nada ha cambiado y anoche descubrí que mientras haya SIG procuraré asistir.
Ahora, me preguntaron mucho mis impresiones sobre el espacio físico. Bueno, tengo que admitir que está infinitamente mejor que el año pasado, – cualquier cosa lo estaría -. El piso nivelado, pintado, los baños limpios, los salones de cata mejor organizados, incluso me encantó el detallazo que el salón de degustación de vinos y destilados se llame María Isabel Mijares.
Pero sigo pensando que no es un lugar idóneo para este tipo de eventos. El acceso es terrible, escuché la mismas quejas del año pasado sobre el problemas de los ascensores, las interminables escaleras, el estacionamiento, el voltaje, incluso puedo decir que padecí en carne propia tener que subir varias cajas para mi cata de aguas minerales y literalmente me tocó «jalar bolas» durante horas para que «alguien» me ayudara a subirlas.
Ahora, aún no termino de entender qué sucede con el tema del programa, hasta muy entrada la noche era casi imposible conseguir uno, que terminó siento una fotocopia que daba pena ajena. Terrible, porque el programa es la bitácora del visitante, te ayuda a decidir qué hacer, qué escuchar, dónde ir, un evento de esta naturaleza sin programa es como jugar a la gallinita ciega.
Sobre los retrasos, creo que eso forma parte de la naturaleza del SIG, no recuerdo una sola edición que no los padeciera y puedo decir que he asistido por los menos a ocho.
Lamento las comparaciones, pero el año pasado fue muy grande la molestia y me impresionó cómo ese hecho permanece en la mente de la gente. En líneas generales, repito, tengo la sensación que ha mejorado. Eso me alegra, porque sobre la edición de 2010 a fin de cuentas pensé «todos tenemos derecho a un mal año». Sin embargo, tengo que terminar de borrar de mi mente otros años gloriosos o recordando las lecciones de Opinión Pública lo que se conoce como el pasado rosa, que consiste en esa nostalgia que todo tiempo pasado fue mejor.
Hoy nos espera una larga jornada, ya veremos cómo evoluciona el día, el programa está plagado de charlas y degustaciones interesantísimas. Vale la pena revisar detalladamente los pequeños emprendedores, están a reventar de novedades. La escasa presencia de importadora de licores ayuda a revisar con cuidado lo que ofrecen las asistentes y mirar con cuidado lo que traen las gobernaciones, algunas de ellas llenas de gratas sorpresas.
Mc Donalds «A puertas abiertas»

Dos décadas han transcurrido desde que Mc Donalds mora en tierras criollas. Mucho se ha dicho positiva y negativamente, que resulta muy conveniente visto desde aquella premisa «bien o mal pero que hablen». Lo comparto de este modo porque en días pasados me invitaron a conocer las remodelaciones de la sede ubicada en la Trinidad y degustar las novedades del menú, llamadas «Premium doble» en dos sus versiones: deluxe y bacon.
Mi sorpresa fue que al llegar al Mc Donalds de la Trinidad, me esperaban con delantal en mano con la expresión «a puertas abiertas» impresa sobre la tela y un gorro. Nos mostraron las instalaciones, el sistema de trabajo, la caja, los mesones de trabajo, el área de descanso de los empleados, oficinas, las cavas de refrigeración y congelación. En este punto solo me resta decir lo que siempre he sabido, sobre los estrictos controles sanitarios y de producción con los que cuenta. Luego almorzamos, en medio de una interesante conversación con Rafael Romero y Mercedes Souto gerentes nacionales de comunicaciones y mercadeo de Mc Donalds respectivamente, quienes fueron muy amables y atentos.
Da la impresión que este texto no lleva a ninguna parte, más allá de un relato de una visita guiada a la cocina de los famosos arcos dorados, conocer su nuevas opciones y establecer relaciones armoniosas, pero en algún momento yo no terminaba de entender el propósito de la convocatoria. Sin embargo, lo más interesante afloró en la sobremesa, algunos datos que compartiré con ustedes:
– En Venezuela funcionan 140 Mc Donalds, con un promedio de 300 comidas diarias, en un día normal (es decir festividades, fines de semana o días flojos)
– Los dos primeros que funcionaron en Venezuela fueron los de El Rosal y La Urbina, de hecho, son los más grandes en área de construcción y como cosa curiosa, los que mueven mayor número de consumidores.
– Venezuela es el país latinoamericano donde el concepto de la Cajita Feliz es más exitoso. De las que hay dos categorías: las globales y las especiales para Latinoamérica.
– La mayoría de los insumos que se utilizan se compran a proveedores nacionales, que se adaptan a las exigencias de Mc Donalds, por ejemplo, en la cava vi desde Plumrose, Kelly, Pasteurizadora Táchira, Heinz, etc.
– Las largas dimensiones de las papas – que son objeto de tantas leyendas urbanas- vienen de Canadá de un tipo de tubérculo que supera con creces en tamaño a una papa promedio y se siembran exclusivamente para Mc.Donalds, quien las utiliza en todas sus cocinas en el mundo. Como es de esperarse la versión real es más aburrida que la leyenda, pero las papas son largas porque la papa es inmensa.
– En Mc Donalds Francia se hacen todas la pruebas que luego ingresarán al mercado internacional. Incluso el mercado de prueba es el galo. Por lo general, la reacción en este mercado se replicará en el resto del Planeta.
– La introducción de un nuevo producto, ingrediente o menú amerita 18 meses, que se van entre pruebas, estandarización de procesos y proveedores.
-En Venezuela, progresivamente se remodelarán los Mc Donalds, que sufrirán cambio de color, atrás quedaron los techos rojos chillones y miran a conceptos más depurados y ambientalistas que han denominado «Citrus green».
En Mérida se come muy bien
Un recorrido para el disfrute de los mejores sabores que ofrecen tierras merideñas, todos los lugares son fáciles de encontrar, a precios más que justos, y nacidos de recomendaciones de los propios merideños.
Cuando visite el Mercado de Soto Rosa sentirá que el Mercado Principal de Mérida es solo una parte de lo que puede encontrar y que tal vez los lugareños no lo promocionan mucho para que no se llene de turistas.
Bendito mondongo


Sinfonía de vísceras y vitualla expresándose en armonía perfecta y seductora, en una sustanciosa sopa. El mondongo es sinónimo de paradoja culinaria, al transformar “el desecho” en exquisitez.
“El mondongo dispone de aureola social sólida; por eso es una de las manifestaciones más auténticas del democratismo vernáculo. (…) Frente a una excitante sopera de mondongo los hombres de Venezuela se sienten dominados por idéntica convicción igualitaria”, expresa Ramón David León en su Geografía Gastronómica Venezolana, sobre este platillo criollo que se sirve con igual dignidad, desde los mercados populares y puestos de carretera, hasta en la elegante mesa del gastrónomo Armando Scanonne.
El mondongo en esencia es una paradoja gastronómica, nacido de los desechos o de las partes de la res, chivo o cerdo que nadie quiere, bien sea por su mal aspecto u olor. Vísceras, estómagos, patas, vegetales, granos y tubérculos son la materia prima, que da paso a uno de los platillos más complejos, sabrosos, cosmopolitas y controversiales de nuestra gastronomía.
Se trata de una “sopa espesa hecha con trozos de panza de res, maíz y otros vegetales”, tal como lo define Rafael Cartay en el Diccionario de Alimentación y Gastronomía de Venezuela (Fundación Polar 1997). En otras regiones del país, recibe diferentes nombres e ingredientes, por ejemplo, en Lara se la llama Mute, a base de las vísceras, espinazo y cabeza de chivo.
Entre 25 y 30 ingredientes, según el caso y la zona geográfica de procedencia, conforman este manjar que exige paciencia, destreza y extrema higiene, en especial en el caso de los estómagos que deben ser lavados una y otra vez, incluso cocineros más exagerados echan mano hasta de la lavadora.
El libro rojo de Scannone (1982) asegura que la limpieza de la panza comienza pasándola por agua corriente. Seguidamente, se remoja con bicarbonato, al rato se saca del agua y “se raspa con un cuchillo, primero por la parte exterior y luego por la parte interior o superficie carrasposa, luego se le quitan los restos de peritoneo adheridos a la parte exterior”. Finalmente, se frotan con limón y se repite el procedimiento con las patas.
Placer culposo
Aunque en todo el territorio nacional se prepara mondongo, sin discriminación de edad, sexo y clase social, escasas son las personas públicamente declaran su predilección por este platillo. Posiblemente, en este sentido ya pisando el campo de las especulaciones, por su concepción popular y tosca en el imaginario colectivo. Incluso, en el lenguaje diario la expresión “un mondoguero”, es referida al hecho nada estético de una barriga grande, amorfa y sosa.
Pero este plato cuenta con claros y abundantes referentes en otras culturas, desde los callos a la madrileña, la minestra di trippe alla Milanese, el menudo mexicano, la sopi mondongo curazaleña, la Philadelphia Pepper Pot norteamericana, la soupe à la tripe y la Rouergue ambas de procedencia gala y hasta una sopa indígena con maíz y auyama.
En todos los casos, los ingredientes principales son tripas y patas, cocidas con abundantes vegetales y granos. David León asegura la inequívoca inspiración en los callos ibéricos, haciendo la salvedad que la versión criolla se presenta más sustanciosa y sabrosa. Presente en textos, poemas y cantos populares desde hace más de dos siglos, hasta Francisco de Miranda lo mencionaba como uno de los platillos favoritos de su infancia. Entonces, se podría decir que en la reciente conmemoración del bicentenario, el mondongo tenía ganado su lugar en el menú de celebración.
En algunos lugares del Venezuela, se le menciona como “el bendito” por el hecho que nos pone a dormir como ángeles, aunque versiones más osadas le atribuyen efectos afrodisíacos que pueden llevar al afectado o afectada hasta la muerte.
De feria
Las riberas del río Pacairigua, que cruza el Monumento Natural La Churca en Guatire, estado Miranda, son el escenario donde se disponen más de quince gigantescas ollas como parte de la Feria Turística del Mondongo. Este evento comenzó como una iniciativa de la alcaldía de Guatire, tradición que Manuel Tejada ha mantenido contra todo pronóstico, a través de la Fundación Simón Rodríguez.
Desde 2005, en cada edición más de mil asistentes llenan sus pocillos con distintas versiones de esta sopa, como parte de un domingo familiar, arrullados por el sonido del rio, donde un jurado compuesto por lugareños, cocineros e invitados especiales, evalúan minuciosamente la consistencia, olor y sabor de los mondongos participantes.
“La textura ideal no debe ser tan espesa, que permita saborearlo y se sienta sueltecito. Su olor debe ser ahumado, con el aliño bien picado y de excelente presencia”, explica Tejada sobre las características de un mondongo triunfador. “Siempre gana el sabor de la zona central, que se hace con panza y pata de ganado. El oriental es más dulzón porque le echan plátano y al andino, que también le dicen mute, garbanzos y patas de cochino”, afirma Tejada, además asegura que a las tres de la tarde no queda ni para llevar.
El mondongo es una patrimonio cultural. En Guatire los domingos se toma sopa, de los cuales por lo menos una vez al mes se hace mondongo”, asegura Tejada. Mientras tanto, este platillo experimenta una especie de reivindicación culinaria y social, al punto que Google ofrece más de cien mil opciones al colocar las palabras “receta del mondongo”. Platillo que aún se percibe – y con razón – como complicado, engorroso, casi tribal, siempre en grandes cantidades y en muchos casos como parte de alguna festividad.
Texto publicado en la sección Así Somos Con Gusto en la Revista Bienmesabe de Agosto 2011.
Geraldino Sessa «Pastelero desde siempre»
El chocolate lo enfrentó a su oficio desde muy joven, dictado por la disciplina,la innovación y el cariño propios de la pastelería.
Asegura que el buen pastelero es quien le tiene amor a su oficio, porque exige estar pendiente de las innovaciones, la extrema higiene y no dejar nada al azar, una especie de tiranía de las medidas exactas para que los sabores permanezcan inalterables con el paso de los años. Geraldino Sessa sigue estos preceptos como si se tratase de un código de vida, cuando a los trece años su debilidad por el chocolate lo enfrentó a la pastelería.
Como la mayoría de los pasteleros en Venezuela, empezó como aprendiz, con un maestro que a cuentagotas iba develando los conocimientos del oficio. En su caso, fue su cuñado Mario Napoli, en la extinta Panadería y Pastelería La Selva, en el Bosque.
Sessa nacido en Venezuela y de padres Napolitanos, trabajó en lugares de especialidades italianas, entre esas la Caiazza. Hasta que le sonrieron el destino y azar, lo que le permitió tener su propio negocio al que bautizó Delicatesses Roma, ubicado en la avenida Victoria.
Canolis, colas de langosta, pastas de almendras, torrejas, pastiera de arroz, cepola, además de pastas frescas, panes de todos los sabores, hacen la delicia de vecinos y gente que lo visita de toda la ciudad.
“El buen pastelero tiene que saber de todo, incluso elaborar un bufet si es necesario. Lamentablemente, se ha perdido el encanto de lo artesanal y es muy difícil encontrar personal que quiera formarse, aunque he enseñado a mucha gente”, afirma Sessa. Mientras tanto ya no hornea tanto como antes, pero ahí está con su cuaderno de recetas como todo panadero que se precie, bien afirma “imposible memorizar”, a su vez que va sacando maravillas.
Texto publicado en la edición aniversario de la revista Sala de Espera de Agosto 2011
Jugos de Frutas: refrescantes e insólitas armonías
Jugos de frutas naturales de patilla (sandía), lechosa (papaya), piña, parchita (maracuyá) entre muchos otros, se armonizan día a día con viandas criollas dulces y saladas. Un hecho impensable y hasta controversial en otras culturas, pero en Venezuela es parte de las preferencias inusitadas de nuestro paladar.
Forman parte de la santísima trinidad de diario condumio: sopa, seco y jugo. Sin embargo, los jugos naturales a base de frutas no son las estrellas protagónicas de la mesa, su presencia se apetece, sin llegar a ser indispensable porque cualquier té frío, refresco o agua mineral, sin muchos aspavientos puede ocupar su lugar, pero forma parte de los hábitos alimentarios criollos.
Naturalmente, el trópico se presta para que estas bebidas formen parte de la dinámica en la mesa. Más allá de calmar la sed, disponemos de frutas ricas en agua, que no necesitan cocción, relativamente económicas, en algunos casos de grandes dimensiones y su presencia en el mercado está garantizada casi todo el año, al punto que suele haber excedente. Incluso, en temporada llegamos al extremo, como el caso del mango, ya aburridos de tanta abundancia, dejarlos pudrir sobre la tierra de jardines y aceras.
Tal vez, para un extranjero acompañar un jugoso trozo de carne o un filete de pescado con un jugo de fresa, patilla o melón es un sacrilegio, ajeno a la lógica del paladar criollo se trata de una condición que al igual que las frutas, se cae de madura.
Del carato a la lechosada
Numerosos los relatos de historiadores afirman que las bebidas de frutas han formado parte importante en nuestra culinaria, bien narraba Ramón David León (1), “pocas bebidas refrescantes alcanzaban la popularidad del guarapo de piña”, en referencia a una de las bebidas más populares del siglo XIX y principios del XX, como también sucedía con los caratos de guanábana y de Acupe.
En ese entonces, se aprovechaban las conchas de la piña remojadas en agua, se pasaba la pulpa de la guanábana por un triturador, se colaban las semillas cubiertas de néctar de las parchitas contra un colador de alambre y pare de contar, siempre un trabajo mecánico que se extendía hasta el refrescante jugo de caña y al papelón con limón.
Lo cierto, es que los jugos se bebían a toda hora, pero al revisar la bibliografía no hay recetas, ni procedimientos y su mención es escasa, parece que su elaboración es tan simple que no merece sistematizarse en una fórmula, ni siquiera el libro rojo de Scannone se extiende en el tema. Este hecho se mantiene hasta la actualidad, incluso tomando en cuenta su popularidad y variantes presentes en el mercado.
La llegada del hielo
Dos hechos cambiaron para siempre la historia de los jugos de frutas naturales. Como bien expresa Rafael Cartay, con la llegada “del dominio del frío en Venezuela con propósitos culinarios”, es decir, la aparición del hielo; que solo estaba disponible en Mérida porque lo bajaban sobre el lomo de cargadores indígenas desde La Aguada en la Sierra Nevada, o a partir de 1825 arribaba a Caracas y Maracaibo vía marítima desde Boston, Estados Unidos, hecho que lo convertía en un artículo de lujo. En 1856, Joaquín Barnola montó la primera fábrica de hielo, pero no es hasta 1924 que se vendieron las primeras neveras en el país, de la marca Frigidare.
El segundo hecho, fue la aparición de licuadoras y ayudantes de cocina conocidas como “la sirviente eléctrica”, a principios de los años cuarenta. Entonces, surgió la posibilidad de convertir en bebida prácticamente la pulpa de cualquier fruta, que unido a la presencia del hielo abrió un mundo de posibilidades casi infinita, para dar paso a la palabra “batido”, que en el argot criollo define a “bebida refrescante que se prepara con pulpa de fruta triturada, agua, hielo y azúcar o papelón”(2).
Entonces, quedó clara la diferencia entre batidos y los jugos “que se hacen con frutas con alto contenido líquido que pueden ser exprimidas (como la naranja) o que fácilmente diluyen su sabor en agua”.(3)
Mezclas vigorosas
Actualmente, el consumo de jugos de frutas naturales es asunto diario, desde areperas, polleras, cafés, viandas, loncheras, a plena calle, hasta restaurantes elegantes y mercados libres, donde hileras interminables de licuadoras con frutas picadas en su interior, dan una prueba de frescura.
Una bebida que sigue evolucionando, y experimenta mezclas como parchita-lechosa, guayaba-naranja, el famoso 3 en 1 (zanahoria, remolacha y naranja), hasta los famosos batidos de frutas de los mercados donde además le añaden vino Samson y un ojo de buey, supuestamente para el vigor.
Tal alta es la demanda, que en todos lados se encuentran pulpas congeladas, en especial, de las frutas más engorrosas de procesar como guanábanas y parchitas hasta las menos tropicales como duraznos, fresas y moras, pero su presencia lugar común en todo el país.
(1) LEON, Ramón David. «Geografía gastronómica Venezolana». Editorial Cacofonía. Caracas, 2004.
(2) CARTAY, Rafael. ABLAN, Elvira. «Diccionario de alimentación y gastronomía en Venezuela». Fundación Polar. Caracas, 1997.
(3) Guía Práctica para cocinar a la venezolana. C.A. Editora El Nacional. Caracas, 2011.
Texto publicado en la sección Así Somos con Gusto de la Revista Bienmesabe. Agosto 2011
La mesa venezolana en cifras

Cuánto, qué y con qué frecuencia comemos los venezolanos. Las tendencias del gusto, los alimentos más utilizados, cuánto dinero invertimos en alimentación y el costo real y ficticio de la «canasta básica».
Algunas de la cifras que presenta el diario El Nacional en su edición aniversaria, dedicada por completo a reflejar todos los aspectos de nuestra nación a través de los números. Labor que no debió ser sencilla, porque hace mucho que en Venezuela el Estado no se ha ocupado de registrar con meticulosidad y disciplina las estadísticas de la población. Así que esta es una edición realmente de colección, que hace un primer acercamiento numérico a la dinámica social y económica de la que formamos parte.
«La Cesta básica: Está conformada por el costo mensual de los alimentos, más los artículos de aseo personal y otros gastos significativos. Actualmente, las cifras oficiales son distintas a las cifras ofrecidas por el Centro de Documentación y Análisis Social (CENDA). Por una parte, el INE estimó que para 2011 la canasta básica para una familia de cinco miembros costaría 1.589 bolívares, mientras que el CENDA estimó que para marzo de este año el costo de la canasta fue de 6.471,82 bolívares». pág 2
«250 litros de agua, diarios, por persona es el consumo establecido por la normativa venezolana para las zonas urbanas. Las rurales deberían utilizar 150 litros por día. (…) 95 de cada 100 venezolanos tenía acceso al agua potable en 2010, según el Ministerio del Ambiente» pág.4
«Cereales. La harina de maíz es el producto que más se consume con respecto a los que integran el grupo de los cereales. El venezolano consume diariamente 75,51 gramos seguido de arroz con 57,61 gramos». pág 6
«Frutas. La patilla es la fruta preferida por los venezolanos. Para el año 2010 el consumo diario fue de 42,10 gramos, seguido del cambur con 36,05 gramos y por último el melón con 32,21 gramos». Pág 6
«Para el año 2010, 3.791.370 venezolanos consumiron al menos un producto de la red de mercados Mercal» Pág6
«70,7 por cierto del país consume bebidas rehidratantes. En Venezuela el consumo de esta bebida es elevada, debido a la creencia popular que ayudan a combatir la resaca». Pág.6
«54,76 por ciento del país prefiere consumir refrescos antes que jugos, maltas, bebidas instantáneas e incluso agua, según estudios de 2010″. Pág.6
«1.1 millones de cajas de ron se consumen anualmente en Venezuela. En las regiones del centro, sur y occidente es donde se consume más esta bebida». Pág.6
«42,4 por ciento de los venezolanos consume whiskey. Es decir, más de 2.600.000 cajas anuales de esta bebida, tanto nacional como importado, según datos de 2009″. Pág. 6
«Más del 60% de los venezolanos consume cerveza (…) actualmente, la categoría light e la que domina. (…) Venezuela sigue consolidándose en el primer puesto de consumo per cápita (…) Para el años 2008 el consumo fue de 89.95 litros por habitante (…) se vendieron 2.300 millones de litro de cerveza en 2010″. Pág.6
«Maracaibo es el estado (SIC) que más consume cerveza (…) En un fin de semana los marabinos adquieren 840.000 cajas que equivale a 30.000.240 mil unidades» Pág. 6
«3 millones de toneladas de alimentos adquirió el Gobierno a través de la Corporación CASA Alimentos. Se espera cerrar 2011 con un aumento de 58,31%». Pág 8.
Nota: imagen tomada de www.el-nacional.com
Todos las citas pertencen al cuerpo «mercado y consumo» de la edición aniversaria de El Nacional de 2011


































