Inicio Blog Página 33

Plagio y curaduría digital … ¿son lo mismo?

La periodista venezolana Enriqueta Lemoine ha emprendido una cruzada comunicacional y legal, para que se respeten los derechos de autor del material gráfico que publica, principalmente fotos de suculentos platillos.  Hasta el momento sus acciones han alcanzado éxito contra varios medios digitales y tradicionales, y en la mayoría de los casos ha logrado que retiren las fotografías o le asignen los créditos correspondientes. Pero el caso de Savour Fair es un una gota de agua en el océano digital; cuyas prácticas están en constante evolución, con nombres extrapolados de otras disciplinas, tal como sucede con las llamadas “curadurías”.

“En los casos de plagio y robo de fotos y otros contenidos digitales, la estadística es terrible y vergonzosa: por cada 10 fotos plagiadas, ocho son robadas por medios, periodistas, chef de cocina, blogueros y supuestos creadores de contenido digital”, afirma Lemoine, autora del blog gastronómico Savour Fair.

¿Qué es una curaduría?

Se trata de un término venido del mundo de las artes plásticas y las galerías. «curador de arte debe poseer herramientas conceptuales para asumir la responsabilidad de la colección de un museo o de un espacio expositivo, al igual que para proponer lecturas de la obra de arte en uno o varios contextos. Se requiere una sólida plataforma intelectual para definir un perfil curatorial, seleccionar obras, identificar vacíos, ubicar las piezas necesarias y estimular conexiones y diálogos entre ellas.  En tal sentido, es imperativo conocer profesionalmente el trabajo de los artistas y  estar en capacidad de generar contenidos que acompañen y comuniquen con propiedad las exposiciones”, afirma la museóloga venezolana Ivanova Decán.

A la luz de la descripción hecha, guarda poca o ninguna relación con la acción de tomar una imagen o texto, darle un corte y pega en otra información, la mayoría de las veces modificándola y fuera de su contexto original; y peor aún, sin citar la fuente o autoría. Entonces yo me pregunto, ¿Dónde acaba la curaduría y comienza el plagio?

Qué se dice de curaduría digital

La palabra curador es un anglicismo que proviene del vocablo ‘curator’ y  aunque es usado regularmente en español, muchos prefieren el término comisario.

Comenzando por lo básico, Wikipedia al respecto se refiere al término como  “un barbarismo por anglicismo acuñado por profesionales del mundo del marketing, aunque actualmente ha sido adoptado por otros campos, que surge gracias a la necesidad adquirida que las empresas y profesionales del marketing tienen de localizar, filtrar, modificar y distribuir, de forma segmentada, parte de la gran cantidad de contenidos que se generan en Internet. Hace referencia por tanto a la actividad consistente en la selección y difusión (curation) de contenido (content) en la web”.

Por su parte, el periodista español experto en análisis de tendencias digitales Curro Lucas  al respecto expresa, “cuando se limita a un copia/pega sin aportar nada nuevo al contenido y sin nombrar la fuente original. Pretende hacer creer al visitante que esa información ha sido trabajada desde cero por el autor del post”.

En la misma línea el informático especialista en redes sociales Gilberto Pagua afirma “curaduría es un proceso o metodología que como base u objetivo no debe cambiar entre un ámbito u otro. Por lo que un curador de información selecciona contenidos a fin de transmitir un mensaje con un punto clave: El respeto por las reglas y la metodología para lograr el mejor resultado y, en el caso de contenidos digitales, el respeto a los derechos de autor”.

Sobre curaduría y sus delimitaciones el periodista Luis Carlos Díaz afirma “El curador funge como un DJ de informaciones, la compila, procesa y la convierte en otro producto que se consume de forma distinta. Está más allá del retuit o la cita”.

¿Cuándo se convertirse en plagio?

SAVOIR FAIRE plagio de MétodoComa rutas golosas
Foto: Savoir Faire

Lucas comienza su respuesta afirmando que no le gusta mezclar el tema de las curadurías con el plagio, al punto que aclara que “hay suficientes herramientas para localizar fotografías con licencias no restrictivas, que permiten usar contenido de otras personas y que normalmente a cambio solo piden cuestiones tan razonables como que se respete la obra original o que se enlace al autor original”.

Sin embargo, Padua abre el espacio de la duda al decir que “a veces no se respeta la metodología, ya sea por desconocimiento o falta de interés. Lo triste y doloroso es que estamos en una época en la que es más fácil de detectar y a la vez se está produciendo en mayor cantidad. Y pareciera que la razón por la que crece el plagio es «porque los demás lo hacen». Un punto importante, donde parece que una reiterada mala práctica se ha hecho hábito y explica el por qué de las estadísticas con la que se inició este texto.

“El plagio ocurre a muchos niveles: robar contenidos sin citarlos, e incluso citarlos pero llevárselos completos también puede ser mal visto. Y el otro plagio es la inspiración. Si tú haces un serie de 5 cosas que comer en Lima, y luego 5 postres y luego 5 cosas para comer con menos de 2 dólares… se ve feísimo que a mí «se me ocurra» lo mismo para mi página competidora”, afirma Díaz.

Lemoine sostiene en su defensa que sus fotos tomadas sin su permiso están protegidas por la leyes de Propiedad Intelectual y Copywright de los Estados Unidos de América, pero hasta qué punto es vinculante a otras leyes, un campo donde se han dado logros pero no suficientes.

Tal vez el enfoque va por los caminos de la ética, que suelen ser sinuosos, dependen de la acción individual y que en la mayoría de los casos no tiene consecuencias judiciales ni financieras. Sin embargo, Lucas asevera que “la ética parece un valor a la baja. Pero a diferencia del mundo analógico, en el digital es relativamente fácil detectar y señalar al que se salta esos principios éticos. Tarde o temprano en internet habrá una purga, a la que ayudarán los algoritmos de grandes empresas como Google o Facebook, y solo prevalecerá el contenido que de verdad aporta un valor al internauta”.

Texto escrito originalmente para el portal peruano www.layemadelgusto.com

Melina Bertocchi da su «Palabra de vino»

Palabra de vino empezó como una columna mensual en una revista, que evolucionó  hasta un proyecto que primero fue una fan page en Facebook, luego una página web y ahora un canal en Youtube. Al frente está la comunicadora gastronómica venezolana-uruguaya-peruana Melina Bertocchi, enamorada de los vinos y destilados, quien comparte información variada sobre estas bebidas, abarcando productos, productores, enólogos, cocineros y armonías.

La página www.palabradevino.com tiene cuatro secciones: «5 sentidos» con productos que además de etiquetas de vinos, incluye chocholate, café, vegetales, entre otros; la otra sección es «personas», con entrevistas a personalidades del medio gastronómico; le sigue «rutas del vino» con crónicas y reseñas de viajes; y finalmente, los videos que en sus primeras ediciones están centrados en resaltar la gastronomía peruana y reivindicar los vinos de dicho país, «cité a reconocidos cocineros para que prepararan platillos emblemáticos armonizados con etiquetas locales. Tengo la impresión – casi convicción – que el peruano no cree en sus vinos», expresa Bertocchi que entre sus fortalezas destacan su lenguaje directo, sencillo y didáctico, que no intimida e invita a aprender y compartir.

Bertocchi presentará el primer video donde el chef Gastón Acurio elabora ceviche. Entonces, cada semana subirá las otras ediciones con la participación de Mitsuharu Tsumura del restaurante Maido, luego Héctor Solís de los restaurantes Fiesta y La Picantería, le sigue José del Castillo de La Red y culmina, esta primera etapa, con Ignacio Barrios de Urban Kitchen, que es un local de cocina participativa. Cada video tiene una duración aproximada de tres minutos, que a juzgar por un adelanto que me compartió Bertocchi  están bien producidos, con imágenes cuidadas y un discurso que deja sin dudas el punto que quiere exponer la comunicadora.

www.palabradevino.com

La arepa sí tiene sabor

arepa«La vida es como una arepa, sabe a lo que le pongan», reza un frase que se ha hecho muy popular en redes sociales recientemente. Pero qué tan cierta es dicha afirmación. ¿En verdad la arepa carece de sabor? ¿No será que olvidamos el suave y persistente sabor del maíz? ¿De dónde viene la percepción que las arepas no saben a nada? 

Durante años preparar arepas fue un proceso laborioso, que pasaba  por desgranar el maíz, cocinarlo, molerlo, amasarlo hasta finalmente cocerlas. Por ejemplo, la receta registrada en el libro rojo de Armando Scannone (1982) ocupa 3 páginas en 17 pasos con sus ilustraciones.  Un proceso que requería tiempo y destreza, pero la sociedad cambió y el tiempo disponible migró a cubrir otras necesidades, al punto que esa arepa que mora sin reparos en el corazón de cada venezolano, estuvo a punto de desaparecer, hasta que a mediados del siglo XX apareció la harina de maíz precocida.

Ciertamente, el nuevo producto salvó a la arepa de la extinción, pero cobró lo suyo: le restó sabor. Tienen toda la razón quienes afirman que la arepa no sabe a nada, pero hay que aclarar que son las hechas con este tipo de harina. Porque quien ha tenido la oportunidad de comer arepas de maíz pilado, saben que tiene un gusto inconfundible, además de textura porque es rica en fibra.

Cuando salió la harina de maíz precocida al mercado, nadie sabía cómo se usaba y mucho menos qué se podía hacer con ella, era como hablar de cocina molecular en la actualidad. Fue un producto que revolucionó nuestra cocina para siempre. Por eso se entrenó a un grupo de cocineras que recorrieron toda Venezuela enseñando su versatilidad. Incluso se hizo un recetario donde se mostraba cómo preparar lo  en estos tiempos damos como obvio: arepas, empanadas, caratos, hallacas, pelotas, polentas criollas, bollitos y pare de contar.

Arepas con papelón y anis rutas golosas. Foto: savoirefaire.blogspot.com

Por otra parte, dónde quedan arepas peladas con su sabor a tierra, las andinas elaboradas con trigo, las dulces con papelón y anís, las de chicharrón, incluso las amarillas de maíz tierno que se consiguen a la orilla de la carretera, que cuando están calientes se pueden comer de un tirón.

A la arepa sin relleno se les llama «viuda», adjetivo inspirado en su soledad y que sin lugar a dudas está hecha para ser acompañada por un rico relleno, pero no por la ausencia de gusto.

A veces me asusta y preocupa el limitado conocimiento que tenemos de nuestra propia culinaria, que comienza en campos tan elementales como el de la arepa, de la que todos hablan y creen saber y hasta nos atrevemos a decir, retuitear y repostear cualquier cosa con ligereza.

La próxima vez que lea o le digan por esos caminos inciertos de las redes sociales que la vida es como una arepa … primero pregunte, ¿cuál arepa? Porque existen muchas versiones, colores, texturas, dimensiones, temperaturas y  sabores. Detengámonos a pensar, cómo vamos a defender y difundir nuestra gastronomía cuando en lo esencial estamos raspados.

Villa de Cura, con hambre y anarquía / por Elsa Pilato

 saqueos villa de cura 2 rutas golosasVilla de Cura fue noticia nacional por los saqueos que se produjeron el lunes por la noche y el martes de esta semana.

El martes los supermercados del centro amanecieron, como sucede casi todos los días de la semana, con gente en cola y mucho más gente aglomerada en las puertas de los establecimientos.

La rutina es que grupos de personas se muevan de negocio a negocio según los productos que estén vendiendo. La angustia por no encontrar los alimentos básicos, el madrugonazo, las largas horas de pie en una fila, los silbidos, gritos, empujones y golpes ya son normales para el villacurano. Ese día la diferencia fue que cerca del mediodía la gente empezó a correr con nerviosismo e incertidumbre al regarse la voz de los saqueos que sucedían por la plaza Bolívar, y la mayoría de los comercios cerró sus puertas. Más tarde, una caravana de antimotines de la GNB logró que las personas y vehículos prácticamente desaparecieran del centro por algunas horas.

Los rumores llenaron ese vacío en esta ciudad del sur de Aragua, pero también los testimonios que dan cuenta de secuestros de camiones con comida, saqueos organizados nadie sabe bien por quién, o no se atreven a decirlo en voz alta.

La noche del martes 9 de agosto, en dos barrios distantes, según testimonios de familias amigas, “los muchachos” de la zona tocaron la puerta de las casas para dar exactamente el mismo mensaje: “Esta noche a las 10 llega un camión de pollo para saquearlo, esté pendiente para que agarre”. En efecto, el camión llegó a uno de los barrios; el chofer, cuentan, recibió dinero para conducir la cava hasta la zona y dejar que la gente tomara la mercancía.

Algunos habrán saqueado, otros, a pesar de no haber podido trabajar por culpa del día convulsionado en La Villa, de tener poco o nada para cenar y desayunar, se abstuvieron. “Eso es robar, pan para hoy y hambre para mañana”.

saqueos villa de cura 3 rutas golosasLa Villa ya no es de Cura, es la villa de la anarquía.

Un lugar donde pocos respetan la ley, donde el empoderamiento del pueblo, tan mentado en los últimos 18 años, se ejerce a punta de pistola; donde paran un carro y le dicen al conductor “abre el capó y saca la batería”, donde al salir de una panadería te arrebatan la bolsa de pan.

También es la villa donde se pone en duda la actuación de los funcionarios policiales, donde se cuestiona su integridad en estos duros tiempos de escasez; donde la dueña de un negocio humilla a la gente en la cola sin importar su edad ni condición; donde mujeres con niños en brazos se apiñan frente a un supermercado con la esperanza de comprar algún producto regulado; donde amanece y la cabeza de familia tiene que pensar con qué y cómo alimentará a su familia.

Villa de Cura es solo una pequeña porción de Venezuela. Seguramente, quienes lean este texto tendrán historias similares o aún peores para compartir. Todos sufrimos las consecuencias de un pésimo gobierno que comenzó en 1999, el peor de nuestra historia.

 

Fotos: Elsa Pilato

Viaje fotográfico a las chicherías y picanterías del Perú

Mestiza tomando chicha. Foto Martín Chambi 1931
Mestiza tomando chicha. Foto Martín Chambi 1931

«La caverna de la nacionalidad: Chicherías y picanterías en el Perú republicano» es un hermoso registro histórico y fotográfico de estos dos centros de la culinaria del país andino que son patrimonio inmaterial de la humanidad.

Los salones de la Casa Aspíllaga en el centro histórico de Lima, donde funciona el centro cultural Centro Cultural Inca Garcilaso de la Vega del Ministerio de Relaciones Exteriores, es el escenario de un viaje extraordinario de imágenes de la tradición, conde se erige la chicha como la bebida de la cotidianidad y de los días especiales. La curaduría estuvo a cargo de Alonso Ruiz Rosas y Gredna Landolt.

Chicha de jora, morada, blanca de quinoa, de güiñapo, de mollepata dibujan la geografía del Perú en un trazo que lo complementan las picanterías, como bien las define un texto de Eleana Llosa (1992) «es un ser completo con cuerpo y alma: su cuerpo consiste en el espacio que ocupa con sus muebles, menaje y preparados. También son partes del cuerpo sus trabajadores y el público que fluye por ella. El alma le ha sida dada por la dueña con su peculiar modo de preparar chichas y alimentos, su forma de atender al público, su trato con quienes la ayudan y toda su actuación que vitaliza a la picantería».

chichas y picanterias1 rutas golosasPor su parte. «debajo del nombre de la chicha de maíz se comprenden todas la bebidas que usaban los naturales desde el Nuevo Mundo en lugar de vino, y con que muy frecuentemente se embriagaban (…) hácese la chicha de muchas cosas, acomodándose cada nación a aquellas semillas y frutas que más en abundancia produce su tierra, para hacer chicha de ella (…) Pero la mejor chicha de todas y que generalmente se bebe en esta tierra, la cual, como vino precioso, tiene el primer lugar entre todas las demás bebidas de los indios, es la que se hace de maíz», reza un escrito en la entrada de la muestra.

chicherías y picanterías 2 rutas golosasPara quien está en Lima o la visitará próximamente es una oportunidad fantástica para nutrirse de la historia de América a través de la chicha y su mundo; y a quienes están lejos comparto algunas fotos en esta nota.

chicherías y picanterías 3 rutas golosasLa exposición es gratuita y está abierta de martes a domingo hasta el 31 de agosto. Dirección: Jr. Ucayali 391 – Cercado de Lima, de martes a viernes de 10 de la mañana a 8 de la noche y hasta las 6 de las tarde los fines de semana y feriados.

¿Creerías en la palabra de un «hater» gastronómico?

¿Por qué criticar es tan popular? En la redes sociales una nueva jerga llamada «haters», que viene viene a ser como «odiadores»,  se dedican a refutar por encima de todas las cosas. Parece que para este tipo de internauta nada está bien, ni es suficientemente bueno, ni agradable, conformando una eterna estampa de la inconformidad. ¿Rebeldes sin causa?, ¿Espíritu de la contradicción?, ¿Sentido de superioridad? Lo cierto es que parece que no hay área o sector en las redes que salven de ellos. Y en gastronomía, ¿existen los haters?, ¿cómo identificarlos?, ¿son conocedores y dignos de credibilidad?

Fuente: The Guardian / Pictoline
Fuente: The Guardian / Pictoline

Le hice estas preguntas a Ligia Velásquez directora de la Revista Bienmesabe, Guillermo Amador de Caracas Café conocido como @modulor  quien vive actualmente en Estados Unidos, a Zinnia Martínez @lacomensal, a Gilberto Pagua editor venezolano de La Casa de Antociano radicado en Guatemala, al periodista español Curro Lucas y a Mary Sáenz del portal peruano La Yema del Gusto.

¿Crees que existen los haters en gastronomía?, ¿Cómo identificarlos?

«Haters existen en todos lados, aparentemente es más sencillo destruir lo que alguien hace, que construir tu mismo. Ahora, no es lo mismo ser un crítico y hacer crítica, a ser hater. Por muy dura que sea la crítica, criticar no es ser hater, porque éste se que se queja de todo y de todos, solo para llamar la atención, para llevar la contraria, para sentirse o parecer «contestatario», expresa Guillemo Amador.

«La palabra que mejor asocio con ellos es «exacerbado», sus opiniones carecen de balance, mesura y, en consecuencia, de objetividad», sentencia Gilberto Pagua.

«La condición de hater los hace sentir diferente y superior. Y bueno, normalmente critican todo lo que prueban, escuchan, leen, etc. Pero haters -haters yo diría que son esos que – abundan actualmente en Venezuela- sienten placer al comentar en las publicaciones sobre cualquier restaurante, nuevo producto o receta lo difícil que es conseguirlo, comerlo, comprarlo o encontrarlo», asegura Zinnia Martínez.

«En principio no creo que haya haters gastronómicos. Sí creo que hay personas que no le dan importancia a la gastronomía y al comer bien y como alguien alguna vez me dijo «para mi comer es como una transacción». Creo que puede haber gente que odia a quienes nos dedicamos a tomar fotos de los platos… porque no nos entienden, incluso sí hay gente que odia a quienes escriben sobre el tema pero que no han demostrado saber sobre la fuente y hablan con irresponsabilidad», comenta Ligia Velásquez.

«Se identifican porque, generalmente, opinan desde el anonimato y el desconocimiento, pero sobre todo desde el odio. Arremeten contra todo:  la alta cocina, los cocineros rockstar, los food trucks, las cervezas artesanales, las fotos de comida y todo lo que se ponga en la diana. Parecen especialmente incisivos con los periodistas y bloguers gastronómicos», afirma Curro Lucas.

¿Para ser hater en gastronomía hay que ser conocedor?

«El hater se define por la crítica destructiva y por el rechazo sistemático sin argumentos sólidos. En este sentido, no creo que haya que ser conocedor de nada para ser hater. Es suficiente con vomitar odio», sentencia Curro Lucas.

«No, para nada. La conciencia de comunidad global y el internet ha facilitado que cualquiera pueda escribir sobre gastronomía, sea que conozcan o no, y autoproclamarse conocedores o críticos. Por ejemplo, hace unos días, en un gracioso posteo por las Fiestas Patrias peruanas devino en un acalorado debate entre un bloguero y un bartender porque el segundo brindó con una conocida marca de cerveza industrial, mientras que el primero prefiere las artesanales. Un verdadero «conocedor» sabe en cuales son los espacios más adecuados y cómo y a quién dirigir una crítica o aporte. Cruzar esa línea, en la que no disfrutas y no permites disfrutar a los demás así te tomes agua de culebra te convierte en un hater«, explica Mary Sáenz.

«Internet se ha encargado de hacer que todo el mundo sea experto en cualquier tema.  Así que para ser un hater solo se necesita la intención de serlo, consiente o inconsciente», señala Pagua.

¿Creerías en la palabra de un hater gastronómico?

«Por desgracia la democratización de la opinión que llegó con las redes sociales también ha traído el triunfo de la mediocridad. Ojalá hubiera más haters gastronómicos divertidos, elegantes, con mordacidad e inteligencia. El circo gastronómico está lleno de material tentador al que se le podría sacar punta. Necesitamos haters profesionales en la gastronomía», aclara Lucas.

«Hay que tener en cuenta que la crítica per se es un género periodístico, bien utilizada puede ser un poderoso instrumento para la toma de decisiones. Pese a que aún en el Perú hay poca cultura gastronómica y más bien se coma por el simple hecho de ser algo tradicional, porque eso se come en determinada fecha, hay también quienes se animan a probar ciertas propuestas debido a lo que leyó en algún sitio o porque alguien se lo recomendó, así sea feo. La gente va y come, punto. Si creería en las palabras de un hater gastronómico, la verdad no, o en el peor de los casos le daría el beneficio de la duda«, dice Mary Sáenz.

«No, porque por el solo hecho de ser hater pierde, para mi, la credibilidad. No sabemos si se está quejando para hacer ruido y llamar la atención, o si nos está dando su opinión sincera», sentencia Amador.

 

¿Recomienda o nombra a personas o cuentas de redes sociales que sean haters gastronómicos?

«De momento no he encontrado ninguno que merezca una atención especial», expresa Lucas.

«Con el respeto que se merece creo que ahí califica Ignacio Medina, no sé que tiene con la comida peruana pero de cada 10, 0.01 es algo medio bueno», afirma Saenz.

«No, porque no puedo con los haters, no los aguanto. Soy hater de los haters«, aclara Martínez.

«No me gusta hacerle publicidad a lo negativo, me gusta promocionar a la gente que construye, más bien recomiendo seguir a Zinnia Martínez (@lacomensal), Rubén Darío Rojas, Alberto Veloz, Nidal Barake, que siempre muestran lo interesante del mundo gastronómico», declara Guillermo Amador.

 

Personalmente, no soy fan de los haters, es muy difícil criticar en gastronomía porque es una disciplina que requiere mucho entrenamiento, estudio, sentido común, reflexión y buena pluma. Por eso los críticos son pocos, lo demás es por una parte, profesionales que con formación y criterios sólidos orientan a sus lectores o espectadores; y por otra un mundo donde todos tenemos derecho a opinar sobre lo que comemos, lo que nos gusta y que no, pero con respeto.

Como bien dice Gilberto Pagua, «ser un comelón profesional no me da el derecho de destrozar un platillo, un chef o un restaurante».

 

ME GUSTARÍA MUCHO QUE EN LA SECCIÓN DE COMENTARIOS DE ESTE BLOG, COMPARTAN SUS IMPRESIONES SOBRE ESTE TEMA, QUE ESTOY SEGURA ENRIQUECERÁN ESTE TEMA Y TRAERÁ COSAS BUENAS PARA TODOS.

Come, que el hambre queda

desayuno freddy sanchez con comentario rutas golosasSi sales de Venezuela no escaparás del hambre. Se trata de una patología adquirida para siempre, que cambia tu manera de relacionarte con lo que te llevas a la boca. Sobrepasa el dolor físico que produce el acto de pasar hambre, porque se padece de muchos modos. En días recientes, la  doctora Marisol Ramírez de Psicólogos Sin Fronteras explicaba las consecuencias mentales que trae esta carencia, en un foro organizado por la Fundación Bengoa y Fe y Alegría.

Ramírez explicaba que el hambre produce rabia, miedo, tristeza, angustia y ansiedad, que desdibujan roles y dinámicas sociales, y que nos empequeñece. Pero yo lo llevaría un paso más allá, porque se convierte en una cicatriz que ese porta para siempre. Me explico mejor y antes quiero aclarar algo, jamás he pasado hambre física, ni siquiera cuando he intentado hacer dieta, por eso jamás he concluido una con éxito. Me encanta comer y vivo de eso.

Pero en Lima han saltado comportamientos que me han sorprendido a mi misma. Por ejemplo, me produce extrema angustia ver que se bote o sobre comida, tiendo a acumular aunque se que puedo volver al supermercado cuantas veces desee, incluso me he encontrado juzgando a la gente a mi alrededor porque sin reservas desecha la comida que no desea. Siempre me costó entender a los paisanos de mi papá que tenían grandes despensas en sus casas donde almacenaban cantidades exageradas de comida, ahora lo veo con claridad: pasaron hambre.

El día de la celebración de las fiestas patrias una mesa a rebosar de platillos deliciosos casi me causa mareos. Era tanta la comida que hasta sentí cierto rechazo y aún más cuando vi todo lo que sobró, porque era tal la cantidad que la mayoría de los comensales repitió y todavía quedaba para un par de rondas. En un primer momento, me encantó aquella mesa repleta de manjares, pero la euforia derivó en una gran tristeza y nostalgia. Una nostalgia por la celebraciones de la propia patria, recordé nuestra coloridas mesas navideñas y de cualquier celebración que ahora son tan cuesta arriba de realizar, cuando es posible hacerlo. Es que hasta noté un atisbo de envidia en mi corazón. La estocada del día llegó con comentarios privados a la fotos publicadas en mis redes, no eran reclamos sino de profunda añoranza. Difícil de explicar, pero algo cambió.

El hambre sobrepasa los anaqueles del supermercado y hasta la extraña sensación de tener de dónde escoger. Pensando en la película Intensamente, es como si se creó la isla del hambre en mi cabeza, que ha cambiado la relación con la comida y la bebida.

Les pongo otro ejemplo, que pasa en Venezuela – salvo chavistas bien enchufados, boliburgueses y militares – el resto de la población pasa hambre.  Veo gente disculpándose por publicar fotos de platos sencillos y diciendo o escribiendo cosas como «no crean que soy rico», «no estoy enchufado pero.. «, «discúlpenme, pero me di el gusto». Uno podría pensar que se trata de foie gras, champagne, Armañac, salmón noruego, caviar beluga, entre otras costosas delicatessen, pero no … se refieren a preparaciones simples y populares.  En días recientes un amigo de Coro perteneciente a mi generación, ingeniero civil de los mejores publicaba una foto de desayuno dominguero con la siguiente nota: «Comparto esto a mi propio riesgo. Quien lo vea pensará que soy de una clase privilegiada, pero lo cierto es que tenía mucho tiempo sin desayunar tan completo. Un plato con caraotas, cazón, queso rallado, huevos revueltos con jamón, aguacate y una arepa pelada es ciertamente un gran privilegio por el que hay que estar agradecido». Eso es una secuela del hambre, la sensación de angustia y de culpa. Yo sentí mucha tristeza y rabia.

Tal vez no lo vemos, pero pasa a diario, cuando alguien cocina platillos que antes eran cosa común como quesillos, tortas, tres leches, suspiros, rellenos de arepas, asados, pabellones  y pare de contar. El hambre también produce tristeza que se vive a través de la nostalgia. Se instaló en nuestra vida y cultura y pasará mucho tiempo antes que desaparezca, es posible que mi generación no lo vea.

El gran mérito chavista ha sido empobrecer en todo sentido a un país rico en época de abundancia. La contraparte de esto es que lo superaremos.  Miro a Perú, lo sucedido con la Europa de la post guerra, incluso China donde se vivió la hambruna más grande de la historia reciente. Pero todos tienen en común – quien lo vivió – que el hambre dejó su  marca. No se olvida, llegó para quedarse, incluso cuando la superemos.  El hambre ha dejado de ser un asunto de geografía, porque también se empaca y acomoda en las maletas de quien «se va».

La diáspora de mantel largo

Parece que la arepa conquista el mundo, se ha vuelto popular, se habla bien de ella y de sus propiedades. He contabilizado más de mil expendios en un poco más de 50 países de arepas y otros platos criollos como cachapas, cachitos, tequeños, tostones, entre otros.

Pero, ¿qué pasa con la gastronomía venezolana más refinada, compleja, que sobrepasa el formato diario y se enfoca en lo festivo, o los platillos que reinterpretan sabores, presentaciones y los colocan en restaurantes de mantel largo?

franz_conde rutas golosas
Chef Franz Conde

Los viajeron llevan en su equipaje ollas y recetarios, la comida es la conexión más directa con la patria. Eso explica la emoción de un venezolano en el exterior cuando ve un toronto, malta, harina pan, frescolita o pirulines, por mencionar algunos productos que crecieron con nosotros. Pero este es un proceso por el que han pasado muchos pueblos que han experimientado la diáspora.

Italia, China, Líbano, Colombia, Perú, España, son ejemplos de culinarias famosas porque sus ciudadanos tuvieron que salir de su territorio y la nostalgia viaja en el estómago y en el corazón. Bien decía mi papá, un italiano que llegó a Venezuela a los seis años, que tenía más compatriotas fuera que dentro de la bota.

Lo cierto es que la dolorosa diáspora venezolana, empacó su cocina, sabores y  concepción de la mesa. Entonces, no es casual que la arepa ahora sea popular por su formato sencillo y fácil de reproducir. Incluso, a veces me preocupan las distorsiones que he visto en algunos expendios de cocina venezolana, llevada a cabo por manos que no tenían experiencia antes de la partida o peor aún, una visión muy limitada de nuestra mesa, donde el recetario se reducen a no más de quince platillos.  Pero es inevitable que estas cosas sucedan y también le ha pasado a otras gastronomías.

Aunque me produce sentimientos encontrados, veo con gozo la presencia de profesionales con formación sólida frente a los fogones en otras tierras, mostrando una visión de nuestra alta cocina o dejando colar combinaciones y prácticas refinadas. Algunos nombres brillan como Franz Conde en Amsterdam, Isaam Koteich en Dubai, José Luis Álvares en Estados Unidos, Karlos Ponte en Copenhage, Guillermos Guillén en España, Ana Belén Myerston y Paul Lenois en Bogotá, Enrique Limardo y Tatiana Mora en Baltimore, son algunos ejemplos. A lo que hay que sumarle sous chefs, cocineros, pasteleros, sommeliers y personal de sala.

enrique limardo
Chef Enrique Limardo

Se trata de la cocina venezolana más refinada, reinterpretada en un formato de restaurant de mantel largo, a la luz de las nuevas tendencias y tecnologías, es decir, otro espacio donde nos empezamos a expresar en voz fuerte y clara. Los reconocimientos no se han hecho esperar, por ejemplo, Limardo ha sido premiado como chef del año por Baltimore Magazine. Al respecto expresa, «están enamorados de nuestros sabores, de nuestra manera de hacere las cosas».

Tal vez esto no lo veamos ahorita, porque el dolor de las partidas no es fácil de sobrellevar y nubla la visión, pero la  gastronomía venezolana salió de la intimidad, se ha metido en maletas y viaja por el mundo. Primero en puestos callejeros, y lentamente conquista espacios más sofisticados, que junto al ron y el cacao llevan una imagen sabrosa de Venezuela, tan necesaria en estos momentos.

Ricard Camarena, «lo mejor del plato está en el caldo»

Los caldos son la fuente y la raíz, transcendiendo su rol como preámbulo de platos fuertes, más allá de asentar el estómago y marcar un reconfortante comienzo. El chef valenciano Ricard Camarena ha puesto la lente de aumento sobre una receta que se muestra sencilla, pero ha logrado depurarla escudriñando en la simplicidad donde se ha topado con una complejidad inusitada.

A sus caldos les retiró el agua, pero resultan inmediatos y frescos, potentes, el mismo chef afirma que son “flor de un día” porque tanta potencia es proporcional a la oxidación. Sin embargo, en su laboratorio I+D (Investigación + Desarrollo) ha logrado reducir al máximo los tiempos de cocción, y lo que en la creencia popular necesitaría un par de horas de fuego, en sus fogones solo requiere diez minutos.

No en vano su menú de Ricard Camarena Restaurant comienza con una infusión fría de verduras, hierbabuena y pimienta, un primer sorbo que pisa fuerte y abre una fisura a la idea de lo que le sucederá. Continúa un extenso “predulio” compuesto por una docena de bocados distribuidos en igual número de platos; cada unidad es un perfecto corpus que a la primera y sin segunda vuelta, expresa y da todo lo que puede dar la fórmula. No hace falta más.

Screenshot_2016-07-29-20-28-32-1Pero Camarena juega con el comensal haciéndole creer que lo que sirve no lleva mayor complicación. Presentaciones sencillas, austeras en decoraciones y espectáculo, pero sólidamente concebidas y delicadas, nada está puesto al azar: ni el plato, ni su posición en este, ni los colores y mucho menos el orden de llegada. El chef se escuda con la simplicidad para presentar un entramado de sabores complejos, que se prenden al paladar dejando una profunda marca.

La propuesta en el restaurant donde enuncia su nombre en primera persona, tal vez es donde ofrece sus ideas más depuradas, o las que tiene en progreso, como si se permitiese retroalimentar los propios platillos con las reacciones de los comensales.

En una carta de veinte ocho enunciados para escoger veinte dos, se abre un espectro amplio donde se prueban platos que ha tenido la oportunidad de depurar y que forman parte de su haber como los espárragos blancos, salmón, coco y keffir; la sopa ligeramente picante con gamba roja, alcachofas fritas y estragón; la colmenillas a la brasa, jugo de boletus, perrechico y nueces fresca; y el plato que tal vez mejor lo resume y define: los guisantes estofados a las hierbas.

En un menú tan extenso, cuando llega el momento del postre por lo general no es sencillo mantener la atención del paladar, que ha sido sometido una jornada de sensaciones intensas. Sin embargo, Camarena logra mantener las notas altas con el mango maduro, curry dulce, hierbas y semillas y una nada usual versión de remolacha con frutos rojos acompañado de helado de leche y eneldo.

Una sinfonía que sostiene al espectador pegado a la silla, donde resulta imposible desviar la atención, una labor que tal vez le viene aprendida al chef de su otra pasión, la trompeta.

Sin agua, sustancia pura

Camarena es originario de Barx en Valencia, y junto a su coterráneo Quique Da Costa han colado su reinterpretación de la cocina valenciana y sus productos en el terreno de la vanguardia. En 2006 fue chef revelación en Madrid Fusión y al año siguiente le llegó su primera estrella Michelín con el restaurant Arrop, que repitió en 2011 ya contando con una ubicación distinta.

imagesEn febrero de 2012 se produjo la clausura de Arrop, pero en pocos meses ya estaba abierto Ricard Camarena Restaurant al que solo le hicieron falta tres meses para ostentar su primera estrella Michelín y la tercera del cocinero.

Este chef tiene fama de plantarse en sus propios términos, empeñado en colocar sobre el mantel una propuesta contundente, donde el líquido de sus platos no es añadida, sino que brota de los propios ingredientes, como bien expresa “somos agua principalmente”. Se trata de una melodía donde el cocinero hace las inflexiones, cambios y versiones que considera necesarias, pero sin mucho espacio para la improvisación. Platillos ensayados una y otra vez.

Pero para expresarse en primera persona en un mundo tan competido como la gastronomía de vanguardia española, no se le percibe como un rebelde sin causa, muy por el contario, su perseverancia y terquedad en ofrecer lo que cree y concibe le ha ganado el respeto, al punto, que el periodista catalán Pau Arenós lo incluye como uno de “los once” cocineros que marcan la pauta en terreno ibérico.

Da la impresión que Camarena invade Valencia, está por todas partes y con distintas caras y propuestas. Sin embargo, al verlo es un hombre de voz suave y algo grave, manos delicadas pero de apretón fuerte, mira directamente a los ojos y escucha con atención, no interrumpe, pero responde con contundencia.

Canalla el mercado habitual

Camarena tiene tres expendios de comida de naturalezas disímiles en Valencia, que parten de la misma raíz y concepción, pero que logra diferenciar perfectamente a la luz de los comensales.

Es posible conocer cuatro versiones de una misma melodía, pero interpretadas de tal manera y a ritmos tan distintos, que da la impresión que son canciones diferentes. Por una parte, funciona Canalla Bistró con una línea dinámica, desenfadada, divertida y muy flexible, donde juega con sabores y mezclas sin pudor.

Le menú de Canalla Bistró no sigue una línea más allá de la diversión y el caos de sabores. Entonces, conviven en la misma carta hamburguesas, molcajetes, causas limeñas, ñoquis, spring rolls, aderezados con ajíes, salsas asiáticas y hierbas mediterráneas. Parece que todo está permitido, pero sorpresivamente funciona.

En cambio, en Central Bar ubicado en el mercado de Valencia expresa su faceta más apegada al producto y a la tradición, sin ceder un ápice en sus intenciones e investigaciones que lo han llevado a apuntar su atención a la raíz de los sabores. No cabe duda que se trata de un punto de honor, a aquellos comienzos donde se le hizo cuesta arriba explicar su propuesta en una ciudad que se ufana de una cocina tradicional definida.

Pero en el corazón de esa hermosa estructura de hierro pintado de blanco con vitrales de naranjas y flores al mejor estilo del art nouveau, se destaca una barra larga y bien iluminada. Incluso si no se sabe que Camarena está detrás, podría pasar como un puesto un poco más refinado.

El lugar se llena de comensales a partir de las diez de la mañana, hora que los valencianos toman su primer almuerzo, que consiste en una comida contundente y resuelta acompañada con vino o cerveza. Central Bar mezcla astutamente productos emblemáticos de la ciudad como tomates, ostras, cocas y morcillas picantes con ingredientes, combinaciones y técnicas que indudablemente no pertenecen al entorno, una ingeniosa actualización de la cocina tradicional valenciana.

Finalmente, la cuarta pata de la mesa la constituye Habitual ubicado en el Mercado de Colón, allí un espacio dedicado a la investigación, “‘Ricard Camarena Lab by Muñoz Bosch’ un espacio en el que desarrollar el I+D de su cocina junto a miembros de su equipo.

A Camarena le calza a la perfección aquella reflexión del chef galo Michel Bras cuando afirmaba que “la creación es, en primer lugar, un círculo. Dentro está tu vida, la música que te gusta, los productores que adoras, el producto, está todo eso”.

 

Texto publicado originalmente en la Revista Semana Cocina julio 2016

Baltimore Magazine nombra a Enrique Limardo como el mejor chef de la ciudad

El chef venezolano Enrique Limardo ha sido seleccionado por Baltimore Magazine como el mejor chef de la ciudad en 2016. El anuncio se hizo por la web a sus suscriptores y el primero de agosto será el tema de la edición en papel.

Pescado frito con tostones
Pescado frito con tostones

Limardo está al frente de Alma Cocina Latina, que abrió su puertas hace un par de años. Una propuesta arriesgada en una ciudad con una comunidad latina – en especial venezolana- relativamente pequeña en comparación a otras zonas de Estados Unidos. Como bien afirma el chef, «para nosotros fue una sorpresa, en Maryland hay tres mil venezolanos pero el aforo de ciento sesenta y cinco puestos, lo ocupa en un 90% norteamericanos, que han quedados maravillados con los sabores criollos».

La cocina de Limardo siempre ha sido sofisticada, muy gustosa e ingeniosamente atrevida. Pocos restaurantes superan y superarán en Caracas las delicias que salían de las cocinas de Yantares, al punto que le valió el Tenedor de Oro de que otorga la Academia Venezolana de Gastronomía. «Mi propuesta es mantenerme apegado a la raíz de nuestra culinaria, pero en Alma hemos añadido platos y técnicas de otros países latinoamericanos. Trabajo con granjas locales y desde hace cuatro meses tenemos nuestro propio «farm micro green» bajo techo», narra el chef, sobre el lugar donde cultivan  más de ochenta variedades entre hierbas y vegetales como  cilantro, zanahorias, garbanzos, hinojos, menta y ajíes dulces.

El menú en Alma Cocina Latina ofrece veintisiete platillos dividos en seis secciones: del huerto, de la granja, del mar, antojos  – donde sirve casabe, tequeños, yucas «bravas» -, sanduches donde brillan los pepitos y un arepa bar. Entonces, saltan a la vista pabellón, pollo en brasa, pescado frito con tostones, arroz con pollo, quesillo, arroz con leche, merengón de parchita, cascos de guayaba con queso, entre otros platos emblemáticos de la cocina criolla.

image3En todos los casos se trata de una mezcla de sabores y platos tradicionales venezolanos, incluso con toque ibéricos muy al estilo de este chef, pero trabajados con destreza, sentido común, rebeldía y algo que personalmente me encanta de su cocina: empuja al comensal a forzar sus límites o los lleva a territorios que le parecen conocidos sin serlo, una especie de trampa a la memoria gustativa, que resulta incréiblemente placentera. Imagino que en Baltimore no lo detiene nadie con un público poco prejuicioso porque no tiene opiniones firmes sobre cocina venezolana – cuando la tiene -, y está dispuesto a dejarse sorprender. Y los resultados están a la vista, porque esta revista los ha mencionado varias veces entre sus páginas.

«Creo que los comensales de Baltimore que vienen están enamorados de nuestra cocina, se sientas en nuestras mesas varias veces a la semana. Incluso los cocineros norteamericanos que tenemos en el equipo, nos confiesan que han modificado su manera de cocinar en casa. Ahora incluyen sofritos, y algunas salsas, les parece que nuestra cocina es muy gustosa», cuenta Limardo.