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Menús infantiles, ¿adultos sin paladar?

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Resulta que ahora a los niños hay que cocinarles aparte. Como si su paladar no soportase ciertos sabores, texturas y aromas. Los tratamos como comensales de segunda, incapaces de digerir, asimilar, aprender y discernir.

Actualmente, trasladamos a los «menús infantiles» el compendio de las limitaciones alimenticias de los adultos: nuggets de pollo o pescado, pastichos ricos en queso y salsa, papas fritas, pizza, pasta con mucho queso fundido, salsa rosada o jamón endiablado; sánduches de jamón y queso, jugos azucarados, por solo mencionar los más populares. Con suerte se cuela alguna crema de vegetales, arepa con queso, bollitos, arroz con carnes blancas o rojas, granos o  carne a la plancha. En lo que resulta un menú ajeno, sin raíces, limitado, aburrido, bajo en nutrientes, que brilla por la ausencia de vegetales y frutas frescas y alto en grasas.

¡Volvieron a ganar los postres con cerveza!

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Se realizó la final de la tercera edición de «Cerveza a la carta», organizada por la Cámara Venezolana de fabricantes de Cervezas. En esta ocasión, resultó ganador el estudiante de cocina Raúl Reyeszumeta, del Instituto Culinario de Caracas.

El plato vencedor se llama «Río Caribe y Märzen» que consiste en un cremoso de chocolate Río Caribe y Solera Märzen, gel de Solera Märzen, almíbar de Pilsen y naranja y nibs de cacao carrapiñados y naranja confitada. El segundo premio se le otorgó a un carpaccio de asado negro y el tercero a un «brazo gitano tres leches», que lleva en la mezcal Polar Pilsen del estudiante del CEGA Enzo Corsini.

El papelón es nuestra sal y nuestra azúcar

Golosina, condimento, endulzante, ingrediente y medicina. Se trata de uno de los más extraordinarios ingredientes de nuestra culinaria. El papelón es un discreto e insustituible pilar de nuestro sabor e identidad.

 Los venezolanos padecemos una increíble debilidad por lo dulce. Sabor que permea las mesas y las barras en todos los sentidos y se refleja en el carácter, al punto que con facilidad rayamos en lo empalagoso. “Desde cierto ángulo podría afirmarse que la historia de Venezuela tuvo como fuerza motriz el papelón, fuente de donde sacaron la energía, en tiempo coloniales los peones, esclavos y hacendados; y en tiempos recientes republicanos, los campesinos, soldados y generales”, así lo resume el historiador José Rafael Lovera en sus Gastronáuticas (Fundación Bigott 2006).

La caña de azúcar llegó prácticamente a la par de la conquista. Registros apuntan que Juan de Ampíes – fundador de Coro – la trajo desde Santo Domingo, en un proceso lento que se tomó un poco más de dos siglos para afianzarse, porque básicamente la producción exige mano de obra abundante, resistente y barata, que llegó con los esclavos traídos desde África.

El periodista y gastrónomo Miro Popic afirma “traído por los españoles y heredado por los árabes, el gusto por lo dulce se posicionó rápidamente en la memoria de los venezolanos” (Comer en Venezuela 2013). Una afirmación, que resume perfectamente la actuación del papelón y el azúcar en nuestra culinaria.

El papelón está presente en una porción amplísima de nuestro acervo culinario. Hace las veces de endulzante, ingrediente, condimento, golosina y medicina. Está en todas partes, sin embargo, pocos reconocen su rol. Increíble que, por ejemplo, en el libro “I love ají dulce” de Alejandro Martínez Ubieda, donde entrevista a doce cocineros venezolanos destacados en la actualidad, ninguno lo tilde como ingrediente fundamental de su cocina, ni de la culinaria criolla. Por ahí alguien lo nombra, nada más. Lo mismo sucede al revisar libros, ensayos, recetarios, noticias. Es decir, está presente, es relevante, pero no se le reconoce su importancia.

En un acto de infinita irreverencia, se puede comparar su historia al pasaje del hijo pródigo del Nuevo Testamento. El ají dulce es el hermano rumbero, que brilla, popular, divertido y picoso, mientras que el papelón es el hermano trabajador, constante, necesario, dulce, cuya labor es tan cotidiana que pasa desapercibida. El papelón ha estado siempre ahí, en cambio el ají dulce ha despertado un renovado interés.

Papel, papelito, papelón

El papelón es una “pieza sólida de melao de azúcar sin refinar, en forma de cono, panela, triángulo u otros”, define la gastrónoma Trina Arocha. Por su parte, Cartay en el Diccionario de la Alimentación y Gastronomía en Venezuela (1997), lo señala como “meladura del jugo de la caña procesada, una vez solidificada en forma cónica, dulce y de color marrón claro”.

En ambas definiciones se trata de uno de los dos derivados de la caña: el papelón que se convertirá en azúcar refinada y la melaza de donde se extrae el ron. Pero Cartay da un paso más allá y los clasifica: blanco, de grano, dorado y negro. Que en nuestra culinaria se pueden aplicar rallado, en trozos o convertido en melao, para lo que se diluye con una porción de agua.

Así, el melao, el guarapo, el papelón y el azúcar no faltaron en ninguna mesa ni en ninguna alforja. Fueron productos que consumieron pobres y ricos. Desde el esclavo, cuya musculatura se desarrollaba a punta de zafra o de remillón, hasta la delicada contextura de sus encumbrados amos, todos endulzaron la cotidianidad culinaria nacional”, afirma Lovera.

Un inventario del papelón hecho en los principales recetarios refleja su presencia en como endulzante de caratos, jugos y bebidas. Su presencia en platos nacionales como asado negro, el guiso de las hallacas – caraqueñas – algunas sopas como la olleta, granos, guisos – carnes blancas y rojas – tortas, golosinas, granjería criolla, naiboas, arepas dulces, conservas, jaleas, postres y panes, incluso la dora del pan de jamón lo lleva. Es decir, se trata de nuestra sal y nuestra azúcar.

Con mayor o menor fuerza aparece en todos y cada uno de los estados venezolanos, pero en cada lugar ocupa un rol particular, tal como se aprecia en publicación Entre Gustos y Sabores de Rafael Cartay, que hace un minucioso inventario gastronómico de todas las regiones. “Por ejemplo en Lara a la gente le molesta el dulce en la comida, nosotros y digo nosotros porque soy caraqueño y aprendí a comer aquí, a los centrales nos gusta el tema del dulce en la comida, la combinación dulce/salado es muy cotidiana (…)”, afirma el chef Francisco Abenante en el libro de Martínez Ubieda.

Nunca demodé, siempre oportuno

Hoy el azúcar refinado ha desplazado al papelón y la canela (…) en 1948 se producían en el país 88.467 toneladas métricas (…) en 1970, esta cifra había caído a 17.763. (…) Desde 1971 desaparece de los anuarios estadísticos del Ministerio de Agricultura y Cría, lo que nos lleva a pensar la insignificancia del rubro ni siquiera mereció la atención de los estadígrafos”, puntualiza Lovera en sus Gatronáuticas.

Sin embargo, muchas preparaciones los exigen por definición como el refrescante papelón con limón, golfeados, buñuelos, panes de jamón, hallacas caraqueñas, panelitas de San Joaquín, naiboas, besitos de coco, conservas, el asado negro entre otras delicias criollas. Recetas que no están dispuestas a negociar su sustitución.

Lo increíble es que los años de escasez de productos de la cesta básica lo han beneficiado, mientras la gente hace largas colas por el azúcar, el papelón siempre está ahí – de mejor o menor calidad – dispuesto a endulzar el paladar de quien lo necesita. Relativamente económico, sabroso y los profetas del desastre nutricional, lo señalan como un aceptable sustituto del azúcar junto a la miel. Increíblemente, cinco siglos después de su llegada esta historia mantiene la atención como el primer día.

Texto publicado en la sección Así Somos de la Revista Bienmesabe, mayo 2014.

¿La cocina callejera se redime?

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“En la cocina callejera todos somos iguales, de las pocas situaciones de la vida donde pasa esto (…) no tiene código de vestido, no se le da estrellas, ni aparece en las guías. Solo exige hambre», expresó la chef Josefina Santacruz en Mesamérica 2014

La comida de la calle, la que se expende y elabora en plena vía, desde hace algunos años ha llamado la atención de cocineros y gastrónomos. Lo que antes era mirado con cierta desconfianza y resquemor, ahora resulta fuente de inspiración y solución a la dinámica frenética que imponen las grandes urbes.

“En las nuevas sociedades la comodidad ha vencido a la cocina (…) Resulta evidente que esta apresurada manera de proceder ha transformado en las últimas décadas nuestra relación con los productos, la cocina, el entorno e incluso las personas”, afirma el filósofo vasco Daniel Innerarity, sobre un hecho que apoya directa e indirectamente esta especie de renacer.

Apuntes sobre los actuales pasos de José Rafael Lovera

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El profesor José Rafael Lovera es uno de los principales investigadores de la gastronomía venezolana y latinoamericana. Pero como reza aquella máxima,  nadie es profeta en su tierra. Entonces,  el gobierno colombiano por segundo año consecutivo premia su labor como investigador.  El próximo 11 de julio, será galadonado por el Ministerio de Cultura de Colombia, para la ocasión ejercerá  el papel  como orador de orden en el Plaza Mayor de Medellín.

Google destaca el día de la inpendencia de Venezula con hallacas

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Google amaneció destacando el día de la primera independencia de Venenezuela – 5 de julio de 1811 -. Me encanta la imagen que utilizaron, que  como cosa curiosa lleva en medio dos hallacas, una abierta y otra cerrada acompañada de un juego de cubiertos como los que te tenemos todos en casa. Me emociona mucho que resalten nuestra gastronomía. Quien hizo esta imagen es venezolano o conoce muy bien nuestra mesa.  Solo faltaron las estrellas,  pero fantaseo al pensar que la misma persona ante la posiblidad de poner las 8 actuales – porque muchos venezolanos solo reconocemos 7 -, se curó en salud y las obvió.

Espero que la segunda y verdadera independencia llegue pronto, somos un país inmensamente próspero – en todo sentido -, en manos de los menos capaces. Gracias a Dios … nada es para siempre.

Compatriotas, ¡feliz día de la patria!

Qué se come y bebe en los juegos del Mundial Brasil 2014 – Crónica de @epilato

«En los estadios de un Mundial de Fútbol se come y se bebe lo que la FIFA quiere. Según mi experiencia, la comida es casi siempre la misma: hamburguesas con queso y sándwiches fríos, sin sabor a nada, ni siquiera al papel o el plástico del empaque, chucherías dulces y saladas y, en algunas ocasiones, como en Brasil 2014, cotufas.

Para beber, los infaltables eternos patrocinadores de la FIFA: Coca Cola, normal o zero, y cervezas, Budweiser. En cada Mundial, la FIFA negocia la presencia de marcas locales. Por eso en los estadios del Mundial brasileño se venden los chocolates y helados Garoto, estos sí, una delicia, y las cervezas Brahma con alcohol y sin alcohol. También venden agua de una marca local.

Inventario «sopístico» venezolano

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En toda Venezuela se toma sopa. Somos un pueblo sopero. No hay una sola región que no tenga una receta emblemática, que condense en la mezcla de caldo y sustancia lo que le rodea cultural y económicamente. Es posible dibujar un mapa del país con exactitud satelital, siguiendo las coordenadas de estos condumios.

A continuación un inventario de las sopas más consumidas en Venezuela, forma parte del reportaje escrito para la edición de mayo 2014 de la revista Bienmesabe.

Un club para el «buen beber» de las birras

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Cerveza Regional promueve un club del «Buen Beber», dirigido a los amantes de la birras y quienes se ocupan de su venta y servicio.  El proyecto lleva un año ejecutándose, a la par de esta moda o tendencia de armonizar las cervezas con la comida.

Lo cierto,  es que todo lo que educa y beneficia al consumidor es bienvenido, porque a pesar de ser uno los países con mayor consumo per cápita de cerveza en el mundo, nuestros niveles de conocimiento son realmente deficientes. El club va a buen ritmo, en un año han pasado por sus manos más de 1500 personas, entre consumidores, mesoneros, bartenders, dueños de establecimientos y comunicadores sociales, en varias ciudades de Venezuela.

La gallinita ciega

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Caminamos sin ver a nuestro alrededor, tanto que es un milagro que no nos tropecemos o demos golpes contra las paredes. Comprensible que en una ciudad como Caracas, el miedo y el apuro acentúen esta carrera contra el tiempo, que significa salir a la calle. Especialmente, cuando dejamos a ratos los espacios donde nos sentimos «seguros».

Sin embargo, no solo se mira con los ojos, se percibe la ciudad con los oídos, el paladar, el olfato, los recuerdos, el tacto y las expectativas. Me sorprende cada vez que hago una ruta gastronómica, cuando se repite el comentario: «He pasado por aquí muchas veces y no me había dado cuenta. No lo había visto».