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Subestimado arroz con pollo

arroz con pollo
¿A quién se le puede ocurrir que el arroz con pollo sea un plato venezolano? Sin embargo, ignorando olímpicamente la clase socio-económica, está presente en la mesa durante todo el año porque lo integran dos gigantes de la dieta criolla.
Contados los hogares venezolanos dónde no se prepare este platillo, porque une dos infaltables de la alimentación criolla: el pollo y el arroz. Se trata de una receta relativamente simple, que tiene tantas variables como gustos y posibilidades familiares, expresadas desde las presas del ave seleccionadas, los aliños  y el color, hasta los ingredientes no indispensables que dependen más de su disponibilidad y caprichos como granos de maíz, champiñones, zanahorias, petit pois, garbanzos o salchichitas como el caso de la familia de la poeta Jacqueline Goldberg.
Los venezolanos consumimos anualmente en promedio 21 kilogramos de arroz, es decir 57,61 gramos por día, según cifras aportadas por la edición aniversario del Diario El Nacional en 2011, ubicándolo como el segundo carbohidrato más requerido después del maíz. Entonces, obedece a la lógica su presencia casi diaria en la mesa, que seguramente no se limita a cocerlo blanco  e inmaculado, sino que ha encontrado todo tipo de versiones nacidas de la necesidad a la que se enfrentan a diario las amas de casa, de una comida rendidora, variada, relativamente económica, disponible todo el año y que a todos guste.
Lo increíble de la historia del arroz con pollo, es que salvo el libro rojo de Armando Scannone (1982), es una receta ausente en textos de culinaria criolla, es más fácil encontrar versiones  de platos con arroz como paella y arroz chino.  
Se trata de un platillo “tan casero”, simple y obvio que al parecer no merece una receta. Es lo más cercano a la rama pobre de la familia, necesaria, a la que une el cariño y la sangre, pero de la que no se ostenta. Ni siquiera los cocineros venezolanos que han relanzado y repensado nuestra gastronomía, lo incluyen en su propuesta. Aunque al mejor estilo popular “es una fija” en menús ejecutivos, de esos que dicen “sopa+ seco + jugo”, ahí termina su incursión en la restauración.
“Yo mismo soy”
Plato único, algún osado lo acompaña con ensalada de tomate y lechuga, o con zanahoria rallada aderezada con mayonesa. Imposible encontrar una receta única. Algunos guisan el pollo por una parte y cocinan el arroz por otro y mezclan todo al final. En otras cocinas, se elabora como si fuera una paella es decir, se sofríe el aliño, se añade el pollo, luego el arroz y por último, se le agrega el agua, porque rara vez se incorpora caldo de ave o vegetales y es común el uso de cubitos de caldo de pollo, rico en cúrcuma que le imprime ese color amarillo que lucen muchas versiones.
Sus rasgos lo emparentan con la de la paella española, el arroz chino o el arroz con pollo y almendras árabe, culturas que tocaron nuestras costas con mayor fuerza desde principios del siglo veinte. Incluso en otras cocinas latinoamericanas, lo exhiben con orgullo tal como sucede con los peruanos, panameños y ecuatorianos. Por su parte, los dominicanos lo llaman locrio y los brasileros arroz matogrossense.  Pero la influencia más fuerte es la ibérica, donde el consumo de arroz es tan alto, que se asegura que podrían preparar platillos con este cereal los 365 días del año sin repetirse.
Sabor a casa
Para los venezolanos se trata de un plato que sabe a casa, a familia,  a abrir la vianda en el trabajo o llegar después de la faena diaria y encontrar una paila solitaria sobre las hornillas de la cocina, con un arroz a temperatura ambiente que no exige ser calentado para su disfrute, pero que soporta el paso por el microondas manteniendo su integridad intacta. Sin dificultad puede desempeñarse como integrante solitario del menú, que en ocasiones goza de la compañía de una ración de ensalada o plátano.
La chef maracucha Johana Linares afirma, “lo preparo así: le doy un besazo a mi mama, la apurruño con muchas ganas y le digo «mamá hace tiempo que no me haces un arrocito con pollo». Ella me devuelve los amapuches y me pregunta: «pero si me queda quemadito no respondo». Yo digo: «tranquila mamá», porque ella sabe que eso es lo que más me gusta. No se cómo hace, pero se le carameliza la zanahoria.”
Mientras tanto, se le canta por separado al arroz con leche y a los pollos de mi cazuela. Incluso atrás quedó aquella famosa cuña de Cervecería Polar, que para designar a cualquier persona desubicada que se cree gran cosa y actúa como si está por encima del bien y del mal, le gritaban “¿Acaso te crees la reina del arroz con pollo?”.

Texto publicado en la revista Bienmesabe en la sección «Así somos con Gusto». Octubre 2011.

Laureado Don Armando

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Pocos, poquísimos venezolanos pueden decir que se les ha reconocido su labor en vida, a mi cabeza vienen algunos nombres, como Jesús Soto, Carlos Cruz Diez, Simón Díaz, José Antonio Abreu, Carlos Raúl Villanueva, Jacinto Convit, Arturo Uslar Pietri  y Armando Scannone. Estoy segura que se me han escapado personajes importantes, que también lograron librarse de las mezquindades del alma y del olvido nacional, y han podido o pudieron, sentir la agradable vibración de las palabras de agradecimiento en sus tímpanos y en su corazón.

Armando Scannone es un personaje fascinante, a quien la memoria cultural nacional le estará en deuda para siempre. El documental «Don Armando», producido y dirigido por Jonathan Reverón,  me llevó a emocionarme hasta los tuétanos. En primer lugar, me encantó el guión, que partiendo de recetas emblemáticas de nuestra culinaria, como las arepas, el pastel de polvorosa, el pabellón, el asado negro, los tequeños y el mondongo, dan pie a narrar la vida de Armando Scannone, a explorar su mundo, que trasciende ollas, guisos y manteles, para mostrar sus facetas como constructor, amante de la música, del arte y de las orquideas, el amigo, el hermano y claro está, el gran colector de recetas que dio pie al «libro rojo», el compendio de cocina venezolana más completo.  Una persona que no descansa, empecinado y visionario. A ratos tuve la sensación que estaba sentada en la cocina  entre tablas de picar, sofritos y los testimonios de del propio Scannone y de personajes claves como Magdalena Salavarría, José Luis Alvarez, Mercedes Oropeza, Hector Scannone, entre otros.

Un aspecto que pareció genial  fue la acertada selección de la música. Deberían vender el soundtrack porque es simplemente maravilloso, lo digo como coleccionista de bandas sonoras.

Además me gustó la fotografía, los encuadres, el tratamiento de la imagen, considerando que trabajar con alimentos es muy complicado y cada cuadro, cada toma, me hacía salivar. Solo puedo decir que me saboreé las carotas refritas y me quedé con ganas de entrarle con todo, a un sustancioso plato de mondongo. No lo voy a negar, hubo un par de detalles que me hicieron  ruido, pero nada que opaque este magnifico trabajo.

A Jonathan Reverón y su equipo, simplemente … me quito el gorro. Excelente trabajo!

Catando aguas y armonías

Muy agradecida con la sommelier Vanessa Barradas, por la entrevista sobre las aguas minerales en su programa Catando Armonías en Sin Cable TV.

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¿Quién quiere ser pescadero?, Vito Giambanco

Más de cuarenta años lleva la pescadería Paterdama, funcionando en manos de la familia Giambanco, en plena avenida Presidente Medina. La historia comenzó con Vincenzo, quien montó el negocio y años después se trajo al país a su hermano Franco, en ese momento residenciado en Suiza, con la promesa que sería su propio jefe. Entonces, en el año 1971, Franco tocó suelo criollo con su esposa y tres hijos. 

Franco Giambanco recuerda que al principio no le gustaba el oficio de pescadero, aunque creció cerca del mar en Palermo, Sicilia, donde de niño pasaba horas interminables pescando. “Yo venía de trabajar en metalmecánica y no me agradaba mucho el tema del pescado pero se ganaba bien, en verdad no tenía quien me mandara y desde el comienzo me gustó la gente y el clima. Lo único es que resulté alérgico al atún, pero eso se solucionó con un remedio que me dio un antiguo farmaceuta de la avenida”. 
El comienzo fue difícil, casi sacrificado, dado los estrechos márgenes de ganancia que obligaba a los hermanos Giambanco a hacer de todo. Ni siquiera se consideraba la posibilidad de contratar personal, entonces toda la familia participaba, en la limpieza del local y del pescado, a sacar filetes, cortar ruedas, pelar camarones y hasta limpiar calamares cuando era necesario, circunstancia que tal vez llevó a Vito Giambanco, primogénito de Franco, a involucrarse desde muy temprano con el negocio familiar. 
Durante años Franco y Vito trabajaron juntos en la pescadería. Desde 1989 Vito se quedó fijo en el negocio, pero a finales de los noventa estaba al frente, con la ayuda de su hermano Vicente, quien se ocupa de las compras y de negociar el pescado. Franco aunque ya no está detrás del mostrador, se le ve todos los días, ciertamente los humanos somos seres de hábitos. Por su parte, su hermano Vincenzo abrió años atrás otra pescadería y sus hijos también son pescaderos.
Olor a pescado
Vito sonreído y nostálgico, narra que constantemente los mandaban a pintar y a limpiar, pero también a filetear. “De niño me daba pena oler a pescado, se metían mucho conmigo. Ahora hasta me parece divertido. A veces en el banco, gente que no me conoce dice que huele a pescado y yo soy el primero en secundarlos. Al final del día, lo que realmente se impregna de olor son las manos, entonces las lavo con exfoliante, hasta alterno las fragancias y tengo la piel suavecita”.
Por su parte, Franco asegura que mientras estaba al frente del negocio, su fórmula secreta estaba compuesta por las premisas de la buena atención, dejar los problemas en casa, sonreír, productos de buena calidad y constancia, es decir, abrir todos los días y en temporada, los domingos si era necesario. 
El resultado de la ecuación para los Giambanco, más allá de levantar a su familia, es una clientela fiel que los ha acompañado por una, dos, tres y hasta cuatro décadas, incluyendo los que se han mudado a otras zonas de la ciudad. Recientemente, una clienta le contaba a  Vito, que ella iba con su mamá cuando era niña y para que la dejaran hacer la compra con tranquilidad, Franco le amarraba un cordel a una sardina para que ella jugara como si se trataba de un perrito.

Pescadero-cocinero
Innegable que Vito sigue la filosofía de su padre, cuando se le pregunta sobre lo que caracteriza a un buen pescadero, sin pensarlo las primeras palabras son “buena atención y sonreír”, asunto cierto, porque los Giambanco son conocidos en la zona por su buen carácter. 
Vito asegura que el pescadero tiene que saber cocinar, porque la mayoría de la clientela no tiene mucho conocimiento de cómo tratar al pescado, o por lo menos no tiene claro lo que quiere. Gran parte de los compradores lo dejan a su criterio, le dicen la receta que van a preparar, entonces él simplemente despacha. “He dado la receta de la paella cientos de veces y nunca ha preparado una. Aunque soy buen cocinero. Cuando era muchacho me fui a estudiar para piloto de aviones y terminé en una pizzería”, afirma.
Enumera los pescados más solicitados en la actualidad: curbina, merluza, lomo de atún, ruedas de dorado y carite y lo que él llama “el combo paellero” – compuesto por calamares, camarones, pulpo y mejillones-. En temporada no faltan las langostas vivas, que según Vito son más populares que lo que la gente imagina. Sin embargo, Franco dice que antes la gente consumía pescados más baratos como sardinas.
Padre e hijo coinciden en que las pescaderías de calidad huelen a pescado fresco, los cuales tiene que tener la piel y los ojos brillantes y de buen color. Además el pescadero tiene que ser honesto con sus clientes, decirles cuando el producto está en su mejor momento o si es idóneo para un plato determinado.
Actualmente los mayores inconvenientes a los que se enfrentan son el abastecimiento, en especial, desde que prohibieron la pesca de arrastre, pero el problema viene dado que la pesca artesanal no ha suplido las necesidades del mercado. El otro gran obstáculo es encontrar personal calificado y que lo haga bien, porque ahora “¿quién quiere ser pescadero? – pregunta Vito – Yo crecí en la pescadería y le agarré cariño”.

Texto publicado en la sección Gente del Oficio de la Revista Bienmesa, de octubre de 2011

¿Quienes son los tenedores de 2011?

Presento algunos de los ganadores del premio Tenedor de Oro que otorgó la Academia Venezuelana de Gastonomía, AVG, el año en curso. En este caso, se trata de Rafael Cartay  merecedor del Gran Tenedor  y Trina Arocha premio Armando Scannone.

Creo que los galardones de este año reflejan vientos de cambios favorables, la apertura a postulaciones por no miembros de los de la AVG, abre un mundo de posibilidades infinitas que ha sorprendido incluso a los miembros de dicha institución. Por otra parte, me parece un gran acierto que junto al anuncio de los ganadores, se digan los nombres de los jurados que participaron en cada mención.

Rafael Cartay
Economista con Magister en Economía Agrícola, Doctor en Economía Internacional, entre otros títulos académicos. Profesor titular de la Universidad de los Andes, investigador incansable de nuestros acervo culinario. Mucho antes que la gastronomía Venezolana experimentara el interés de tiempos recientes, Cartay ya estaba buscando, hurgando, preguntando, viajando, sistematizando la información y publicándola en invaluables ediciones, que son referencia indispensable para cualquier persona, que desee conocer las raíces de nuestra gastronomía, tradiciones culinarias,  el origen de las preferencias de nuestros gustos, los ingredientes que conforman los platos de nuestra mesa y hábitos alimentarios del venezolano.

 Autor de las publicaciones: La Mesa de la Meseta (1988), Historia de la Alimentación del Nuevo Mundo (Fundación Empresas Polar, 1992), Los tránsitos del agua. Historia del Agua Potable en la Región Andina (Editorial Venezolana 1993), La Tecnología Culinaria Doméstica en Venezuela (Fundación Empresas Polar 1994), El Pan Nuestro de Cada Día (Fundación Bigott 1995), Diccionario de Alimentación y Gastronomía en Venezuela (Fundación Empresas Polar 1997), El Mundo en su taza (1997), La Cocina de Barinas (2000), La Hallaca (Fundación Bigott 2003), Diccionario de Cocina Venezolana (Alfadil 2005) y Entre gustos y sabores (Fundación Bigott 2010).

Contados con los dedos de una sola mano, las personas que exhiben una obra literaria tan extensa, enriquecedora y reveladora de nuestra gastronomía. Tutor y asesor de investigaciones vinculadas al área, artículos en prestigiosas revistas culturales y gastronómicas, miembro de la Academia Venezolana de Gastronomía, conferencista y un amante a toda prueba de la culinaria nacional. Sin sus investigaciones, las generaciones que le sucedemos, careceríamos de una data sólida para nuestros trabajos de investigación en el ámbito académico y periodístico. 
Este texto es la postulación hecha por mi persona a la AVG. 

Foto del blog de Fernando Escorcia
La cocinera Trina Arocha elaboró una base de datos de ingredientes y técnicas locales que fueron recopilados en 194 recetas

     Trina Arocha aprovechó sus conocimientos de informática para organizar la información que recabó durante años sobre ingredientes y técnicas de cocina. ¿El resultado? Un banco de datos de los ingredientes de todo el país -vegetales, hortalizas, tubérculos, granos, pescados, mariscos, carnes y derivados-, enriquecido con más de 700 fotografías. Buena parte de ellos integran los 12 libros que elaboró para el coleccionable Sabores Venezolanos que ofrece El Nacional a sus lectores, integrado por 12 recetarios que reúnen 194 recetas. La base de datos, que comenzó con información impresa recopilada por años y con la experiencia como cocinera, dice Arocha, se enriqueció con la obtenida en la Escuela de Tecnología de Alimentos de la Universidad de Oriente y en la Fundación La Salle, y con las consultas y asesorías de expertos en el tema gastronómico -José Rafael Lovera, entre otros-, cocineros y expendedores. Arocha organizó la data en cuatro módulos -desayunos, almuerzos y cenas, arroces y pastas y postres y meriendas- y a partir de ellos elaboró las recetas que ahora ofrece a los lectores de El Nacional. ¿Ejemplos? Pan de piquito, ají dulce relleno con plátano, fosforera, pelao guayanés, gallina asada y rellena con picadillo, palo a pique llanero, majarete y torta bejarana.
     Los recetarios
     Asados a la plancha, al horno y a la parrilla Majaretes, arroz con leche y quesillo, postres de cuchara Del pan de piquito al pan aliñado y las acemas. Croquetas, buñuelos, bollitos y timbales Polvorosas pastas y asopados Conservas, delicadas, turrones y suspiros Dulces, agrias y saladas, ensaladas Sopas, potajes, hervidos y consomés Arepas, empanadas, hallaquitas y cachapas Chichas, guarapos, caratos y atoles Guisos, fritos y estofados Tortas: firmes, esponjosas, cremosas y rellenas. 

Texto de Ileana Matos, publicado en el Diario El Nacional. imatos@el-nacional.com

Ganadores del Tenedor de Oro 2011

La Academia Venezolana de Gastronomía anunció los ganadores del premio Tenedor de Oro 2011. Antes de mencionar a los premiados, quiero felicitar a la academia por abrir sus postulaciones al público en general, recibieron más de cien propuestas las cuales arrojaron un total de 72 postulados.
Todos los premios, sin excepción, son más que merecidos y, en muchos casos, abren una ventana dentro de cada mención, a nuevos criterios más flexibles y amplios.
Felicidades a la Academia, a los ganadores y a quienes nos tomamos el tiempo de postular gente que hace grande a un país … estamos de fiesta!
Gran Premio Tenedor de Oro 2011
Rafael Cartay
Jurado: Leopoldo López Gil, Pierfilippo Cidonio, Ivanova Decán Gambús, Nicomedes Febres Luces, Rafael Ernesto López
Premio Tenedor de Oro al Chef del Año 2011
Jurado: Leopoldo López Gil, René Scull, Luis Troconis Vezga, Vladimir Viloria, John Zubillaga
Premio Tenedor de Oro a la Publicación Gastronómica 2011          
Al son del Ron. Azúcares y rones de Venezuela y la cuenca del Caribe. José Ángel Rodríguez, Ediciones B, Caracas, 2009.
Mención especial del Jurado: Nuestra Carne. Origen, cualidades y culinaria de la carne bovina venezolana. Otto Gómez Pernía, Ediciones Grupo TEI, Caracas, 2010.
Jurado: Leopoldo López Gil, Ivanova Decán Gambús, Valentina Marulanda, Rafael Osío Cabrices, Jorge Redmond Schlageter
Premio Armando Scannone 2011
Trina Arocha Walter
Jurado: Leopoldo López Gil, José Rafael Lovera, Nelson Ramírez, Armando Scannone, Marisabel Willson.
Menciones Tenedor de Oro 2011

1.     Hacienda San José (productor de cacao y chocolate)
2.     Carlos Henrique Rodríguez Matos (productor de carnes de chiguire y pato real)
3.     Instituto Europeo del Pan
4.     Programa de TV ‘Así cocina Soucy’

Jurado: Consejo Directivo Academia Venezolana de Gastronomía

Jardín de rosas y caraotas

Un hermoso rosal de una hectárea cuyo suelo está plantado de caraotas negras. Simbiosis que expresa la filosofía de su productor, al convertir la naturaleza en su aliada.

Un campo cultivado de rosas rojas  en medio de la llamada Mesa de los Leones, en medio de una estampa inequívocamente andina. Para llegar, un largo camino con casitas dispersas en medio de todo tipo de cultivos, neblina, gente arando la tierra, mucho verdor, la montaña imponente de lado y lado, hasta que en un punto se cruza el puente que se erige sobre un rio brioso y brillante. De tomarse la otra dirección, se llegaría sin dificultad al Parque Nacional Sierra Nevada.

En un momento el camino se interrumpe y Nelson Peña anuncia la llegada al lugar: un gran invernadero cubierto de plástico que parece desordenado, donde crecen leguminosas y auyamas, con un suelo cubierto de cartones.

A primera vista, es desorientador. Después de caminar algunos metros, la vista se vuelve simplemente magnífica, miles de rosas de intenso rojo crecen espigadas y cuidadas, una pequeña maya negra las protege, pero lo más increíble es que el suelo sigue cubierto de cartones y justo debajo de los rosales, se enredan plantas de caraotas negras, el suelo está a rebosar de vainas.

Nelson Peña es agricultor desde niño, nació al sur del Lago de Maracaibo. En algún momento laboró como técnico  de telecomunicaciones, pero regresó al campo de la mano de su esposa. Forma parte de la Cooperativa Agropecuaria Mucuyes, compuesta por cinco familias, donde producen carotas de varios tipos, auyamas, hierbas aromáticas, frutas, papas y rosas.

Fukuoca y la permacultura

Peña explica que los cartones sobre el piso, se llama acolchado seco y es su manera de implementar la técnica de la permacultura, que le permite proteger el suelo, que carece de vegetación contra la erosión y sin su vestimenta natural está desnudo.

“El acolchado mantiene un habitat ideal para microorganismos, es la base para mantener al suelo alimentado, se crea un ecosistema que permite que se desarrollen organismos que descomponen la materia, pero además impide que crezca la maleza y eso en verdad evita un inmenso problema”, explica Peña, quien se confiesa seguidor de las técnicas de japonés Masanobu Fukuoka.

Nelson Peña implementa en el rosal algunos de los principios de la permacultura original desarrollada por el nipón,  como son el no arar, no utilizar pesticidas ni herbicidas, no eliminar la maleza y lo complementa con control biológico de plagas, es decir, combate la presencia de insectos indeseables con sus enemigos naturales, por ejemplo, se hace común  la presencia de coloridas maraquitas sobre las hojas, encargadas de mantener a los áfidos raya.

“Las rosas son delicadas y caprichosas, cualquier descuido de mi parte o desbalance como el exceso de lluvia, se nota inmediatamente”, expresa Peña. La presencia de las caraotas en realidad es un cultivo secundario, porque las leguminosas fijan el nitrógeno al suelo. “Intento mantener el balance del cultivo, por eso siembro vegetales y frutos alrededor, eso permite la diversidad”.

Ciertamente, alrededor de las rosas crecen uchuvas, espárragos, lulos, plantas aromáticas, es un jardín que ofrece sorpresas en cada rincón. Un espacio que brinda una cosecha de rosas cada quince días, de las más finas, de tallo largo y pétalos de color profundo y delicado. Peña las revisa de una en una, vela que la red que las protege nos se corra, que estén en el punto óptimo para ser podadas.

“No veo la agricultura como una mercancía, trabajo de manera natural porque me evito muchos dolores de cabeza, además es rentable. Vendo las rosas a varias floristerías en Mérida y en el mercado de Soto Rosa, las caraotas van para la gente de Mano a Mano”.

Señas: Nelson Peña, mucuyes@hotmail.com

Flores de lulo, uno de los tantos frutos que rodean el cultivo de rosas

Texto publicado en la Revista Sala de Espera, Especial de Gastronomía de octubre de 2011.

El mejillón se extrae a pulmón

Careta, chapaletas, pulmones y determinación, son las herramientas de trabajo de los pescadores de mejillón en la isla de Margarita.  Se sumergen al agua no menos de cien veces en una mañana, hasta extraer suficientes mejillones para llenar un saco de 50 kilogramos.
Sobre el agua flotan grupos de botellas plásticas vacías. Sujetan un aro de metal que a su vez sostiene una red, de repente emerge del agua una careta, seguida de una mano cubierta por un guante de tela, que sostiene un mejillón de color verde tornasolado. Esta operación se repite una y otra vez, hasta completar aproximadamente cincuenta kilogramos por día, es decir, no menos de cien inmersiones hasta los cuatro o cinco metros de profundidad a puro pulmón, solo con la ayuda de una careta y un par de chapaletas.
La pesca de mejillón solo puede hacerse buceando. Se colectan de uno en uno, con extrema delicadeza, cuidando que quede en la piedra lo que los pescadores llaman “la madre”, de donde surgirá otro. Los arrancan con las manos, solo en casos excepcionales utilizan cuchillos, lo que requiere además de experticia, mucha paciencia porque el agua casi siempre está turbia y los mejillones no se muestran a simple vista, es necesario palparlos. Entonces, solo se pesca cuando el mar está tranquilo y el día soleado.
El pueblo de La Guardia en Margarita vive de la pesca y es famoso por la pesca de mejillones. Actividad que coloca comida sobre la mesa de más de trescientas familias, que se dedican al oficio desde hace generaciones. Los pescadores de mejillón están organizados, andan en grupo, casi emulando un cardumen. Se protegen unos a otros, se cuidan de la inseguridad, de cualquier percance, sostienen las redes propias y ajenas, además están pendientes que las conchas tengan el tamaño que estipula el Instituto Socialista de Pesca y Acuicultura –Insopesca-, de seis centímetros como mínimo para la talla comercial.

Guardiero nativo
José Luis León, apodado El Catire es pescador desde los once años, aprendió el oficio de su padre, quien todavía trabaja como pescador de otra modalidad. No conoce otro oficio y su hijo de diez años, Jedison, de vez en cuando lo acompaña. A su corta edad ya nada como un pez, narra detalladamente los pormenores de la pesca, para qué se utiliza cada cosa, prepara los anzuelos, alista redes, se cerciora que las botellas estén correctamente atadas al aro y hasta opina sobre un problema con la batería del motor.
“El mejillón es mayor recurso de La Guardia, aunque esto ha cambiado. Antes sacábamos los de concha negra, que para mí son los mejores. Ahora son muy raros. Los que abundan son los de concha verde”, afirma El Catire.
En esta población se hacen tres tipos de pesca, la artesanal, los trenes de pescadores y el buceo de mejillón. El Catire prefiere el buceo, afirma que sabe dónde encontrar los mejillones, “intento que los compañeros cuiden el recurso, esto nos da de comer. Hay gente que los está sacando sin conciencia y estamos luchando contra eso. En Manzanillo no los cuidaron y los acabaron. Si no estamos pendientes en pocos años no habrá nada”.
Montado en su peñero llamado Capitan Moroni, El Catire y sus compañeros, salen a pescar todos los días, si el tiempo se lo permite. Cuando no es temporada entonces sacan Pesuñas, Burros, Caracoles y hasta Almejas, en esos casos por encargo. Siempre van a un lugar distinto, pero cerca de La Guardia a veces llegan cerca de La Restinga, porque los mejillones habitan aguas poco profundas y cálidas.
La jornada para los mejilloneros comienza pasada las ocho de la mañana. Por lo general, bucean de tres a cuatro horas diarias. Se sumergen una y otra vez en lapsos de un minuto. Pacientemente, van colocando los mejillones en la red en forma de saco, pero antes de hacerlo los observan cerciorándose que tengan el tamaño correcto. No todos los días son tan fructíferos, porque el mar no siempre es tan generoso.
Luego los lavan con agua salada, para luego sentarse debajo de un techo de palma, donde les retiran algas y trozos de piedra pegadas, frotándolos unos contra otros, se aseguran de su calidad y que estén cerrados. Finalmente, los pesan y dividen en sacos, que casi siempre al salir del mar ya tienen dueño, en su mayoría restaurantes o supermercados.

 Texto publicado en el especial de gastronomía de la Revista Sala de Espera de Octubre de 2011.


Qué se comió y bebió durante el Venezuela – Argentina

Para mi sorpresa la oferta de comida y bebida a las afueras del estadio José Antonio Anzoátegui fue pobre y poco creativa. Esperaba que, tal vez, ante la llegada de más de treinta mil personas a la ciudad de Puerto La Cruz, para presenciar el encuentro entre Venezuela y Argentina para las eliminatorias del mundial 2014, encontraría más variedad y hasta alguna sorpresa. Desde jugos, empanadas, tortas, pasteles, hasta vasitos llenos de vuelve a la vida. Pero no, cerveza y agua compitieron por la supremasía de la oferta. 
En el caso de la cerveza, la reina indiscutible fue Polar Ice, las otras marcas ni siquiera se veían. Cerveza que solo consumo en situaciones de extrema desesperación y calor, porque a mi juicio es el producto de menor calidad en la cartera de Cervecería Polar. El calor no dio tregua, había que hidratarse porque el sol y la humedad eran implacables.
En el caso del agua, más allá deMinalba, aparecieron algunas marcas locales. Muy interesante, porque las etiquetas tienen toda la información que exige la ley, algunas muy sabrosas, otras terribles. Luego, refrescos, «Nestea», cepillados, una que otra chuchería, cotufas en bolsa, con mucha suerte un Gatorade o algún agua saborizada, como cosa muy rara jugos de frutas o un refrescante papelón con limón.
La oferta de comida básicamente se centró en arepas rellenas, uno que otro pastel. Es que me sorprendió la ausencia de cachapas, tequeños, empanadas, tequeñones, sanduches, perros calientes, hamburguesas, es que ni una parrilla «de perro». Sí muy raro, esperaba que con lo difícil de la situación económica en especial en ciudades tan golpeadas como Puerto La Cruz, la gente aprovechara la oportunidad para hacer dinero extra.
 Agua y cerveza, las más solicitadas y ofertadas
 Una que otra cavita llena de arepas, pero no pasaba de eso
 Botellón lleno de Nestea. El muchacho tenía aparte los vasos y el hielo
 Fila de gente, fila de bebidas …
 ¿Agua bendita?
 Oportunos cepillados …
Una de las presentaciones más interesantes que encontré. Agua en bolsas, solo costaba 2 bolívares, me arriesgué y me tomé una … nada mal …
 Esta imagen se repetía, una o dos personas con jarras llenas de agua con hielo y Nestea … a riesgo de cada quién …
Esto resultó una rareza, de los poquísimos que ofrecía tequeños, empanadas y papelón con limón
Nota al pie:
Dentro del estadio los vendedores de bebidas abusaron de los precios, un verdadero robo a mano armada. Una Polar Ice medianamente fría costaba Bs. 20 y el agua mineral empezaron vendiéndola a Bs.20 la botella pequeña, pero luego la bajaron a Bs.15 ante las quejas. Bueno, qué se podía esperar en un lugar sin seguridad, ni control. 

Soy, Vinotinto soy

«Soooooy, Vinotinto soy, Vinotinto soy, Vinotinto soy, Vinotinto soooooyyyyy …» no recuerdo cuántas veces escuché esa canción en el juego de las eliminatorias para el mundial de fútbol Brasil 2014 entre Venezuela y Argentina. Más allá del resultado a nuestro favor, con un equipo que jugó con el corazón y demostró total concentración y foco, creo que merecíamos ganar. No soy fanática del fútbol, fue la primera vez que asistía a un juego de la Vinotinto pero la emoción y la energía que se sentía era avasallante, contagiosa. 
Lo que más me impresionó fue sentir como hacía mucho no me pasaba, un solo país con un solo objetivo. Más de cuarenta mil fanáticos vestidos de vinotinto coreando durante noventa minutos más el descanso, no pararon ni un minuto, no hubo tregua, no dimos concesiones a los contrarios, no nos dejamos deslumbrar por la luminarias internacionales, tal como rezaba una pancarta «Messi eres un Dios, pero aquí somos ateos».
Imposible sentarse, ni tomase una cerveza, los fanáticos a mi alrededor solo comentaban jugadas, en los pocos espacios que lo permitía algún momento menos ajetreado del juego. Lo admito, estoy acostumbrada al beísbol donde la dinámica es diametralmente opuesta y hay mucho espacio para comer, beber y conversar.
Era tan fuerte la energía, que minutos antes del gol de Amorebieta (por cierto, un español nacido en Cantaura que paradójicamente en su tierra natal se vistió de gloria), las barras llevaban como cinco minutos gritando «SÍ SE PUEDE».

Al final de juego, estaba más afónica, feliz, emocionada, orgullosa y coreaba una y otra vez «vamos venezolano, esta noche tenemos que ganar».

 
 
 Este señor se hacía llamar el Super Vinotinto y su traje por fuera era vinotinto y al abrirlo mostraba la bandera nacional

 Sombreros, camisas, franelas, pitos, shorts, gorras, la oferta infinita y los comerciantes hicieron literalmente su agosto

 

Camisetas para todos los gustos, hasta los fanáticos de Messi tuvieron chance

Hermosos en afro tricolor …

 

 Pintacaritas tricolor …

 Rivales en la cancha, amigos en la vida real … esta imagen era común …

 Desde este ángulo vi el juego

 Alegría, música, bailes, el entusiasmo antes de entrar al estadio era contagioso
Con mis amigas Doris y Elsa …
Detalles al margen: 
– La seguridad en las afueras del estadio era casi nula. Uno que otro policía, pero sabe por qué no sucedió una tragedia. Se accedía sin revisión, incluso sin entrada, sin control.
– Aunque los fanáticos estaban a las afueras desde muy temprano, abrieron la puerta a las seis de la tarde, sin control, la gente corría, no se respetaban las entradas, un pandemonium. Qué suerte tiene la gente que encargó de la organización, pudo pasa cualquier cosa.