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Los brownies de la Rolfini

En estos días publiqué en twitter que estaba hornendo brownies y me asombró la cantidad de gente que me pidió la receta, así que con todo gusto aquí va. Solo comento que es muy sencilla, se puede elaborar teniendo a disposición dos hornos: un microondas y el de la cocina como tal. Ahora, si no le gusta el microondas, derrita todo a la manera tradicional, es decir el chocolate en baño de Maria y la mantequilla en una ollita a fuego medio.
Para una porción de 6 a 8 trozos generosos necesitarán:

  • 160 gramos de chocolate de barra, aquí les aconsejo que mezclen mitad oscuro y mitad con leche, funcionan muy bien los de Savoy de empaque verde, ahora sacaron unos reposteros muy buenos y si puede, no se prive de usar Chocolates el Rey
  • 150 gramos de margarina o mantequilla. Aunque no lo crean quedan muy bien con margarina.
  • 2 huevos
  • 3/4 de taza de azúcar
  • 1 cucharadita de esencia de vainilla
  • 1 taza de harina de trigo todo uso. Aquí mi recomendación es que de las marcas disponibles en el mercado usen Blancaflor o Gold Medal si dan con ella. De ahí en adelante a su riesgo.
  • Un molde cuadrado de 20 x 30 centímetros, bien engrasado y si es posible, forrado con papel mantequilla o encerado.

Comience derritiendo el chocolate, puede hacerse en baño de María pero nunca directo al fuego. Yo prefiero hacerlo en el microondas, le da un brillo fantástico. En ese caso, pártalo en trozos, llévenlo al horno por 30 segundos y revuélvalo bien, repita el procedimiento. Luego necesitará un par de golpes de horno de 20 segundos cada uno, pero en el interín revuélvalo con la ayuda de un dedo mágico. Cuando esté derretido colóquelo de lado y fuera del alcance de la gente que tiene la intención de sopetearlo.

Aparte derrita la mantequilla, luego mézclela con el chocolate y bata bien hasta que la mezcla quede uniforme. Luego añada la vainilla y los huevos de uno en uno, sin prisa, que la cocina tiene su tiempo y eso es inalterable.

Luego, poco a poco, incorpore la harina. Puede cernirna previamente, pero eso lo dejo al ímpetu de cada quien. Cuando haya vertido toda la harina revuelva con movimientos envolverntes, hasta que quede una mezcla uniforme y pesada. Viértala en el molde y llévela al horno.

Ah! sobre el horno, precaliéntelo a 350ºF o 180ºC, por lo menos 15 minutos antes de llevar los brownies. Si su horno es de los que no tienen definido el tema de la temperatura, el punto está que cuando abra la puerta y meta la mano, ésta aguante un par de segundos el calor, si no soporta ni un segundo está muy caliente y arrebatará la receta. Si aguanta mucho tiempo, le falta calor. Este método es infalible, o cómo creen que hacía la gente de antes para hornear.

Los brownies requieren de 20 a 25 minutos de cocción, eso depende del horno de cada quien, aunque no lo crean no todos son iguales y están llenos de mañas, más parecidas a sus dueños que las intenciones del fabricante. Estarán listos según la clásica indicación de introducir un palito y si sale limpio es hora de acabar con la cocción. De todos modos, las tortas en general dan dos avisos de olor, el primero le alborotará el apetito pero no está lista, simplemente es el indicativo que la cocción está en proceso, al rato sentirá un segundo golpe de aroma, en ese momento corra al horno a chequear.

No los corte salidos del horno, porque se desharán sin remedio y después de tanto trabajo puede resultar frustrante. Espere un rato y luego córtelos de las dimensiones que prefiera.

A los que se aventuren, buen provecho!!!

Parrilla, hamburguesas, cervezas y beísbol

Cuando voy al estadio procuro un almuerzo ligero para comer sin tanta culpa y con mucho espacio disponible en mi estómago. Por lo general, llego caminando, entonces la cercanía al Universitario se va develando en etapas marcadas por los sentidos. Primero se intensifica la bulla, se escuchan pitos, cantos y gritos. Luego el olor inconfundible de la parrilla que señala inevitablemente el camino correcto, luego aparecen los tarantines de comida y ropa, donde venden todo lo que un fanático de cualquier equipo pueda necesitar, como franelas, camisas, gorras, bufandas, banderas, hasta llegar a la puerta. Además, se ven muchos hombres bellos en esos predios, todo un estímulo visual.

Mi costumbre es comer antes del juego, aunque ya sentada siempre se come y bebe, la emoción del playball estimula el apetito. Generalmente, me animo por una arepa, cuyo relleno decido frente al mostrador, después de mucho ir mis favoritas son las que está en el extremo norte, el último puesto, son la mejores. Pero en mi más reciente visita, me animé por una hamburguesa porque llevaba días pensando en eso, solo que Juanchi´s Grill se la pasa a reventar de gente y la espera puede ser un poco larga, pero esta vez iba con tiempo y decisión, y fue la mejor decisión que pude tomar.

Hay otras opciones muy buenas, shawarmas, perros calientes, pepitos, lo que si me sorprende es que no venden cachapas, o por lo menos yo no las he visto. También se puede apelar a los tequeños, pero esos los dejos para acompañar las cervezas durante el juego. Incluso hay un centro de postres de Mc Donalds, así que la oferta es variada, relativamente económica y en todos los casos bien sabrosa.

Contrario de lo que se pueda pensar, los expendios de comida en general son bastante aseados aunque siempre queda la duda de la procedencia del agua, pero ojos que no ven, estómago que no siente.

Lástima que la temporada ya está llegando a su fin, solo restan los juegos de la final (optimismo de Leona, que está ligando a que lleguemos). El estadio es el único lugar de Venezuela, donde la rivalidad se lleva sanamente, se mezclan las camisetas, se establecen alianzas efímeras con los compañeros de puestos cercanos a quien posiblemente no vuelvas ver en tu vida, hasta el himno nacional se canta con verdadera emoción y respeto. Sí la pelota une y divierte. Mientras tanto, mis debilidades gastronómicas se desatan en el estadio, sabores que almaceno en mi memoria y hasta en mi corazón, y evoco en ocasiones durante meses, hasta que en octubre se escucha el grito de playball.

Siempre cabe la duda que estos pinchos los elaboren con carne de perro, pero huelen muy bien y tienen buena pinta. Admito que tengo que envalentonarme un día y pedir una, que sirven en un platico de cartón: una cama de yuca hervida bañada con guasacaca y encima la carne, que puede ser de un solo tipo o mixta. Este puesto, llamado El Rincón LLanero es uno de los más grandes y «limpios», pero hay varios expendios de parrilla, incluso unos pequeños en esos casos no me animo, puede ser un tema «suicida».


La dinámica del puesto Juanchi´s Grill: pagas primero, te dan un papel con un número y una indicación que resulta ser la comanda. Luego el cocinero empieza a pedir los números en voz alta en lotes de doce y de una vez te pregunta alguna especificación (son los papeles blancos que se ven en la foto). Luego las hacen en serie: pan, carne (un trozo grande, gustoso y jugoso) , una lonja de queso amarillo tipo americano, cebolla carmelizada, papas fritas ralladas, una salsa blanca de procedencia desconocida parecida a la mayonesa, mostaza y salsa de tomate. Seguidamente, empiezan a gritar los número nuevamente y las entregan de una en una. Claro, en el interín puede pasar de todo, los cocineros cantan, bailan, bromean, pelean entre ellos y hasta con los comensales que se quejan. Si decide ir durante el juego puede que hagan un alto para ver, celebrar o quejarse de una jugada. Ayer, hasta tuve que esperar que apagaran un conato de incendio …. todo es posible, pero la espera vale la pena, de las mejores que me he comido últimamente. Incluso son tan populares, que durante el juego, uno ve como todo el tiempo hay alguién que llega a la tribuna con una en la mano.


Así se la pasa el puesto Juanchi´s Grill


Estos muchachos estaban gozando de lo lindo con sus hamburguesas


Elsa y yo con Alexander nuestro vendedor de cerveza, ya es pana. Si pasamos muchos juegos sin ir nos recibe con la frase «están perdidas»

Arepas para pescadores

De lunes a lunes, desde las 6 de la mañana hasta el mediodía un pequeño puesto de comida ofrece deliciosas arepas a la orilla del mar en la población de Puerto Colombia. Bajo arboles de almendrón y uva de playa, rodeado de arena y peñeros, el mar de fondo y el bullicio de los pescadores, disfrutarán de una arepa gloriosa: grande, de piel crujiente, masa suave y relleno gustoso y bien hecho.

El Rincón de las Arepas, lleva más de doce años alimentando a los pescadores que regresan de sus faenas, además es una de las ofertas más económicas de la zona, que solemos llamar Choroní aunque en realidad es Puerto Colombia. Estílita, una negra grande y simpática de cabello trenzado, les atenderá diligentemente, hasta les dará a probar de alguno de los guisos si tiene dudas.

El relleno más solicitado es el Tere-Tere, que consiste en la mezcla de varios rellenos coronados que queso blanco criollo rallado. Otras opciones son pescado (delicioso, fresco, de carne jugosa sin ser grasoso), mondongo, mollejas guisadas, chicharrón (aquí le pueden preguntar a Marta Elena González Herrera), perico, carne mechada, ensalada de gallina y pollo guisado. Todos los rellenos van coronados con queso, si el comensal lo requiere y no tiene costo adicional. Tengan presente que solo expende arepas que puede acompañar con jugos de frutas industriales, café guayoyo o malta.

El lugar se la pasa lleno de pescadores porque la relación precio valor es insuperable, además de su ubicación. Con toda seguridad disfrutará una arepa bien resuelta, mientras juega con los pies en la arena y disfruta escenas de pesca a su alrededor.

Luego descubrí que los rellenos los elabora el señor Hernán, quien día a día por más de doce años, se ha encargado de dicha labor, aunque de vez en cuando le echa una mano su esposa.

Si se acercan a Choroní, este es el sitio para desayunar, mis únicas recomendaciojnes son levantarse temprano y hambriento.

Arepas en mano, pies en la arena


Hernán lleva 12 años elaborado los gustosos rellenos.

Crujiente y adictivo «taparterias»


El chicharrón de cochino entra en el campo de los placeres culposos y corporales, pero se torna irresistible. Esa capa crujiente con «grasita» está saturada de sabor. Durante años el chicharrón que viene en bolsitas ha sido soso, una especie de cartón comprimido en en algunos casos le agregan una suerte de sustancia picante, que con hambre y cerveza fría pasa sin dificultad y hasta con gusto.

Pero la gente de Monchi ha sacado al mercado el Chicharrón Son. Cada pedazo es lo más cercano al chicharrón de verdad, verdad, con grasita incluida. Una delicia adictiva que descubrí el año pasado en el estadio. Al principio lo consumía sin pudor, hasta que un día tuve la mala idea de revisar la tabla de contenido nutricional (eso nunca es una buena práctica, es casi suicida), su alto contenido de grasas saturadas casi me tumba de la silla.

Pero qué importa, ahora en vez de dos bolsas compro una y las he confinado a la tribuna del Universitario, donde es un placer acompañarla de una Regional (preferiría una Solera Verde, pero si los Leones son homeclub no queda otra).

Mi amiga y compañera de fanaticada Elsa Pilato y yo, la bautizamos «el taparterias«, pero con qué gusto nos comemos esos trocitos crujientes, gustosos y adictivos. Es que todo lo que viene del cochino es tan sabroso. Como le escuché a un conocido «si los cochinos volaran, nadie pagaría su precio».

Nota: Ahora también la venden en los supermercados.

Lo que pasó en 2010


Para muchos 2010 fue relativamente tranquilo en comparación con otros años, sin embargo, el medio gastronómico experimentó sucesos que van desde interesantes, pasando por frustrantes, emocionantes, tediosos hasta sorpresivos.
Así que como dirían por ahí «sin orden de extracción», rememoraré algunos hechos que sucedieron este año.

  • Cierre de la revista Papa y Vino.
  • Relanzamiento de la revista Cocina y Vino.
  • Las publicaciones: «Mi cocina ligera a la manera de Caracas» también conocido como libro verde de Armando Scannone, «Entre gustos y sabores» de Rafael Cartay y «Ron de Venezuela» de Rosanna Di Turi.
  • El paso de dos editores por la revista Bienmesabe, actualmente lo ejerce Manuel Gerardo Sánchez.
  • El cuerpo Comer y Beber el último miércoles de cada mes en el diario El Nacional.
  • Las guías gastronómicas: Climax, la Guía de Restaurantes de Miro Popic y Prestigio editada por Adolfo Artile.
  • Visita del crítico español Ignacio Medina y sus posteriores trabajos para la revista Cocina y Vino.
  • El boom de twitter como medio de información gastronómica.
  • El éxito de «Cocina de Solteros».
  • La visita de Franz Conde a Caracas.
  • El terremoto en Chile y las consecuencias sobre las bodegas de vino, donde se pordujeron grandes pérdidas.
  • La organización de los sommeliers como gremio. Por cierto, ¿habrán permitido finalmente la inscripción de Vanessa Barradas?
  • Eliezer Róndon como mejor sommelier venezolano 2010.
  • Ana Belén Myeston como Tenedor de Oro 2010 (primera fémina que lo obtiene en solitario), que otorga la Academia Venezolana de Gastronomía (AVG).
  • Tamara Rodriguez obtuvo el premio Armando Scannone que otorga la AVG.
  • Los premios otorgados por la Guía Prestigio relacionados al área gastronómica: Adriana Gibbs como mejor periodista de la fuente, el blog Tomásnomás de Tomás Fernández y Miro Popic como columnista.
  • Los serios obstáculos que han tenido que sortear los importadores dadas las restricciones impuestas por el gobierno para la adquisición de dólares.
  • Los rumores sobre la suspensión de importación de whiskey por el problema del post anterior.
  • La toma por parte del gobierno de las productoras de café Madrid y Fama de América.
  • La jubilación del enólogo venezolano GuillermoVargas de Bodegas Pomar, después más de dos décadas de servicio. Ahora es asesor.
  • Auge y caida de Yamín Gourmet.
  • Los problemas presentados por el Salón Internacional de Gastronomía de Caracas.
  • Aperturas de los restaurantes: Gazebo´s, Mohedano, Magnolia, Rocoto, Abrazas, Madame Blac, Turcos de la Avenida Victoria, Diagonal, Ditidabo, DOC, Bucare, Soho y Dalai.
  • Los cierres de los restaurantes: Gazebo´s y los Turcos de la Avenida Victoria.
  • Relanzamiento de los restaurantes Madero, Diagonal (pos Alex Arcas) y los Turcos de la Avenida Victoria.
  • La hermosa celebración de los 110 años de Ponche Crema.
  • Recorridos Enoturísticos de Bodegas Pomar.

Como verán han sucedido muchas cosas. Los comentarios y sugerencias son bienvenidos en especial si se trata de hechos que quedaron fuera de este listado.

Sabor navideño celestial


Hebras almibaradas de destellos dorados brillan a trasluz, evocando una imagen celestial que le da su nombre. El dulce de cabello de ángel no es un protagonista de la mesa navideña criolla, pero forma parte de ella, esos brillos angelicales se ven opacados por el dulce de lechosa y la torta negra.

Sin embargo, cuando se pregunta de manera informal sobre los platillos típicos de la mesa decembrina criolla, siempre se mencionará su nombre. Se hace a partir de un tipo de auyama, zapallo o calabaza confitera, que consiste en un “vegetal de color blanco cuyo interior se presenta en forma de madeja enredada”(1), que raya casi en lo desabrido al punto que necesita de la presencia de la piña y el azúcar para obtener el sabor.

Su origen como tal es incierto, sin embargo, Ivanova Decan afirma “Los dulces de frutas en almíbar, protagonistas destacados de nuestro patrimonio gastronómico, son expresiones del mestizaje cultural inherente a nuestra identidad como pueblo. Las frutas que integran el grupo de conservas criollas ya enumeradas son, en su mayoría, producto de la munificencia de estas tierras, pero el papelón y el azúcar, derivados de la caña, llegaron después de la Conquista así como también, las técnicas de elaboración”(2)

Por otra parte, Decán expresa en la misma investigación que “historiadores de la alimentación y la gastronomía coinciden en afirmar que la práctica de confitar frutas es originaria del Medio Oriente y llega a Europa gracias a los cruzados, quienes además trajeron consigo el azúcar de caña, de cultivo milenario en territorios asiáticos”(3).

Alquimia de tres

Para su elaboración se necesitan básicamente tres ingredientes: un cabello de ángel – que además está disponible todo el año, así que no se trata de una fruta de estación-, azúcar y piña rallada. No exige especias, más allá de un toque de extracto de vainilla que va discreción de quién lo elabora. Tampoco amerita mañas, solo mucha atención y seguir las recomendaciones básicas.

Tan simple es la receta que incurre en el campo de que a poca gente le queda realmente bien. ¿El secreto? Cocineros experimentados aseguran que van desde no cortarlo transversalmente para no dañar la hebra, hasta el hecho que algunas recetas establecen la cocción previa de la fibra antes de incorporar el azúcar, en cambio, otras fórmulas aseguran que hay que almibararla en crudo. Difícil saber cuál es el procedimiento idóneo, porque los resultados en ambos casos son satisfactorios. De allí en adelante, sería solo especular en el campo de la kinestesia de la culinaria, que va desde el material de la olla, la humedad del aire, el estado del ánimo del cocinero y en el caso de las mujeres, su ciclo menstrual.

Otras advertencias son claras en el hecho de extraerle al cabello de ángel las semillas porque lo amargan y una recomendación básica en estos casos, vigilar que no se pegue al fondo de la olla.

Llama la atención que esta receta solo aparezca en libros de cocina caraqueña, en otros lugares de país se preparan dulces de todo tipo de frutales menores como hicacos, pomarrosas, semerucos, ponsigués, riñones, limonsones, pero el cabello de ángel brilla por su ausencia. Pero nadie se atreve a afirmar que su acta de nacimiento está en la capital, incluso recopilaciones de dulcería criolla lo ignoran olímpicamente.

En la cocina mexicana, también hacen un dulce con este vegetal al que ellos señalan como zapallo, solo que lo preparan azucarado, se parece más a una conserva. Pero al igual que en nuestros fogones, se expresa con desesperante timidez.

El dulce de cabello de ángel obedece a la debilidad del paladar criollo por el azúcar, y forma parte de la gran variedad de dulces criollos, lo que no queda claro es su relación con la mesa navideña, pero la armonía de sabores de establece con tortas negras y otros otras delicias es innegable, por eso, aunque en segunda fila su presencia siempre es bienvenida en las festividades de fin de año.

Calabaza confitera azucara. Fotografía tomada en el mercado de Xoximilco en México.

(1) CARTAY, Rafael. ABLAN, Elvira. Diccionario de la Alimentación y Gastronomía en Venezuela. Fundación Empresas Polar. Caracas, 1997

(2) DECAN, Ivanova. De las brumas de la memoria a la transparencia del almíbar. Trabajo de incorporación a la Academia Venezolana de Gastronomía. Junio 2010.

(3) IDEM

Texto de mi autoría publicado en la revista Bienmesabe de diciembre 2010 para la sección «Así somos con gusto»

 

El sabor de la Caracas de Pedro Mezquita

Siento especial debilidad por Pedro Mezquita. Me explico mejor para no caer en malas interpretaciones, propias del Mercurio retrógrado de estos días. Mi debilidad nace en la admiración por su trabajo, por la visión de la gastronomía de una ciudad tan compleja como Caracas, que no se queda en restaurantes de moda y en los municipios Chacao y Baruta – que tienen todo su mérito – pero son apenas un porcentaje de una ciudad compleja, heterogénea, sorpresiva, llena de historias, de emprededores y de embarcadores, de tradiciones e innovaciones culinarias.

Pedro no le teme a explorar la ciudad, a ensuciarse la ropa, a sudar, a preguntar. Por eso la quinta edición de la Guía Climax sobre Caracas y sus sabores, es una bitácora de la ciudad vivida desde la mesa . Más allá de los datos puntuales sobre restaurantes, incluye, barras, taguaras, botiquines, cuchitriles y cuanto rincón para saciar el hambre se tope por ahí, muchos de ellos nada glamorosos pero rebosantes de buena sazón.

La guía está conformada por 365 lugares que se pasean por toda Caracas, desde las zonas más obvias y ecopetadas, hasta esa a la que mucha gente no se atreve a traspasar por miedo (especulo yo), es decir, de Plaza Venezuela hacia el oeste y sur oeste.

Referencias con historias de familias, anécdotas, explicaciones sobre por qué preparan un platillo determinado en un lugar dada la tierra de origen de sus dueños. Recomendaciones de todo tipo y sobre todo, Pedro es un persona que vive literalmente cazando nuevos lugares, rechequea los ya existentes, pregunta, escucha lo que otros descubren, coteja, descarta y no complace.

Para los amantes de la buena mesa, para quienes deseen descubrir «la otra ciudad», incluso esa que con tanta pasión expresa cada jueves en su página del diario El Mundo, recomiendo ampliamente esta guía, que divide Caracas en Noreste (La Florida, El Rosal, Chacao, Altamira, Campo Alegre, La Castellana, Los Palos Grandes, La Carlota, Sebucán, Boleíta, Los Ruices, El Marqués, La California), Ciudad (Colinas de Bello Monte, Los Chaguaramos, Santa Mónica, Centro, Avenida Victoria, Sabana Grande, Bello Monte, Los Caobos, San Bernardino, La Candelaria, El Paraíso), Sureste (Las Mercedes, Chuao, Los Samanes, Santa Rosa de Lima, Prados del Este, Baruta, Manzanares, El Hatillo, Los Naranjos, Macaracuay) y un especial sobre Galipán, compuesto por 6 referencias detalladas sobre los lugares para ir a comer.

La Guía Climax se puede adquirir en todos los quioscos y tiene un costo de Bs. 60. Una inversión suficiente y necesaria para entender y experimentar el verdadero sabor de esta ciudad de locos.

Dulces y cremosos 110 años

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El Ponche Crema de Eliodoro González P. celebró su cumpleaños 110. Tal como reza el dicho popular «se dice fácil», pero en un país donde todo es efímero y la memoria cortica es un mérito digno de quitarse el sombrero.

Esta bebida es sinónimo de Navidad, celebración, tradición, buenos cócteles. Se trata de una venezolana que ha viajado por el mundo y el país con las mejores referencias, en maletas llenas de ilusión y nostalgia, que hoy después de un poco más de un siglo, goza de excelente salud.

Recientemente, soplamos el centenar de velitas en una celebración, que me atrevo a calificar como de las mejores de 2010. El Cuarteto, Laureano Márquez y el grupo vocal 7 Palos, hicieron un recorrido de historia, música y humor por las once décadas en las que ha estado presente Ponche Crema en nuestra mesa; travesía a una Venezuela llena de posibilidades, que alborotaron recuerdos, nostalgia y emoción. Mil gracias por la invitación y que cumpla muchos más.

Nota: las imágenes corresponden a todas las etiquetas de Ponche Crema a lo largo de su historia.

Los turcos de la avenida Victoria



«Anoche me comí el mejor shawarma que me he comido en mi vida. ¿Se acuerdan del restaurante turco, con cocineros de ese país recién llegados, que había abierto y que luego cerraron porque los socios se pelearon? Bueno, volvió a abrir hace pocos días para ofrecer shawarmas, de pollo, carne o mixtos. También hacen sanduches de falafel y los jueves viene una cocinera de Damasco, recién bajada del avión, a cocinar exquisiteces. El localcito, dice Rolfi, está siempre full desde que abrió. Anoche no era la excepción. El dueño nos comentó que pronto ofrecerán shawarmas de cordero y que se trajo de Turquía los propios implementos de cocina para cocer las carnes, solo espera que le hagan unos ajustes con el tema de la electricidad para colocar los hornos (no sé si sea el término correcto) en el restaurante y que los dos chicos que cocinan se den ese gusto. Según el dueño, estos muchachos son artistas, y estoy de acuerdo.
El dueño dice que antes en Venezuela el mejor shawarma se comía en Barquisimeto, luego fue Puerto La Cruz la ciudad que presumía de la calidad de este plato, pero ahora, dice, «el mejor shawarma de Venezuela se come en la Av. Victoria».

La propuesta es esta, ideada anoche por Vanessa: desayuno empanadas chilenas, merienda en la panadería Roma, almuerzo de costillas en los chinos, merienda en la panadería Roma, cena en los turcos. El tiempo entre comidas se puede dedicar a beber alcohol y ver películas. Y si alguien quiere vomitar para seguir comiendo, también lo puede hacer en esas horas «muertas».

Texto escrito por mi amigota y periodista Elsa Pilato. En verdad, su destino no era el blog sino un correo privado para mi grupo de amigas, que nos mantenemos unidas desde nuestros años universitarios, pero le quedó tan bueno que no resistí la tentación de publicarlo.

Pimienta rosa en plena vía


La pimienta rosada no es una variedad de pimienta, nace en racimos de bayas del arbusto conocido como pimentero brasileño o turbinto (Schinus terbinthifolius). Se trata de una especia bastante costosa, muy aromática y gustosa, incluso se recomienda utilizarla con moderación porque puede llegar a ser tóxica, por sus altos niveles de cardanol, un fenólico muy irritante.

Lo cierto es que esta maravilla crece en algunas avenidas de Caracas, es posible que miles de veces se haya estacionado o resguardado del sol bajo sus ramas y ni siquiera lo ha notado. Se le puede ver en redomas, islas, aceras, al lado de paradas de transporte público y quioscos de periódicos.

En una vuelta de tarde de domingo, nos fuimos a recolectar bayas de pimienta rosada. Bolsita en mano, Ileana Matos, Chuchó Rojas y yo, surtimos nuestras despensas de esta variedad que crece casi silvestre entre nosotros. Encontramos de los dos tipos: rosada (Shinus terebinthifolius var. acutifolius) y otra más rojiza (Shinus terebinthifolius var. terebinthifolius).

Pero no es de extrañarse, en las calles de Caracas se dan sin pudor en acto de generosidad de la naturaleza, mangos, mamones, ponsigués, cafetos, limones (especialmente en La Florida y Altamira) y en el Litoral se topará con semerucos o cerecitas, almendrones, uvas de playa y cocos.

La pimienta rosada le da un toque delicado a carnes blancas y mezclada con queso de cabra puede traer el silencio y disfrute a una comida. No me pidan la dirección exacta de dónde encontrarla, juré que no lo diría y esa fue la condición para que me dieran el dato. Pero estén atentos, solo hay que afinar la vista.


Ileana y Chuchó en plena faena de recolección.