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Chocolates Cakawa explora la estacionalidad en las tabletas

“Barinas en dos estaciones” de Chocolates Cakawa protagoniza este #martesdechocolate. Elaborado por esta marca venezolana, se trata de una pareja de tabletas cuyos cacaos son el elemento común, pero, cosechados en dos estaciones del año distintas: verano e invierno. Las hermana el tipo de cacao, origen, agricultor y chocolatier.

Resulta una experiencia reveladora, de cómo el momento de la cosecha tiene una incidencia determinante en el resultado final y que es algo que no se puede evitar. Se preguntarán, qué tanto incide, pues mucho, porque va desde la humedad en el aire, el agua, la floración. Para que se hagan una idea comparto esta entrevista hecha a la apicultura Elvira Fernández de Mieles Alvearium, quien separa la miel de acuerdo a la floración en determinados momentos del año. Ofrece etiquetas de invierno y verano.

En el caso de estas tabletas de Cakawa, solo probé un trocito para hacer una cata horizontal próximamente. Resulta imperativo.

¿Qué tienen en común?

  • Lugar de procedencia: Hacienda Chiquinquirá, en Chuponal, Barinas. Venezuela.
  • Tipo de cacao: criollo fino de aroma. IMC67 x Ocumare 61
  • Añejamiento: 1 año
  • Chocolatier: Cakawa, Caracas.

¿Qué las diferencia?

  • Una ha sido cosechada en verano de 2019 y la otra en invierno de 2020 / Entendiendo que en Venezuela solo hay dos estaciones verano e invierno. De mayo a noviembre es invierno porque llueve y de diciembre a abril es verano porque está seco.
  • La de verano es al 71% y requirió un secado de 6 días.
  • La de invierno es al 69% y requirió un secado de 7 días.
  • Al comparar las tablas nutricionales de ambas tabletas hay diferencias, en todos los elementos, como si se tratase de dos lugares o lotes. Solo las diferencia el tiempo de cosecha.

Como era de esperarse, las diferencias en boca son notables en cuando a sabor y textura. Ambas técnicamente bien ejecutadas, son de gramaje fino, aspecto parejo y sin defectos. Buen clap al partirlas. La de invierno ofrece notas frutales, resulta más untuosa pero menos grasosa. La de verano a mi gusto es más compleja porque a registros de fruta le suman café y hierbas. 

Esto es llevar la trazabilidad y el origen de un lote a otro nivel. Me ha encantado este viaje al pie de monte andino venezolano en dos épocas distintas del año, que le añade un elemento diferenciador al cacao que pocos toman en cuenta.

Buen trabajo a la gente de la Hacienda Chiquinquirá y a Soraya El Askar y su equipo de Cakawa.

Recomendaciones para disfrutar la culinaria coreana de Biwon Bistró

Biwon Bistró es el nuevo restaurante coreano el Lima. Un espacio de cocina asiática que tiene sus particularidades, que la comunidad de este país asiático es pequeña en nuestra ciudad. Se trata de una cocina familiar, de tradición, con recetas que han pasado de mano en mano por cinco generaciones. «Esto es un negocio de familia, no una franquicia», dicen sus dueños.

Al frente de la cocina está Sung Mi Kang a quien todos llaman Diana, que heredó las recetas de sus abuelos. Preparaciones de largas preparaciones, donde se sirve de la cocción al fuego y al frio en fermentos. La fermentación es uno de los pilares de esta culinaria, famosa por el kimchi que requiere meses para estar a punto para que la humedad, la oscuridad y las bacterias transformen los vegetales, especialmente las coles, que siempre está en el menú.

Diana es tímida pero cálida, explica en pocas palabras y con dulzura sus platos, tan vinculados a su historia originaria de Seúl. Su primer paso en América sucedió cuando se encontró con su esposo en Paraguay y luego migraron a Perú.

En la sala de Biwon Bistró, y al frente de la pastelería, está Andrés Park, hijo de Diana, que con entusiasmo explica cada plato, poniendo énfasis en los meses que requieren los acompañantes (en su mayoría fermentados) para estar a punto. También destaca las largas horas de cocción y cómo se traen a Lima gran parte de los ingredientes claves como ajíes, bebidas y algunas especias.

Andrés afirma que la fama que tiene la cocina coreana de picante es una gran malentendido, nacido del hecho que los ajíes en Corea son más suaves y de efecto efervescente. Distintos a los peruanos que tienen más permanencia y pican más. También tienen a disposición vino de arroz llamado Makoli y Soju, un destilado de arroz, engañosamente suave.

Reel de paso por Biwon Bistró en Rutas Golosas: link aquí.

Aquí algunas recomendaciones:

  • Sin prejuicios, todo será nuevo: siéntese con la apertura de disfrutar algo diferente. Deje de la lado la mala costumbre de comparar. Será un condumio rico en ricas sorpresas. Sentirá que entra en casa de una familia que le invitó a comer.
  • Vaya acompañado. Ninguna opción en el menú es para comer en soledad. Las raciones son abundantes, invitan a compartir. Todos los platos los ponen en el centro de la mesa y cada quien se va sirviendo a su gusto.
  • Vaya con mucha hambre, porque las raciones son generosas.
  • El Galbichím es la estrella del menú, se trata de asado de tira cocido por más de cinco horas en salsa sillao cocido y otra hechas en casa, miel y manzanda. Lo acompañan con papas y zanahorias, además de 8 tipos de fermentos de varios tipos y arroz blanco. La carne resulta además de suave, picosa pero dulzona, una mezcla que unida al arroz se torna estimulante.
  • El otro plato que recomiendo es el Osam Bulgogui que consiste en chancho y calamar cocidos en salsas de la casa con manzana, ají y mucha cebolla. Para no parar una vez que comience. También acompañado con arroz blanco y fermentos.
  • Banchan son los acompañantes, la mayoría provenientes del mundo de los fermentos. El único que siempre está en el menú es el kimchi de col, de ahí en adelanta cambian pero pregunte por los ajos en salmuera, el frijol chino, el berro encurtido, la ensalada de papa y choclo. Un dato importante, puede pedir más sin costo adicional, Los acompañantes son considerados una cortesía de la casa. Pero no los empacan para llevar.
  • Otros platos: kimchi mandu (empanadas coreanas rellenas de carne de cerdo y fideos de camote), Bosam que es panceta de cerdo cocida en pasta de soya, y los fideos en cualquiera de los platos.
  • Comience la comida con Makoli, un vino de arroz que viene en lata, refrescante, suave y que sirven den pocillos de metal. Los traen desde Corea para el restaurante, pero ojalá los vendieran para llevar.
  • Acompañe toda la comida son Soju, ese destilado que no regaña pero cada trago limpia el paladar de tal manera que deseará seguir comiendo.
  • Deje espacio para el postre, porque Andrés pone empeño en eso, no tienen azúcar el mousse de fresa y mango, con palitos de chocolate.
  • Vaya con tiempo y acompañantes divertidos, dados a las largas sobremesas que en este caso incluirá Karaoke, con sus sistema de sonido y luces que lo hará sentir como estrella.

Datos de Biwon Bistró:

Los precios son los justos, el lugar el amplio, bien atendido, lleno de detalles.

Ultima recomendación: si va un fin de semana reserve, porque se la pasa lleno.

Dirección: Av. Primavera 606, San Borja, Lima.

Reservas: +51 949856502

¿Cómo son los del signo libra en la mesa?

Los nativos del signo libra en la mesa estarán pendientes que todo sea bello, agradable y armónico, pero no ostentosos. Detestan los excesos, las extravagancias, en definitiva, el mal gusto (en todas sus acepciones).

Cuidan mucho su alimentación porque están muy pendientes de su figura. Comen en pequeñas cantidades, pero disfrutan la mesa, especialmente si visualmente es llamativa. Cuidan los detalles hasta en los momentos más íntimos, aunque se tomen un té de jazmín, acompañado con un par de galletas de almendras, colocarán sobre la mesa un hermoso y delicado mantel.

No les gusta comer solos y lo evitan a toda costa. Prefieren picar aquí ya allá a cocinar para sí mismos y cuando cocinan no les agrada ensuciarse las manos, lavar los platos, sudar o despeinarse. Pero les entusiasma la puesta en escena de la mesa. Aprecian más la forma que el sabor. Amantes de los dulces, siempre tiene uno a la mano para picar cuando les provoque.

Si tienen invitados, en la mayoría de los casos, preferirán que cocine otro, pero decorarán la mesa, estarán pendientes de todo y procurarán dedicarles tiempo a todos por igual. No se extrañe si al día siguiente le llaman para saber cómo se sintió.

Si en la velada la conversación toma un matiz intenso o violento, intercederán para bajar los ánimos de manera ingeniosa. Apreciarán que sus invitados asistan bien vestidos, limpios y puntuales. Carecen de paciencia con la gente tosca y dada a los excesos. Si es así, posiblemente los despedirán de manera amable, pero no volverán a invitarlos jamás.

Otros signos: Libra / Leo / Tauro / Sagitario / Virgo / Acuario / Piscis / Cáncer / Escorpio / Géminis / Aries

Chocolate Mater resulta cremoso y fresco a la vez

Esta tableta de Chocolate Mater elaborada con cacao chuncho al 77% por Mater Iniciativa protagoniza este #martesdechocolate.

Elaborada por el chocolatier Nilver Melgarejo con cacao proveniente de Quellouno, La Convención, Cusco, en una zona a 800 m.s.n.m. En el empaque señala que ha sido refinado y conchado por 48 horas.

Resulta una tableta aromática, con notas frutales definidas, muy elegante y en boca además de lo que ofrece en nariz, regala un sabor a café y una acidez cítrica que le da complejidad. Resulta cremosa y fresca a la vez, con sabores que se van mostrando uno por uno, al principio frutas dulces como plátano, luego algo de café y frutos seco y regala un final cítrico, que ligeramente se siente como maracuyá.

Dado que se trata del Mater Iniciativa, una sugerencia es incluir más datos sobre la trazabilidad de cacao, por ejemplo, la cooperativa o agricultor involucrados, creo que sería un gran plus.

«Roasted Milk» e ilustraciones

También tienen una tableta que recomiendo con “roasted milk” que a lo anterior le da una deliciosa nota láctea, como toffee o manjar bien cocido. Una tendencia que está creciendo, el uso de leche cocida o tostada.

Al equipo de Mater Iniciativa, buen trabajo.

Un nota de color: el diseño del empaque cuenta una ilustración de Blanca Véliz La Vera artista plástico, arquitecta e ilustradora @bv.blancaveliz a quien conozco por su libro de poesía y madre de los hermanos Martínez, Virgilio y Malena.

Purocacao crea caja de bombones que resalta el terroir de los vinos El Enemigo

El chocolatier argentino Rodrigo Bauni quien está al frente de su emprendimiento Purocacao estuvo de paso por Perú, buscando nuevos orígenes para sus creaciones. Personalmente, no conocía su trabajo, pero una invitación a la que no le tenía mucha fe, resultó toda una sorpresa.

Bauni tiene una formación inicial en arte y diseño, lo cual, le imprime a su trabajo un sentido de la estética y el equilibrio que no se suscribe solo a la apariencia, sino a las combinaciones de sabores, a la experiencia para los sentidos.

Recientemente, creó una colección de cuatro bombones en alianza con la reconocida bodega El Enemigo, y junto al enólogo Alejandro Vigil idearon un recorrido por los Cabernet Franc de cuatro ubicaciones, que han dado como resultado cuatro rellenos del mismo vinos, los mismos creadores pero registros de sabor, es decir, el corazón del bombón recubierto de chocolate de cacao chuncho, ha sido el escenario para mostrar el terroir. Toda una experiencia donde cada vez la creatividad y lo lúdico exporan posibilidades dentro de los límites del buen chocolate y la técnica precisa.

Estético y sensorial

El chocolatier expresa que en sus creaciones juega a que lo estético y los sensorial hagan un tándem, lo cual es parte de su identidad. Afirma que solo utiliza cacaos americanos, con certificación orgánica y donde esté garantizado el comercio justo. Su visita a Perú obedece al deseo de garantizar en primera persona la trazabilidad, y quedó en regresar el próximo año para para la época de cosecha. Una agenda apretada que con el mismo objetivo lo ha llevado a Brasil y Ecuador.

En el reel de Instragram de @rutasgolosas está un fragmento de la entrevista donde da señales de cómo abordar la experiencia del chocolate.

En Chocolate Campos del Valle la chacra todo lo da

Chocolate Campos del Valle es la marca perteneciente a la familia Torres, quien vive en la zona de San Martín Otari, Pichari, Cusco que forma parte del Vraem. Producen cacao y cítricos además de otros frutos y desde hace algunos años han incursionado en el mundo de la chocolatería con éxito. Son lo que ahora en chocolatería se denomina un «tree to bar» o del árbol a la tableta. Recientemente, su barra con arándanos ganó una mención especial el AVPA en París.

De todas sus barras mi favorita es la que tiene inclusión de naranjas, sí, esas que crecen junto al cacao en el mismo espacio. Los cítricos en cuestión es la mezcla de varios tipos, porque Víctor, cabeza de la familia, está en el campo y es un gran entusiasta de estos frutos, por lo que se ha dedicado a hacer toda suerte de injertos, logrando más de 16 resultados increíbles, que en gran parte van a parar a las tabletas.

Hermanos a cuatro manos

En el taller están los hermanos Dina y Christian, quienes con cuidado elaboran chocolate y están en constante experimentación. Un ejemplo es la tableta que sustituye el azúcar por miel de abejas, también de la zona. A esta tableta en particular, aún le faltan ajustes, un tema de integración de los ingredientes, pero va por buen camino, el sabor es realmente delicado y le despierta al cacao muchos de sus descriptores.

A Campos del Valle lo conocí en el Salón del Chocolate y Cacao peruano y recientemente los visité en su chacra. No importa cuántas veces te cuenten algo y te muestren fotos, otra muy distinta es pisar ese suelo, hacer una inmersión corporal y sensorial en el lugar.

Un aspecto que también denota el compromiso familiar es el hecho que Dina Torres forma parte de la mesa técnica de cacao de la zona, que actualmente preside. Hablar con ella es un gusto, contagia entusiasmo, ganas de hacer la cosas bien. Espero que encuentre todo el apoyo necesario para que las ideas que con tanta ilusión me contó se concreten.

100% recomendadas

Video en Instagram de mi paso por Campos del Valle LINK AQUÍ


¡¡¡SORTEO!!!! ??☀️☀️☀️

Premio: colección de 6 tabletas de Campos del Valle, de chocolate oscuro al 80%, al 60% con nibs de cacao y tabletas con inclusiones de pasas, arándanos, aguaymanto y pecanas.

Para participar, solo tienes que:

–       Seguir a @rutasgolosas@camposdelvalle en INSTAGRAM

–       Menciona a dos personas con quien deseas compartirlas.

El ganador o ganadora se anunciará el próximo martes 27 de septiembre.

Quien resulte ganador se ocupará de recoger su premio o mandar a recogerlos. Los gastos al respecto corren por cuenta del ganador.

¡Suerte CHOCOLOVERS!

Taller para convertirte en un CHOCOLOVER ilustrado

¡ATENCIÓN CHOCOLOVERS! El próximo taller para convertirse en CHOCOLOVER ILUSTRADO será el próximo sábado 9 de julio, de 3 a 6 de la tarde de la mano de la experta Vanessa Rolfini. Se realizará en el privado del restaurante Baan en San Isidro.

Justo una semana antes del @salondelcacaoychocolateperu para que vayamos bien enterados, sepamos escoger y degustar con más conocimiento.

El taller incluye:

  • –       Todos los chocolates de la cata de varios países de procedencia y lo necesario para realizar la actividad con éxito y comodidad.
  • – Material didáctico. 
  • –       La clase y conducción de cata, donde veremos la metodología de cata de chocolate, cómo establecer conexión con cada bocado, el deber ser y los defectos más comunes.

Si deseas ser parte de esta experiencia solo tienes que escribirme a rutasgolosas@gmail.com

Esta actividad cuenta con el apoyo del Restaurante Baan y de los chocolates @cacaosuyo

@bakauperu @amazonachocolate @marana_chocolate @loviechocolate

#chocolover #chocolate #taller #chocoloversilustrados #martesdechocolate

¿Compramos chocolate por el diseño del empaque?

¿Compramos chocolate por el diseño del empaque? ¿Nos dejamos llevar por eso? Posiblemente sí. La primera impresión cuenta, es lo primero que hala el ojo y termina influyendo en nuestra decisión de compra. Este es el tema del #martesdechocolate.

Esta caja de Chocolate Amatller me la trajo mi amiga Tania Aguilar de un viaje que hizo el año pasado, en su paso por Barcelona, vio esta caja y se acordó de mi. La presentación es preciosa, además que no han dejado un solo detalle sin considerar.

La caja con alusiones al art nouveau es estupenda y contiene: dos tabletas de chocolate oscuro, una con cacao de Ghana al 70% y otra con cacao ecuatoriano al 70%. Luego una tableta con chocolate con leche al 32% con vainilla natural y una hermosa caja de metal con bombones rellenos de confitura de naranja.

Chocolate por diseño, ¿Es suficiente? 

Dice que ha sido fundada en 1797, es decir, puede ostentar más de dos siglos de tradición que no es poca cosa y se nota, porque son chocolates golosos, incluso en un porcentaje de cacao relativamente alto como 70% es dulce. El de cacao ecuatoriano, luce algo opaco por fuera, debería aguantar un poco más, pero es cremoso, bastante dulce y mi paladar dice a gritos que tiene vainilla. Es un chocolate “fácil” de comer, sabroso, le falta un poco de refinamiento, que esté a la altura de la presentación.

También probé los bombones, el chocolate se opacó y la cubierta está gruesa, pero en boca funcionan bien, porque el chocolate, aunque se fractura (nada bueno para el caso de bombones), se derrite y el relleno está muy bueno.

La presentación es un punto de honor en los chocolates, nos guste o no, el empaque sí importa, porque si bien muchos los compramos para nuestro consumo, también es un regalo, una manera de agradar, consentir y alegrar. Solo dos peticiones: a los chocolateros que el chocolate esté a la altura del diseño y a los consumidores, que superemos la apariencias y busquemos un poco más de información.

¡Ya probé ese chocolate! Por qué industriales y artesanales son distintos

“¡Ya probé ese chocolate! Esa expresión la escucho con frecuencia, pero hay una gran diferencia entre chocolates chocolates industriales y artesanales. Los primeros son sometidos a procesos que sin importar la calidad o sutilezas del cacao, se fuerza un perfil sensorial específico, que se logra a través de fórmulas e ingredientes que pueden ser desde emulsionantes, estabilizantes, tostados específicos, incluso la incorporación de especias. Pero el tema de este post no es poner en el banquillo a estos chocolates.

En cambio, los artesanales se hacen en pequeños lotes donde se busca exaltar las características organolépticas y sensoriales del grano, los sabores propios del terroir, las preferencias propias de la labor del chocolatier, en una especie de sinfonía donde de un año a otro puede haber cambios significativos. El cacao es un producto agrícola, que está sujeto a las condiciones del clima, los procesos de post cosecha, la experiencia del agricultor y del chocolatero. Todo influye. Por eso en el caso de las tabletas llamadas “bean to bar” conviene señalar el año de la cosecha y la añada de elaboración.  

Estas tabletas son de la marca peruana Mito Chocolate. Las probé por primera vez en enero de 2020 y quedé encantada. Sin embargo, hace unos meses llegaron a mis manos unas tabletas que me causaron una gran decepción, con temas técnicos importantes que resolver.

Esta es la edición 2021 71% con cacao nativo de La Peca, Amazonas. Qué alegría que lograron hacer los ajustes. Creo que están mejores que los primeros que probé, además me gusta más esta textura ligeramente más cremosa.

LECCIÓN: cuando de chocolates artesanales se trata, hay que probar, probar y probar. Dejarse sorprender, disfrutar las diferencias, estar abierto a los cambios y no dar nada por sentado.

Armando Scannone siempre a su manera / 25 años del libro rojo

Posiblemente es uno de los utensilios de cocina más populares en Venezuela. Por lo general, está a la mano de quien lo necesita y, al abrirlo, es común encontrarse páginas salpicadas de grasa, chocolate y gotas de caldo. Si se pasan los dedos sobre sus hojas se sienten rastros traviesos de harina o azúcar, como también es inevitable sentir la fragancia dejada por granos de pimienta y canela.

El llamado ¨libro rojo» de Scannone es referencia irrefutable de la cocina tradicional venezolana. Pasados 25 años de su aparición, aún da de qué hablar y se renueva a sí mismo

El libro Mi Cocina, a la manera de Caracas cumple 25 años, pues Armando Scannone, su autor, lo publicó por primera vez a finales de 1982. Desde sus primeros días tuvo gran aceptación del público y se convirtió en fuente constante y confiable de consulta para los amantes de los fogones o para quienes, por una u otra razón,han tenido que incursionar en ellos.


El profesor e historiador José Rafael Lovera atribuye este éxito a dos hechos importantes: «Empezaban a desaparecer las cocineras que preparaban los platos tradicionales de nuestra cocina, quienes eran las portadoras de las recetas. Esto llevó a que mermara la cantidad de platillos tradicionales que podían degustar los caraqueños. Entonces surgió una añoranza que, unida al apego por nuestro pasado, creó una necesidad. Cuando aparece el libro, no sólo contenía gran cantidad de recetas que, en muchos casos, se creían olvidadas, sino que también era posible llevarlas a cabo obteniendo excelentes resultados».

Cocinando un recetario

La elaboración del «libro rojo» requirió más de diez años. Armando Scannone comenta que todo surgió a raíz de su necesidad de rescatar las recetas de su familia, donde siempre se hizo énfasis en la buena mesa. Después de que su madre murió, esa añoranza lo llevó a recolectar información, primero entre familiares y algunos amigos, hasta que, poco a poco, el número de preparaciones fue creciendo de tal manera que terminó convirtiéndose en un libro.
Magdalena Salavarría lleva más de 40 años como cocinera en la casa de Armando Scannone y participó en todo el proceso de elaboración y comprobación de las recetas, junto a Elvira Fernández de Varela y Francisca Monasterios, conocida como «La Morocha». Ellas tres fueron las principales colaboradoras de este proyecto, apoyadas y asesoradas por otras cocineras o aficionadas a los fogones que se nombran en los agradecimientos de este recetario.

«Ese libro dio mucha guerra -cuenta Magdalena entre risas-, trabajábamos todos los días. Luego probábamos lo que hacíamos; en especial, el doctor (refiriéndose a Scannone), quien nos hacía repetir la receta hasta que quedara bien. Yo creo que ahora no tendría la fuerza para hacer algo igual».
«Elvira escribía las recetas, pesaba y medía todo. En las noches las transcribía y revisaba junto al doctor lo que se había hecho. En la cocina trabajábamos, a veces, más de ocho personas, gozábamos mucho y Elvira estaba todo el tiempo pendiente de que midiéramos. Un día teníamos tanto alboroto que José (el esposo de Elvira) nos puso un grabador para que no se nos olvidara nada», añade Magdalena.

Por su parte, Scannone investigaba y preguntaba aquí y allá, además de recordar y evocar lo que disfrutó en su casa de la infancia. En las mañanas, antes de salir a trabajar, le decía a Elvira las recetas que se iban a ensayar. En un papel le entregaba las instrucciones para las preparaciones que tenían que ser probadas y comprobadas. «Todo lo que está en el libro lo comí en la casa de mis padres, donde siempre existió apertura hacia platos nuevos, incluso de otras culturas», señala el autor.»Años después, la cocina de mi casa se convirtió en un laboratorio -agrega Scannone. La gente era muy celosa con sus recetas o, simplemente, no me las sabían dar, porque me decían que pusiera un poco de aquello, un chorrito de lo otro, pero nunca tuve una receta en tazas y cucharadas. Eso, desde el principio, me pareció importante para que cualquier persona las pudiese llevar a cabo sin dificultad. De todos modos, a mí me parecía que no debía pedir recetas, tal vez estoy equivocado y hoy lo haría de otra forma. Lo que había desaparecido lo reinventamos. Me interesaba todo lo que me parecía sabroso».

Magdalena recuerda que la cocina, además de ruidosa, siempre estaba llena de sacos de ingredientes para las pruebas. «Una vez necesitábamos merey y trajeron cuatro sacos. Igual pasó con el dulce de guayaba, que repetimos muchas veces porque no desmoldaba bien».

Scannone afirma que las preparaciones más difíciles de lograr eran las de la granjería criolla. «Se vendían en las puertas de las escuelas. Unos señores pasaban con una cajas de madera con un vidrio por encima que contenían muchos dulcitos criollos como conservas y torta Burrera. Como no se hacían en las casas, no encontrábamos quien nos dijera la manera de prepararlos. A partir de comentarios y recuerdos de algunas señoras viejas las fui reconstruyendo». Lovera afirma: «Hasta la aparición de Mi Cocina casi todos los libros de recetas adolecían de exactitud, estaban llenos de imprecisiones, de falta de medidas, la descripción de los procesos ameritaba que el cocinero tuviera conocimientos sólidos del oficio, incluso cierta maña y memoria. Armando, por su formación de ingeniero, se esmeró en que los procesos fueran claros y precisos, por eso creo que es uno de los factores que ha hecho que este libro se mantenga vigente en el tiempo».

Tras bastidores

«Llegó un momento en que se hizo imposible repetir. Teníamos tantas recetas transcritas a máquina que era engorroso buscar en aquel paquete de más de veinte centímetros de alto, sin orden ni clasificación. Era terrible, había que revisar hoja por hoja -cuenta el gastrónomo. Un día decidí que tenía que hacer un libro con ese material, lo organicé y lo llevé a varias editoriales, pero nadie mostró interés, argumentaban que a quién le podía parecer atractivo un libro de cocina caraqueña y sin fotos».

«Decidí financiar mi libro. Investigué y la mejor opción era mandarlo a imprimir en España -recuerda don Armando. Un mes antes de partir, a finales de 1981, un amigo me recomendó al fotógrafo Eichi Miyasaka. Además, contacté al decorador Julio Obelmejías para que se ocupara de preparar el set para las fotos».

Entre la Navidad y el Año Nuevo se tomaron las fotografías que aparecen al final del libro. Se escogieron los platos más representativos, y todas las bandejas, vajillas y fuentes de servicio eran de la casa del propio Scannone. «Trabajamos muchísimo: Magdalena y Elvira en la cocina, Julio acomodando todo, y Eichi montado en una escalera haciendo las tomas».

Con las fotos listas se enfrentaron a un inconveniente: los laboratorios fotográficos cerraban al final del año, pero lograron sortear el problema y, en enero de 1982, Scanonne partió hacia España con sus textos y los negativos de las fotografías. Cuando llegó a la editorial y le hicieron los cálculos para una edición de mil ejemplares, le pareció muy elevado el costo por ejemplar y decidió mandar a hacer cinco mil. En la editorial le preguntaron si él tenía idea del espacio que ocupaba esa cantidad de libros, pero igual los mandó a hacer. Antes de imprimirlo decidió llamarlo Mi Cocina, a la manera de Caracas, porque era su versión de la cocina venezolana, la que se preparaba en su casa. «Yo había hecho ciertos cambios con respecto a la cultura popular, como, por ejemplo, sofreír los ingredientes por separado a la hora de preparar el pollo, cuando mucha gente lo que hace es poner todo en la licuadora. Así, decidí hablar de una cocina mía para que nadie me reclamara».

En el caso de la portada, decidió utilizar el color rojo porque es llamativo y permite que se destaquen las letras. Como bien lo resume Scannone: «es cuestión de diseño, quería un libro que se destacara incluso en las vidrieras. El rojo ni siquiera es mi color favorito». Lo que no imaginó el propio autor es que ese color formaría parte de la referencia popular a su obra: «el libro rojo de Scannone».
Meses después, en Venezuela, con aquel montón de ejemplares guardados, decidió contactar a la Distribuidora Santiago, de la cual tenía referencias. El 22 de diciembre de ese año salió el libro al mercado y al tercer día ya se había agotado la edición.

La primera edición era de tapa dura, pero, luego del viernes negro, los costos obligaron a producir una edición de bolsillo, más económica, que se puede adquirir actualmente en las librerías.
Joaquín Iglesias, de la Distribuidora Santiago, expresa: «Este libro se ha vendido bien desde el primer momento, a pesar de que ha sido pirateado. Llevamos 25 años distribuyéndolo y es uno de nuestros caballitos de batalla. Cuando los libreros piden el libro y no lo tenemos se molestan con nosotros. Estoy casi seguro, aunque parezca una exageración, que poniendo de lado textos escolares y la Biblia, es el libro más vendido en Venezuela».

Mi cocina, tu cocina

«Mi Cocina, de Armando Scannone (…) tiene, entre otras, la singular virtud de no acomodarse a ninguna biblioteca capaz de desactivarlo ni permitir su aprisionamiento por más allá de setenta y dos horas, transcurridas las cuales debe ser necesariamente utilizado, o al menos movido, so pena de injuria», escribió José Ignacio Cabrujas en diciembre de 1994.
Pasado un cuarto de siglo es difícil pensar que un libro de cocina se mantenga tan vigente, que siga siendo tan recomendado, que se haya convertido en un regalo habitual para las recién casadas o para quienes sienten pasión por los fogones y no saben por dónde comenzar. Incluso cocineros más versados lo mantienen a la mano como fuente de consulta permanente.
Sus 742 recetas delinean perfectamente nuestra memoria gustativa, nuestra tradición culinaria. Basta seguir, paciente y obedientemente, las instrucciones para deleitarse con una sopa de rabo, un pastel de polvorosa, una olleta de gallo, un bienmesabe, un mondongo o, simplemente, con un buen arroz blanco.
«Armando logró un éxito notable como redactor de recetas, porque buscó en las fuentes adecuadas y apeló a su memoria gustativa. Sigue siendo el libro de cocina donde se expresa mejor el espíritu criollo-venezolano-urbano», expresa José Rafael Lovera. «Este libro corresponde a Caracas y es la visión de quien vive en la ciudad. Aquí confluyen personas de todas las regiones de Venezuela, quienes traen sus recetas consigo. Los platos son viajeros», concluye.
Por otra parte, Lovera afirma que «el libro rojo trajo como consecuencia los libros azul y amarillo, el éxito produjo un estímulo en el autor». Además, se hizo una edición especial para el Círculo de Lectores, sus recetas se citan en numerosas publicaciones sobre cocina tradicional venezolana, en recetarios para cadenas de supermercados y hasta se han dividido las recetas por temas, que han sido plasmadas en ediciones más reducidas con gráficas a todo color.
Posiblemente, Armando Scannone no tenía idea de lo que estaba logrando con este recetario, que partió del deseo de no perder algo que tanto le gustaba: la comida sabrosa de su casa. Un deseo al que le dedicó 10 años de su tiempo, atención y recursos. Mi Cocina, a la manera de Caracas es, quizá, el compendio más completo sobre cocina venezolana que existe en la actualidad.

Datos curiosos
  • Armando Scannone encargó dos ejemplares especiales del libro con la letra más grande. Uno es de uso frecuente en su cocina, y el otro pertenece a Elvira Fernández de Varela, una de sus principales colaboradoras y una de las personas a quien está dedicado el libro.
  • La primera edición tuvo un costo de 245 bolívares (estaba por debajo del costo real del libro).
  • En las fotografías algunos de los platos tienen el holograma con las letras S y T, que significan Scannone Tempone. Estos fueron un regalo de los hermanos Scannone a sus padres, en conmemoración de su aniversario de bodas.
  • Las orquídeas en las fotografías se cultivan en la propia casa de Scannone, quien es aficionado a estas flores.
  • Algunas recetas incluyen ingredientes como la salsa Worcestershire (en su momento fue motivo de polémica con Miro Popic), el diablitos y el ketchup.
  • Una de las recetas más complicadas del libro es la de los limones en almíbar, que exigen cuatro días en su preparación. Magdalena Salavaría la califica como una «calamidad».
  • La receta de la jalea de guayaba se practicó 18 veces.
  • Lo conforman preparaciones que parecen casi obvias como el café aguarapao, las papas fritas, el arroz blanco, la sopa de fideos, los espaguetis con ajo y aceite, los huevos revueltos, las tajadas, el pollo frito, el bistec a la plancha, las hamburguesas y la ensalada de frutas.
  • Aunque es un libro de cocina caraqueña se encuentran recetas asociadas con otras regiones del país como las arepas peladas, los huevos chimbos, el selser (cabeza de cochino en vinagreta), la conserva de leche y el dulce de hicacos.
  • La receta de la hallaca caraqueña ocupa siete páginas, incluidas las ilustraciones. Edición aniversaria
  • Al cumplir un cuarto de siglo, al libro Mi Cocina se le haceun refrescamiento, en una edición especial de lujo con algunos cambios significativos. Las ilustraciones dan paso a infografías,se incluyen nuevas fotos y se regresa al formato inicial: tapadura con papel de mejor calidad. Conserva su color emblemáticoen la portada, el orden y la cantidad de recetas. Es una ediciónde seis mil ejemplares que expresa en su rostro: «25 añosen la cocina de los venezolanos».
Las medidas precisas
  • El libro está conformado por un total de 742 recetas
  • La distribución de las recetas es la siguiente: 13 de bebidas, 185 de postres (36 son tortas y 23 de granjería criolla), 30 de ensaladas, 71 de cremas y sopas, 73 de carnes rojas (cerdo, res, conejo, chivo, cordero), 38 de aves (pollo, gallina, gallineta, pavo, pato y faisán), 14 de pasapalos, 48 de pescados y mariscos, 73 de vegetales, 23 de arroz, 5 de huevos, 7 de quesos, 31 de salsas, 66 de maíz (arepas, cachapas, funche), 43 de harina de trigo (pastas, pan, brioche, hojaldre), 11 de rellenos y 4 denominadas «varios» como aceite onotado, ají o pimentón seco molido, harina de trigo tostada y ajiceros o encurtidos
  • Posee un total de 226 ilustraciones: 207 de procedimientos, 14 decorativas y 5 de cortes de carnes y utensilios de cocina
  • Contiene 14 fotografías que muestran 105 preparaciones
  • Actualmente va por la 27ma. edición
  • En 25 años se han vendido más de 100 mil ejemplares
  • Para el Día de las Madres y Navidad se venden alrededor de mil ejemplares por vez (datos suministrados por Distribuidora Santiago)

Texto publicado originalmente en la Revista Estampas, por los 25 años del libro de Armando Scannone «Mi Cocina a la Manera de Caracas».